Estudios sobre la historia del movimiento comunista en España

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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005.

20/05/2005

Fragmentos de las memorias de Vicente Uribe: el PCE y las Juventudes Comunistas en Vizcaya en los años 20 (IV)

paro.jpg(En aquella época la oposición a la guerra de Marruecos era general, pero salvo el PCE el resto de partidos apenas llevaba a acabo alguna acción práctica contra ella). Una característica de aquel periodo entre la juventud era la tendencia a no ir al servicio militar, la guerra y la negra perspectiva de 3 años de servicio en filas inducían a muchos a marcharse fuera de España para rehuir el servicio. Los casos de prófugos eran más densos después del sorteo entre los que por el mismo habían sido designados para las guarniciones de África. Entre ellos había también muchos jóvenes comunistas y simpatizantes. [A Uribe le destinaron al regimiento Garellano donde] un rasgo característico era el elevado porcentaje de soldados cuotas, (…) unos por cinco meses y otros por diez meses, escalonados en los tres años de servicio. Unos y otros tenían este servicio reducido y estaban excluidos en el régimen general de ir a África mediante una aportación monetaria. Pero la guerra les perjudicaba enormemente, pues no obstante pagar una seria cantidad de dinero, tenían que ir también a África, aunque su estancia en Marruecos era más corta que la de otros soldados. [Sigue el relato de varias acciones de protesta interna de los soldados contra la guerra].
(…) Durante la Dictadura de Berenguer [se publicó] un artículo de Hernández, miembro de hecho de la dirección del Partido, en relación con el movimiento contra la Monarquía y a favor de la República, que ya había empezado a tomar cuerpo en España. Si mal no recuerdo, el contenido de dicho artículo hablaba más o menos de que la República, como iba a ser burguesa, era asunto de la burguesía y por lo tanto que la clase obrera no tenía nada que ver con su advenimiento, según se razonaba en el citado artículo publicado en el órgano oficial del Partido entonces.
[Praga, 20 de octubre de 1959].
[Con la proclamación de la República, el PCE volvió a la legalidad, aunque sus fuerzas eran escasas]. En Baracaldo, por ejemplo, (…) teníamos 15 afiliados al Partido; en la Juventud teníamos 70 u 80 auténticos jóvenes. En Sestao sucedía lo propio, aunque el número de afiliados era mayor. El grueso de los electores que habían depositado su confianza en el Partido en ocasión de un acto político tan importante como las elecciones constituyentes lo componían en su mayor parte obreros que habían pasado por el Partido o por la Juventud y que a través de todas las vicisitudes, se mantenían en una actitud de fidelidad revolucionaria para el Partido. (…)
Como elemento de juicio sobre la mentalidad y preocupaciones de algunos viejos militantes del Partido en esta época, puedo ofrecer el siguiente hecho muy expresivo a mi juicio, para el enfoque de los problemas que teníamos entonces en cuanto a la formación de los comunistas. En mi primer contacto con el Comité de Radio de la zona minera, muy importante por el número de afiliados y porque estaba enclavado e pueblos de influencia comunista, sucedió de la siguiente manera. Abierta la reunión, el secretario que lo era Martín, apodado “Petaca”, empezó preguntando a los asistentes cómo está la cuestión de las pistolas, cuántas balas tenían en depósito, si ya se habían preparado las bombas de que habían hablado. Es decir, el Comité de radio se ocupaba en primer lugar y exclusivamente en aquel caso, por lo que me pude enterar después, de hacer la revisión de los pertrechos de guerra. Este era realmente el trabajo principal del Comité de Radio, además de cobrar las cotizaciones. “Petaca” tenía gran autoridad porque había estado algunos años preso en el penal de Burgos a causa de un hecho donde habían hablado las pistolas. Yo hice las observaciones pertinentes en cuanto al enfoque por parte de Petaca de las actividades del Comité de Radio, que yo como Secretario del Comité Regional no había ido para eso, que eran los problemas del Partido y su labor lo que interesaba examinar, etc.
Ante mis palabras –la reunión se celebraba en un monte- Petaca se levantó y se marchó. Los demás no dijeron nada sobre esta actitud. Pude enterarme de que las ocupaciones más importantes del Comité de Radio eran esas que yo había interrumpido con mi intervención.
Merece la pena prestar alguna atención a las andanzas de Hernández en lo que tiene relación con Vizcaya en este periodo. En el mes de julio de 1931 se presentó allí procedente de Madrid. No nos comunicó nada en cuanto a su misión, si traía misión, ni nos hizo saber ningún encargo de la dirección del Partido, de la cual formaba parte, ni con qué fines u objetivos venía. Para mí esto fue siempre un enigma que no pude aclarar. Si puedo decir que no tenía dinero, pues Gallo, tesorero del Comité Regional se me quejó alguna vez de que Hernández le pedía dinero para sus gastos personales.
Hernández empezó su actuación en Vizcaya en este periodo, convocando a los parados, haciendo discursos incendiarios en reuniones con estos. Lo curioso, por lo menos, es que en esas reuniones se presentaba con anillos muy brillantes en los dedos, con un alfiler de brillantes en la corbata y fundas de botines, lo que producía, como es comprensible, un efecto desastroso. Se dio cuanta y prescindió de presentarse en las reuniones de parados como un marqués cualquiera. Su situación no era clara pues no sabíamos si aún era dirigente nacional del Partido o qué pasaba con él, si pasaba algo, pues de Madrid nunca dijeron nada sobre el particular.
Bajo su influencia e inspiración nos abocamos al hecho siguiente. Para el primero de agosto de 1931, aniversario del desencadenamiento de la primera guerra imperialista, y siguiendo las instrucciones de la dirección del Partido, habíamos organizado una manifestación en Bilbao. Los llamamientos los había hecho Hernández y cuyo tono parecía anunciar la Revolución Mundial para el día de la manifestación. El caso es que nos reunimos cerca del Arenal, lugar designado para hacer la manifestación unos centenares de militantes. Antes de la hora que habíamos marcado para la celebración de la manifestación, la Plaza del Arenal estaba ocupada militarmente por la Guardia Civil.
En contactos con los camaradas, especialmente con los procedentes de la zona minera me enteré de que estos habían venido cargados de bombas y granadas fabricadas por ellos, aparte de las correspondientes pistolas. Al conocer esto y ver la situación que había y la que se crearía si la manifestación se efectuaba, como estaba previsto, reuní al Comité Regional y a Hernández y les dije en tonos enérgicos que debíamos suspender la manifestación, pues de otra manera aquello sería una hecatombe. Nadie dijo nada en contra y al comunicar a los camaradas que la manifestación se suspendía a la vista de la situación, los camaradas de la zona minera protestaron que “si haber (sic) si para eso se les había llamado, que no vendrían más a Bilbao, etc”. Hernández dio un mitin relámpago delante de algunas docenas de personas, en sitio bastante alejado de aquel donde se había previsto la manifestación, sin mayores consecuencias (…)
Lo que había sucedido era muy simple: Hernández, al margen de la dirección regional del Partido, se había puesto de acuerdo con los camaradas, de la zona minera sobre todo, para dar a la manifestación ese carácter, de que de producirse se hubiera transformado, sin ninguna duda, n una verdadera carnicería de comunistas. Las bombas y las granadas estaban destinadas a la fuerza pública, en este caso a la Guardia Civil (...) No puedo pronunciarme de forma categórica sobre los verdaderos motivos de esta y otras acciones de Hernández. Este tenía una formación pistoleril, no se si en Madrid. Bullejos, por ejemplo, le había hecho indicaciones en este sentido, de provocar algo que hiciese mucho ruido, aunque fuese a costa de la vida de muchos comunistas; puede ser que se tratase de valorizarse o de revalorizarse a los ojos de la dirección del Partido con actos de esa naturaleza. Puede ser que se tratase de la obra de un provocador. Son incógnitas que para mí aún quedan en el aire. Si se pude afirmar que en esta línea de conducta Hernández fue consecuente, como lo demuestran los hechos que se sucedieron poco después, acaecidos en la calle Somera de Bilbao.

24/05/2005

Octubre de 1934

Para el revisionismo historiográfico, Octubre del 34 discurre sobre las pautas de un modelo de asalto revolucionario al poder tomadas del referente bolchevique de 1917 y es frecuentemente invocado como precedente justificador de la sublevación militar del 36, considerada como una suerte de “pronunciamiento preventivo”. Conspiración, planificación meticulosa, acopio de armas, formación de unidades paramilitares... conforman, en el imaginario revisionista, los ingredientes de un proyecto de sovietización que no solo deslegitimaría a la izquierda, sino al propio sistema republicano que hasta entonces esa misma izquierda había contribuido a implantar y sostener, y que posteriormente diría defender de nuevo frente al levantamiento faccioso.

Un análisis riguroso de la actuación del PSOE y de Largo Caballero durante los meses que van de noviembre del 33 (triunfo electoral de la CEDA y los radicales) y octubre del 34 arroja una imagen que poco corresponde con la del partido bolchevique preparando el asalto al Palacio de Invierno y la de Lenin en la estación de Finlandia...

En primer lugar, la curiosa estrategia de anunciar públicamente plazo al estallido de la "revolución" (la entrada de ministros de la CEDA en el gabinete Lerroux) no podía por menos que tener dos consecuencias contraproducentes para cualquier intento revolucionario: dejar la iniciativa al contrario y renunciar a la sorpresa. Una revolución no es un partido de tenis, donde se le cede la elección de campo y el saque al contrario, ni un paro laboral con preaviso. La raíz del problema es que Largo y el PSOE nunca creyeron de veras que Alcalá Zamora fuera a ceder a las presiones de la CEDA, bastando que los socialistas advirtieran de las funestas consecuencias que ello podría tener para que el cumplimiento de la amenaza revolucionaria fuera innecesario.

En segundo lugar, el presunto "aparato militar" puesto en pie para la revolución era en realidad un ejército de papel toscamente armado con pistolas de contrabando que confiaba en la entrega de las armas que hicieran los soldados afines al sublevar sus cuarteles. Largo instó la formación de un "ejército revolucionario" basado en una estructura decimal (10 milicianos= 1 escuadra; 10 escuadras= 1 compañía; cada escuadra distribuida en cada uno de los 10 distritos en que se dividiría cada ciudad)cuyos integrantes acudirían el día señalado a la puerta de los cuarteles para recibir las armas de los soldados "hijos del pueblo". Al llegar tal día, las escuadras de Largo eran, en su mayoría,solo fichas de papel con filiaciones de militantes, diligentemente rellenadas por las agrupaciones locales, y los pocos de sus integrantes que acudieron a los cuarteles se encontraron no con los restos hambrientos y derrotados del ejército zarista de 1917, sino con reclutas que iban a actuar como funcionarios uniformados para cubrir las vacantes de los servicios públicos militarizados. El resultado fue el imaginable.

En tercer lugar, y seguro el más determinante, el PSOE se había consagrado tanto a reservar sus energías para el "gran día" -que confiaba no tuviera que llegar nunca- que se desvinculó de los movimientos de masas que hubieran proporcionado un sustrato verdaderamente revolucionario a su movimiento. La primavera y el verano de 1934 fueron testigos del auge de procesos huelguísticos masivos (del ramo de la construcción, huelga local en Zaragoza) que alcanzaron su cénit en la huelga general de campesinos del mes de junio. La Federación de Trabajadores de la Tierra de la UGT pidió la convocatoria de una huelga general de solidaridad, que se justificaba en el rumbo reaccionario adoptado por el gobierno radical en cuanto a la paralización de la reforma agraria y la suspensión de leyes sociales del primer bienio (de Términos Municipales, de salario mínimo y jornada máxima, del propio derecho a la huelga...) Largo se negó, y la huelga se saldó con la derrota de los campesinos y, lo que resultó mucho más grave, con cerca de 10.000 detenidos, cientos de jornaleros deportados a otras provincias, 200 ayuntamientos socialistas destituidos, sus correspondientes Casas del Pueblo cerradas y desmanteladas las agrupaciones de los sindicatos en la mayoría de las provincias del centro y el sur. Dos nuevas graves consecuencias para el futuro movimiento : La expectativa de revolución quedaba desvinculada de los intereses obreros reales, ligándose a posibles variaciones en el juego de mayorías gubernamentales que poco importaban a los sectores apolíticos integrados, por ejemplo, en el anarcosindicalismo; e inutilización de una parte sustancial del aparato sindical y partidario necesario para dar cobertura a un intento de asalto al poder tan serio como el que implica una revolución.

