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15/04/2005
Carboneros, leñadores y maquis: Los guerrilleros españoles en Francia (1939-1950).
1. Los chantiers de preguerra y Vichy: Solidaridad y conscripción (1939-1941).
Tras la caída de Cataluña, en enero de 1939, miles de combatientes españoles fueron internados en los campos de concentración del sur de Francia. Durante los meses de la primavera y el verano, y ante los problemas derivados de la saturación de las instalaciones, las autoridades francesas ofrecieron a los internos la posibilidad de salir de ellas para emplearse como jornaleros en las explotaciones agrícolas vecinas .
Tras la ruptura de hostilidades entre Francia y la Alemania nazi, en septiembre de 1939, la administración gala instó a los extranjeros útiles para las armas a integrarse en los Batallones de Marcha de Voluntarios o en la Legión Extranjera. Los hombres de edades comprendidas entre los 20 y los 48 años que no contrajeron voluntariamente un compromiso militar se convirtieron en “prestatarios extranjeros”, obligados a contribuir a la defensa de Francia en los recién creados Cuerpos de Trabajadores Extranjeros (CTE), en actividades agrícolas o industriales a criterio del Ministerio de Trabajo, o en tareas de fortificación de la “línea Maginot”. Según Sixto Agudo, de los 380.000 españoles que se encontraban en tierra francesa cuando estalló la guerra, unos 55.000 fueron enviados a las CTE, agregados a las unidades de Ingenieros Militares, grandes obras públicas e industrias de guerra, y unos 6.000 se enrolaron en los Batallones de Marcha y la Legión, unos de forma voluntaria, y otros, forzados .
Los trabajadores asignados a las CTE tenían estipulado un salario de 0,50 francos diarios y unas condiciones laborales reguladas por el Ministerio de Trabajo, pero no siempre se cumplía la reglamentación al respecto. Una veces, porque los contingentes eran considerados “comandos de trabajo” bajo vigilancia, en aplicación de la legislación vigente sobre “extranjeros indeseables”, como ocurría, según relata Victorio Vicuña, con los trabajadores recluidos en el campo de Vernet ; otras, porque los empresarios imponían sus propias condiciones .
Entre los destinos a los que fueron adscritos los refugiados españoles destacaron los chantiers, lugares donde se llevaban a cabo obras de construcción, demolición o minería, y que abarcaban actividades que iban desde la tala de bosques para la venta de madera y la fabricación de carbón vegetal hasta la construcción de pequeñas centrales hidroeléctricas, pasando por la explotación de canteras.
Hubo chantiers que fueron creados por militantes o simpatizantes del Partido Comunista Francés (PCF) para prestar acogida a sus camaradas españoles y, en algunos casos, para contribuir solidariamente a la financiación de las actividades del Partido Comunista de España (PCE): En Manjou, en el departamento de Aude, funcionó una explotación cuyo titular, el doctor Delteil, pagaba de su bolsillo los salarios de los españoles empleados, a los que cedió el producto de la venta de todo el carbón que pudieran fabricar a fin de que lo destinaran al sostenimiento del aparato del PCE y, posteriormente, del XIV Cuerpo de guerrilleros. En Varilhes (Ariége), un propietario de bosques llamado Benazet cedió a los españoles el uso de una pequeña explotación y de un garaje. En otros casos, ciudadanos franceses, como un tal Valisou, aceptaron figurar nominalmente como titulares de explotaciones que, en realidad, pertenecían a comunistas españoles . Estos fueron haciéndose progresivamente con el control de un mayor número de enclaves, cuyos réditos se destinaban, en su mayoría, al sostenimiento de los gastos del partido. Los chantiers fueron adquiridos en unos casos con la reinversión de los beneficios obtenidos en los ya existentes, y en otros mediante el producto de operaciones –eufemísticamente denominadas “recuperaciones”- como la que Tovar relata en sus memorias:
“Un día nos informan que los contrabandistas van a hacer un pasaje con bastante tabaco desde Andorra, en ese momento el tabaco costaba caro, como conocíamos el itinerario preparamos una recuperación. Nos emboscamos y cuando los vimos cargados con mulos, en un sitio que no les quedaba más remedio que recular, tiramos algunos disparos con los fusiles, echaron la carga por tierra y pies para qué te quiero. La venta de este tabaco nos produjo mucho dinero, y creo que Vallador [sic] pagó el chantier de Prayols con este dinero, este lugar nos era de gran utilidad, pues era uno de nuestros pasajes para ir a España” .
Otros chantiers, como los gestionados por el ingeniero George Thomas, servían de refugio estacional –una vez iniciada la ocupación- para los refugiados sobre los que recaían sospechas o para los amenazados de deportación. Estos chantiers, abiertos en septiembre de 1940, se repartían entre Saint Nicoulau, cerca de Foix ; la Peyregade, en Montferrier –ambos en el departamento de Ariège- ; y Mont Fourcat y Saint-Hilaire –en el departamento de Aude-. En invierno, el equipo de la Peyregade bajaba a Saint-Hilaire, y en primavera, los carboneros de Saint-Hilaire retornaban a Ariège, movimientos estacionales que resultaban útiles para obstaculizar las pesquisas policiales.
Sin embargo, no faltaban los chantiers explotados por oportunistas que veían en el aprovechamiento de una mano de obra que no podía revelar su estancia ilegal la oportunidad para la obtención de elevados beneficios. A cambio de esconder a los refugiados españoles, los satisfechos propietarios obtenían una sustancial plusvalía de la producción aportada por los trabajadores realmente existentes, cuyo número superaba sustancialmente al de operarios legalmente registrados:
“Existían otros también que, sin ser comunistas, nos dejaban hacer carbón, estaban encantados, pues declaraban tres obreros, y tenían el producto de diez o doce que teníamos allí escondidos, todos estábamos convertidos en leñadores” .
Por último, existieron chantiers de reclutamiento obligatorio, surgidos tras la instauración por el gobierno colaboracionista de Vichy de los Grupos de Trabajadores Extranjeros (GTE) en octubre de 1940. Obligado a entregar a Alemania buena parte de su producción industrial y agrícola para alimentar la máquina de guerra germana, el gobierno de la “zona libre” intentó paliar la falta de mano de obra -los prisioneros franceses continuaban aún cautivos- con la movilización de todos los extranjeros entre 18 y 55 años, y su adscripción a los GTE. Los trabajadores encuadrados mediante este sistema de conscripción eran entregados a las empresas que los precisaban o enviados a las fábricas alemanas y, a diferencia de los pertenecientes a las Compañías del periodo anterior a la rendición, no percibían retribución alguna. Muchos fueron destinados a la construcción del “Muro del Atlántico”, en las costas de Normandía; otros hubieron de trabajar en las bases de submarinos próximas a Burdeos o en el campo de aviación de La Rochelle, bajos los continuos bombardeos de la Royal Air Force (RAF) británica. Decenas de miles, por último, fueron remitidos a Alemania y, posteriormente, a Austria, donde un gran número dejaría sus vidas en los tristemente célebres campos de exterminio de Mauthausen, Gusen, Dachau, Buchenwald y Orianemburg
Los aún balbucientes grupos de la resistencia procuraron infiltrar a sus simpatizantes en las dependencias administrativas territoriales del los GTE, a fin de obtener información acerca de las necesidades de mano de obra de los alemanes y de sus movimientos para reclutarla –especialmente tras la instauración del Servicio de Trabajo Obligatorio (STO) en febrero de 1943-, dando aviso a los refugiados para que se pusieran a salvo:
“En San Juan de Verges, de donde dependíamos administrativamente, se encontraban las oficinas de un Grupo de Trabajadores Extranjeros, estaba empleado un camarada que se llamaba Aniceto Pérez, y nos facilitaba documentaciones, informándonos de todo aquello que nos interesaba, cuando los alemanes pedían obreros para ir a trabajar a Alemania podíamos evitar que los camaradas que se ocupaban de la organización fueran deportados” .
De todos los tipos de chantiers, los dedicados a la fabricación de carbón vegetal, que proliferaron en las regiones pirenaicas (en particular en Aude –Languedoc-Rosellón-, Ariége y Alto Garona –Midi Pyrénées), adquirieron una importancia significativa a medida que la escasez de hidrocarburos hizo aumentar la demanda de este combustible para los vehículos a gasógeno. El Estado Francés decidió enviar a ellos a una parte importante de los trabajadores extranjeros que aún esperaban destino en los campos de internamiento. Pero lo que las autoridades contemplaron como una oportunidad para rentabilizar y controlar al “número excesivo de extranjeros para la economía nacional” se convirtió, en virtud de la estructura dispersa y recóndita de los chantiers, en un factor crucial para el surgimiento y desarrollo de la actividad de los maquis. Los numerosos grupos de leñadores y carboneros, que en un principio resultaron excelentes refugios para los perseguidos por la Gestapo alemana y sus colaboradores de Vichy, acabaron por erigirse en la base de la organización armada contra los ocupantes nazis.
2. Los chantiers y la Resistencia (1941-1944).
Durante los primeros tiempos de la guerra mundial, los chantiers funcionaron fundamentalmente como refugio . Los activistas internados en los depósitos creados por las autoridades del nuevo Estado Francés para albergar a los miembros dispersos de las compañías de trabajo difundían la consigna de solicitar “trabajos de bosque” para evitar la entrega a la policía franquista o eludir el envío a las obras de fortificación o a las factorías y campos de Alemania . Los comunistas, tanto franceses como españoles, se encontraban en la clandestinidad, pero aún se abstenían de participar activamente en la resistencia en virtud del seguimiento del pacto germano-soviético. Sin embargo, el hostigamiento al que fueron sometidos tanto por los alemanes como por la administración colaboracionista francesa llevó a los leñadores y carboneros a albergar a perseguidos por la Gestapo o por la policía de Petain, a los que ayudaban a pasar a España para que, desde allí, alcanzaran Londres . Los refugiados comunistas españoles, acostumbrados a la militancia en condiciones de ilegalidad y fogueados por la experiencia de la guerra de España, fueron pioneros en activar las redes de solidaridad que ya habían entretejido desde la época de su internamiento en los campos del sudoeste francés. Es en este periodo cuando se dieron los primeros pasos desde la improvisación y las acciones aisladas a formas de resistencia que implicaban el surgimiento de un cierto nivel de organización . En concreto, se crearon tanto el aparato de pasos, denominado “de cara a España”, como el de falsificación de documentos . Los carboneros también se dedicaron a ocultar armas y explosivos de los que los aliados lanzaban en paracaídas sobre el territorio ocupado. Las armas iban destinadas, en principio, a la Armée Sécrete (AS) que obedecía órdenes de De Gaulle. Los militantes de la AS se ocupaban de ocultarlas hasta que pudiesen ser empleadas en apoyo de los aliados. Cuando los comunistas, tras la invasión alemana de la URSS en junio de 1941, se implicaron en los combates contra la ocupación, se originaron enfrentamientos entre la AS y los maquis españoles, que “recuperaron” algunas partidas con la intención de emplearlas de inmediato:
“[En febrero de 1944] me traen información de que se va a efectuar un aterrizaje de armas y que es la AS la que va a recibirlo, y esconderlo como de costumbre. Esperando el día X. Nos informamos del día, hora y lugar, y preparamos la recuperación de esas armas que nos hacían mucha falta. Llegó el día esperado y bien escondidos, dejamos que cargaran el camión y empezamos a tirar tiros al aire, cogimos el camión y lo escondimos en el bosque” .
Entre las primitivas acciones de resistencia se encontraba la práctica del sabotaje. Muchos chantiers de los GTE se dedicaban casi en exclusiva a la producción de carbón vegetal para los vehículos alemanes, lo que motivó que grandes cantidades del combustible destinado a los gasógenos se entregasen húmedas y mezcladas con piedras. A Valledor, en concreto, los alemanes acabaron pagándole el carbón a mitad de precio, e incluso le amenazaron con la deportación, debido a la mala calidad del material que suministraba .
A medida que aumentaba la presión sobre los trabajadores extranjeros, los chantiers fueron llenándose de huidos y hubo problemas para mantenerlos. No resultaba fácil conseguir recursos para alimentar a una población laboral muy por encima de la legalmente declarada sin delatar su presencia, lo que dio lugar, en ocasiones, a episodios insólitos:
“La llegada de nuevos camaradas aumentaba y estábamos un poco justos, cuestión comida, teníamos hambre y decidimos comprar un cerdo. Estábamos en una casita y solo circulábamos de noche, para que los campesinos no nos vieran, por esta causa decidimos matar el cerdo por la noche. Vaya problema para matar al pobre cerdo, aquello fue peor que la inquisición, golpe de martillo por aquí, golpe de hacha por allí, cuchillazos por todos lados, a tal extremo que el animal lleno de sangre y enloquecido se nos escapa. Quince o veinte de nosotros detrás del cerdo, en plena noche, los campesinos que encienden las luces; en fin, una verdadera catástrofe. Al día siguiente se dio la orden de evacuar, por si a los campesinos se les ocurría comentar esta famosa noche y llegaba a malas orejas, vale más prevenir lo que pueda ocurrir” .
A finales de 1941 los refugiados comunistas españoles decidieron pasar a la resistencia armada. En agosto de ese año el Comité Central del PCE había lanzado el manifiesto de “Unión Nacional”. El objetivo, de cara al interior de España, era unir a toda la nación -desde la clase obrera a la "burguesía nacional"- para evitar que Franco entrara en la guerra al lado de Hitler; y, en el exilio, contribuir a la lucha activa para la derrota del nazismo en el marco de la alianza con las potencias occidentales.
En una reunión convocada en Carcassonne por Jaime Nieto, miembro de la delegación del PCE en Francia, se decidió la organización de los guerrilleros en la zona sur, que tomó el nombre de "XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles" en homenaje a la unidad homónima creada por el Ejército Popular de la República Española en 1937. La lucha de los republicanos aparecía así enlazada, sin solución de continuidad, con la guerra de España, conforme a la línea mantenida por los comunistas bajo los “gobiernos de la resistencia” del doctor Negrín. Nieto celebró otra reunión en la presa en construcción de Larroquebrou (Cantal), en la que se acordó organizar los primeros núcleos de guerrilleros de la zona central. Entre noviembre de 1942 y mayo de 1943 el PCE impulsó las guerrillas de Pirineos Orientales, Altos y Bajos Pirineos, y la consolidación de sus organizaciones urbanas en Toulouse, Foix, Pamiers, Tarascón y Lavelanet .