Otro tanto ocurrió respecto al descontento extendido en los municipios vascos y en la Generalitat de Cataluña debido a la intrusión central en sus competencias forales y autonómicas. El juramento de "pureza ideológica de clase" realizado por los socialistas al abandonar el pacto con los republicanos burgueses privó a los primeros de liderar el movimiento de oposición territorial contra la reacción centralista. Incapaz de imprimir una dirección conjunta a los dos conflictos de base -el del proletariado agrícola y el de la pequeña burguesía nacionalista, cuyas reivindicaciones se ventilaban en la verdadera partida donde se estaba jugando una probable transformación en la naturaleza del régimen- que podrían haber dotado de un potencial revolucionario a su movimiento, Largo Caballero estaba destinado al fracaso cuando llegó, por fin, la ocasión de declarar una revolución en la que no creía. Quien mejor resume el balance, a mi juicio, es Santos Juliá: "Una revolución a fecha fija, pendiente de una provocación que el adversario podía administrar a su gusto y desligada de la anterior movilización obrera y campesina, basada en una deplorable organización armada, sin objetivos políticos precisos, con la abstención de un numeroso sector de la clase obrera sindicalmente organizada, proyectada como mezcla de conspiración de militares presuntamente adictos y de huelga general del gran día, frente a un Estado que mantenía intacta su capacidad de respuesta, no tenía ninguna posibilidad de triunfar. Así lo pensaban también sus propios dirigentes, que en medio del desconcierto general que siguió a su decisión no fueron siqiera capaces de ordenar una digna retirada. Largo Caballero encerrándose en casa, como en otras ocasiones en que se habían declarado o se pensaban declarar huelgas generales a esperar tranquilamente la llegada de la policía, "porque no tenía nada que ver con lo que pudiera ocurrir" y "no quería ponerse en contacto con nadie, absolutamente con nadie" es la imagen elocuente de un Lenin español excesivamente casero para dirigir una revolución".

Manifiesto del Frente Popular (Enero, 1936)

fp_16.jpg"Los partidos republicanos Izquierda Republicana, Unión Republicana y el Partido Socialista, en representación del mismo y de la Unión General de Trabajadores; Federación Nacional de Juventudes Socialistas, Partido Comunista, Partido Sindicalista, Partido Obrero de Unificación Marxista, sin perjuicio de dejar a salvo los postulados de sus doctrinas, han llegado a comprometer un plan político común que sirva de fundamento y cartel a la coalición de sus respectivas fuerzas en la inmediata contienda electoral y de norma de gobierno que habrán de desarrollar los partidos republicanos de izquierda, con el apoyo de las fuerzas obreras, en el caso de victoria. Declaran ante la opinión pública las bases y los límites de su coincidencia política, y además la ofrecen a la consideración de las restantes organizaciones republicanas y obreras por si estiman conveniente a los intereses nacionales de la República venir a integrar en tales condiciones el bloque de izquierda que debe luchar frente a la reacción en las elecciones generales de diputados a Cortes.

I. Como suplemento indispensable de la paz pública, los partidos coaligados se comprometen:

1° A conceder por ley una amplia amnistía de los delitos político-sociales cometidos posteriormente a noviembre de 1933, aunque no hubieran sido considerados como tales por los Tribunales. Alcanzará también a aquellos de igual carácter no comprendidos en la ley de 24 de abril de 1934. Se revisarán, con arreglo a la ley, las sentencias pronunciadas en aplicación indebida de la de Vagos, por motivos de carácter político; hasta tanto que se habiliten las instituciones que en dicha ley se prescriben, se restringirá la aplicación de las mismas y se impedirá que en lo sucesivo se utilice para perseguir ideas o actuaciones políticas.

2º Los funcionarios y empleados públicos que hayan sido objeto de suspensión, traslado o separación, acordada sin garantía de expediente o por motivos de persecución política, serán repuestos en sus destinos. El Gobierno tomará las medidas necesarias para que sean readmitidos en sus respectivos puestos los obreros que hubiesen sido despedidos, por sus ideas o con motivo de huelgas políticas, en todas las Corporaciones públicas, en las Empresas gestoras de servicios públicos y en todas aquellas en las que el Estado tenga vínculo directo. Por lo que se refiere a las Empresas de carácter privado, el Ministerio de Trabajo adoptará las disposiciones conducentes a la discriminación de todos los casos de despido que hubieran sido fundados en un motivo político-social, y que serán sometidos a los Jurados mixtos para que éstos amparen en su derecho, con arreglo a la legislación anterior a noviembre de 1933, a quienes hubieran sido indebidamente eliminados.

3° Se promulgará una ley concediendo a las familias de las víctimas producidas por hechos revolucionarios o por actos ilegales de la autoridad y la fuerza pública en la represión, la adecuada reparación del daño inferido a las personas.

II. En defensa de la libertad y de la justicia, como misión esencial del Estado republicano y de su régimen constitucional, los partidos coaligados:

1º Restablecerán el imperio de la Constitución. Serán reclama das las transgresiones cometidas contra la ley fundamental. Y la ley 0rganica del Tribunal de Garantías habrá de ser objeto de reforma, a fin de impedir que la defensa de la Constitución resulte encomendada a conciencias formadas en una convicción o en un interés contrarios a la salud del régimen.

2° Se procederá a dictar las leyes orgánicas prometidas por la Constitución, que son necesarias para su normal funcionamiento, y especialmente las leyes Provincial y Municipal, que deberán inspirarse en el respeto más riguroso a los principios declarados aquélla. Se procederá por las Cortes a la reforma de su reglamento, modificando la estructura y funciones de las Comisiones parlamentarias, a cuyo cargo correrá, con el auxilio de los Organismos técnicos a ellas incorporados, el trámite formativo de las leyes.

3° Se declara en todo su vigor el principio de autoridad; pero se compromete su ejercicio sin mengua de las razones de libertad y justicia. Se revisará la ley de Orden Público, para que, sin perder nada de su eficacia defensiva, garantice mejor al ciudadano contra la arbitrariedad del Poder, adoptándose también las medidas necesarias para evitar las prórrogas abusivas de los estados de excepción.

4° Se organizará una justicia libre de los viejos motivos de jerarquía social, privilegio económico y posición política. La justicia, una vez reorganizada, será dotada de las condiciones de independencia que promete la Constitución. Se simplificarán los procedimientos en lo civil; se imprimirá mayor rapidez al recurso ante los Tribunales contencioso-administrativos, ampliando su competencia, y se rodeará de mayores garantías al inculpado en lo criminal. Se limitarán los fueros especiales, singularmente el castrense a los delitos netamente militares. Y se humanizará el régimen de prisiones, aboliendo malos tratos e incomunicaciones no decretadas judicialmente.

5° Los casos de violencia de los agentes de la fuerza pública, acaecidos bajo el mando de los Gobiernos reaccionarios, aconsejan llevar a cabo la investigación de responsabilidades concretas hasta el esclarecimiento de la culpa individual y su castigo. Se procederá a encuadrar las funciones de cada instituto dentro de los fines de su respectivo reglamento; serán seleccionados sus mandos y se sancionará con la separación del servicio a todo agente que haya incurrido en malos tratos o parcialidad política. El Cuerpo de Vigilancia se reorganizará con funcionarios aptos y de cumplida lealtad al régimen.

6° Se revisarán las normas de disciplina de los funcionarios, estableciendo sanciones graves para toda negligencia o abuso en favor de intereses políticos o en daño del Tesoro público.

III. Los republicanos no aceptan el principio de la nacionalización de la tierra y su entrega gratuita a los campesinos, solicitada por los delegados del partido socialista. Consideran convenientes las siguientes medidas, que proponen la redención del campesino y del cultivador medio y pequeño, no sólo por ser obra de la justicia, sino porque constituye la base más firme de reconstrucción económica nacional:

1ª Como medidas de auxilio al cultivador directo: Rebaja de impuestos y tributos. Represión especial de la usura. Disminución de rentas abusivas. Intensificación del crédito agrícola. Revalorización de los productos de la tierra, especialmente del trigo y demás cereales, adoptando medidas para la eliminación del intermediario y para evitar la confabulación de los harineros. Estímulo del comercio de exportación de productos agrícolas.

2ª Como medidas para mejorar las condiciones de la producción agrícola: Se organizarán enseñanzas agrícolas y se facilitarán auxilios técnicos por el Estado. Se trazarán planes de sustitución de cultivos e implantación de otros nuevos, con la ayuda técnica y económica de la Administración pública. Fomento de los pastos, ganadería y repoblación forestal. Obras hidráulicas y obras de puesta de riego y transformación de terrenos para regadío. Caminos y construcciones rurales.

3ª Como medidas para la reforma de la propiedad de la tierra: Derogarán inmediatamente la vigente ley de Arrendamientos. Revisarán los desahucios practicados. Consolidarán en la propiedad, previa liquidación, a los arrendatarios antiguos y pequeños. Dictarán nueva ley de Arrendamientos que asegure: la estabilidad en la tierra; la modicidad en la renta, susceptible de revisión; la prohibición del subarriendo y sus formas encubiertas; la indemnización de mejoras útiles y necesarias llevadas a cabo por el arrendatario, haciéndose efectiva antes de que el cultivador abandone el predio, y el acceso a la propiedad de la tierra que se viniera cultivando durante cierto tiempo. Estipularan las formas de cooperación y fomentarán las explotaciones colectivas. Llevaran a cabo una política de asentamiento de familias campesina», dotándolas de los auxilios técnicos y financieros precisos. Dictarán normas para el rescate de bienes comunales. Derogarán la ley que acordó la devolución y el pago de las fincas a la nobleza.

IV. Nuestra industria no se podrá levantar de la depresión en que se encuentra si no se procede a ordenar todo el complejo sistema de protecciones que el Estado dispensa según criterio estricto con coordinada subordinación al interés general de la economía. En su consecuencia, procede:

1° Dictar una ley o sistema de leyes que fijen las bases de la protección a la industria, comprendiendo las arancelarias, exenciones fiscales, métodos de coordinación, regulación de mercados y demás medios de auxilio que el Estado conceda a interés de la producción nacional. Promover el saneamiento financiero de las industrias, a fin de aligerar cargas de especulación que, gravando su rentabilidad, entorpecen su desenvolvimiento.

2° Crear instituciones de investigación económica y técnica, donde pueda el Estado adquirir elementos para su dirección política y también los empresarios para mejor regir sus iniciativas.

3° Adoptar aquellas medidas necesarias de especial protección a la pequeña industria y al pequeño comercio.

4° Levantar la actividad de nuestras industrias fundamentales, mediante un plan de obras públicas a que luego se alude, urbanizaciones y saneamiento de la población rural, en el que se calcularán de antemano los materiales que se han de consumir y sus precios, a fin de asegurar la rentabilidad de estas obras.

V. Los republicanos consideran la obra pública no sólo como modo de realizar los servicios habituales del Estado o como mero método circunstancial e imperfecto de atender al paro, sino como medio potente para encauzar el ahorro hacia las más poderosas fuentes de riqueza y progreso, desatendidas por la iniciativa de los empresarios:

1ª Se llevarán a cabo grandes planes de construcciones de viviendas urbanas y rurales, servicios cooperativos y comunales, puertos, vías de comunicación, obras de riego e implantación de regadíos y transformación de terrenos.

2º Para llevarlas a cabo se procederá a una ordenación legislativa y administrativa que garantice la utilidad de la obra, su buena administración y la contribución a la misma de los intereses privados directamente favorecidos. Los republicanos no aceptan el subsidio de paro solicitado por la representación obrera. Entienden que las medidas de política agraria, las que se han de llevar a cabo en el ramo de la industria, las obras públicas y, en suma, todo el plan de reconstrucción nacional, han de cumplir no sólo su finalidad propia, sino también el cometido esencial de absorber paro.

VI. La Hacienda y la Banca tienen que estar al servicio del empeño de reconstrucción nacional, sin desconocer que fuerzas tan sutiles como la del crédito no se pueden forzar por métodos de coacción ni estimular fuera del campo seguro de aplicaciones provechosas y empleo remunerador. No aceptan los partidos republicanos las medidas de nacionalización de la Banca propuesta por los partidos obreros; conocen, sin embargo, que nuestro sistema bancario requiere ciertos perfeccionamientos, si ha de cumplir la misión que le está encomendada en la reconstrucción económica de España. Como mera enumeración ejemplar, señalamos las siguientes medidas:

1ª Dirigir el Banco de España de modo que cumpla su función de regular el crédito, conforme exija el interés de nuestra economía, perdiendo su carácter de concurrente de los Bancos y liquidando sus inmovilizaciones.

2ª Someter a la Banca privada a reglas de ordenación que favorezcan sus líquidos, sobre los principios clásicos que ha puesto de nuevo en relieve la experiencia de las últimas crisis, a fin de afirmar la garantía de los depositantes y el servicio de las necesidades financieras de la política de reconstrucción económica que aquí se promete.

3ª Mejorar el funcionamiento de las Cajas de Ahorro, para que cumplan su papel en la creación de capitales, dictando también aquellas medidas necesarias para proteger el ahorro privado y de responsabilidad de los promotores y gestores de toda clase de Compañías. Respecto a la Hacienda, se comprometen a llevar a cabo una reforma fiscal dirigida a la mayor flexibilidad de los tributos y a la más equitativa distribución de las cargas públicas, sin acudir al crédito público para finalidades de consumo.

1° Se revisará a fondo la tributación directa, detenida en su desarrollo normal, reorganizándola sobre bases progresivas.

2° Se reformará la tributación indirecta buscando la coordinación del gasto privado con el gravamen del consumo. 3° Se perfeccionará la Administración fiscal, para que sirva de instrumento eficaz a la nueva política tributaria.

VII. La República que conciben los partidos republicanos no es una República dirigida por motivos sociales o económicos de clase, sino un régimen de libertad democrática, impulsado por razones de interés público y progreso social. Pero precisamente por esa definida razón, la política republicana tiene el deber de elevar las condiciones morales y materiales de los trabajadores hasta el límite máximo que permita el interés general de la producción, sin reparar, fuera de este tope, en cuantos sacrificios hayan de imponerse a todos los privilegios sociales y económicos. No aceptan los partidos republicanos el control obrero solicitado por la representación del partido socialista. Convienen en:

1° Restablecer la legislación social en la pureza de sus principios, para lo cual dictarán las disposiciones necesarias para dejar sin efecto aquellas que desvirtúen su recto sentido de justicia, revisando las sanciones establecidas a fin de asegurar el más leal cumplimiento de las leyes sociales.

2° Reorganizar la jurisdicción de trabajo en condiciones de independencia, a fin no sólo de que las partes interesadas adquieran conciencia de la imparcialidad de sus resoluciones, sino también para que en ningún caso los motivos de interés general de la producción queden sin la valoración debida.

3° Rectificar el proceso de derrumbamiento de los salarios del campo, verdaderos salarios de hambre, fijando salarios mínimos, a fin de asegurar a todo trabajador una existencia digna, y creando el delito de envilecimiento del salario, perseguible de oficio ante los Tribunales. Aunque la política de reconstrucción económica debe conducir a la absorción del paro, es menester, además, organizar, administrativa y técnicamente, la lucha, estableciendo los servicios que sean necesarios de estadística, clasificación, oficinas de colocación y Bolsas de Trabajo, preocupándose de modo especial del paro en la juventud, y sin olvidar tampoco las instituciones de previsión y seguro que, prometidas por la Constitución, deben disponerse a ensayo sobre bases de tipo social. Los republicanos han de dedicar a la asistencia pública, beneficencia y sanidad la atención que merecen en todo pueblo civilizado, sin regatear sacrificios. Unificarán, bajo la dirección del Estado, las diversas instituciones de fundación privada, totalizando sus recursos, sin perjuicio del respeto a la voluntad del finado.

VIII. La República tiene que considerar la enseñanza como atributo indeclinable del Estado, en el superior empeño de conseguir en la suma de sus ciudadanos el mayor grado de conocimiento y, por consiguiente, el más amplio nivel moral por encima de razones confesionales y de clase social.

1° Impulsarán, con el ritmo de los primeros años de la República, la creación de escuelas de primera enseñanza, estableciendo cantinas, roperos, colonias escolares y demás instituciones complementarias. Se ha de someter a la enseñanza privada a vigilancia, en interés de la cultura, análoga a la que se ejercite cerca de las escuelas públicas.

2° Crearán las enseñanzas medias y profesionales que sean necesarias para dar instrucción a todos los ciudadanos en condición de recibir la de estos grados.

3º Concentrarán las enseñanzas universitarias y superiores para que puedan ser debidamente servidas.

4° Pondrán en ejecución los métodos necesarios para asegurar el acceso a la enseñanza media y superior a la juventud obrera y, en general, a los estudiantes seleccionados por su capacidad. Los partidos coligados repondrán en su vigor la legislación autonómica votada por las Cortes constituyentes y desarrollarán los principios autonómicos consignados en la Constitución. Se orientará la política internacional en un sentido de adhesión a los principios y métodos de la Sociedad de Naciones.

Por Izquierda Republicana: Amos Salvador. Por Unión Republicana: Bernardo Giner de los Ríos. Por el Partido Socialista Obrero: Juan Simeón Vidarte y Manuel Cordero. Por la Unión General de Trabajadores, Francisco Largo Caballero. Por la Federación Nacional de Juventudes Socialistas, José Cazorla. Por el Partido Comunista, Vicente Uribe. Por el Partido Sindicalista, Ángel Pestaña. Por el Partido Obrero de Unificación Marxista, Juan Andrade."

31/05/2005

Informe de Fernando Montoliú sobre los acontecimientos finales de la guerra civil, desde el golpe de Casado ( I )

mundo_obrero.jpg“Vivíamos una serie de camaradas, todos ellos comisarios políticos, en una casa de los alrededores de Valencia. Los nombres de todos ellos no me vienen a la memoria pero todos estábamos afectados al Comisariado General cuyo cargo principal ocupaba Hernández.
Una mañana de buena hora al poner la radio para oír las informaciones, oímos la lectura del llamamiento de la junta de Casado en el que se hablaba del fin de la guerra y la paz honrosa. Todos los allí presentes fuimos sorprendidos ante tal acontecimiento y cosa natural empezaron los comentarios..
Acto seguido me dirigí a la casa que habitaba Hernández y allí en la cama se encontraba con la famosa Pili.
Le expliqué lo que acabábamos de oír quedando un poco perplejo. Se vistió y me invitó a seguirle. Montamos en su coche y nos dirigimos hacia otra tienda donde se encontraban los camaradas consejeros soviéticos. Después de las presentaciones me invitaron de nuevo a repetir lo oído por Radio y así lo hice de nuevo.

Un camarada, supongo el responsable de todos ellos, dijo: “Ahora comprendo por qué no tenemos contacto con nuestros camaradas en Madrid”. Ordenó de nuevo se tratara de tomar contacto y una de las personas allí presentes se desplazó a otra habitación volviendo unos minutos más tarde y dijo: “No responden”.
Esto terminó de confirmar que algo anormal sucedía y prácticamente aquello se transformó en una reunión.
Si mal no recuerdo Hernández habló de aplastar a la Junta sin embargo el tovarich con mucha calma planteó una serie de cuestiones y entre ellas que yo me acuerde eran aproximadamente estas:
...Veamos. ¿Qué fuerzas se han sublevado? ¿Con quién contamos? ¿Cómo se encuentran nuestros camaradas? ¿Qué posiciones ocupan? Estas y otras varias cuestiones fueron planteadas reposadamente y calmosamente. Su conclusión primera fue aproximadamente la siguiente: “¿Qué hace y qué posición toma el Gobierno legal ante tal situación?” Esta es una de las primeras cosas que debemos saber. ¿Qué actitud debe adoptar el Partido? Lo primero es concretar el estado real de cada una de las fuerzas en presencia. Hay que poner en conocimiento del Partido. Hay que conocer más detalles”.
Y con esta idea salimos de allí.

Acto seguido nos dirigimos al E.M. del Ejército donde había muy poco entusiasmo y caras muy largas. Hablamos con algunos oficiales entre los que encontramos jefes que querían resistir y otros que pensaban más e marchar que en otra cosa.
Decidimos visitar las unidades del frente de Levante (...) La de tanques que tenía buena moral y dispuesta al combate (recuerdo vagamente Sendín) (...) Al regresar al lugar donde se había establecido el Partido algunas de las carreteras estaban ocupadas por una brigada de carabineros afortunadamente indiferente a todo lo que sucedía. Cada uno de nosotros informamos del resultado de nuestra visita, moral de la tropa, disposición de los camaradas, etc. En cuanto a los camaradas del Partido coincidimos todos que en general sus unidades querían continuar la lucha. No me acuerdo en qué momento preciso apareció Larrañaga. Con todos los elementos que teníamos en mano volvimos a la casa de los tovarich a eso de las cinco de la tarde. Si mal no recuerdo ellos ya habían tenido contacto con Madrid y tenían una idea aproximadamente exacta de cómo se encontraba la situación.

Al entrar en la habitación el camarada responsable de los consejeros leía la historia del Partido, el resto rompía y quemaba papeles, otros preparaban maletas...
Volvimos a [informar del] estado del estado de nuestras fuerzas. El general volvió a preguntar: ¿Qué actitud es la del gobierno legal? Se discutió un buen rato [y] me acuerdo que dijo: “Hay que tomar contacto a todo precio con el gobierno”. Por intermediario de un subalterno se consiguió tomar contacto con Negrín y si mal no recuerdo con Uribe que se encontraban en un aeródromo preparados para salir de España.
De la conversación solo me acuerdo de esto aproximadamente:

Hernández: Señor Presidente ¿Qué hacemos?
Espere un momento que estamos discutiendo; por el momento, nada, dijo Negrín.
H: Bueno, es que aquí la situación la tenemos en la mano y si Usted lo ordena podemos aplastarlos.
El gobierno está reunido para ver que actitud se adopta, respondió Negrín.
De esto es todo lo que me acuerdo.

Terminada la conferencia telefónica Hernández sugirió la idea de “aplastarlos”.
El general que había cerrado el libro tardó en responder y después de reflexionar dijo aproximadamente estas palabras: “Hay que tratar de ver claro, Hernández” “La junta está constituida por todos los partidos y fuerzas que fueron nuestros aliados. El gobierno de Negrín no quiere luchar. El Partido se encuentra solo y aislado. En estas condiciones no podemos enviar nuestras fuerzas a la lucha. Luchar en dos frentes contra el franquismo y contra la junta constituida por los socialistas, anarquistas y republicanos es una tarea superior a nuestras fuerzas. En estas condiciones los sublevados apareceríamos nosotros ante los ojos del pueblo. A mi forma de ver lo que hay que hacer es tratar de llegar a un acuerdo con la Junta. Llegar con ellos a un compromiso. Intentar de salvar al Partido y al Ejército”.
Esto es mal reflejado lo que decía este tío y con estas ideas salimos de su casa no volviéndoles a ver más (al menos yo).