El principal teatro de operaciones de los guerrilleros españoles estuvo comprendido en el territorio de los departamentos de Ariège y Aude, y entre sus responsables se encontraban Jesús Ríos, Cristino García, Luis Walter (a) “Manolo el mecánico”, Luis Fernández, Vicente López Tovar y José Antonio Valledor . Las primeras acciones se llevaron a cabo en mayo de 1942, y consistieron en “recuperaciones” de dinero y armas lanzadas por los aliados, y en el sabotaje de vías férreas. Al mismo tiempo se produjo el lanzamiento de un órgano de expresión propio, “Reconquista de España”, editado con una pequeña imprenta “Minerva” por un grupo de carboneros en el departamento de Vaucluse .
Valledor y López Tovar fueron encargados de visitar los chantiers existentes para unificar la acción de los maquis residentes en ellos. Se trataba de combinar el mantenimiento de la vida legal de los leñadores, carboneros, mineros y constructores de presas, cuya integración con la población francesa no planteaba problema alguno, con las actividad clandestina, que exigía una ejecución rápida de las misiones asignadas y el retorno al lugar de trabajo antes de que la ausencia fuera percibida. Al contrario que sus camaradas franceses, que incurrieron en ocasiones en el error de formar grandes unidades partisanas para buscar la confrontación frontal con el enemigo, los españoles, según Sixto Agudo, cultivaron “el arte de reunirse y de dispersarse. Reunirse, condensarse, para caer como la lluvia sobre un objetivo dado. Dispersarse, desparramarse, para escapar a la persecución” . La preocupación por preservar al máximo tanto la integridad de los grupos de combatientes como su independencia orgánica no era ajena a la concepción de la resistencia que tenían los comunistas españoles, para quienes la lucha contra el ocupante nazi era no solo una continuación de su combate anterior en España, sino un episodio que presagiaba la lucha por la liberación de su propio país que habría de producirse en el porvenir .
La estructura de los maquis españoles en del Midi francés antes de 1944, era sumamente flexible y articulada en tres niveles:
- Los maquis “de primer nivel”, “maquis blancos” o “maquis del llano”, que, dispersos por los chantiers, aún no habían participado abiertamente en acciones de la resistencia. Entre ellos se encontraban los capataces de las explotaciones, que aparecían como la cara legal del entramado, encargados de la contratación de las obras y de la administración de los recursos.
- Los maquis “de segundo nivel” o “de nivel intermedio”, que eran los amenazados o puestos bajo sospecha que debían cambiar frecuentemente de localización.
- Los maquis “de tercer nivel” o “maquis verdadero”, guerrilleros móviles que se mantenían habitualmente alejados de los chantiers para llevar a cabo sus acciones .
El paso de un nivel a otro era dinámico, pero procurando no romper nunca el cordón umbilical que unía a los guerrilleros con el centro de trabajo de procedencia. Como afirma Victorio Vicuña, “en cualquier momento un destacamento guerrillero podía verse obligado a dispersarse. Entonces escondíamos las armas y la ropa, y cada guerrillero se fundía con leñadores, los mineros o los constructores de embalses” .
Con la creación del Comité Militar de la Mano de Obra Inmigrada (MOI) a finales de 1943 , y sobre todo a partir de la formación de la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE) en mayo de 1944, la mayor parte de los maquis pasó a integrase en el tercer nivel, el del “maquis verdadero”, jugando un papel fundamental en la liberación del sur de Francia, desde Oloron, en los Pirineos Atlánticos, a Dordogne, el Ariége y Aude .
3. Una empresa para la “Reconquista de España”: la Enterprise Forestier du Sud-Ouest (1946-1950).
Tras la liberación del Mediodía francés y la fallida intentona de invasión del valle de Arán, en octubre de 1944, el PCE se encontró con miles de militantes en Francia que, una vez desmovilizadas las unidades de la resistencia, carecían de recursos propios. El partido adquirió bosques en la zona pirenaica, con el objetivo de financiarse y de proporcionar, al mismo tiempo, entrenamiento a los militantes cuyo destino era engrosar las filas de la guerrilla antifranquista en el interior de España.
En 1946 se fundó la Enterprise Forestier du Sud-Ouest, conocida por la policía franquista como “Fernández, Valledor y Cía” . Su origen se encontraba en la empresa forestal abierta el 20 de diciembre de 1940 por José Antonio Valledor en Saint Hilaire (Aude), y que desde 1942 se había convertido en el primer centro político militar del maquis español. La política de adquisición de propiedades forestales había continuado durante la guerra, favorecida por la galopante devaluación del franco, cuya cotización se aproximaba cada vez más a la sardónica definición dada por Goering: una divisa que “no tenía más valor que un cierto papel reservado para cierto uso”.
La empresa había adquirido unas importantes dimensiones y, a la finalización del conflicto, sus tajos se situaban en diferentes municipios (Mirepoix, Quillan, Brassac, Millau, Izaut, Pamiers,…) de los departamentos de Aude, Ariège, Alto Garona, Altos y Bajos Pirineos. Contaba, además de con los chantiers propiamente dichos, con depósitos, almacenes, serrerías y garajes, donde trabajaban unos doscientos cincuenta encargados y mil empleados .
La actividad de la empresa, en sus inicios, se repartió entre la corta de pinos, el carboneo y el aprovechamiento de pastos. De hecho, la primera contrata la obtuvo del ayuntamiento de Toulouse para la provisión de carbón destinado a la calefacción de sus dependencias . Pero el verdadero empuje lo recibió con la obtención del contrato para suministro de traviesas de ferrocarril por parte de la Société Nationale des Chemins de Fer (SNCF), que precisaba reconstruir los miles de kilómetros de vías férreas destruidas por las acciones de sabotaje y los bombardeos. La competitividad de los chantiers administrados por Valledor le permitió convertirse en la proveedora prácticamente en exclusiva, merced al bajo precio ofertado por sus traviesas, consecuencia a su vez de los bajos salarios que pagaba a sus empleados, la mayoría militantes comunistas españoles.
Pero, evidentemente, los chantiers de Valledor no constituían una empresa fabril al uso. Se trataba de la cobertura legal para la consolidación de un aparato de entrenamiento y apoyo a la penetración guerrillera en España desde territorio francés. Miembros del Comité Central del PCE con responsabilidades sobre el aparato de pasos, como Antonio Beltrán (a) “El Esquinazau” –a cuyo control estaba encomendada la región fronteriza del Pirineo Central- aparecían como empleados de la Enterprise Forestier du Sud-Ouest . Amparándose en ella, el PCE abrió una escuela de capacitación guerrillera, donde se instruían durante uno o dos meses los militantes que iban a ser enviados a España. Los alumnos recibían instrucción de campo -topografía, aprovechamiento del terreno y táctica-, ejercicios de tiro, manejo de explosivos - las municiones y explosivos provenían de depósitos ubicados en Toulouse, Pau, Nimes y Perpignan-, y técnicas de sabotaje . La formación política consistía en teoría (historia del Partido Comunista de la Unión Soviética) y actualidad de España (donde no se descuidaban temas relativos a la vida cotidiana extraídos de la lectura de la prensa ), y las clases corrían a cargo de Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri, Ignacio Gallego, Fernando Claudín, Modesto, Líster, Luis Fernández y Manuel Azcárate .
Los chantiers de Valledor ocultaban también una cara menos épica: eran los lugares donde se llevaban a cabo las depuraciones –y, en ocasiones, la ejecución- de quienes en aquel periodo de paranoia estalinista, liquidación de disidentes y obsesión por la infiltración policial eran juzgados y condenados por el partido. La segunda mitad de la década de los 40 conoció un rebrote de las purgas en el campo comunista. La guerra fría se desplegaba en toda su intensidad (bloqueo de Berlín en 1948, imposición del rechazo al Plan Marshall en Europa oriental, “golpe de Praga” e instauración de los gobiernos de partido único en las “democracias populares”, revolución en China y guerra entre las dos Coreas…) con el telón de fondo de un conflicto nuclear. Bajo el pretexto de garantizar el monolitismo en el campo socialista, se desencadenó una redistribución brutal del poder en el interior de los partidos comunistas, con la purga de los dirigentes que habían encabezado la resistencia antifascista, y su sustitución por funcionarios de acreditada fidelidad estalinista. Lo que algunos militantes desengañados bautizaron como “espionitis” y los dirigentes más conspicuos calificaban como “vigilancia revolucionaria” llevó al enjuiciamiento y a la liquidación física de camaradas a los que se consideraba –especialmente tras la ruptura entre Tito y Stalin- como “esbirros del imperialismo”, “perros titistas”, o simplemente “agentes provocadores enviados a nuestra filas por el enemigo” . En sus memorias, Enrique Lister hace alusión en varias ocasiones a sucesos de esta índole, llevados a cabo en los chantiers fronterizos: eliminaciones de antiguos resistentes y ex deportados de los campos nazis, como Luis Montero; de guías del aparato de pasos, entre quienes cita a los conocidos como Lino y José el Valenciano; o de militantes caídos en desgracia, como José San José (a) Juanchu, antiguo alumno de la escuela del partido enviado desde México en misión especial. Él mismo, según cuenta, recibió de Vicente Uribe la confidencia de que en 1948 se manejó la posibilidad de su liquidación, junto con Modesto, durante una visita de inspección –como responsables del aparato militar - a uno de los chantiers, so pretexto de un accidente durante el examen de algún arma o explosivo .
Los historiadores franquistas se empeñaron en presentar a la “Valledor y cía.” como un boyante emporio del “terrorismo comunista” , pero lo cierto es que la empresa, regida por criterios políticos mucho antes que económicos, se encontraba sumida en una gravísima crisis, económica y política, mucho antes de que la ilegalización del PCE en Francia, en 1950, le asestara el golpe de gracia. Crisis económica derivada de que el excesivo tamaño de la red de chantiers –motivado por la voluntad política de cubrir la mayor extensión posible de frontera- llegó a suponer una pesada carga económica para el PCE. Se enviaban numerosos militantes a trabajar en las explotaciones, pero la carencia de buenas vías de comunicación y de sistemas eficaces de transporte del material producido contribuyó a su falta de rentabilidad . Asimismo, según Tovar, se extendió el descontento entre los empleados debido a las numerosas cotizaciones que se deducían de las mensualidades, y al elevado número de liberados del partido que había que mantener:
“Esta empresa no fue ni mucho menos un ejemplo de administración socialista (…) Los obreros no estaban contentos, los sueldos no eran en relación con el esfuerzo consentido, es verdad que en ese momento era difícil encontrar trabajo, pero a medida que el tiempo pasaba los obreros desaparecían, pues estaban mejor pagados al exterior. Cuando llegaba el momento de cobrar era un escándalo: la cotización al Partido, al Socorro Rojo, ayuda a la Juventud, a la Unión de Mujeres, a los presos de las cárceles en España, a las Guerrillas, etc. […] Esta empresa murió falta de mano de obra, malos salarios, y muchas cotizaciones a pagar, y sobre todo la mucha gente que comía de ellos sin trabajar” .
Los beneficios, sin embargo, apenas daban para mantener a los propios gerentes de la empresa. Según el propio Tovar, “Valledor y yo teníamos una miserable habitación, y cada semana estábamos cada uno de cocina, pues no teníamos bastante dinero para ir al restaurant, esto ocurría en los años 1946, 1947 y 1948” . Como en otros casos, el entramado diseñado para la captación de recursos no sirvió para el objetivo de nutrir económicamente a la guerrilla, sino para subvenir a los gastos de sostenimiento del aparato político del partido . Cuando en 1948 Valledor fue trasladado a Checoslovaquia, Tovar apenas podía sostener a su familia con su salario de supervisor de la Enterprise Forestier, y hubo de agenciarse una cámara fotográfica de ocasión para completar sus parcos ingresos haciendo retratos por calles y ferias. A medida que la caída del franquismo se postergaba en el horizonte, los chantiers fueron vaciándose de hombres que buscaban, a partir de ese momento, integrarse en la vida civil en el que suponían iba a ser durante mucho tiempo su país de acogida.
La otra cara de la crisis de los chantiers fue política. Desde que la agudización de la guerra fría dejó constancia de la nula voluntad de las potencias occidentales por derribar a Franco, muchos dirigentes y cuadros comunistas atisbaron la evidencia del fracaso de la táctica guerrillera en el interior de España. Beltrán “el Esquinazau”, responsable de pasos del Pirineo central, constataría desde 1946 la fragilidad de un movimiento guerrillero erróneamente orientado, falto de apoyo y arrasado por la represión de las fuerzas policiales franquistas. Ello le costaría la marginación dentro del partido y hasta un frustrado intento de liquidación . No sería el único desengañado: Vicente López Tovar daba un paso más y culpó a la dirección del partido de enviar a un sacrificio inútil a decenas de los militantes más valiosos por desconocimiento culposo de las verdaderas condiciones políticas en el interior de España:
“Era la desaparición sistemática de todos los Jefes y responsables que se habían distinguido en Francia. Faltos de puntos de apoyo, sin dinero, sin enlace con otras fuerzas, que no existían nada más que en los papeles de Carrillo. Así murieron atacando estancos, almacenes, pagadores y otras operaciones de ese género para poder subsistir, porque de Francia no recibían nada” .
A esta situación de marasmo habría que sumar las depuraciones que los responsables del PCE, encabezados por Santiago Carrillo y Fernando Claudín, llevaron a cabo con quienes habían liderado la delegación en Francia durante la época de la Resistencia. El aterrizaje de los dirigentes procedentes de Sudamérica y la URSS tuvo como consecuencia el desplazamiento de quienes habían sido los impulsores de la “Unión Nacional” y de la resistencia española contra el nazismo, materializado en la desautorización y expulsión de Jesús Monzón, la liquidación de Gabriel León Trilla, la penitencia impuesta a Manuel Azcárate y la marginación de Vicente López Tovar.