Volvimos a nuestra casa (del Partido) y poco a poco iban llegando más camaradas.
No puedo acordarme en qué momento preciso llegaron todos ellos sin embargo me acuerdo de algunos nombres con los cuales se formó un centro de decisión.
En un momento determinado nos encontrábamos los siguientes camaradas:
Togliatti, Checa, Larrañaga, Sosa, Montoliú, creo Navarro Ballesteros y claro también Hernández.
Este centro de decisión tuvo una reunión donde se acordó dirigir un llamamiento al país y estudió las medidas a adoptar con relación a la nueva situación.
Entre otras cosas, se acordó visitar al coronel Burillo que si mal no recuerdo había sido nombrado por la Junta comandante militar de la plaza de Valencia. Para esta visita se designó al camarada Checa al que acompañaba Montoliú a fin de llegar a un acuerdo con la Junta. Supongo que Checa habrá informado de esto al Partido ya que Burillo no quiso verme.

Al presentarnos y anunciarle la [presencia] de los miembros del Partido que le pedían una entrevista salió el capitán ayudante y dijo “que entre Checa, a Montoliú no quiero verle” (seguramente a causa de que un día, siendo organizador del partido en el Ejército de Extremadura [supe que] tenía una carta cerrada dirigida al general Queipo de Llano y que a su debido tiempo comuniqué al CC; supongo que él llegó a saberlo).
Al salir Checa me hizo saber la animadversión de Burillo hacia mí.
No puedo acordarme si fue antes o después de esta visita se tomó el acuerdo de tomar contacto con el C. Provincial del Partido en Madrid. En la reunión se acordó a propuesta de Larrañaga que en aquellas circunstancias el más indicado era el camarada Montoliú.

Acto seguido empezaron los preparativos para el viaje y la puesta en marcha. Así que salí para Madrid a una fecha y hora que no puedo determinar para tomar contacto con el Comité Provincial de Madrid.
El objetivo era informarme de cómo se encontraba la situación. La orientación con lo de llegar a un compromiso con la Junta a fin de tratar de salvar el Ejército y el Partido. Ver la posibilidad de una retirada organizada de todas las fuerzas antifranquistas. En una palabra, impedir que la junta se sirviera de entregar los comunistas a Franco en pago a su traición.

En paso hacia Madrid y no me acuerdo, supe que Miaja tenía establecido un estado mayor en la provincia de Cuenca. Al mismo tiempo supe que no lejos de allí Juanín con su división estaban estacionados.
En aquellos momentos y no puedo acordarme de cómo fue, apareció un camarada comandante que creo se llama Carro que me acompañó durante algún tiempo y que luego perdí de vista sin acordarme dónde.
Decidí visitar a [Juanín] a quien me parece que no conocía pero que me recibió bastante bien al identificarme.
Su división estaba impregnada de buena moral y en buen estado de organización. Le refiero a Juanín la situación y cómo el Partido luchaba para encontrarle una salida y con él se determinó lo primero que había que hacer en aquel momento preciso.
Se acordó tomar contacto con el general Miaja. Puso manos a la obra Juanín, cogió el teléfono y llamó al EM pidiendo hablara con el general. Cuando este se puso al teléfono Juanín le dijo que un miembro de la dirección del Partido deseaba verle. Miaja respondió que no podía recibirle. Después de insistirle varias veces, habiéndole dicho que tenía proposiciones importantes a hacerle, que eran cosas que interesaban a todo el ejército y al pueblo, Miaja aceptó de recibir la delegación del Partido. Carro me acompañó.

Pero antes de ponernos en camino se estableció por teléfono el diálogo siguiente (aproximadamente) entre Juanín y el general Miaja:
Juanín: Mi general, aquí hay un miembro de la dirección del Partido que desea verle.
Miaja: Yo no puedo recibirle.
Juanin: Son cosas que nos afectan a todos, al Ejército y al pueblo, y Usía debe recibirle.
Miaja: Bueno, que venga.
Juanín: Mi general, ¿qué garantías me da Usía que no se le detiene?
Miaja: Mi palabra de general.
J: Espere un momento mi general.
J. se dirige a mí y me pregunta cuánto tiempo necesito para discutir con Miaja.
M: Eso no se puede precisar exactamente, todo depende del curso que tome la discusión.
Pongamos 15 minutos ir, 15 minutos volver y media hora para discutir. Digamos una hora.
Juanín: Al general que esperaba al teléfono. Mi general, una hora es suficiente al camarada. Fijamos u plazo a una hora.
Miaja: Se acuerda por una hora.
Juanín: Mi general, Usía sabe bien que yo soy miembro del Partido Comunista y que me debo a él y de acuerdo con la dirección de mi partido si el camarada no está de vuelta dentro de una hora me veré obligado de avanzar con mi división y si hay lugar, tomar el EM al asalto.
Miaja: Vuelvo a repetirle que doy mi palabra de general.
Juanín: Bueno mi general, es tal hora (no puedo precisar la hora exacta) y si a tal hora no ha vuelto este de regreso cumpliré con mi deber de comunista pasando al ataque (el plan fue determinado de común acuerdo con Juanín).

Al relatar este episodio varios años más tarde no puedo impedirme de secarme las lágrimas que me vienen a los ojos.
Acompañado del camarada Carro nos pusimos en marcha hacia el EM del general Miaja.
Al llegar a la puerta de la finca que ocupaba el general un oficial de su EM nos esperaba.
Acto seguido nos introdujo sin pérdida de tiempo a una gran sala donde rodeando a Miaja había más oficiales y un hombre de civil que resultó ser González Marín de la CNT.
Me presenté como un representante de la dirección del Partido Comunista y sin darme lugar a exponer el objeto de la visita me cortaron la palabra, tanto Miaja como González Marín diciéndome que el Partido Comunista no existía y que los dirigentes habían huido al extranjero (noticia dada por la radio). Aquellas palabras tuvieron en mí el efecto de una puñalada y al mismo tiempo tuvieron en mí el efecto de un resorte que puso en movimiento todo mi cuerpo, y mi reacción fue en proporción a mi indignación.
La discusión tomó aproximadamente esta forma (Carro es posible que se acuerde mejor que yo):

Nosotros: Esa es una de tantas infamias lanzadas contra el Partido Comunista. El Buró Político no ha huido ni huye ante el enemigo. El BP se encuentra en estos momentos frente a vosotros.
La discusión fue tomando de más en más un carácter acalorado principalmente con González Marín que llevaba la voz cantante.
Intervino de nuevo Miaja para negar una vez más la existencia del Partido citando los nombres de los camaradas dirigentes que habían “huido” al extranjero. En el acaloramiento de la discusión y en defensa del honor revolucionarios del Partido me vinieron a la cabeza unas ideas que no se si las había leído en algún texto nuestro o nacieron, en ese momento esencial, en mi cabeza.
Nosotros: (...) Podéis detener al BP, a Pasionaria y a los demás camaradas para entregarlos atados de pies y manos al fascismo. Esa es la moneda que exige el fascismo para llegar a la “paz honrosa”.
Según vosotros que el PC tiene la respuesta que corresponde a cada situación y si bien es cierto que el BP ha estimado necesario tener que partir de España una parte de la dirección que [nombra] el Partido continua [a existir] y en estos momentos me cabe el honor de hablarles en nombre del Buró Político del Partido Comunista (en realidad nadie me había atribuido tal “honor”, sino que yo mismo me lo atribuí porque estimé que las circunstancias frente al enemigo me dictaban de hacerlo).
Todo esto en términos acalorados y por momentos muy violentos principalmente con González Marín (a quien nos conocíamos de la CNT). Me es imposible poderme acordar de todo lo que se discutió, no obstante puedo precisar que en un momento determinado y señalándole con el dedo a González Marín le acusé ante todo el mundo de traición y le dije aproximadamente estas palabras:
“Este es el papel que te mandan jugar los ingleses”. Lo que valió la intervención de Miaja que dijo: “Así es, los que mandan son los ingleses”.
La discusión se hacía interminable y en el acaloramiento por nuestra parte se empleó un lenguaje duro.
Sostenían que la “paz honrosa” era un bien para el fin de la guerra y que el franquismo respetaría los acuerdos.
El Partido mantenía la necesidad de terminar juntos la guerra. Juntos hemos empezado y juntos debemos terminar.
“Hay que pensar en la suerte de soldados que están peleando desde el primer día por la defensa de la República y que no se les puede entregar indefensos al franquismo”.
Con aquella junta entregada a la traición no se podía llegar a un acuerdo. “Habían roto la unidad antifranquista y se deslizaron completamente por el camino de la capitulación. Ante esta discusión sin salida un hombre que había permanecido a pie firme miraba de tiempo a tiempo el reloj. Era un coronel jefe de EM de Miaja. Como esto era el síntoma de [enervamiento] esto me hizo pensar en la orden que le había dado a Juanín.

Hice saber que necesitaba un salvoconducto para poderme desplazar hasta Madrid.
González Marín era completamente opuesto a que me fuese dado, por el contrario comprendí que ene aquella hora patética Miaja comenzaba a vacilar.
Miré el reloj y vi que la hora de tomar una decisión había llegado. Hubo un momento de silencio que aproveché para recordarles que la división de Juanín estaba preparada para intervenir.
Me levanté y creo que sus palabras fueron aproximadamente estas:
¡La hora ha llegado!
El coronel que siempre había permanecido de pie tomó la palabra y mirando una vez más el reloj dijo: “Mi general, ¿qué hacemos?”.
Miaja respondió: “Que se le haga un salvoconducto”.
El coronel se dirigió a una máquina de escribir que allí mismo había y escribió aproximadamente lo que sigue:

“Autorizo al señor Montoliú para que pueda desplazarse libremente por todo el territorio de nuestro mando y ordeno a las fuerzas a mis órdenes se den las facilidades necesarias en el cumplimiento de la importante misión de paz”.

Este documento fue redactado por el coronel en persona sin tomar consejo de nadie. Se lo pasó al general Miaja quien lo leyó y sin dárselo a leer a nadie más, lo firmó y me lo entregó.

Salimos del EM y aquí y en honor a la verdad quiero decir lo siguiente, reflejo del estado de ánimo en aquellos momentos. (No se por qué de todo aquello una idea fija me venía a la cabeza y no podía deshacerme de ella. A pesar de mis esfuerzos no podía deshacerme de ella y no me avergüenzo de decir que durante algunos momentos pesaba en mí más que todo lo que sucedía. Pensando en (…) todo lo discutido me embargaba una serie de temores: “¿Pero qué idea la mía de atribuirme esa responsabilidad? ¿Quién me mandaría meterme en camisas de once varas? ¿Qué dirán los camaradas cuando les diga lo que dije? ¿Será justo? ¿Será injusto?” (…) “Tiene que ser justo. Ante el enemigo un comunista no puede reaccionar de otra manera”. (…) Unas veces contento y otras veces temeroso y avergonzado me invadió una especie de obsesión que me absorbía una gran parte de mis pensamientos y que dada la gravedad de la situación y la importancia de las tareas a realizar me dio ánimos para continuar y poderlas [alcanzar] (…) hasta que explicando en Valencia a los camaradas lo que me había visto obligado a hacer Togliatti y Checa aprobaron. Esto me tranquilizó).

Con el salvoconducto de Miaja y acompañado de Carro volvimos al puesto de mando de Juanín. Y en el camino de regreso encontramos unidades del ejército que avanzaban lentamente hacia el EM del general Miaja. Eran las fuerzas de Juanín.
Al encontrarnos de nuevo Juanín me dijo: “Camarada, cumpliendo las instrucciones del Partido y viendo que el tiempo pasaba he ordenado el despliegue de las fuerzas para cumplir con mi misión de comunista”.
No se lo que ha sido de este camarada, pero en honor de la verdad debo decir que en él encontré uno de los casos de mayor firmeza, disciplina y lealtad al Partido en aquellos momentos.
Juanín ordeno el repliegue de las unidades que estaban avanzando.
Nos despedimos y con Carro proseguimos nuestro viaje hacia Madrid.

Informe de Fernando Montoliú sobre los acontecimientos finales de la guerra civil, desde el golpe de Casado ( y II )

charca.jpgNo lejos de Madrid sin poder precisar dónde encontramos las primeras dificultades que fueron resueltas con relativa facilidad.
Fuimos detenidos por unas fuerzas que si mal no recuerdo mandaba Liberino (socialistas).
Yo iba vestido de civil, por el contrario Carro iba de uniforme.
Antes de que me interrogaran (…) nos llevaron ante un comandante corpulento y en aquél momento tenía muy mal genio.
Me presenté a él como un enlace del general Miaja en servicio de inspección y para encontrar una salida a aquella lucha fratricida. No me acuerdo de que me haya pedido ningún papel de identificación. Nos sentamos al borde de la carretera en lo hondo de la cuneta. Comencé por preguntarle por el estado de la moral de sus fuerzas, las posiciones de cada una de las fuerzas y de sus necesidades.
En ese mismo momento y muy cerca de nosotros estalló un obús de artillería tirado por nuestros camaradas (el combate duraba ya más de una hora).
Liberino de muy mal genio me dijo: “Dígale Ud. al general que lo que necesito son muchos cañones”. Vea Ud. mismo que el enemigo (nuestros camaradas) no nos tiran con mantequilla.
Saqué papel y pluma y escribí:
“Cañones para Liberino”.
Mi objetivo no era ver a Liberino sino llegar a Madrid, sin embargo en todo aquel maremagnum había que saber nadar y orientarse. Me explicó las posiciones de las fuerzas respectivas y el camino a seguir para no caer en manos del “enemigo”. Nos despedimos y nos deseamos respectivamente mucha suerte.
Proseguimos nuestra ruta hacia Madrid sin poder precisar la hora exacta de la llegada.
Carro se acordará mejor que yo de todas las peripecias (…) que debimos atravesar y de todos los tiros que partían de todas partes y en todas direcciones.
Una vez en Madrid el problema era de encontrar al Comité Provincial.
Todo ello me es confuso y no puedo acordarme en qué momento preciso una camarada de la juventud se incorporó a nosotros. Si mal no recuerdo es ella la que nos dijo dónde se encontraba el Comité Provincial de Madrid.
Recuerdo que en la calle Alcalá y me parece Plaza de la Independencia (donde mataron a Dato) los tanques ocupaban la plaza y el medio de la calle. Más tarde supe que eran nuestros.
Atravesamos la calle y nos dirigimos a la calle Serrano, la casa que ocupa el CC. Allí estaban las fuerzas enemigas.
(Haciendo un inciso quiero decir que me habían sido muy útiles los consejos que Togliatti me había dado en Valencia: “Tú nunca digas quien eres, antes de nada trata de saber a quién pertenecen las fuerzas”. Antes de nada “dónde está nuestro E. Mayor”. “Dónde están nuestras fuerzas”. “No olvides que la audacia en esta situación cuenta mucho”. NO olvides, “Dónde están los nuestros”.
Todo esto y lo que no me acuerdo me lo decía entre broma y serio y todo ello de apariencia anodina me resultó muy útil en todo aquel periodo).
Y así fuimos atravesando diferentes zonas, unas nuestras y otras enemigas.
Me parece que es la calle Velásquez donde nos echaron el alto de nuevo unas fuerzas que bien armadas de ametralladoras nos pusieron contra la pared y me era fácil aplicar el consejo ya que a nada quería responder. Por fin nos dijeron bajar los brazos y ante la acumulación de varios soldados y la llegada de un teniente comprendí que eran fuerzas guerrilleras. Les hablé y pregunté por el camarada Hungría. Esto les metió en confianza y al ver mi documentación de miembro del Partido todo se puso en claro.
No puedo precisar si fueron los guerrilleros o los camaradas de la juventud (…) nos condujeron hasta el Comité Provincial de Madrid.
Así atravesando diferentes zonas, unas veces valiéndonos del salvoconducto de Miaja, otras del documento de miembro del Partido conseguimos llegar hasta el puesto de mando del Partido.
No puedo acordarme si a la Ciudad Lineal o Ciudad Jardín o Fuencarral. Solo me acuerdo que allí encontré al Partido y que había llegado al objetivo fijado de avance.
Apenas puedo acordarme de los comunistas que allí había, de los que más guardo un vago recuerdo son Diéguez, Mendezona, Jiménez y me parece Ascanio.
Aquello estaba invadido de camaradas de una actividad febril, oficiales del ejército y hombres de civil entraban y salían constantemente para cualquiera que llegaba del exterior como yo no había ninguna duda que allí residía un estado mayor y se sentía una intensa actividad de estado de guerra. La moral era buena. Los camaradas estaban poco al corriente de lo que pasaba en el resto de España.
Se celebró una reunión del Comité Provincial; tengo idea de haberles informado del documento del Partido publicado en Valencia y (…) haberles llevado un ejemplar.
Se examinó la situación a la vista del informe. Supongo que los camaradas habrán informado con detalles este periodo.
Allí se acordó pedir una entrevista al coronel Casado a la que yo debía asistir.
Para ello me pusieron en contacto con el coronel Ortega que en aquellos momentos ocupaba un chalecito de los alrededores de la plaza de toros (vieja).
Al llegar a casa de Ortega este me parece que ya estaba informado de mi visita. No obstante le expuse el motivo que me llevaba ante él y sin ninguna vacilación después de haber terminado mi exposición cogió el teléfono, hizo el número y alguien respondió. Ortega dijo:
Aquí el coronel Ortega. Desearía hablar al coronel Casado. Le mandaron esperar y después de algunos minutos se entabló el diálogo siguiente. (Doy lo más aproximadamente pues no es posible acordarme de todo):
- ¿Coronel Casado? Aquí el coronel Ortega. A mi lado se encuentra un miembro de la dirección del Partido Comunista, que desearía tener una entrevista con Ud.
- Ud. sabe Ortega que en este asunto yo no estoy solo y que debo consultar con mis amigos.
- Se que tienes cosas muy importantes a decirle y proposiciones a hacerle.
- Antes veré si puedo recibirle mañana a las 11 de la mañana.
-Ortega: ¿Qué garantías me da usted, mi coronel, de que no va a detenerlo?
- Mi palabra de honor.
- ¿Es que Ud. no podría recibirle ahora mismo? No tardaría en llegar.
- Casado: El caso es, Ortega, que en estos momentos [tengo] unos amigos ingleses y no se cuándo estaré libre.
- Ortega: Bueno, mi general (sic), mañana a las 11 de la mañana.
- De acuerdo.
Con el resultado de esta conferencia telefónica volví al CP. Se celebró una nueva reunión y se llegó a la siguiente conclusión:
1º Que 24 horas era mucho esperar.
2º Que las garantías no eran suficientes.
3º Que lo más importante era volver a Valencia a informar a la dirección del Partido.
4º Volver a Madrid con instrucciones.
No se si los acontecimientos que relato siguieron en orden cronológico, es mucho el tiempo que ha pasado y muy difícil poderlos relatar unos detrás de otros.
No puedo situar en qué momento visité a Rodríguez Vega.
Sin embargo me acuerdo muy bien haber tenido una entrevista con él.
Si mal no recuerdo era por la calle Fuencarral. Allí había varias personas y no podía saber quien me indicó que allí estaba Rodríguez Vega. Subí al piso y a la persona que me recibió le pedí ver a Rodríguez Vega. Preguntó de la parte de quien y le hice saber que era un miembro de la dirección del Partido Comunista. Vega salió inmediatamente y me invitó a entrar en el despacho.
Me encuentro frente a un hombre enfermo y su aspecto no reflejaba ninguna vitalidad.
Allí esperaba ¿Qué?
Le expliqué el objeto de mi visita. Hablé de lo injusto del final de la guerra; de la traición de la junta; de la capitulación; de la necesidad de llegar a un compromiso para replegarnos unidos, de lo canalla que era entregar al franquismo los rehenes comunistas, del juzgamiento que en su día haría nuestro pueblo de la conducta de cada partido y de cada uno de nosotros.
En honor a la verdad debo decir que de su boca no salió una sola palabra en defensa de la junta y mismo ante una pregunta concreta mía, como es la cuestión presos, rotura de la unidad antifranquista, etc. Sin ser muy enérgico dio a entender que estaba de acuerdo con nuestra posición. Me dio la impresión de un hombre vencido, porque en el fondo de su alma comprendía que el Partido Comunista tenía razón.
Esta apreciación hacia mí me llevó a hacerle una proposición concreta.
Le propuse me acompañara a visitar ciertas personas de la junta a fin de llegar a un entendimiento que pusiera fin al derramamiento de sangre entre las fuerzas antifranquistas y que habían luchado juntas desde el primer día.
A fin de podernos situar unidos frente al franquismo, a fin de tratar de rehacer una pequeña unidad para salvarnos todos juntos.
Me dio la impresión de comprender muy bien el alcance que tenía la “paz honrosa”.
Ante mis dudas de esa paz y cuando le decía que Franco continuaría la represión contra el Partido para luego pegarle a los demás, asiente con la cabeza. Creo que veía claro, pero estaba vencido al avance. Le costaba mucho reaccionar.
No quiso aceptar mis proposiciones, sin embargo se notaba en él el deseo de hacer algo.
Me costó mucho arrancarle de su mutismo y si bien no quiso acompañarme no se negó a coger el teléfono para hacer ciertas gestiones, y a nuestra petición telefoneó a varias personas cuyos nombres no me vienen todos a la memoria, sin embargo me acuerdo que llamó a Besteiro y Casado entre otros.
Las conversaciones con estas personas giraron en torno a lo que con él se había discutido y puedo afirmar que planteó muy correctamente principalmente el problema de los presos. De la conversación resultaba que estas personas le prometieron interesarse en la cuestión y se hicieron algunas promesas de que no serían entregadas al franquismo.
Consultó con algunas otras personas, pero como digo más arriba no me acuerdo de los nombres.
Me prometió ocuparse del asunto y luchar todo cuanto pudiera por nuestros camaradas.
Nos quedamos, si puede decirse, como amigos y guardo un buen recuedo, a pesar de sus debilidades, de su actitud. De esta actitud di cuenta a su debido tiempo a la dirección del P. en Valencia.
En conclusión se puede decir que el Partido hizo cuanto a su alcance estuvo para ayudar a la liberación de nuestros camaradas detenidos como rehenes por la junta. Y a la posibilidad de una retirada todos juntos para salvar el ejército republicano, en honor a la verdad debo decir que Rodríguez Vega estuvo de acuerdo con estos objetivos y si bien es posible que no hiciera todo lo que podía, sin embargo sus intervenciones telefónicas fueron claras y reflejaban este sentido.
No puedo precisar se di estos informes al CP, pues como digo me es imposible reconstruir cronológicamente los acontecimientos.
En las reuniones del C. Provincial se estimó que era mucho esperar (24 horas) para dar al coronel Casado y que lo más urgente en aquellos momentos era volver a Valencia, informar a la dirección del P. y volver a Madrid con nuevas instrucciones con arreglo a la situación general.
No se si es en el primer viaje o en el segundo que las instrucciones dadas por la dirección eran ya las de evacuar los cuadros del Partido. Los camaradas se acordarán posiblemente mejor que yo.
La reunión del C. Provincial se terminó muy tarde y no puedo acordarme en qué momento preciso perdí de vista a Casto.
Serían aproximadamente las 10 de la mañana cuando me puse en viaje hacia Valencia. Salí de la zona que controlaba el Partido, no era difícil, sin embargo unos momentos más tarde había que entrar en la zona que controlaba la junta y allí de nuevo fui detenido por unos soldados en armas.
La cosa fue bastante espectacular ya que era “un individuo que venía de la zona comunista”. Aquello comenzaba a tener un carácter agrio (…) y después de forcejeos verbales me llevaron a una casa y allí sobre la mesa pusieron el salvoconducto de Miaja y mi documentación de miembro del Partido (se trataba de una carta con una fotografía y mi nombre en la que se decía que era miembro del CP de Madrid). (Esta carta la poseíamos todos los miembros del CP desde el comienzo de la guerra).
La carta fue de mano en mano y era lo único que les interesaba.
No negué ser miembro del Partido pero esto no era suficiente. Se explicó el motivo del viaje, el punto de vista diferente del de la junta, la necesidad de un repliegue de todas las fuerzas antifranquistas unidas.
Se abrieron dos puntos de vista distintos sobre que habían de hacer conmigo. Allí presente se encontraba un teniente, de una estatura media y más bien delgado, hasta ese momento no había intervenido. Las discrepancias continuaban en aumento hasta que alguien propuso como solución llevarme ante “el compañero Mera y que él decida”.
En ese momento supe que me encontraba en manos de las fuerzas de Mera.
A decir verdad, pensé que mi actividad había llegado a su fin y explicaré por qué.
Pensé enseguida en nuestro pasado y en nuestra actividad común en el seno de la FAI y pensé en la última reunión con él (…) Perteneciendo a un grupo anarquista que (…) se llamaba “Los Iconoclastas” con los camaradas [aquí unos nombres] se reunió un pleno de la FAI en el Pardo para juzgarnos como “agentes al servicio del oro de Moscú”. Dicho pleno acordó nuestra expulsión de la FAI.
Una reunión de ese género ya podéis imaginaros cómo se suele desarrollar.
(…) Todo el mundo miraba a Mera (en aquella época, la palabra de Mera era la quue sentenciaba) y en honor a la verdad Mera no abrió la boca. Votó la expulsión pero no dio prueba de ir más lejos. Seguramente no estaba muy convencido de la paparrucha del “oro de Moscú”. Sin embargo, creo que por infantilismo dimos la “prueba” nosotros mismos.
Al fin expulsados y terminada la reunión nos cayeron los epítetos más bonitos que se puedan oír y en esa atmósfera sobrecargada, Cortijo se arrancó a cantar “La ley leninista”…. Hicimos coro con él y así nos retiramos del el Pardo a los gritos de “ahí está la prueba”. Esto me vino a la memoria y pensé que sin duda Mera él también se acordaría de ello.
Todos aceptaron la idea de llevarme ante Mera, salvo el teniente, que dijo aproximadamente estas palabras:
“Compañeros, con un documento firmado por Miaja no se le puede detener. Si bien es verdad que es comunista en cambio debemos respetar la orden de Miaja. Ya sabéis que el compañero Mera ha dicho de no disgustarle si no es algo grave (según supe llevaba varias noches sin dormir).
“Hay que dejarle que continúe las gestiones por la paz”, etc.
Una sola vez nos encontramos las miradas y allí comprendí que en aquel teniente había algo más que un “compañero anarquista”. Su expresión en la mirada era el reflejo de todo un pensamiento en su cabeza pero que no podía exteriorizar abiertamente. Al fin terminó por convencerles y me pusieron en libertad para que continuase mi camino, reintegrándome (contra la voluntad de algunos) el documento de Miaja y mi documentación de miembro del P.
Continuamos mi viaje llegando a Valencia donde se informó a la dirección del P. de todo lo que aquí se dice. Lo que quedaba de la dirección del P. más los que se habían incorporado celebramos una reunión. Cada uno de los camaradas que habían estado a puntos distintos explicaron respectivamente la situación que habían encontrado en cada lugar y creo que es en esa reunión donde se tomó la decisión, ante la gravedad de la situación, de salvar los cuadros del Partido.
Y con este [objetivo] volvimos a salir varios camaradas a diferentes puntos de España. Se decidió que tenía que volver a Madrid. Si mal no recuerdo lo hicimos juntos con Larrañaga (si e realidad es así, supongo que él habrá informado). Recuerdo vagamente de otro viaje una parada en Ciudad Real (no estoy seguro) por el contrario estoy más cierto de un viaje a Sagunto a fin de sacar los cuadros del Partido.
De nuevo en Madrid se consiguió creo que caramente salvar al Partido, salvar al máximo posible de cuadros. Entre los camaradas que más me acuerdo de este periodo es la delegación del PSU en Madrid, a los que se les dio la consigna de evacuar Madrid hacia Levante.
Montiel, que se encontraba en una casa en la que había un papel en la puerta con un sello de la embajada americana, y que decía encontrarse bajo dicha protección, hizo resistencia a salir.
Miguel, a quien pude contactar y que exponiéndole el objeto de mi viaje no quería salir de Madrid. Me acuerdo vagamente de la conversación. Si este camarada vive podrá confirmar. Sostenía que él no podía salir sin el acuerdo de la IC. Me acuerdo haberle dicho que la dirección del Partido había decidido esto. Creo me respondió que él dependía de otra organización. Entonces, le hice saber que mi misión había sido bien especificada por Checa y Togliatti y que si bien este no me había hablado del caso de (Miguel) personalmente, en cambio nos había recomendado sacar el máximo de camaradas.
En este caso, dijo, acepto y salgo de Madrid. Me parece hicimos el viaje de vuelta a Valencia juntos. Me queda muy poco recuerdo de este viaje [porque hago una mezcla de los tres que hice].
Llegada a Valencia donde se celebra la última reunión a la que asistieron Togliatti y Checa.
Se acuerda la continuación del centro de dirección hasta el final de la guerra. La actividad principal que debíamos tener y permanecer al frente del P. hasta el último momento. Una vez perdida la guerra, tratar de salvarnos.
Me viene a la memoria muy vagamente un viaje en un coche y no puedo precisar ni dónde ni por qué de ese viaje. Sí me acuerdo que [iban] en el coche Checa, Togliatti, Cristóbal y el que suscribe. El detalle que más me recuerdo es que en medio de la conversación Cristóbal e alta voz empezó a cantar “Una mañana de niebla… y no hay quien pueda salir de aquí con un temporal”. Esto vino a interrumpir la conversación y recuerdo bien que Togliatti de todos sus dientes empezó a reír, Checa le siguió y la conversación tomó este otro carácter. No puedo acordarme de quien inició la conversación de “cómo habrá que ponerse para morir ante el enemigo”. Todo ello seguido de comentarios y riendo a pesar de la situación.
Por Valencia desfilaron esos días docenas de camaradas que iban y venían en todas direcciones. De todos ellos el que con más frecuencia me ha venido a la memoria en todos estos años es Claudín. Se dirigía al puerto de donde salía un barco con los camaradas (…) Al verme hablamos de mi viaje a Madrid y al separarnos me dijo “Si puedes hacer algo por Josefina, hazlo. Ya sabes en qué estado se encuentra”.
Así fueron desfilando docenas de camaradas y ya se veía el final de la guerra como inminente.
Nosotros mismos ya estábamos precavidos del fin próximo. Togliatti y Checa empezaron la preparación para salir, antes dejaron una serie de consignas a cumplir.
Por nuestra parte vimos la necesidad de la salida de estos camaradas. La última conversación con ellos después de indicarnos las cosas a hacer es aproximadamente la siguiente: “Bien, camaradas, el momento de separarnos ha llegado. Vuestra misión es manteneros al frente del Partido mientras halla hombres en pie de guerra. Después tratar de salvaros si podéis”.
Togliatti habló de la manera de llegar a pie hasta Francia y con su habitual tranquilidad y siempre del mismo carácter indicó una serie de caminos a seguir. Lo que más me acuerdo es que con frecuencia decía “por el Priorato” Es la primera vez que yo oía hablar del Priorato.
Y se puso a explicarnos toda una técnica de cómo se podían coger las gallinas de un gallinero sin despertarlas. Entre broma y serio dijo aproximadamente lo siguiente: “Las gallinas cuando duermen están subidas en unos palos. Si entras y tratas de cogerlas se despiertan y hacen mucho ruido (…) Las gallinas no pueden dormir con nada sobre sus patas, luego entonces, sin alumbrar, sin ruido y muy despacio hay que ponerles una mano encima de la pata y automáticamente y sin despertarse saca su pata para ponerla encima de la mano”. Después, y sonriendo, hacía el gesto de meter la cabeza de la gallina debajo del sobaco”.
Así, entre bromas y cosas serias, nos despedimos de esos camaradas deseándonos mucha suerte.
Los planes para nuestra salida quedaron establecidos; si mal no recuerdo el grupo estaba así compuesto:
Larra, Cristóbal, Ciutat, no se si alguien más y yo. Cristóbal se había provisto de las cartas de las regiones a atravesar y de una brújula.
Me parece que la última reunión que celebramos ya eran las últimas horas de la guerra.
Las personas allí presentes eran, entre otras, que me acuerde Larrañaga, Sosa, Navarro Ballesteros y yo, estaba la famosa Pili que formaba parte de todas las salsas. Con Larra hablamos de la necesidad de hacerla salir de allí. Larra, como más capacitado había planteado, pero solamente dijo “Aquí no vengáis a hacer carantoñas” y la cosa no fue más lejos.
Se inició la reunión exponiendo cada uno el estado en que se encontraban las fuerzas que veníamos de visitar y Larrañaga, que venía de visitar algunos jefes militares del Ejército de Levante hizo una proposición fuerte interesante.
Contrariamente al último punto de vista que se había dicho y a la decisión que se había tomado propuso la creación de la formación de una línea de resistencia de toda la parte de la costa que dominábamos hasta algunos kilómetros del interior. Esto nos permitiría poder resistir hasta llegar a un compromiso para la evacuación del Ejército.
A mí me parece que esto era acertado, sin embargo nadie siguió la proposición de Larrañaga y la debacle comenzó. Se dio la consigna de todos a Alicante. Apareció Charles Tillon para sacar la dirección del Partido y tratar de salvar algunos cuadros pero ya era tarde. La gran masa del Ejército y del Partido se concentró en el puerto de Alicante. Así caímos prisioneros.
Sin embargo el Partido continuó existiendo”.