La salida del PCF del gobierno francés, en 1947, dejó desprotegida a la organización del PCE en el país galo. Arruinada, desmoralizada y debilitada por las purgas, la estructura política y económica del PCE en Francia sería desmantelada en julio de 1950, mediante un operativo en el que no faltaron los ingredientes (oscuros ajustes de cuentas, inspectores de policía narcotizados y armas escondidas obedeciendo a un supuesto plan de apoyo a la toma de los Pirineos por tropas paracaidistas soviéticas…) de una paradigmática historia ambientada en la guerra fría .
BIBLIOGRAFÍA
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• RODRÍGUEZ, Mikel: Maquis, la guerrilla vasca (1938-1962), Txalaparta, Navarra, 2001.
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16/04/2005
Dos valoraciones heterodoxas sobre el final de la guerra: José del Barrio y Jesús Hernández
El caótico final de la guerra civil en el bando republicano, con la sublevación del coronel Casado y la ruptura entre los antiguos aliados del Frente Popular, unido al equívoco papel jugado por los dirigentes del PCE durante aquellos turbulentos días, fue motivo de largas controversias entre los propios cuadros comunistas durante los años siguientes. Algunos de ellos, como José del Barrio y Jesús Hernández , acentuaron sus críticas hacia el aparato dirigente a raíz de su expulsión del PSUC y del PCE, respectivamente. Cuando la ruptura entre la Kominform y la Liga de los Comunistas Yugoslavos de Tito, en 1948, posibilitó la formación de grupos disidentes potenciados por Yugoslavia, Del Barrio y Hernández coincidieron en el proyecto de fundación del Movimiento de Acción Socialista. En el impulso de un debate para atraer a la militancia a miembros desencantados de los partidos tradicionales , tanto Del Barrio como Hernández promovieron una reflexión sobre la línea comunista durante la guerra y sobre el papel que el estalinismo había jugado durante el conflicto español.
La valoración que Acción Socialista hacía de la política del PCE durante los últimos tiempos de la guerra de civil española era sumamente crítica. Del Barrio publicó en “Borba” (“La lucha”, órgano oficial del PC yugoslavo) en 1951 una serie de artículos en los que afirmaba “que el PC es el culpable de la pérdida de la guerra”; “que el traslado del Gobierno del Centro a Cataluña fue un desastre”; “que Del Barrio, recomendó al Gobierno algunas cuestiones y no le hicieron caso”, al tiempo que emitía una severa condena del pacto germano-soviético. Del Barrio acusaba al PCE de realizar una práctica derrotista desde el corte de la zona republicana en 1938. Dicha línea política, materializada en el abandono de la zona centro y sur por la mayor parte de los cuadros del PC, y en el rechazo a considerar la posibilidad de concentrar la defensa en un área de los Pirineos que ofrecer como territorio liberado al gobierno de la República mientras estallaba el próximo conflicto mundial, respondía –según Del Barrio- a la voluntad liquidadora de la guerra de España por parte de Stalin, expresada en directrices enviadas a través de los delegados de la Komintern en España, Togliatti y Stepanov.
“Propusimos – afirmaba Del Barrio- organizar la defensa a toda costa de una cabeza de frontera en la región comprendida por los sectores de Seo de Urgel, Puigcerdá y Camprodón, y avanzada hasta Ripio y el norte de Berga (…) Se trataba de proseguir la resistencia a ultranza en todos los demás sectores en nuestra posición, orientando los repliegues –cuando fueran inevitables- hacia la cabeza de frontera (…) De haber podido resistir en esa cabeza de frontera durante el verano de 1939 nadie hubiera sido capaz de desalojarnos de ella en el invierno siguiente”.
La respuesta del Buró Político del PCE, que estaba aprovechando la situación para “bolchevizar” al PSUC y convertirlo en su apéndice catalán, cortando de raíz cualquier vestigio de autonomía, fue que semejante plan solo tenía como objetivo “la constitución de una República independiente (la “República Perea-Del Barrio”, como decían ellos), como un baluarte contra el PC de España. La tal cabeza de frontera, decía el BP del PCE sería la República de los aventureros” .
Jesús Hernández, por su parte, remitió al mismo “Borba” sus reflexiones, con el título “Apuntes para la Historia” . Los artículos tenían como base la ponencia impartida por Hernández en la Escuela Superior de Cuadros del Partido Comunista Yugoslavo, ante cuyos alumnos impartió la conferencia titulada “La URSS en la guerra del pueblo español”. En ella, Hernández desarrolló las líneas generales de lo que se iba a convertir en la tesis central de su próximo libro, Yo fui ministro de Stalin.
La República española había sido un peón más en el juego de ajedrez global que la URSS estaba jugando a finales de los años 30. En un contexto de temor generalizado a la pujanza de las potencias fascistas, la URSS desplegaba un “juego maquiavélico” consistente “no desligarse de las potencias democráticas a fin de no ofrecer un fácil blanco a los fascistas, y coquetear con los fascistas para asegurarse el apoyo de las democracias. Era el juego que había de culminar, años después, en el pacto germano-soviético”. Hernández atribuía a las intenciones de Stalin la siguiente lectura:
“ « La guerra en España puede servirnos de dos maneras: una, utilizarla como un fantasma que agitaremos ante los ojos de las potencias fascistas haciéndolas ver que los pueblos están dispuestos a empuñar las armas y a batirse por la libertad y la democracia, y así obtener ciertas ventajas de las mismas, y otra, que se funde y confunde con la primera formando un todo, la de cotizar la sangre del pueblo español en el mercado de sus conveniencias exteriores ante las asustadas democracias, demostrando que en las manos de la URSS está la llave que puede avivar o apagar las llamas que se han encendido en España y cuyas chispas pueden hacer estallar el polvorín de la temida guerra mundial ».
Es decir, el “caso español” se lo planteó el Kremlin no desde un punto de vista socialista, sino fría y calculadamente, como un asunto de política exterior, desprovisto de todo contenido o sentimentalismo revolucionario.
La ayuda soviética, supuestamente motivada por la solidaridad con la causa de la Democracia y el Progreso, había sido en realidad una forma de poner en valor la cotización del potencial ruso a fin de atraer a las potencias occidentales intimidadas por la pujanza nazi-fascista. El suministro de armas no fue ni suficiente ni desinteresado y, frente a la propaganda apologética posterior, se inscribiría en el marco de la “no intervención” tanto como las reticencias de las potencias occidentales, impidiendo al gobierno legítimo de la República defenderse frente a la agresión italo-alemana.
“¿Era posible burlar el bloqueo de la “no intervención”? – se preguntaba Hernández-. ¡Claro que era posible! Lo burlaban Hitler y Mussolini descaradamente y lo burlaban nuestros barcos que iban a recoger las escasas mercancías que se nos facilitaban en los puertos soviéticos. Estos mismos barcos tenían capacidad para traer, y el Gobierno republicano suficiente dinero para pagar, mil veces más cantidad de armamento que lo que transportaban hasta la España leal. Luego era una solemne mentira lo de las dificultades “técnicas”.
La cuestión era que las prioridades soviéticas se encontraban en otros ámbitos: Stalin no enviaba armas suficientes, pero en cambio “nos mandaba abundantes «consejeros» militares, políticos, y policiacos”. La conclusión era que a Stalin
“no le interesaba la victoria [de la República española]. La Unión Soviética estaba interesada en prolongar la lucha, del pueblo español sin permitirle lograr una victoria decisiva que pudiera crearle a ella dificultades en el orden internacional. En la prolongada agonía del pueblo español, en su sangre y en su sacrificio, tenía la Unión Soviética una moneda de cambio de alta cotización en las cancillerías extranjeras”.
El PCE, cuya fuerza e influencia habían ido en aumento desde el comienzo de la guerra, no se había demostrado capaz de desarrollar una política autónoma y netamente nacional. De hecho, estaba dirigido por los “consejeros” soviéticos que determinaban el sentido de las alianzas, la táctica y la línea política en virtud de los intereses geoestratégicos de Stalin y no de las realidades españolas de cada momento. Muestra de tal seguidismo fue la aceptación por parte del PCE de los impedimentos puestos por los “consejeros” para la obtención de mejores posiciones de poder, porque semejante aspiración perjudicaba el interés de Stalin de tranquilizar a Gran Bretaña.
“Creo poder afirmar sin exageración alguna,-afirmaba el ex ministro comunista- que el PC pudo tomar el poder sin grandes dificultades y con muy pocas oposiciones, [pero] en Moscú se llegó a temer que los comunistas españoles nos decidiéramos a adueñarnos del poder. Debemos declarar que nunca pensamos hacerlo, pues estábamos más que nadie interesados en mantener el carácter de origen de nuestra guerra, que era la defensa de la República democrática agredida y asaltada por la reacción nacional y por el fascismo extranjero. Pero si esto es cierto, también lo es que sentíamos la necesidad de tener en nuestras manos algunos de los puntos claves de la dirección política, y de la guerra” .
Mas, al tiempo que se impedía a los comunistas españoles la consecución de mayores cuotas de poder, se les dictaba una línea política que les enfrentaba con el resto de fuerzas aliadas. Un sectarismo implacable condujo a derribar el gobierno de Largo Caballero, a enfrentarse violentamente al anarco-sindicalismo, a apoyar la liquidación física del comunismo heterodoxo, a plantear la retirada de los ministros comunistas del gobierno Negrín, con el resultado paradójico de otorgar pretextos a los anticomunistas y a los derrotistas que terminarían por coaligarse en la Junta de Defensa en marzo de 1939. La exaltación retórica de la “unidad” con un sello férreamente sectario había conducido al resultado paradójico de la articulación, efectivamente, de “una unidad: la de todos (...) contra el PC”.
El colofón de esta línea de subordinación a los dictados soviéticos fue la propia liquidación de la guerra a partir del golpe del coronel Casado, al que el partido opuso escasa y confusa resistencia porque, para Stalin, la cuestión española era ya un proceso liquidado cuya dramática resolución resultaba más conveniente imputar en la cuenta de otros. Con la falta de respuesta a la conspiración y al golpe, y su huida en los primeros momentos, la cúspide del PCE se había plegado a las directrices estalinistas que, desde Munich, tenían como guía la aproximación a la Alemania nazi que culminaría en el pacto Molotov-Ribbentrop. El catastrófico final de la guerra de España desmentía en la práctica la retórica de la “resistencia” sostenida por el partido, con apoyo soviético, desde 1938. La estrategia del PC y de Negrín había consistido en prolongar la resistencia ante el inminente estallido de una conflagración europea, en la que quedaría subsumido el conflicto español. Pero ahora era evidente que la propia URSS había hecho todo lo posible por evitar la aproximación a una situación crítica irreversible:
“Si nuestra razón de prolongar la guerra se basa en que el progresivo agravamiento de la situación internacional puede provocar en cualquier momento el choque entre gobiernos democráticos y fascistas, y en tales circunstancias las potencias democráticas no tendrán interés en que un aliado de Hitler y de Mussolini domine en la Península Ibérica y deberán lógicamente ayudar a la República Española a derrotar a Franco, si la verdad verdadera de nuestra política de resistencia es esa, ¿por qué la URSS nos quiere obligar a que impidamos la llegada de ese momento mundial del cual depende la vida de nuestro pueblo ? ¿Qué objeto tiene nuestra política de resistencia si la privamos de una perspectiva o si nosotros mismos se la negamos? ¿Morir como numantinos, salvar el honor? Eso es muy romántico y muy digno, pero queremos además de todo eso algo más: queremos la vida, la libertad y la independencia de España” .
El debate se prolongó en el tiempo hasta el periodo de la desestalinización. Del Barrio fue partidario de no pasar página sobre el final de la guerra, y de convocar la formación de una “Comisión Organizadora del Congreso Extraordinario de todos los comunistas”, una de cuyas funciones sería el nombramiento de una Comisión de Responsabilidades “compuesta de comunistas de reconocido criterio propio, imparcialidad y honorabilidad”, ante la que tendrían obligación de comparecer todos los miembros del Comité Central nombrado en 1937 y cuantos otros militantes comunistas hubieran ejercido cargos de responsabilidad desde entonces hasta la fecha. Fracasada esta última opción, José del Barrio se aproximó comienzos de los 60 a las tendencias que postulaban la insurgencia, al estilo de los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo . Con Juan Perea Capulino y Vicente López Tovar formó el Movimiento por la IIIª República y por la reconstitución del Ejército Republicano, con sede en Argel. Jesús Hernández, por su parte, acabó refugiándose en el oscuro trabajo de asesor de la embajada yugoslava en México, mientras daba a publicar sus divergencias en forma autobiográfica.
Jesús Hernández: El exilio dentro del exilio.
“No se libera uno del Partido comunista como se deja un partido liberal, sobre todo por la razón de que la intensidad de los lazos que unen a un ciudadano con su partido se encuentran en proporción inversa a los sacrificios que le cuesta (…) El Partido comunista, para sus militantes, no es sola ni principalmente un organismo político: es escuela, iglesia, cuartel, familia; es una institución total en el sentido más completo y puro del término, y compromete por entero a quien se somete a él”.
Ignazio Silone: Le Dieu des ténebres, 1950 (citado en J-L. Panne: Boris Souvarine. Le premier désenchanté du communisme. Robert Laffont, Paris, 1993, p. 150.
“Tras mi expulsión del Partido, una vida diferente se abría ante mí, pero mi tarea no estaba cumplida, porque en el mundo pervivían todavía los problemas que me habían hecho acercarme al socialismo hacía 25 años. Todavía hacía falta luchar, porque todavía había explotados y explotadores, ricos y pobres, e injusticias sociales indignantes.
Rusia no es más que una deformación lamentable del ideal socialista. Pero las aspiraciones humanas a una sociedad más justa y más generosa están por encima del desarrollo de un fenómeno revolucionario. Continúo siendo socialista, así como millones de camaradas evadidos, como yo, de la prisión del sectarismo estaliniano”.
Jesús Hernández, La grande trahison, París (1953).
Introducción.