Victorio Vicuña: "Así fue la liberación del Sur de Francia"

guerrillas_albi.jpg(Artículo enviado por Mikel Rodríguez, y publicado en Historia 16, nº 321, enero de 2003, p. 76-85).

De la importancia de las acciones de la Resistencia durante la II Guerra Mundial dio buena cuenta el general Eisenhower en mayo de 1945: En mi opinión, los daños causados a las líneas de comunicaciones ferroviarias y terrestres para dificultar los movimientos del enemigo, y las continuas y crecientes dificultades impuestas a la economía de guerra y a los servicios de seguridad internos de Alemania por las fuerzas organizadas de la Resistencia en toda la Europa ocupada, desempeñaron un papel de gran importancia en la victoria final aliada. En los Basses-Pyrénées, los guerrilleros españoles liberaron por sí solos todo el oeste departamental: Gavas, Eaux-Bonnes, Bedos, Sarrance, Escot, Castet, Iceste... Veintiséis guerrilleros y guerrilleras españoles obtuvieron la Croix de Guerre. A lo largo de su campaña, desarrollada principalmente entre enero y agosto de 1944, la 10ª Brigada de Guerrilleros Españoles hizo más de quinientas bajas al enemigo, cifra muy superior a la de sus efectivos, que nunca superaron los trescientos hombres. Estos son los hechos narrados sucintamente. Veamos como recuerda aquella campaña uno de sus protagonistas, Victorio Vicuña, jefe de la 10ª Brigada (1):

En el invierno de 1942-43 yo mandaba la 3ª Brigada del Ariége. Zamud, un ferroviario de Pasajes, miembro de la dirección del Partido en Francia, era quien dirigía el aparato de pasos de frontera. Era un viejo militante, sectario como muchos en aquel período. No sé de qué manera había entablado relación con las fuerzas aliadas, pero se encargaba de los agentes ingleses que de noche se tiraban en paracaídas, de los enlaces franceses que iban a Argelia y de los pilotos derribados. Me mandó que pasase a un grupo de ocho pilotos canadienses y americanos y alguna personalidad inglesa y que los entregase en la legación inglesa en Andorra. Cuando hicimos este primer viaje todavía estábamos muy mal equipados. Llevábamos alpargatas que se rompían enseguida, zuecos de goma o periódicos y telas de saco atados con cuerdas. También estábamos muy mal comidos. Vamos, que no eran condiciones para estar cruzando los Pirineos.

Como en la legación inglesa nos dieron una cantidad por cada piloto, que era bastante grande, aprovechamos para comprar a cada uno del grupo unas botas, unos pantalones y un “naranjero” (2). Pero cuando regresamos a Francia y le dimos cuenta a Zamud, nos cogió y nos echó un rapapolvo: “¿Quiénes son ustedes para disponer así del dinero?”. Y esto y lo otro. Le dije a Zamud que había pensado que “tenemos este dinero, hay que seguir pasando gente, vamos a usarlo para realizar este servicio en condiciones”. ¡Si hubiese sido malgastarlo! Le dije que, si no quería que gastásemos el dinero del Partido, que él tenía relación con la ciudad y que nos consiguiese el equipo necesario. “¡Si hay que pasar la frontera con alpargatas, se pasa!” - seguía insistiendo el tío. Había uno del grupo, no me acuerdo de su nombre, que tenía muy mala uva. Se levantó y le dijo “¡Usted no es capaz de pasar el Pirineo con alpargatas!”. Se armó el cisco y, si no nos vamos, ese día lo hubiera pasado mal Zamud. Porque, lógicamente, a unos hombres a los que les mandas jugarse la vida, hay que darles unas buenas botas, pantalones y armamento. Para que se comprenda mejor diré que hasta ese momento estábamos armados con unas pistolitas que no atravesaban la piel de una vaca. Y eso es lo que me llevó a comprarlos.

Total, que unos meses después pagué las consecuencias. A mí me mandaron a los Bajos Pirineos y al otro que se quejó, a otro sitio. Y deshicieron el grupo. No lo dijeron así, porque estas cosas siempre se cubren como que se trata de una necesidad general: “Tú, que tienes experiencia en organizar, tienes que ir allí a poner la guerrilla en marcha”. Pero a mí no me engañaron. Después de mi enfrentamiento con Zamud no querían que me ocupase de los pasos. En aquella época, la Dirección actuaba como que hubiese que construirles una estatua, existía el culto a la personalidad, a las figuras que tenían altos cargos y había dirigentes que abusaban de la voluntad y de la firmeza de los militantes del Partido.

En marzo de 1943 Francisco Vallador, Zamud, “Pichón” y Juan Cámara (3) decidieron que viniese a organizar la 10ª Brigada en los Bajos Pirineos y relanzar la lucha armada contra los nazis. La unidad existía sobre el papel y con bastantes hombres, pero no había realizado ninguna acción. Dejé la 3ª Brigada con pena, porque me había encariñado con los hombres y ellos conmigo. Para mí, era la mejor unidad guerrillera de toda Francia. Y a algunos historiadores les he leído esa misma opinión. También, porque no decirlo, estaba a disgusto porque iba hacia una incógnita, desconociendo el material humano con el que tendría que trabajar. También en esa fecha y en esa reunión ingresé como militante en el P.C. de España.

Llegue a Pau y allí me entrevisté con Ricardo Olcoz, el responsable político del Partido. Era un emigrante de antes de la guerra, aragonés. Nos reunimos en su piso él, Rocha, que era un mando de la brigada limítrofe, la de Altos Pirineos, y yo. Me dieron una visión de la situación y un listado de hombres susceptibles de entrar en la Agrupación. Los hombres eran miembros o simpatizantes del PCE de dos compañías de trabajo que había en Boucieres. Seleccionamos entre los tres a una decena y a partir de ahí empezamos. Me instalé con los hombres en plena montaña, en una casa abandonada del Pé-de-Hourat. Los compañeros resultaron ser muy buenos. Como todavía no había habido acciones, estábamos bastante tranquilos. Traíamos algunas armas, pero no eran suficientes, así que empezamos a desarmar a guardabosques y a vigilantes de fábricas. Por esa época, autobuses con guardias móviles iban caserío por caserío buscando trabajadores españoles para llevarlos a la industria de Alemania o a las obras del Muro Atlántico. En una operación llegamos por sorpresa y cogimos prisioneros a quince guardias con dos autobuses llenos de trabajadores españoles. Liberamos a nuestros compatriotas y les dejamos elegir entre venirse con nosotros o volverse a sus caseríos. La mayoría se volvieron, porque todavía no estaban maduros. La Resistencia nos dijo que hiciéramos el favor de liberar a los guardias móviles. Nosotros lo hicimos con dos condiciones: la de quedarnos con las armas largas y que se comprometiesen a no deportar a más españoles. Pactamos que podían quedarse con las armas cortas para conservar su honor. Firmamos un documento con las condiciones y los dejamos ir. No se llevaron a más españoles. Las Compañías de Trabajo de Vichy también eran una cantera para sacar trabajadores. Se presentaban por la noche, los alemanes y Vichy, y los cargaban en camiones. Pedimos a la Resistencia que nos comunicase cuando se iba a proceder a su captura. Nosotros solíamos presentarnos uno o dos días antes, ofreciéndoles venirse con nosotros. Algunos subían al monte, pero la mayoría se quedaba y esos hombres han encontrado su muerte construyendo los blocaos del Atlántico, bajo las bombas inglesas o de hambre en los campos de trabajo alemanes.

Decidimos empezar fuerte, aprovechando que los alemanes se consideraban seguros en la región. Estuvimos pensando que era lo que podía hacer más daño a los fascistas. Y de las cosas posibles, la mejor era eliminar a algunos pilotos, que eran los combatientes más difíciles de reponer. En el curso del mes de enero de 1944 los servicios de información nos presentaron un estudio muy detallado sobre la existencia de una escuela de pilotos alemanes en el campo de aviación de Pont Long. Por las noches se desplazaban en un autobús de la Luftwaffe a una cervecería de Pau. Tomamos la decisión de atacarlos. La acción la llevamos a cabo ocho hombres, armados con dos fusiles ametralladores y metralletas. Nos desplazamos por caminos forestales poco frecuentados y me reuní con nuestro enlace en Pau, Carmen Blasco, para decidir el lugar que mejor convenía para la escaramuza: un prado pendiente con muchos enebros para ocultarse y con un bosque a nuestra espalda para facilitar la retirada. Tomamos posiciones hasta que apareció un sidecar precediendo al autobús de los pilotos. Dos ráfagas de fusil ametrallador y el sidecar dio dos vueltas de campana antes de estrellarse en el prado. El autobús se detuvo en seco, los pilotos saltaron a la carretera y se tumbaron en la cuneta. Explosiones, humo, gritos, en momentos así las cosas pasan con mucha rapidez. Nos retiramos, todos sanos y salvos, y en dos grupos de cuatro volvimos a nuestra base del Pé-de-Hourat. Esa misma mañana Radio Londres dio la noticia de que los alemanes tuvieron 8 muertos y numerosos heridos.

Esta acción tuvo muchas consecuencias. Por una parte, me dio seguridad con los hombres y cierto prestigio para nuestro grupo. Pero los alemanes retuvieron a muchos civiles y la propia Resistencia nos dijo que nos iba a desarmar, porque no podían permitir esta represión atroz. No querían actividades de éstas, porque decían que los civiles eran los perjudicados y había que esperar. Pero nuestra conciencia de lucha era total, no íbamos a esperar hasta el desembarco aliado. Los franceses incluso rompieron su relación con nosotros y nos amenazaron. Pero luego tuvieron que restablecer la relación, porque nosotros tampoco cejamos en nuestra política.

Poco a poco, según íbamos aumentando nuestro número y actividad, fueron llegando los miembros del Estado Mayor. Tras el primer instructor, un comunista madrileño, fueron llegando los cuadros de mando: Blanco, el nuevo instructor político; López, un navarro, militar profesional, que ha muerto hace poco en Biarriz; Francisco Quitián; un jefe de Batallón cenetista... Estudiamos la situación geográfica y fuimos situando los destacamentos en sitios estratégicos: en el Col del Aubisque, en Pé-de-Hourat, en Marie-Blanche, en Seurat... Y los españoles, al ver nuestras acciones, se venían con nosotros. Acabamos cubriendo toda la zona del Pirineo. Los destacamentos se componían de pequeños grupos de hombres, a veces a 20 kilómetros unos de otros, pero pomposamente los llamábamos “batallones”. Cada unidad tenía absoluta libertad para tomar decisiones militares. En los destacamentos había comunistas, anarquistas y socialistas enrolados a título personal, también algún republicano. Pero no recuerdo haber tenido nacionalistas. Había sí, ciudadanos de Vizcaya y Guipúzcoa, la mayoría de apellidos castellanos. En ese período no hacíamos distinciones. Nuestra única estrategia era enfrentarnos a los alemanes. Pero el PCE era preponderante. Los demás guerrilleros estaban a título personal, sin encuadrarse en unidades de igual color político.

Utilizábamos para los enlaces personas que estaban legales. La propaganda y algunos documentos iban en claro. Pero lo de las direcciones ya era un poema. Con un libro, del que había varios ejemplares, se establecía un código de tres números: página, línea y letra. Con ello se iban transcribiendo las palabras. Pero esto sólo se hacía para las direcciones o informaciones muy confidenciales. El problema era que si los alemanes te encontraban con una lista de números, ya sabían de qué se trataba y la única salvación del grupo era que aguantases sin hablar. El problema de las direcciones era tremendo. Porque podías caer tú, los de las direcciones y los que éstos conocían. En cualquier caso, el asunto de los documentos lo teníamos restringido a muy pocas personas. Los enlaces exteriores de la brigada se hacían con enlaces de la Agrupación Guerrillera. Se me convocaba a Pau, al piso de Rocha. A esas reuniones tenía que ir sólo. Bajaba de noche, con todas las precauciones. Allá te solían informar de los objetivos militares a cubrir: escaramuzas contra los destacamentos aislados, sabotaje de las instalaciones de suministro energético, destrucción de vías de comunicación... .

Si te cogían, había que ser consciente de que era preferible morir que delatar a los compañeros. Porque tú, como español y resistente, ya estabas perdido. Si eres un hombre o mujer de ideas, es ahí donde tienes que demostrar tu temple. Y el arraigo de las ideas. Esa es la prueba más dura que se puede pasar, donde das la talla. Había que cuidarse mucho de la policía. En primer lugar, utilizaba mucho el dinero y en época de necesidad era fácil corromper a la gente. Había muchos confidentes. Y luego estaba el asunto de la tortura. Yo siempre he tenido suerte. Me han encarcelado, me han dado palizas, pero nunca he tenido que sufrir verdadera tortura. La Gestapo a veces utilizaba aparatos eléctricos, “la bañera” o simplemente te arrancaban la piel a tiras. Eran refinados en su crueldad.

Una cosa que se vigilaba mucho era evitar que nadie dejase el destacamento para ver a su novia, porque eso había causado más de una caída. El problema de las mujeres, cuando uno está metido en un follón de estos, hay que congelarlo. Son imprudencias que en este período te podían hacer perder la vida. Las necesidades fisiológicas están siempre ahí, pero había que aguantarse. Claro, que quien tenía posibilidades, estaba tentado de decir: “Me voy, no me pasará nada...” Pero si te saltabas a la torera las normas, se derivaban grandes perjuicios para los demás.

El comandante Francisco Quitián se encargaba de las relaciones con el comité francés de la Resistencia. Éstos, que durante el año 42 y 43 habían estado bastante inactivos, al vislumbrarse la liberación habían salido de su pasividad. Y por la vía de Quitián y del comité francés, empezamos a relacionarlos con Londres, pero sólo logramos, en la época de Normandía, que los ingleses lanzaran un envío en la zona del Pé-de-Hourat. Cuando el desembarco fue la única vez que se nos abasteció directamente. Pero cuál sería nuestra sorpresa cuando vimos que, había armas, sí, pero muy poca munición. Y la munición entonces nos era más necesaria que las armas. Daba la sensación de que querían que luchásemos un mes, pero no más. Que nos desangrásemos contra los alemanes y que estuviésemos sin balas cuando llegasen los angloamericanos. O sea, que ya existía una total reticencia hacia nosotros. También aprovechábamos los paracaídas, que eran de color caqui, para hacer camisas. De un paracaídas pueden hacerse una cantidad impresionante de camisas. Teníamos grupos de mujeres que se encargaban de eso. Mi indumentaria, en los Pirineos, era una camisa de esas y unos pantalones y unas botas de caña alemanes. Tras un combate, al ver a un oficial muerto, pensé: “Estas botas de caña van a ser de mi número”. Y me iban como la puñeta. Luego, los ingleses nos lanzaron unas chaquetas y unos pantalones grises por paracaídas.