Vivimos tiempos de recuperación de la memoria histórica. El silencio forzado bajo la dictadura franquista, y el implícitamente pactado durante la transición, se están quebrando hoy ante el impulso de vindicación de quienes en su día lucharon por la libertad de todos y fueron vencidos. Se trata de un ejercicio de memoria restitutoria para las viejas generaciones y de revelación para las nuevas, que afecta a la sociedad española en su conjunto como producto histórico de un pasado oculto o deformado: memoria recuperadora de la República, de la militancia, el combate y la resistencia; memoria que rinde homenaje a las víctimas de la represión; memoria crítica de los hitos conmemorativos y de los personajes conmemorados heredados del imaginario dictatorial. Pero este rescate de la memoria social resultaría incompleto si no sacara también a la luz a aquellos que, en el seno de las organizaciones que se opusieron a la dictadura, y sin rehuir el combate contra ella, manifestaron desacuerdos tácticos, defendieron posiciones disidentes o plantearon vías heterodoxas y pagaron por ello el precio de la exclusión . Fueron, por tanto, doblemente derrotados.
Entre las organizaciones que se destacaron en la lucha contra el franquismo, el Partido Comunista de España (PCE) ocupa un lugar preponderante. Las duras condiciones de clandestinidad en que hubo de desenvolverse durante la mayor parte de su existencia, así como el contexto del enfrentamiento bipolar en el que se inscribieron sus actividades durante la segunda mitad del siglo XX apenas dejaron espacio para otros tipos de aproximación a su conocimiento que no fueran las obras militantes, reproductoras de un discurso legitimador, o una publicística abiertamente anticomunista, sostenida por funcionarios policiales, libelistas y antiguos militantes desengañados . Solo cuando la cuestión comunista comenzó a dejar de ser un asunto candente de la agenda política inmediata se inició una normalización del tratamiento historiográfico de este movimiento. Durante los últimos años se han publicado estudios sobre dirigentes comunistas que, por unas u otras razones, fueron excluidos del partido, de su historia y de su memoria durante décadas. Son los casos de Heriberto Quiñones y Jesús Monzón , arrojados al mundo exterior en una época decisiva para el PCE, la que transcurre entre su recomposición tras la derrota en la guerra civil y la puesta en pie de una organización capaz de dar respuesta a las expectativas planteadas por la inminente victoria aliada en la guerra mundial. Hoy, sus biografías se encuentran reinsertadas en la historia partidaria, pero aún son muchas las que restan por replantear. De entre ellas, este trabajo se propone abordar la de quien, tras figurar como uno de los principales forjadores del PCE durante los años cruciales de la República y la guerra civil, resultaría excluido de las filas del partido en los años 40, eliminado de sus anales y estigmatizado oficialmente como paradigma del traidor: Jesús Hernández Tomás. Un camino, el de la exaltación heroica a la execración, que recorrió buena parte de una generación de militantes que en la primera mitad del siglo XX confiaron en la revolución de Octubre como el acontecimiento fundacional de un tiempo nuevo.
• La exaltación del héroe.
La biografía de Jesús Hernández (1907-1971), nacido en Murcia pero alumbrado para la vida política en Vizcaya, parecía predestinada para conducirle a ocupar el más alto cargo dirigente del PCE. Miembro de las Juventudes Socialistas vizcaínas con nueve años, participó con catorce en el proceso de fundación del PC. Con dieciséis era uno de los “hombres de acción” del extravagante Óscar Pérez Solís, uno de los primeros secretarios del partido, ex oficial de artillería pasado primero al socialismo, y al comunismo después, que acabaría regresando a la fe católica durante una de sus estancias en prisión, y defendiendo Oviedo junto al sublevado coronel Aranda frente a las columnas mineras integradas por sus antiguos compañeros de ambas militancias. A su lado, Hernández participó en enfrentamientos armados con la policía y con los socialistas de Bilbao, en uno de los cuales intentó volar la sede del periódico El Liberal cuando se encontraba en el interior del edificio quien habría de ser, pasando el tiempo, compañero de gabinete ministerial: Indalecio Prieto.
Miembro de la dirección nacional del PCE desde marzo de 1930, fue sacado del país en el verano de 1931, tras un tiroteo con los socialistas que costó la vida a dos de ellos, y enviado a Moscú para completar su formación política en la Escuela Leninista. Volvió a España en 1932 para integrarse, junto con José Díaz y Dolores Ibárruri, en el Buró Político (BP) designado por la Komintern tras la caída del anterior Secretario general, José Bullejos, asumiendo la responsabilidad de “agit-prop” y la dirección de Mundo Obrero en 1936. En diciembre de 1933 participó, con “Pasionaria”, en las sesiones del XIII Plenario del Comité Ejecutivo de la Komintern, en las que se analizó la problemática de la expansión del fascismo, corriendo a su cargo una de las dos ponencias sobre la situación española. En agosto de 1935 figuró como segundo responsable oficial, tras José Díaz, de la delegación española al VII Congreso de la Internacional Comunista, en el que se aprobaría el impulso para la constitución de los frentes populares antifascistas .
Diputado por Córdoba en las elecciones de febrero de 1936, los gobiernos de guerra de Largo Caballero y Negrín le llevaron al Ministerio de Instrucción Pública en septiembre de ese mismo año, cartera que ocupó hasta abril de 1938. Corresponden estos años a los de su mayor exaltación por parte del aparato de propaganda comunista, cuya prensa ensalzó su labor mediante la difusión masiva de los discursos de quien era saludado como el “Ministro de la Juventud” . De hecho, por su brillantez oratoria y su destreza con la pluma, fue empleado como ariete por el partido en los procesos de derribo de Largo Caballero como presidente del consejo de ministros, en mayo de 1937, y de Indalecio Prieto como Ministro de Defensa, en marzo de 1938 .
A su salida del gabinete fue nombrado Comisario del Cuerpo de Ejércitos de la Zona Centro-Sur, manifestándose como notorio impulsor de la resistencia a ultranza. Stoian Minev –“Stepanov o “Moreno”, uno de los delegados de la Komintern – alabó sus conferencias en los cuerpos del ejército de Levante, que contribuyeron a levantar el decaído estado de ánimo de las tropas y de los comisarios en momentos tan críticos como los que precedieron a la caída de Cataluña, “y enardecerles de entusiasmo y de fe en la posibilidad de resistir con éxito” .
Cuando el golpe del coronel Casado (5 de marzo de 1939) acabó con las últimas posibilidades de aguante de la República, Hernández permaneció en Valencia, alentando a las fuerzas que se oponían a la capitulación y mostrándose partidario del uso de la fuerza para imponer al Consejo Nacional de Defensa la restitución de la legalidad frentepopulista. Ante la salida del país de la plana mayor del PCE, y manteniendo una tensa relación con Palmiro Togliatti, organizó junto a Pedro Checa y Jesús Larrañaga la dirección del PCE que habría de pasar a la clandestinidad ante la inminente victoria franquista. Fue uno de los últimos cuadros comunistas en abandonar España, el 24 de marzo de 1939, en uno de los aviones que lograron despegar de la escuela de vuelo de Totana (Murcia) antes de la entrega de la aviación republicana a Franco por parte del Consejo Nacional de Defensa.
Tras un breve periodo de retención en Orán (Argelia) por parte de las autoridades coloniales francesas, se instaló en Moscú, donde fue designado representante del PCE en la Internacional Comunista. Durante su estancia en la Unión Soviética se ocupó de la situación de la emigración española, diseminada en hogares infantiles y fábricas. Sus intervenciones para mejorar las penosas condiciones de existencia de muchos de estos refugiados, agravadas desde la invasión nazi de la URSS, le valieron la consideración favorable de muchos de ellos. Su talante simpático y abierto atrajo a sectores del aparato del PCE críticos con la imagen dada por Dolores Ibárruri y sus allegados (Francisco Antón –con quien mantenía una relación que escandalizaba a buena parte de la muy mojigata militancia comunista-, Ignacio Gallego, Irene Falcón…) desde su llegada a Rusia. Todo ello, unido a su capacidad para el trabajo político le convirtieron, en fin, en el candidato a secretario general que parecía gozar de la predilección de los dirigentes de la Komintern cuando se produjera el inevitable desenlace fatal que hacía prever la precaria salud de José Díaz.
• “Damnatio memoriae”.
La brillante carrera de Jesús Hernández comenzó a declinar durante el proceso sucesorio iniciado tras el suicidio de José Díaz en marzo de 1942. Aunque partía como favorito frente a otros posibles candidatos (Dolores Ibárruri, Vicente Uribe…) diversos avatares acabaron alejando de él toda posibilidad de alzarse con el puesto dejado vacante por el líder sevillano. Con el fracasado intento de desbancar de la sucesión a Ibárruri, y su consiguiente expulsión en México en 1944, comenzó el periodo durante el que la figura de Hernández transitó desde la execración al olvido.
La opinión de los dirigentes que permanecieron fieles a la ortodoxia partidaria hizo recaer la responsabilidad de la ruptura sobre Jesús Hernández, cuya estatura moral iría decreciendo en proporción directa a la negrura de las tintas con que se denunciaban su ambición personal y la corrupción de sus costumbres, causantes directas de su degeneración política. Resulta revelador que una controversia tan fundamental para la vida y el proyecto de un partido, como la que afectaba a la sucesión en la secretaría general, estuviese prácticamente desprovista de argumentos políticos y se ciñese casi exclusivamente a groseras descalificaciones de carácter personal. Hernández fue motejado de “bon vivant”, adicto al “donjuanismo”, “degenerado” y “amante de las orgías” por Ignacio Gallego, Santiago Álvarez, Santiago Carrillo y Antonio Mije, entre otros . Gallego elaboró la insidia de la compra de Hernández por los servicios secretos británicos –cargo que, por otra parte, también se imputó a Heriberto Quiñónes-; Álvarez se hizo portavoz de los cargos de su presunta corrupción durante el ejercicio de su cargo ministerial, y del reproche de haberle quitado la mujer a uno de los mártires oficiales del partido, el dirigente madrileño Domingo Girón; y Carrillo relacionó todos estos elementos con su habilidad para atraer a distintos cuadros al terreno de sus posiciones fraccionales, ganándoselos mediante la distribución entre ellos de artículos de consumo suntuario en medio de la precariedad imperante en el exilio soviético.
Dirigentes no menos ortodoxos en su momento, pero alejados después de la organización por diversos motivos, siguieron sin salirse del guión alusivo a la existencia de confrontaciones personales, quizás porque plantearse otras causas les obligaba a reconsiderar tanto su propio papel en la crisis como el peso aportado por el profundo desengaño de la vida soviética. Para Enrique Lister, la caída de Hernández fue el resultado de una batalla perdida por la defensa de la dignidad del PCE y de sus órganos de dirección, mancillados por la relación entre Ibárruri y Francisco Antón . Fernando Claudín y Manuel Tagüeña fueron de los pocos que integraron a la causalidad personal el ingrediente político: Hernández habría caído no solo por rebelarse contra la intangibilidad del mito Pasionaria, sino porque habiendo mantenido discrepancias ya durante la guerra de España con representantes de la Komintern –como Togliatti- y con los consejeros rusos, ofrecía menos garantías que Ibárruri para continuar con el acatamiento de las directrices soviéticas, en un momento en el que la necesidad de tranquilizar a los aliados occidentales obligaba a Stalin a sacrificar la existencia de la Internacional Comunista . Tagüeña introdujo un factor desencadenante más, que Claudín, antigua mano derecha de Carrillo en la férrea conducción del exilio español en la URSS, no contempla: el radical desacuerdo existente entre Hernández y Dolores acerca de las vías para solucionar la difícil situación de los emigrados en las fábricas y escuelas .
Tras la denigración vino el silencio. Las rehabilitaciones, que en el imaginario comunista constituyen un elemento habitual en los procesos cíclicos de recuperación y puesta en valor de figuras y vías anteriormente negadas por el propio partido, se detuvieron en seco ante los casos de Jesús Hernández, Heriberto Quiñones, Jesús Monzón y Joan Comorera. El veto de Ibárruri en su informe al V Congreso del partido –celebrado en Praga en 1954- fue expreso: no habría consideración para esos “tipos de conciencia podrida, cuyos dientes ratoneros se han mellado en el acerado tejido muscular del Partido y en la firmeza de su dirección”, sujetos a los que se calificaba como “aventureros políticos” y “disgregadores policiacos” . La extirpación de Hernández de la memoria oficial del partido culminó, como la de aquellos magistrados que en la antigüedad clásica sufrían la pena de la damnatio memoriae, con la eliminación de cualquier vestigio que recordara su trayectoria. Su identidad quedó borrada tanto en la historia oficial del PCE editada en Paris en 1960, como en las memorias de Dolores Ibárruri, quien en “El único camino” eludió escrupulosamente nombrar a Hernández refiriéndose a él siempre como “el otro ministro comunista” .
• Una ruptura en tiempos de la guerra fría.
La ruptura de Hernández con el PCE resultó amplificada tanto por la importancia que aquel había alcanzado en la estructura jerárquica del partido como por tener lugar en un contexto marcado por los primeros atisbos de la guerra fría. La confrontación entre los antiguos aliados que habían derrotado al nazismo perfilaba una línea de separación en dos bandos netamente delineados. Esta dicotomía, escasamente amiga de matices, se entrecruzaba con el posicionamiento que uno u otro bloque adoptaron respecto al régimen franquista. Los tiempos eran poco dados a las gradaciones cromáticas: imperaban el blanco o el negro, y todo aquello que resultase ser antisoviético se asociaba inmediatamente a apoyo al imperialismo, y por ende, a traición y a claudicación ante la dictadura.
Por añadidura, las potencias occidentales, y por supuesto el régimen franquista, no desaprovecharon oportunidad alguna para dar volumen a las disidencias de los antiguos comunistas desengañados del modelo soviético . Toda una generación de antiguos revolucionarios y funcionarios kominterianos dieron a la imprenta sus reflexiones críticas sobre el sistema estalinista. Era el caso de Franz Borkenau o Arthur Koestler, miembros del Partido Comunista Alemán (KPD), destacados ambos en España durante la guerra civil; del croata Ante Ciliga, fundador del Partido Socialista Obrero Yugoslavo (comunista) y director del semanario Borba ("La Lucha"), órgano del PCY, que se adhirió al trotskismo y fue deportado a Siberia; del peruano Eudocio Ravines, delegado de la Komintern para Latinoamérica, y organizador del Frente Popular de Chile, que rompió con el estalinismo tras el pacto Molotov-Ribbentrop de 1939; o del italiano Ettore Vanni, pedagogo y director del diario comunista valenciano Verdad, que dejó un amargo retrato del mundo de la emigración española en la URSS .
Algunos, desengañados completamente del comunismo, se adhirieron a campañas de divulgación de los males imperantes más allá del telón de acero, la mayoría de las veces sufragadas por el Departamento de Estado norteamericano. Sus malhadadas experiencias pretendían tener el valor de los exempla medievales: disuadir a otros de recorrer el mismo camino que a ellos les había conducido a la desesperanza y la persecución. Tal sería el caso, en España, de Valentín González “El Campesino” y de Enrique Castro Delgado . Otros, como Hernández, no renunciaron a su ideología comunista y buscaron en el modelo yugoslavo la plasmación de unos principios que consideraban fracasados en el sistema soviético. Amparándose en el apoyo que Yugoslavia ofreció a los disidentes del estalinismo tras su ruptura con la Kominform en 1948, Hernández trabajó como asesor de la embajada yugoslava en México, mientras daba a publicar sus divergencias en forma autobiográfica. Yo fui un ministro de Stalin se publicó en ese país en 1953, y fue traducida al francés ese mismo año con el título de La grande trahison. Herbert R. Southworth, en un famoso artículo de controversia con Burnett Bolloten, contribuyó posteriormente a propalar la especie de que el libro de Hernández había sido convenientemente inspirado, supervisado y corregido por el ex dirigente del POUM Julián Gorkin, miembro destacado del Congreso para la Libertad de Cultura, una organización especializada en la difusión de literatura antisoviética a la que se acusaba de estar financiada por la CIA. Según Southworth, los contactos entre Gorkin y Hernández se iniciaron a instancias de otro ex comunista, José Bullejos, que hizo de intermediario entre ambos. Fue Hernández, según esta versión, quien solicitó entrevistarse con Gorkin -habitual mediador entre editoriales europeas y autores de obras antisoviéticas- pero este se negó a “estrechar la mano de Jesús Hernández hasta que no haya denunciado en un libro los crímenes estalinistas en España y, más específicamente, los detalles sobre el encarcelamiento y asesinato de Andreu Nin”. De esta forma, Gorkin le había indicado a Hernández las condiciones bajo las cuales podría publicarse su libro. Seis meses después Gorkin recibía en París el texto de Yo fui un ministro de Stalin, cuya traducción - firmada por un tal Pierre Berthelin, pseudónimo que, según Southworth, encubría al propio Gorkin- apareció publicada por Fasquelle Éditeurs en 1954 .
Parece cuando menos dudoso que la supuesta connivencia entre Hernández y Gorkin hubiese escapado a la estrecha vigilancia a la que el PCE tenía sometido en México al ex ministro comunista . De confirmarse, el partido habría explotado el hecho con la amplitud propagandística que es de suponer. Tampoco era probable un estrecho acercamiento dado la pésima opinión que cada uno mantenía del otro: Hernández se cuidó mucho de que asociaran su imagen pública a la del “renegado Gorkin”, y este dudaba en su círculo inmediato de la sinceridad de las nuevas convicciones antiestalinistas del ex ministro comunista. El archivo personal de Gorkin no contiene, además, prueba alguna de la existencia de correspondencia entre Jesús Hernández y él, al contrario de lo que ocurre con Enrique Castro o Valentín González “El Campesino”, cuyas obras autobiográficas se encargó de difundir en Europa . Los contactos, de haberse producido, no dejaron rastro epistolar. Wilebaldo Solano, antiguo secretario de la Juventud Comunista Ibérica (organización juvenil del POUM) y director de La Batalla refiere que “Gorkin, que había conocido a Jesús Hernández en el PC, no creía en los cambios de éste y se burlaba de él”. Tampoco le concedían mucho crédito otros veteranos poumistas como Andrade, que no comprendieron en principio la decisión de Solano de publicar los capítulos del libro de Hernández relativos al asesinato de Andrés Nin . En este caso, Solano contó con el apoyo de Gorkin, de quien supo, por terceras personas, que se había puesto en contacto con Jesús Hernández “y que tenían interesantes discusiones” . Sin embargo, en su opúsculo España, primer ensayo de democracia popular y en sus escritos sobre el asesinato de Trotski, Gorkin únicamente alude a sus conversaciones con Enrique Castro Delgado . Tampoco existe confirmación sobre contactos personales con Hernández en la correspondencia cruzada entre Burnett Bolloten y Gorkin conservada en su archivo personal . No hay evidencias, pues, de que Yo fui un ministro de Stalin fuera una obra concebida por Gorkin y endosada a Hernández, como sostenía Southworth , ni parece que la relación entre ambos personajes estuviera guiada por otros fines que no fueran los de la utilización recíproca. En cualquier caso, en un mundo donde cabía poco espacio para el desarrollo de terceras vías, la utilización del testimonio de alguien tan significado como Hernández no iba a poder ser evitada por el propio autor. La oportunidad era demasiado tentadora, tanto para las plataformas prooccidentales en el exterior, como para los servicios de propaganda del régimen franquista.
• La manipulación de la propaganda franquista.
Vázquez Montalbán decía que “el hecho de que la apostasía de Jesús Hernández fuera ampliamente difundida por el franquismo y sus comisarios político-propagandísticos (Comín Colomer o Mauricio Carlavilla) puso a la defensiva a los comunistas y a casi toda la oposición antifranquista” . Cuando las obras de la mayor parte –si no de la totalidad- de la intelectualidad republicana en el exilio no podían publicarse libremente en España, la difusión de las obras de Hernández, Castro y “El Campesino”, facilitada por el estado a través de editoriales institucionales, parecía corroborar las acusaciones de “renegados” y “enemigos del pueblo” que dirigía contra ellos la dirección comunista. El régimen impulsó la difusión de este tipo de textos sin reparar en ninguna convención al uso sobre el respeto a la propiedad intelectual. Con la excepción de Mi fe se perdió en Moscú, de Castro Delgado (cuya cesión de derechos fue objeto de negociación entre la editorial francesa propietaria de los derechos para Europa, y la española)- , la impresión de los testimonios de Hernández y de “El Campesino” en la España franquista constituyó un caso de piratería editorial a gran escala llevada a cabo por la propia administración. En el caso de “el Campesino”, por ejemplo, el anuncio de su libro Yo escogí la esclavitud, publicitado en el ABC de 24 de noviembre de 1953, incluía la advertencia de que “de los derechos de autor en España de este libro no se lucrará “El Campesino”. Serán entregados a “Huérfanos de Asesinados” y “Ex cautivos”. Como la moral y la jurisprudencia dictan, no se beneficiará el verdugo y sí sus víctimas” . La edición del libro de Jesús Hernández, por su parte, fue encomendada a Mauricio Carlavilla – o Mauricio Karl, como gustaba firmar sus obras- un polizonte con veleidades literarias que adquirió notoriedad por llevar a cabo un intento frustrado de asesinato contra Manuel Azaña durante un mitin en Alcázar de San Juan, en 1935-. Entre sus indescriptibles producciones se encuentran títulos como Asesinos de España (Marxismo, Anarquismo y Masonería) y una Biografía política y psico-sexual de Malenkov. Algunas de sus teorías más pintorescas aunaban en la fundación del Frente Popular a Churchill y Cambó (¡!), o explicaban que el interés internacional suscitado por el asesinato de Andreu Nin se debía a que no era español, sino judío (sic). Publicado con el título Yo, ministro de Stalin en España , el texto de Hernández resultó contaminado por los ruidosos comentarios de Carcavilla, que empleó la pintoresca fórmula de un diálogo ficticio con el autor (que, por supuesto, se encontraba imposibilitado de responderle), amparándose en la supuesta familiaridad que le confería haber cruzado sus armas con él en 1923, en el transcurso de una huelga general en Bilbao.
Otro de los agentes policiales que abordaron la figura de Hernández fue Eduardo Comín Colomer, secretario de división de la Brigada Político Social. Debido a su acceso privilegiado al material incautado en registros y detenciones, y a los testimonios obtenidos en los interrogatorios policiales, Comín Colomer se erigió en el experto de referencia sobre la historia del PCE, llegando a publicar tres tomos que abarcaban desde los años fundacionales hasta el estallido de la guerra civil . Como otros autores de su misma corriente empleaba la divulgación histórica como un arma en el combate contra la subversión. Por ello, se encargó de ahondar al máximo en las diferencias que separaban a Hernández del resto de la dirección comunista, diseñando un modelo de relación dicotómica en el que Hernández representaba el polo radical e ilusorio, e Ibárruri la faceta taimada y maliciosa de una misma naturaleza comunista. Todo lo que debilitase estratégicamente al adversario valía, aunque fuera calumniar con el elogio, como de forma más grosera hacía el coronel de la Guardia Civil y experto en la lucha contra el maquis, Francisco Aguado Sánchez: “Otro destacado elemento fue Jesús Hernández Tomás, hombre de gran popularidad, veterano comunista, incondicional de José Díaz, tránsfuga de la CNT sevillana, ex pistolero y ex ministro de Instrucción Pública, rebelde al Kremlin, que por su tendencia personalista lo tenía catalogado como un militante de mentalidad burguesa” .
Abundando en esta línea, Ángel Ruíz Ayúcar, ex divisionario azul, periodista a sueldo y director de El Español –publicación impulsada por el Ministerio de Información y Turismo de Fraga Iribarne con voluntad de erigirse en trinchera de la contrainformación del régimen frente a la opinión publicada en el exterior- redactó en ocho meses, según confesión propia, una historia del PCE que abarcaba los años transcurridos entre 1939 y 1976, lo que le llevó a pasar por ser uno de los principales especialistas en la historia del partido . Con semejante apresuramiento, no es de extrañar que el libro este cuajado de errores, entre los que destacan algunos de identificación difícilmente justificables. Por ejemplo, cuando repasa la nómina de la emigración comunista a América y la URSS sitúa a Pedro Martínez Cartón –quien sería compañero circunstancial de Hernández en su proyecto político proyugoslavo- en ambos sitios a la vez, o al menos recorriendo el mundo a una velocidad ciertamente asombrosa para las circunstancias de la época: tan pronto parte hacia la URSS el 14 de abril de 1939 en el barco Smolny, junto a Pasionaria y la plana mayor del PCE, como llega a México en agosto de ese mismo año para organizar el asesinato de Trotski y volver rápidamente a la Unión Soviética, atravesando todo un hemisferio convulsionado por la guerra mundial. Allí se le encontraría, en octubre de 1941, formando parte de un batallón especial de la NKVD fundado por Caridad Mercader y Alexander Orlov (pasando por alto el autor el pequeño detalle de que Orlov hubiera desertado de los servicios soviéticos en junio de 1938…). Esta última referencia constituye un buen ejemplo de cómo funciona lo que se podría denominar una transferencia continua de error, dado que la historia del tenebroso batallón pasa íntegra de Ruiz Ayúcar, que a su vez la había tomado de Comín Colomer, a autores como D.W. Pike, que la reprodujo tal cual . Ello muestra, asimismo, que la historiografía no está libre de verse recluida dentro de esas “prisiones de larga duración” que son las interpretaciones heredadas.
• La visión historiográfica
Como se señaló al comienzo, la recuperación de las biografías de aquellos personajes que quedaron marginados en el proceso de construcción de la identidad de la organización comunista en España ha comenzado hace apenas unos años. No es infrecuente, por tanto, que las referencias historiográficas acerca de Hernández estén teñidas aún de las valoraciones que proporcionan las fuentes canónicas. Así, Rafael Cruz incide en el aspecto de la crítica machista como ingrediente básico de las críticas dirigidas por la facción de Hernández contra Dolores Ibárruri: “el mejor argumento de los partidarios de Jesús Hernández para resaltar sus méritos contra su contrincante fue el de la crítica ‘política’ hacia Pasionaria por su relación con un hombre al que, según ellos, encumbró a la dirección nacional del partido” . En ello viene a coincidir con Joan Estruch, que considera que Hernández “capitalizaba a su favor los ‘errores’ de Pasionaria en el terreno personal, que en aquella época tenía gran importancia en el movimiento comunista, muy tradicional en estas cuestiones” . Estruch, sin embargo, dota de más contenido político a las divergencias de Hernández, basándose fundamentalmente en las líneas de fractura apuntadas por Tagüeña.
En su obra de referencia sobre la oposición política al franquismo, Harmut Heine hace hincapié en la frustración personal y el resentimiento como móviles fundamentales de la actuación de Hernández, quien “tenía la certeza de que jamás accedería al codiciado cargo de secretario general mientras Dolores Ibárruri siguiera en la cumbre del partido, y eso le produjo una frustración que no dejó de transmitirse a los diversos libros por él firmados”. En consecuencia, lo que le condujo a la ruptura y a la constitución de un grupo disidente, el Movimiento Comunista de Oposición, “fue el resentimiento de quien había salido derrotado de la lucha intrapartidista y el deseo de desquitarse de esa derrota” .
Paul Preston, por su parte, otorga crédito a las viejas habladurías acerca de la relajada conducta sexual del ex ministro comunista, vertidas por personajes muy allegados a Ibárruri que, de esta forma, replicaban al mismo nivel a los adláteres de Hernández: según Irene Falcón en conversación con el autor, “José Díaz se preocupaba más de las aventuras sexuales de Hernández que de las de Pasionaria” . Gregorio Morán, en una obra tan documentada como desprovista del aparato crítico propio de los trabajos historiográficos, describe la crisis de Hernández como “una tormenta en un vaso de agua, casi un problema doméstico, sin connotaciones políticas, fuera de los aspectos personales”. Más tarde, sin embargo, acierta a contextualizar la crisis de liderazgo en el PCE de los años 40 situándola en un momento marcado por la amargura de una doble derrota, la de la guerra y la de la fe en la superioridad material, organizativa y moral del modelo soviético .
Ricardo Miralles, en su biografía de Negrín, retoma las tesis de Soutwhorth acerca de la conexión Bolloten-Gorkin-Congreso por la Libertad de Cultura-CIA: “Las fuentes que proporcionó Julián Gorkin a Burnett Bolloten, principalmente los libros de Valentín González ‘El Campesino’, Jesús Hernández y Enrique Castro Delgado, por no citar los suyos, fueron ‘orientados’ por él”. Según Miralles, existiría un conglomerado de autores anticomunistas (entre los que incluye a Adolfo Sánchez Vázquez, Justo Martínez Amutio y Julián Gorkin) que habría contribuido a la campaña intelectual de descrédito contra la figura de Negrín. Contra Jesús Hernández se despacha desautorizando la veracidad de su testimonio, basándose en que realiza una errónea descripción física de Orlov – Hernández lo describió como de elevada estatura cuando en realidad era más bajo que él- o porque citase la presencia de Togliatti, en julio de 1937, en una reunión preparatoria de la caída del gobierno de Largo Caballero, cuando “Alfredo” aún no había llegado a España por esas fechas .