La estructura de mando seguía la división orgánica de la Agrupación Guerrillera. La dirección de la Agrupación hacía de Estado Mayor, poniéndose en contacto con los jefes de División. Éstos, a su vez, nos comunicaban las directrices y las órdenes a los jefes de las brigadas. Nuestro jefe de División era Vallador. Disponía de una red de casas seguras, desde donde por medio de una mujer nos avisaba para que estableciésemos contacto. Pero en la práctica, si había combates en la región, al jefe no lo veíamos ni por asomo. Porque todos los jefes de División habían sido impuestos de la misma forma por la Dirección y preferían quedarse a salvo. Cuando más falta nos hacían era cuando combatíamos contra el enemigo, para darnos instrucciones o apoyo moral. Pero las instrucciones las daban sólo cuando había tranquilidad. Con decir que a Vallador lo vi una sola vez, para presentarnos. En los dos meses largos de combates que tuvimos cuando la Liberación, no apareció. Y reapareció cuando expulsamos a los alemanes, con las órdenes.

La propaganda nos venía del Partido y, al final, de los boletines que lanzaba la Agrupación de Guerrilleros. Teníamos incluso nuestro himno de la 10ª Brigada: “Los guerrilleros de España / luchando van por llanuras y montañas / gritando todos por la libertad / Libertad de España / por una España libre / libertad nacional/ mueran Franco y la Falange / y viva la libertad”.

En febrero destruimos varias centrales eléctricas que abastecían a la industria y muchos postes de las conducciones. Cuando el desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944, hicimos los primeros prisioneros alemanes, la guarnición de Ferriéres. El pelotón del ejército y los capataces y guardianes de la mina se hicieron fuertes en un edificio. Tras un combate de dos horas, cuatro voluntarios lograron arrastrarse bajo sus ventanas y los obligaron a rendirse arrojando bombas de mano. Bajamos del monte e instalamos nuestro cuartel general en un hotel. Entre el 9 y el 15 de junio liberamos una importante zona del Departamento. El comandante Cavero capturó tres toneladas de víveres y numerosos prisioneros en la zona de Oloron. El destacamento de Serrat y del Marie-Blanche hizo lo mismo. Pero, a partir del 17, los alemanes reaccionaron y nos atacó una unidad de cazadores alpinos de Baviera. Eran muchísimos y la aviación lanzó hojas diciendo que estábamos perdidos y pidiendo nuestra rendición en tres días. La hoja servía de salvoconducto. Nos vimos obligados a retirarnos y fusilamos a los prisioneros alemanes. ¡La guerra es horrorosa! Pero no podíamos llevarlos al monte. Era una guerra sin cuartel. Los alemanes sí tenían posibilidad de encerrarnos, pero español que cogían, español que colgaban. Los cazadores llegaron hasta el hotel, lo quemaron y encontraron donde enterramos a los prisioneros fusilados. Desde ese momento hasta la Liberación los combates fueron casi continuos. Fui convocado a Pau y se nos informó que nuestra labor era destruir las vías de comunicación, volar puentes y vías férreas, evitando que los alemanes pudiesen reforzar el frente de Normandía.

El 27 de julio fue el peor día para la Brigada. Dos milicianos de Arudy condujeron por caminos de herradura a una columna alemana hasta el pueblo de Buziet, donde habíamos instalado a nuestros guerrilleros heridos o enfermos. Como no tenían armamento, apenas pudieron ofrecer resistenca. Los alemanes los sacaron fuera de las casas y en presencia de los vecinos les cortaron las orejas y los dedos a machetazos y luego les pegaron un tiro en la nuca. Allí murieron entre 14 y 17 guerrilleros. También perdimos algunas enlaces, como Emiliana Quitián, a la que se concedió la cruz de guerra. El jefe del destacamento de Marie-Blanche, “Federico”, hizo una zarracina contra un convoy de alemanes que se preparaba para atacar el destacamento del Pé-de-Hourat. Inmovilizó la columna de camiones en las estrechas carreteras que salían de Oloron y la destrozó.

También bajamos al valle para hacer nuestras operaciones. Volamos una fábrica que hacía trenes de aterrizaje para los alemanes. La dirección de la empresa era alemana, pero estábamos informados por los trabajadores franceses. Salimos de la zona del Col del Aubisque con cargas de “plastic” preparadas. La misma mecha era también explosiva, no como en el anterior material que era con mechas industriales. Era como la masilla de cristalero. Colocabas las cargas en forma de bolas debajo de las máquinas, les metías la mecha y la explosión era al unísono. ¡No quedaban sino las cuatro paredes y alguna vez ni eso!

Nuestra acción fue eficaz y bloqueamos a los alemanes, que se quedaron sin poder circular. Y cuando quisieron hacerlo, sólo les quedaba ya abierto el camino de España. Ya cerca de la Liberación, recuerdo que escogimos un lugar para copar a un convoy alemán en una carretera de montaña. Colocamos dos fusiles ametralladores y algunos fusileros en un desfiladero por el que pasaba la carretera. Bloqueamos el convoy y los guerrilleros lanzaron las granadas. Nos retiramos cubiertos por las ametralladoras. Les hicimos una auténtica escabechina.

En la última campaña, desde Canfranc hasta el mar, capturamos a las fuerzas alemanas que querían retirarse a través de España. La antigua guarnición de Pau se iba concentrando en Aguas Buenas, Gavas, una ciudad balneario, un pueblo lleno de hoteles cerca de Oloron. De allí tenían España, Canfranc, a sólo cinco o seis kilómetros. No podíamos vencerlos atacando por la parte francesa, porque tenían muchos más efectivos y capacidad de fuego que nosotros. Por ello fue necesario entrar varios kilómetros en territorio español, para tomar enclaves estratégicos y cerrar los pasos. Montamos nuestras líneas. Ya teníamos ametralladoras y morteros cogidos al enemigo y nos establecimos dominando la carretera y los pasos. Los alemanes intentaron pasar de frente por la carretera y los bloqueamos. Luego intentaron pasar por senderos, en fila india, pero tampoco lo lograron. Levantaron bandera blanca y pidieron rendirse a los franceses.

Monté una estratagema. Con unos pocos uniformes franceses que teníamos, mandamos un destacamento disfrazado. Ordenaron a los alemanes que formasen en línea de a tres y que fuesen dejando las armas. Cuando acabó la operación, aparecimos y al ver que éramos españoles, había quien se ponía de rodillas, clamando a Dios. Los tratamos bien, porque ahora las circunstancias lo permitían. Hicimos muchísimos prisioneros. Yo, con cuatro tíos que llevaban unos “naranjeros” de impresión, fuimos con el comandante alemán para que nos enseñase lo que había. Tenían radios, máquinas de escribir, camiones, máquinas fotográficas... Y un cofre fuerte con varios millones de francos. Le dejé a uno vigilando y llamamos a los franceses para que lo recogieran. En ese momento prefería las armas al dinero de los cofres. Aquí tomamos toneladas de material, explosivos, armamentos, que utilizamos en la invasión del Pirineo contra Franco.

Nos instalamos en Cambo. La Brigada tenía unos 300 hombres. Fuimos a los campos de concentración de Hendaya con el Prefecto y el Gobernador Civil, liberamos a los prisioneros y los mandamos a diversos batallones. La guerra había terminado. Los guerrilleros disponíamos de unos 15.000 hombres encuadrados bajo los pomposos nombres de divisiones, brigadas... términos que nunca me gustaron. Para mí eran agrupaciones guerrilleras. En Montrejeau se colocó la sede de ellas. Con la euforia de la Liberación se formaron algunas unidades españolas fuera de la Agrupación, como el Batallón Libertad, en Burdeos. Eran cenetistas. Ellos, a diferencia de la Brigada de la UNE de Burdeos, que algo había luchado, aunque durante poco tiempo, no hicieron ninguna resistencia, sólo “mercado negro”.
Tras la Liberación vimos por primera vez a la Dirección del PC del exterior y a Carrillo, porque durante la guerra no supimos nada de ellos. Luego fue viniendo el resto del Comité Central desde Moscú: Ignacio Gallego, Antonio Beltrán, que llegó en 1945, Antón... Se acababa de instalar en la Avenida Wagran, en París, cerca de la Plaza de la Estrella, a 400 m. del Arco del Triunfo, donde convergen media docena de avenidas (5).

Nosotros instalamos un hospital en Salilles de Bearn. Allí, por primera vez, la Brigada dispuso de un médico. Un doctor donostiarra bastante conocido, exiliado en Pau, que vino a ofrecerse para cuidar a nuestros enfermos. Se instaló con su mujer, que era muy guapa por cierto. Y empezó su labor. Y al tiempo nos vino una inspección médica francesa y nos regañaron porque los envíos de morfina que pedíamos eran excesivos. López y yo prometimos investigar. Descubrimos que el médico se levantaba por la noche, cogía una manta y se iba al water, donde se pasaba horas. Allí lo sorprendimos y tenía el brazo llagado de pincharse. Era morfinómano. Lo tuvimos que expulsar y nos quedamos de nuevo sin médico.

En Cambo fuimos en visita de cortesía a ver a monseñor Múgica, el obispo exiliado. Estaba medio ciego (6) y recuerdo que nos obsequió con una buena botella de vino. Vivía rodeado de personas de las principales familias del nacionalismo vasco. Estoy viendo la escena: ellos bien comidos, limpios, trajeados y nosotros con nuestras barbas y la mugre del monte. Querían sondearnos, sobre todo a mí, como vasco, cuáles eran nuestras intenciones. Finalmente nos instalamos en la residencia del cónsul español en Pau, en villa Castilla, donde el jefe de la Agrupación Guerrillera, Luis Fernández, estableció el cuartel general. La UNE siempre había tenido su principal bastión en la zona pirenaica, del Mediterráneo hasta el Atlántico. Mientras duró la lucha con los alemanes, surgieron grupos en otras zonas, pero ahora los íbamos a trasladar hacia el sur con el pensamiento de pasar a España.

Notas

(1) Con este artículo finaliza la trilogía dedicada a Victorio Vicuña, fallecido en junio de 2001, guerrillero en Francia y en España de 1942 a 1947, publicada en los números 274 y 284 de esta revista.

(2) Subfusil tipo Schneider.

(2) Los dos últimos morirían el año siguiente, uno fusilado por Franco y el otro en un combate contra la Guardia Civil en la provincia de Gerona.

(3) Hasta mayo de 1944 el SOE británico entregó mediante 1.665 vuelos las siguientes armas al maquis francés: 80.000 subfusiles, 17.000 fusiles, 3.500 fusiles ametralladores, 30.000 pistolas, 900 anticarros de carga hueca y 160 morteros. Estos datos reflejan la marginación en que se mantuvo a los guerrilleros españoles.

(4) La dureza de la ocupación en el departamento de Basses-Pyrenées queda reflejada en estas frías estadísticas: 197 resistentes fueron muertos en combate o fusilados y 163 civiles perecieron en los combates; de los más de 1.700 deportados, 650 hombres, mujeres y niños murieron y 1.187 de los internados en el campo de concentración de Gurs dejaron allí su vida.

(5) Suprema ironía, en esa avenida los alemanes instalaron durante la ocupación la exposición internacional “El bolchevismo contra Europa” para adoctrinar a los franceses contra los males del marxismo.

(6) Otro testigo presencial de esta visita, que solía tratar habitualmente al obispo, nos ha negado que su vista estuviese tan deteriorada. Al parecer, monseñor Múgica simuló un tanto su enfermedad, temeroso de que los “rojos” se vengasen de su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera o al mismo Franco los primeros días del alzamiento.


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