El cuestionamiento de la veracidad del testimonio de Hernández es uno de los tópicos más reiterados. Heine lo califica como “de dudoso valor histórico” y para Preston, “la relación venenosa de Jesús Hernández tiene que utilizarse con extremo cuidado”. Desde otra perspectiva, la ensayística, Vázquez Montalbán juzga tardía la conversión de Hernández y rebaja la credibilidad de sus memorias por la anacrónica insistencia en dejar constancia de una adhesión temprana al “comunismo nacional” . Evidentemente, podríamos concluir, la misma prevención habría que aplicar a las memorias de todos aquellos que reflejaron sus vivencias por escrito. Conviene tener en cuenta que entre los comunistas, en particular aquellos formados en el periodo kominteriano, la elaboración de la autobiografía formaba parte esencial de los mecanismos de presentación ante el aparato y de promoción dentro de él, y que de la calificación obtenida dependía, en muchas ocasiones, la recompensa o la sanción. Es probable, por tanto, que en ellas haya una dosis no escasa de autojustificación, pero seguramente no mucho mayor que en otros autores u otras obras del mismo género.
Togliatti y los últimos días del PCE en 1939
Sobre la famosa reunión en el aeródromo de Monóvar, la versión de Tagüeña no es del todo precisa , porque él no está presente en la reunión del Buró Político donde Togliatti formula la célebre pregunta a Lister y Modesto sobre si era posible mantener la resitencia, dado que Tagüeña no pertenece a este órgano, si no a la Comisión ejecutiva de las JSU. En cambio, Pedro Checa, como responsable de organización, sí está presente, y en el informe que eleva a la dirección del partido en junio de 1939 dice lo siguiente:
"A la noche [del 6 de marzo] celebramos una reunión del Buró Político en el aeródromo de Monóvar. Asisten Uribe, Delicado, Alfredo, Angelín, Modesto, Líster, Castro, Delage, Benigno, Melchor, Moix y yo.Checa abre la reunión y plantea tres puntos (…) que son: Primero, posición del Partido ante la Junta de Defensa; segundo, evacuación de camaradas; tercero, dirección del Partido (…) Interviene a continuación Alfredo, que lo hace con más amplitud en torno a estos tres puntos; a continuación todos los camaradas que participan en la reunión sin aportar nada nuevo desde el punto de vista práctico (…). A una consulta que Alfredo hace a los camaradas militares sobre si el Partido tenía fuerza para hacerse con la situación, todos ellos contestan que no, en absoluto. Lister dice que no solo ahora, pero jamás la tuvo el Partido solo, para ello".
Es decir, la pregunta no es inespecíficamente "si el PCE había desaprovechado alguna ocasión de tomar el poder", si no si el partido podía o no, en ese preciso momento, revertir la situación con sus propias fuerzas. Así lo plantea el propio Togliatti en su informe de fecha 21 de mayo del 39 (y lo ratifica Stepanov, con alguna variante, en su informe sobre las causas de la derrota republicana):
"Plantée a Modesto y a Líster la cuestión de si consideraban posible, militarmente, volver a hacerse con la situación. Ambos respondieron que no era posible y que el partido, solo y privado del apoyo del gobierno, no podía hacer nada".
Evidentemente, Togliatti se estaba arropando en el dictamen de los supuestos "expertos" militares del partido para condonar la decisión de levantar el vuelo por parte de la mayor parte de la dirección del PCE, pero ¿realmente no había otra posibilidad? Otros testimonios coetáneos plantean una situación que pudo haber sido muy distinta. El jefe del XIV Cuerpo de guerrilleros, Domingo Ungría, junto con "El Campesino", Pedro Padilla y Valentín González relatan en su informe:
“Durante la noche [del 5 de marzo] tuvimos varios enlaces con el camarada Hernández a través de los cuales se iba perfilando cuál debía ser nuestra actuación y durante este tiempo se hizo un plan de ataque combinado con tanques, infantería y un tren blindado que disponía de cañones de 8,8 y que situado en un punto estratégico le habríamos de utilizar como artillería. La operación preveía un orden de aproximación simultáneo y dos direcciones de ataque fundamentales que tenían como objetivo tomar el grupo de Ejércitos y apoderarse de Valencia. Al frente de las fuerzas que atacarían el Grupo de Ejércitos irían El Campesino y González, y con las segundas Buitrago y V. García.
En la madrugada del día 6 Hernández dio por teléfono la señal convenida para hacer el orden de aproximación, la orden fue transmitida a tanques dándole el punto de concentración y la infantería fue alertada y terminada de armar con fusiles ametralladores, el tren recibía orden de salir de Levante y situarse en el punto convenido. Una hora más tarde aproximadamente se recibió orden de Jesús por conducto de Montoliú de suspender la maniobra, así pues hubo que transmitirla a Tanques y el tren que ya tenían el material en camino y que hubieron de volverse a sus bases de partida".
La detención del contragolpe se debió a las conversaciones mantenidas entre la dirección del PCE en Levante, encabezada por Hernández, y el general Menéndez, poco favorable en principio a perseguir a los comunistas. Francisco Ciutat, teniente coronel jefe de Operaciones del Ejército de Levante, redacta su informe en Paris, el 3 de mayo de 1939. En él recoge el planteamiento de las negociaciones con Menéndez, sin abandonar la advertencia del recurso a la fuerza si no se alcanzaran las reivindicaciones del partido:
“Llegamos al chalet donde estaban Jesús Hernández, Palau, Larrañaga, Pérez, Francisco Ortega, Manuel Cristóbal y otros (…) Se informó de la situación y acuerdos tomados con Menéndez (…) Luego de alguna discusión, examinando todos los extremos conocidos de la situación general, la delegación del CC de nuestro Partido acordó:
1/ Estimar conveniente las condiciones fijadas en el acuerdo con el general Menéndez.
2/ que era necesario que se mantuviesen los acuerdos, sin permitir que se tomase ninguna medida de represalia contra el XXII CE, cuyas fuerzas debían mantenerse en los lugares que ocupaban (cortando la comunicación Valencia- Madrid por Cuenca), pero a las que el P. ordenaba no impedir hasta nueva orden el movimiento de vehículos por la carretera, oponiéndose solo a todo desplazamiento de fuerzas. Es decir, sin retirarse de las posiciones ocupadas por las fuerzas del Partido, evitar hasta las 14.00 toda acción ofensiva por nuestra parte.
3/ estudiar un plan de acción conjunto de acción combinada de las fuerzas militares del Partido. Este plan debía ser puesto en ejecución al expirar el plazo fijado (las 14:00 del 10/3).
[Las Unidades bajo la dirección inmediata del Partido eran: División 19, al mando de Juanín, en Tarancón; Agrupación Toral, en Ciudad Real; XXII CE, al mando de Ibarrola, de las que las brigadas 206, 277 y 223 al mando de Artemio Precioso habían sido enviadas a Cartagena; División de tanques, con base en Calasparra; División 15 del XXI Cuerpo de Ejército]. El plan del Partido consistía en disponer las fuerzas referidas de tal modo que pudieran ser lanzadas sobre Madrid para aplastar a la Junta o sobre la zona del litoral levantino entre Valencia y Cartagena para asegurar sólidamente los puertos. Se preveía también la ocupación o bloqueo de Valencia (aunque) el ataque a Valencia se consideraba inoportuno, era una operación que habría de ser lenta y costosa (...) En resumen, de las 11-12 divisiones que había en Levante podía contarse rápidamente con la 15 y la de Tanques".
Parece, pues, que sí existían fuerzas suficientes para parar el golpe y condicionar en una medida ciertamente eficaz la política del Consejo de Defensa en Levante, mientras en Madrid se le acorralaba en el búnker del Ministerio de Hacienda. La cuestión, entonces, era si eso interesaba ya a Togliatti y a quienes le transmitían las directrices. Muestra de por dónde iban los tiros lo recoge el informe de Fernando Montoliú, comisionado por Hernández para negociar con Miaja en Madrid:
“[Fuimos a ver a los consejeros soviéticos y] si mal no recuerdo, Hernández habló de aplastar a la Junta, sin embargo el tovarich con mucha calma planteó una serie de cuestiones y entre ellas que yo me acuerde eran aproximadamente estas:
…Veamos: ¿qué fuerzas se han sublevado? ¿Con quien contamos? ¿Cómo se encuentran nuestros camaradas? ¿Qué posiciones ocupan? Estas y otras varias cuestiones fueron planteadas relajadamente y calmosamente. La conclusión primera fue aproximadamente la siguiente:
¿Qué hacer y que posición toma el gobierno legal ante tal situación? Esta es una de las primeras cosas que debemos saber. Qué actitud debe tomar el Partido. Lo primero es conocer el estado de cada una de las fuerzas en presencia. Hay que poner en movimiento el Partido. Hay que conocer más detalles.
En cuanto a los camaradas del Partido coincidimos todos que en general sus unidades querían continuar la lucha. No recuerdo en qué momento preciso apareció Larrañaga. Con todos los elementos que teníamos en mano volvimos a casa de los tovarich a eso de las cinco de la tarde. Si mal no recuerdo ello ya habían tomado contacto con Madrid y tenían una idea aproximadamente exacta de cómo se encontraba la situación. Al entrar en la habitación el camarada responsable de los consejeros leía la Historia del Partido, el resto recogía y quemaba papeles, otros preparaban maletas.
(…) El general volvió a preguntar: ¿qué actitud era la del gobierno legal? Se discutió un buen rato (…) me acuerdo que dijo: Hay que tomar contacto a todo precio con el gobierno. Por intermediación de sus subalternos se consiguió tomar contacto con Negrín y si mal no me acuerdo con Uribe que se encontraban en un aeródromo preparados para salir de España
[Conversación con Negrín]
-Hernández: Señor presidente ¿qué hacemos?
-…espere un momento, que estamos discutiendo; por el momento nada, dijo Negrín.
-H: Bueno es que aquí la situación la tenemos de la mano y si Ud, lo ordena podemos aplastarlos.
-El gobierno está reunido para ver qué actitud se adopta, prosiguió Negrín.
De esto es de todo lo que me acuerdo.
Terminada la conferencia telefónica Hernández sugirió la idea de “aplastarlos”. El general que había cerrado el libro tardó en responder y después de reflexionar dijo aproximadamente estas palabras: Hay que tratar de ver claro, Hernández. La junta está constituida por todos los partidos y fuerzas que fueron nuestra aliadas. El gobierno de Negrín no quiere luchar. El Partido se encuentra solo y aislado. En estas condiciones no podemos enviar nuestras fuerzas a la lucha. Luchar en dos frentes contra el franquismo y contra la Junta constituida por los socialistas, anarquistas y republicanos es una tarea superior a nuestras fuerzas. En estas condiciones, los sublevados apareceríamos nosotros ante los ojos del pueblo. A mi forma de ver lo que hay que hacer es tratar de llegar a un acuerdo con la Junta. Llegar con ellos a un compromiso. Tratar de salvar el Partido y el Ejército.
Esto es mal reflejado lo que dijo este tío y con estas ideas salimos de su casa no volviéndolos a ver más (al menos yo)".
No había, por parte soviética, mayor interés en prolongar la agonía de la República española. Y, a pesar de contar con una fuerza militar no despreciable, el "Partido de la resistencia" es inducido a arrojar la toalla. Vuelve a hablar Ciutat:
"Cerca de las 20:00 del día 10, informados los camaradas que representaban la dirección del P. del estado de la situación y estudiada esta, se llegó a conclusiones que creo poder resumir así:
A. No hay datos exactos de la situación en Madrid que la Junta dice haber dominado por completo.
B. Se observan síntomas de debilidad en las unidades del XXII CE.
C. La primera respuesta de la Junta trasmitida por Matallana es insatisfactoria y poco concreta, pero constituye un paso favorable.
D. Dado el estado moral de las fuerzas era necesario o precipitar rápidamente los acontecimientos o restituirla a la normalidad. De otro modo había peligro de que se descompusiera rápidamente.
E. Los objetivos de la lucha armada en el momento aquel pudieran consistir en:
- apoderarse del poder.
- libertar a los camaradas presos y asegurar la evacuación de los cuadros del partido y de los leales ocupando los puertos y asegurándose su defensa. Con eso impedir que la Junta entregara a los comunistas a Franco.
La liberación de los camaradas presos se consideraba como un objetivo necesario e imprescindible.
En relación con los objetivos máximo y mínimo se consideraba:
1- la conquista del poder no tenía ya objeto pues se había llegado a una situación después de la traición de la Junta y de la huída de la Flota, en que toda resistencia sería estéril y el enemigo no parece dispuesto a conceder ninguna condición favorable en la paz que se busca. No interesa políticamente al Partido que bajo un gobierno comunista se desarrollen los últimos acontecimientos de la descomposición y de la derrota militar ya inevitable.
Es preferible que los traidores suscriban con su nombre ante la Historia el periodo vergonzoso a que han llevado a la República. Es por el contrario de interés para el Partido no tener nada que ver con las jornadas de claudicación, quedando completamente a salvo de responsabilidades históricas que pudieran debilitar en el futuro el prestigio del partido cuya historia militar durante la guerra quedaría indeleblemente unida a la defensa de Irun, a la epopeya de Madrid, a la resistencia del Norte, a la victoria de Teruel, a la defensa de Valencia, a la gran batalla del Ebro. No interesa al partido intervenir en la derrota.
Para lograr el objetivo mínimo no era ya absolutamente necesaria la lucha armada (…) En el chalet, Uribes entró en un cuarto donde estaba al parecer Alfredo con Hernández (…) Al cabo de un rato bastante largo, salieron Hernández y Uribes y el primero expuso poco más o menos lo que cabo de resumir. No hubo objeciones… Como dije antes, en aquella reunión que presidió Hernández estuvieron presentes Francisco Ortega, J.A Uribes, Manuel Cristóbal, Jesús Larrañaga, Palau, González, Pérez, Recadero, Ciutat y Segis. Alfredo no asistió a la reunión, aunque me dijeron que estuvo reunido previamente con Hernández, Uribes y otros. Yo no puedo asegurar si ví o no personalmente aquella noche Alfredo en el chalet”.
Al parecer, Togliatti había retomado las riendas y reconducía la situación, bordeando cualquier tentación resistencialista. No me resisto a transcribir lo que quizás fueron sus últimas directrices en España, según el informe de Montoliú, bastante alejadas, por cierto, de la solemnidad de las grandes citas:
“Bueno, camaradas, el momento de separarnos ha llegado. Vuestra misión es manteneros al frente del Partido mientras haya hombres en pie de guerra. Después, tratad de salvaros si podéis”. Togliatti habló de la manera de llegar a pie hasta Francia y con su habitual tranquilidad y siempre del mismo carácter indicó una serie de caminos a seguir. Lo que más me acuerdo es que con frecuencia decía “por el Priorato” Es la primera vez que yo oía hablar del Priorato.
Y se puso a explicarnos toda una técnica de cómo se podían coger las gallinas de un gallinero sin despertarlas. Entre broma y serio dijo aproximadamente lo siguiente: “Las gallinas cuando duermen están subidas en unos palos. Si entras y tratas de cogerlas se despiertan y hacen mucho ruido. Las gallinas no pueden dormir con nada encima de las patas, luego entonces, sin alumbrar, sin ruido y muy despacio hay que ponerlas una mano encima de la pata y automáticamente y sin despertarse saca sus patas para ponerse encima de la mano”. Después, y sonriendo, hacía el gesto de meter la cabeza de la gallina debajo del sobaco”.
Sobre las precauciones a tomar con las memorias
Una de las precauciones básicas que me he impuesto en el análisis de la biografía de Jesus Hernández es la de tener presente que las memorias propias siempre tienden a la autocomplacencia. Quizás las de Santiago Carrillo sean las que alcancen un grado sublime de autojustificación, y las de Hernández no sean una excepción, pero tampoco lo son las de ningún otro de los protagonistas de la generación de comunistas forjados en el mito de Octubre y arrasados en sus convicciones por la experiencia estalinista. Pongo un ejemplo: En su "Testimonio de dos guerras" (pág. 306), Manuel Tagüeña rememora la asamblea conjunta de las Academias Militares Frunze y Vorochilov en donde se trató, el 6 de mayo de 1944, la expulsión de Hernández:
“La obligada reunión del colectivo para tratar estos problemas se adelantó, dado que teníamos que salir de Moscú hacia nuestros destinos. Estuvieron presentes también los de la Academia Voroshilov (…) Asistieron Ignacio Gallego, Modesto y Líster (…) Los tres representaban al comité central, es decir, venían en calidad de fiscales, no a hacerse la autocrítica, sino a exigírnosla a nosotros. Gallego tuvo una actitud discreta, no así los generales, que ante un auditorio que les había oído muchas veces atacar e insultar a La Pasionaria y a Francisco Antón y elogiar a Jesús Hernández, no tuvieron inconveniente en pedimos que denunciáramos cualquier pequeño detalle que contribuyera a desenmascarar a los expulsados y a otros posibles traidores que hubieran colaborado con ellos en su labor contra el Partido, contra Dolores y contra la Unión Soviética (…) Era el momento para desenmascararlos diciendo en público todo lo que pensaba de ellos y de su ruin comportamiento, pero estaba claro que Dolores, completamente aislada, se estaba apoyando en ellos para aquella depuración, y hubiera sido yo el que saldría perdiendo. En definitiva, todos estábamos cogidos en una inmensa red y cada uno se defendía a su manera. Por eso me limité a salir del paso en mi intervención de la mejor manera posible; al fin y al cabo era cierto que yo no había intervenido en ninguna de las intrigas y me sentía limpio de culpa en los supuestos delitos que allí se estaban juzgando. Hubo en la reunión alguna insinuación malévola hacia mí y hacia mi mujer, por nuestra amistad con el matrimonio Castro, pero nadie se atrevió a achacarme algo concreto, lo que me hubiera obligado a defenderme atacando. De todos modos estaba claro que como mi actitud había sido incomprensible para ellos, pues no podían admitir mi falta de ambiciones políticas, no supieron por dónde atacarme”.
Sin embargo, el acta de la reunión atribuye a Tagüeña esta otra intervención:
“Me siento orgulloso de pertenecer a un Partido que marcha hacia adelante apartando los obstáculos (…) Está claro, como dice el camarada Gallego y lo ha dicho Modesto: lo que unía a Hernández y Castro era la ambición, aspiraban a ser jefes. Yo siempre he sentido antipatía por Jesús. Recuerdo que en España yo era amigo de un joven comunista que murió en el frente (...) Él tenía la convicción de que Jesús era confidente de la policía (…) Hernández ha hecho todo lo posible por colocar al Partido al borde de la catástrofe y su agitación entre la emigración creaba situaciones de intranquilidad y nos colocaba en callejones sin salida. He percibido que todo lo que dijo Hernández del acercamiento de militantes a España era un engaño, él deseaba "emigrar" de la URSS y crear un problema a la camarada Dolores. No lo planteó, sin embargo, tenía miedo a las consecuencias (…) Con Castro he tenido relaciones que han durado hasta este momento. La ambición le unía a Hernández, y cuando un hombre se coloca en el plano de la ambición desmedida, hasta llegar a atentar contra la autoridad de la camarada Dolores, este hombre está decidido a todos los crímenes (…) Yo a un camarada (...) le dije no es necesario estar de acuerdo para realizar un trabajo en contra del Partido, es suficiente en un momento determinado coincidir con determinadas posiciones. Esto me lo puedo aplicar como lección. La amistad debe ser política, hasta donde permiten las garantías políticas, y fuera de las fronteras políticas se acaba la amistad (...) Nada hay más querido que el Partido y la mayor honra es la de militar en él, ello es de vida o muerte (...) Hay que luchar por ser digno de la calidad de miembro del Partido”.
Es decir, existe en la literatura memorialística de los luego disidentes una clara tendencia a la proyección restrospectiva de sus diferencias, mas en otra vertiente es la misma que lleva a los ortodoxos a buscar en sus actuaciones remotas precedentes a sus frecuentes cambios de posición sin abandonar la "línea" correcta. Siempre he sido remiso a aceptar como válidas las explicaciones basadas en juicios personales. Hay una afirmación del historiador marxista británico E. P. Thompson que me parece enormemente acertada: ¿Por qué, según la descripción de los antropólogos, todo es sutileza y complejidad en los elaborados usos sociales de los nativos de las islas Tobriand y, sin embargo, según los historiadores clásicos, todo es brutalidad y simpleza en el comportamiento del proletario inglés del siglo XIX? O, trasladado a nuestro caso, ¿por qué lo que en Togliatti es producto de una fineza de análisis florentina en Hernández es fruto del despecho y la ambición personal?
Las relaciones entre ambos debieron verse teñidas, ciertamente, por una profunda antipatía mútua desde muy temprano: Ya en su informe del 25 de noviembre del 37 Alfredo se queja a la "Casa" de lo poco que se relacionan los ministros comunistas (Uribe y Hernández) con el resto de sus colegas, lo que achaca a la influencia sectaria ejercida por Luis (Vitorio Codovilla) sobre Dolores Ibárruri y el propio Hernández. Pero por debajo de la animadversión laten diferencias de naturaleza política: al transmitir los resultados de los trabajos del pleno del partido escribe: "La discusión ha sido desigual. Bien los miembros del Buró Político (con excepción de Jesús, que ha hecho una mala intervención sobre la US [Unión Soviética])". A Togliatti le choca de Hernández (y de otros) el chirrido permanente entre la aceptación obligada de la disciplina kominteriana (concorde a las necesidades de la geoestrategia soviética) y la voluntad mal refrenada de avanzar posiciones de poder. Como leninistas convencidos, a Hernández y otros, como José del Barrio -con el que se reencontrará en el movimiento proyugoslavo- el cuerpo les pide superar etapas: "Escriba al camarada Dimitrov - exclama Hernández y se recoge en el informe de 30 de julio del 37- y al camarada Manuilski, hágales venir aquí y comprobar lo hermoso que es el Frente Popular. Nos está costando sangre y nervios...". Del Barrio, por su parte (22 de abril de 1938) "ha perdido la cabeza (...) Se exige que el Partido tome en sus manos todo el aparato del Ministerio de la Guerra y todo el ejército; se orientan excesivamente en el ejército a la conquista de puestos de dirección".
No es esa la intención de la Komintern en abril del 38; es más, en esa fecha Stalin ha decidido que para mejorar sus relaciones con Gran Bretaña es preciso tranquilizar al gobierno de Su Majestad haciendo salir a los comunistas del gobierno español e impidiendo a sus colegas franceses entrar en el de su país. A Togliatti le toca transmitir a la dirección del PCE una consigna que causa "sorpresa". Hernández realiza una "intervención (...) en tono casi desesperado ()". Llega a equiparar la retirada gubernamental con una declaración de derrotismo. Togliatti no logra convencer al Buró español de llevar a la práctica la totalidad de la orden estaliniana y, dejado en una situación desairada por el éxito de la réplica de Hernández, ha de camuflar su fracaso a duras penas: "Vuestro consejo táctico, aunque no se ha puesto en práctica porque la situación actual no lo permite, hizo entender a los camaradas (...) que si no eliminaban las erróneas tendencias, corrían el riesgo de perder la orientación política acertada". Togliatti consigue, en última instancia, un asentimiento a medias: se sacrifica la presencia de un ministro comunista en el gabinete, y el sacrificado es, precisamente, Hernández.
La hostilidad entre ambos apenas se encubre ya en el periodo posterior. Togliatti atribuye al "Comisario General del Ejército de la zona Centro" (Hernández) el fracaso de la ofensiva de Extremadura para aliviar la ofensiva franquista contra Cataluña en diciembre del 38: "No estaba sobre el terreno en el periodo de su preparación, llegó el día mismo en que empezaba la operación y se volvió dos días después, precisamente en el momento crítico, cuando su presencia habría sido más necesaria". Pero el punto álgido llega con la huída del Buró Político desde Monóvar el 7 de marzo del 39, tras el golpe de Casado. Hernández, con Togliatti preso de los casadistas, ha de tomar medidas para enfrentarse a la situación que ha puesto fuera de la legalidad al PCE. Decide desmentir a la radio casadista, que propala la fuga de los dirigentes comunistas -incluído él-, dando a la luz un manifiesto en nombre del Buró Político con fecha 9 de marzo. De este documento dirá Alfredo: "Desde un punto de vista político coincide exactamente con el nuestro [él redacta uno que verá la luz con fecha del día 12], pero no contiene ningún ataque contra la Junta, mientras que en el nuestro se la acusa de crimen y traición y de haber actuado en interés de Franco y del extranjero. Nuestro documento fue juzgado demasiado violento por los camaradas que habían de imprimirlo y difundirlo". No es así exactamente: por boca de su "querido" camarada Stepanov (en su "Informe sobre las causas de la derrota de la República Esañola") sabemos que el manifiesto de Togliatti levantó indignación entre la propia dirección comunista refugiada en Paris, por su contenido confuso próximo al derrotismo, hasta el punto de que, por mayoría, se decidirá desaconsejar su publicación en L´Humanité.
Un análisis comparado de ambos textos no puede dejar de hallar concordancias (el elogio de la unidad del Frente Popular y la necesidad de restablecer la legalidad del partido, la reivindicación de la presencia y continuidad de la dirección del PC en el interior de la zona leal, el rechazo a la actuación del Consejo Nacional de Defensa...) pero, así mismo, profundas diferencias, y no de matiz: mientras el de Hernández llama a mantener posiciones de fuerza ("Ordenamos a todos nuestros camaradas en el Ejército que bajo ningún concepto acepten el desarme de su unidad o resignen el mando, ya que esas órdenes solo el enemigo o la provocación pueden dictarlas") el de Togliatti apuesta por una labor de persuasión inerme (los dirigentes comunistas "se acercarán inmediatamente a los dirigentes de otros partidos y organizaciones antifascistas (...) y les convencerán de la necesidad de presionar sobre el Consejo para que tome otro camino..."); mientras que el de Hernández advierte con el uso de la fuerza ( "Lo mismo que en Madrid los militantes comunistas (...) se han visto obligados a hacer uso de las armas para defenderse, en todo el país, de no cesar esa provocación, pueden producirse hechos semejantes que somo los primeros en lamentar"), el de Togliatti cede la iniciativa a la propia Junta [la del "crimen" y la "traición"], que habrá de decidir o no si quiere a los comunistas en su seno ( "El PC está dispuesto a enviar su representación al seno del Consejo de Defensa a condición de que este sea reorganizado de tal manera que signifique una condena abierta de la política de represión y reacción seguida hasta hoy y la vuelta a una política de unidad, de orden, de disciplina y de Frente Popular").
La iniciativa de Hernández, inédita ciertamente, no se toma solo ante la ausencia de los órganos de dirección del partido, si no en contradicción con la línea determinada por la asesoría kominteriana, que ya da por amortizada la resistencia republicana en los prolegómenos del pacto germano-soviético. Se lo harán pagar años más tarde: en 1944, Stepanov citará, en los alegatos para su expulsión ante el Comité Central del PCE en Moscú, que desde 1938, cuando José Díaz fue evacuado a la URSS para ser tratado de su cáncer de estómago, Hernández se había postulado para ocupar su lugar, siendo uno de los rasgos que le caracterizaba que "quería tener su línea política".
Modesto y Lister
Modesto, Lister y los oficiales de milicias fueron destinados a la academia Frunze (los militares de carrera, como Cordón, fueron a la Vorochilov), donde según distintos testimonios, y en términos escolares, "no progresaban adecuadamente"... Cuando Moscú fue evacuado ante el avance alemán, los militares españoles fueron enviados a Tashkent, en el Caucaso. Lister y Modesto entablaron una continuada relación epistolar con Jesús Hernández, del que reclamaban que les sacara de allí para ser enviados a unidades del frente, como ocurrió con Domingo Ungría y su batallón de guerrilleros adscritos a la NKVD. Modesto y Lister se consumían en un ambiente marcado por las querellas domésticas, la frustración de los refugiados españoles empleados como estajanovistas y las protestas de sus mujeres por el alejamiento de sus hijos en las colonias escolares. Su apuesta por Hernández se incrementó al percibir que Francisco Antón les había colocado un confidente (un tal Cañameras) para que diera cuenta a Dolores Ibárruri y a él de sus andanzas. La enemistad entre Modesto y Antón -al que los descontentos motejaron como "el Niño" y "Godoy" (el querido de la reina Maria Luisa, esposa de Carlos IV) llegó al punto de que, habiéndole respondido Antón, ante una de sus habituales quejas sobre las precarias condiciones de los colectivos de españoles, que "hacer frente a las dificultades contribuye a la bolchevización", Modesto le replicara: "¿Y tú, cuando te bolchevizas?".
Modesto apostó también por Hernández porque este prometió la confección de unas listas para sacar a cuadros comunistas españoles de la URSS y enviarlos a México y España. Pero cuando la expulsión de Hernández se consumó en 1944, Modesto y Lister hubieron de reconvertir sus posiciones y aproximarse a Pasionaria, contribuyendo a la purga de antiguos compañeros de tertulia y crítica, como Enrique Castro. A Modesto le tocó, como militar, demoler las tesis sostenidas por Castro acerca de la conveniencia de abrir un segundo frente por los aliados en España. Ibárruri decidió tenerles de momento a su lado y les cooptó para el Buró Político de la delegación del PCE en la URSS. Pero las cuentas no estaban saldadas y, en 1947, con Carrillo ya como secretario de organización, se llevó a cabo el proceso conocido como "el complot del Lux" (el hotel de la Komintern donde se albergaban los dirigentes extranjeros de la IC), donde cayeron todos los antiguos próximos a Hernández y Castro: José Antonio Uribes, Segis Álvarez... y en el que se quiso envolver a Lister y Modesto. El gallego tardaría aún en caer, pero el gaditano salió muy tocado del asunto y, envuelto en la paranoia antitista de esos años, apenas levantó cabeza, salvo la mencionada contribución a los aspectos militares de la historia de la guerra editada por el partido.
Presencia de Togliatti en España
“Togliatti sigue muy atentamente la vida del partido español. En años posteriores dedicará artículos y ensayos cada vez más profundos hasta el punto de que se llega a pensar que pueda tener razón Mario Scoccimarro, cuando afirma «que él estuvo en España durante la guerra civil y también antes» (…)
La misión secreta en Madrid
Entre los misterios españoles de Togliatti-Ercoli-Alfredo tenemos sus misiones en Madrid en 1936 y en los primeros meses de 1937, que él siempre ha negado en sus memorias, en respuesta a entrevistadores: No; no fue a España hasta julio de 1937. Confirman su no Luigi Longo, Vittorio Vidali y Teresa Noce, los cuales dicen que «si hubiese estado, lo habríamos sabido». Nosotros no tenemos ninguna prueba documentada en contra, pero existen muchas dudas. Quien lo afirma de forma más decidida y con mayor lujo de detalles es Jesús Hernández, miembro de la dirección del Partido Comunista de España, ex-ministro, que se refugió primero en Rusia y que. después, en México, salió del partido. Hernández no precisa la fecha del primer encuentro en España con Togliatti, pero da algunas referencias cronológicas mediante las cuales se le puede situar entre el 27 y el 31 de agosto de 1936. Una mañana de agosto el camarada Checa le avisa:
—Reunión de la dirección.
—¿A qué hora?
—Esta tarde, a las cinco.
—¿Estarán Duclos y Togliatti?
—Sí, me satisface que hayan venido.
En la reunión, Hernández se encuentra con los españoles Díaz. Dolores Ibarruri, Mije, Uribe y Checa, y los enviados del Comintern, Codovilla, Stepanov, Geroe, Togliatti y Duclos. Se discute sobre la ayuda que Rusia podrá suministrar a los españoles, y Togliatti invita a la prudencia: «La lucha del pueblo español se ha iniciado en condiciones poco favorables para la república (...). La Unión Soviética debe defender su propia seguridad. Una acción precipitada podría romper el actual equilibrio y desencadenar una guerra que podría extenderse hacia el Este (...). Quien no tenga en cuenta esta realidad cometerá un error; quizá razone con el corazón. pero no con la cabeza»."
Existen pruebas seguras de que cuatro de los enviados del Comintern mencionados por Hernández estaban por aquellas fechas en España. ¿Por qué debería mentir Hernández sobre el quinto, sobre Togliatti? Francisco Antón, uno de los dirigentes españoles de entonces y actualmente miembro del comité central, afirma: «Hernández se inventó la presencia de Togliatti en Madrid en los primeros meses de la guerra para demostrar, siguiendo el consejo de sus financiadores de la CÍA, que el Partido Español dependía del Comintern, y porque, al aparecer su libro en el año 1953, era útil presentar a Togliatti como un misterioso ejecutor de las órdenes de Stalin». Pero las explicaciones de Antón no se tienen en pie. Todos saben que el Partido Español, al principio de la guerra, estaba asistido muy de cerca, por no decir directamente, por los enviados de la Internacional; añadir el nombre de Togliatti al de los otros cuatro no cambia en nada las cosas." El historiador Colodny cita un párrafo del diario de Koltsov, el corresponsal de Pravda:
«Al mismo tiempo que llegaba la plana mayor del general Goriev a Madrid, llega a la capital española una delegación del Comintern, encabezada por Palmiro Togliatti y por André Marty, que pone manos a la obra de la transformación de la colección políglota de voluntarios en una unidad de ataque». ¿Por qué tiene que ser éste un falso testimonio? Porque, se afirma, Togliatti trabaja en Moscú y ha sido visto en esta capital en diversas ocasiones durante la segunda mitad de 1936 y la primera de 1937. Pero ¿qué significa esto? De Moscú a Madrid hay pocas horas de avión y las presencias de Togliatti en Madrid se insertan perfectamente en sus ausencias de Moscú. Por fin, también tenemos el testimonio de Scoccimarro, quien para afirmarse se pregunta: «¿Estaba en España ya en el año 1936, o llegó en 1937?» Scoccimarro dice: «Estuvo ya en 1936; estoy segurísimo». Falta preguntarse por qué Togliatti insiste en negarlo, incluso tras la muerte de Stalin. Probablemente porque la regla del Comintem es que el silencio, una vez decidido, se mantiene para siempre, con el fin de no desmentir a los que hacen de cobertura. La razón para callar sobre aquellas primeras misiones está clara: Se sabe que el fantasma del peligro rojo, que se basa en la presencia de gentes del Comintern en España, lo usa la propaganda burguesa y fascista. Por ello es mejor circundarla de la más absoluta reserva, especialmente en relación con el segundo secretario del KOMINTERN”.
La política de Unión Nacional
Un análisis sobre la política de Unión Nacional, propugnada por el PCE desde agosto de 1941, que quizás contribuya a explicar la salida del partido de la Nelken, como la de otros destacados militantes, en esas fechas:
"Tras el desencadenamiento de la “operación Barbarroja”, en junio de 1941, la Internacional Comunista enunció la línea política de “Unión Nacional” (UN), consistente en la creación de amplios frentes interclasistas donde se coaligaran todas las fuerzas cuyo objetivo principal fuera la derrota del fascismo. La adaptación a la situación española por parte del PCE apareció expuesta por primera vez en un manifiesto del Comité Central publicado en agosto de 1941, y elaborado por José Díaz, Dolores Ibárruri y Jesús Hernández. El objetivo era unir a toda la nación -desde la clase obrera a la "burguesía nacional"- para evitar que Franco entrara en la guerra al lado de Hitler. Para ello, no se dudaba en hacer un llamamiento a sectores que, habiendo figurado en las filas del franquismo (carlistas, jefes, oficiales y clases del ejército, sectores conservadores y católicos, grupos capitalistas españoles ligados al capital anglo-americano) estuviesen dispuestos a defender la causa de la independencia nacional. Se partía del supuesto de que
“la gama de las fuerzas opuestas a la política franquista de apoyo al hitlerismo, era más amplia que la de las fuerzas que habían luchado por la República. Existía la posibilidad de un reagrupamiento de las fuerzas políticas que, poniendo fin a la división abierta por la guerra civil, incorporase a la acción contra la dictadura a sectores que antes la habían apoyado, pero que en 1942 se pronunciaban en favor de la coalición antihitleriana y de la neutralidad española”.
La mano tendida a los enemigos de ayer excluía, sin embargo, a los implicados en la sublevación casadista, los “espías nazi-trostkistas agentes de la GESTAPO” –es decir, el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM)-, y a líderes como los socialistas Prieto y Araquistáin y el anarcosindicalista Abad de Santillán, a los que se ubicaba, de hecho, en la misma trinchera que los “falangistas germanizados”. Los puntos de esta primera versión del programa de la UN consistían en impedir la entrada de Franco en la guerra junto al Eje, el reconocimiento de la legalidad republicana de 1931, la constitución de un gobierno de Unión Nacional bajo la jefatura del doctor Negrín, el restablecimiento de las libertades básicas en España y la alianza con la URSS y con las democracias contra Hitler.
Cuando en la primavera-verano de 1942 se produjo la ofensiva alemana en la región del Caúcaso que llevaría a sus tropas ante las puertas de Stalingrado, los rumores sobre una posible paz por separado entre Alemania y Gran Bretaña movilizaron a la diplomacia soviética. Molotov viajó a Londres y Washington para disipar los temores de Occidente sobre las intenciones de la URSS tras la guerra. Como muestra de buena voluntad, se procedió a la disolución de la Komintern en 1943. La revolución desaparecía del horizonte político del movimiento comunista a corto y medio plazo. En consecuencia, la línea política de UN dio una nueva vuelta de tuerca hacia posiciones aún más próximas a la alianza con los sectores conservadores. El 5 de septiembre de 1942 un nuevo “llamamiento del Comité Central del PCE", sentó las bases de la política de UN para los siguientes años. El escenario dibujado por el partido trazaba una línea de confrontación a uno de cuyos lados se encontraban Franco y los falangistas germanófilos, y al otro, el resto del país, incluyendo “hasta las más diversas fuerzas conservadoras”: Industriales, terratenientes y comerciantes. El programa de la segunda versión de UN contenía los siguientes puntos: Ruptura de todos los lazos con el Eje, depuración de falangistas del ejército y la administración, liberación de presos y retorno de exiliados, restablecimiento de las libertades, y convocatoria de una Asamblea Constituyente para que el pueblo, libre y democráticamente, decidiese el futuro régimen del país. Desaparecían, pues, las referencias al gobierno Negrín, a la legalidad republicana y a las autonomías, buscándose la aproximación a los monárquicos juanistas.
La política de UN, con sus implicaciones de apertura hacia sectores a los que se había combatido con las armas hasta hacía un par de años –y que en muchos casos aún ocupaban importantes parcelas de poder en el aparato del Estado franquista- y de captación, al propio tiempo, de apoyos entre los grupos de la emigración republicana requería el ejercicio de una sutileza en la ejecución de fintas tácticas a derecha e izquierda que se encontraba muy por encima de las posibilidades de la Delegación en México del PCE, encabezada por el dúo Uribe-Mije. En continua competencia con los centros dirigentes de los partidos rivales en el ámbito republicano, la Delegación del PCE en México tan pronto acentuaba los aspectos sectarios y excluyentes de la UN, rechazando la colaboración con Izquierda Republicana, la Unión Republicana, el Partido Socialista, los nacionalistas vascos y catalanes y la CNT, como blasonaba de haber conseguido la incorporación de representantes de los grupos agrarios católicos, procedentes de la antigua CEDA, y de carlistas arrepentidos al proyecto “unitario” antifranquista. Paradójica línea política que alardeaba de encontrar eco en la derecha monárquica y reaccionaria y que, sin embargo, adoptaba contra las fuerzas republicanas una retórica que recordaba los tiempos de “clase contra clase”.
En la práctica, la retórica de la Delegación en México ahuyentaba a los posibles aliados conservadores y repelía a los de la emigración republicana. La situación era enormemente preocupante pues, como escribía Hernández a Dolores en diciembre de 1942,
“estamos en tal punto que, o bien provocamos una rápida reacción de comprensión entre las distintas fuerzas en que hoy nos apoyamos, o corremos el riesgo de quedar aislados. Las fuerzas que no se han pronunciado sobre el documento son muchas. Su silencio no creo que podamos considerarlo como aprobación, porque si bien se trata de las fuerzas más moderadas, y por tanto más susceptibles de dejarse ganar a una tal política, son también las más anticomunistas. Las que se han pronunciado en contra, o se resisten, son el resto, excepción hecha de las totalmente nuestras. En tal situación, no está excluido un atirantamiento mayor de las relaciones, y que en ese clima aflore la maniobra de un Prieto u otro por el estilo brindando un reagrupamiento sobre la base de la república o cosa semejante para desligar de nosotros a los sectores que de mejor o peor gana nos acompañan”.
En medio de todo esto, el estupor de las bases se traducía en un sordo malestar y en el abandono o exclusión de la militancia activa -“En toda la república mejicana no sobrepasarán el número de 300 los militantes que tenemos. De ellos más de 150 han sido expulsados del Partido. Se excluye a la gente por las cosas más mínimas y con la mayor naturalidad”, escribía Hernández-, proceso paralelo a los despropósitos de una dirección que tan pronto creía inminente una insurrección popular contra Franco como invitaba al pronunciamiento de “un militar con redaños (…) que desenvainara su valerosa espada” contra el dictador. Para romper con esta dinámica, la dirección en Moscú, convencida de que el problema era la incapacidad del grupo de México para interpretar correctamente la línea política de UN, decidió marcar de cerca de Mije y compañía dictándoles las consignas por telégrafo para evitar errores, a la espera de poder enviar a América a dirigentes de fuste que pusieran orden en la situación.
La polémica se agrió desde 1943: la derrota alemana en Stalingrado marcó un punto de inflexión en la guerra. haciendo bascular el fiel de la victoria hacia el bando aliado. Dentro del PCE crecieron las voces –pronto silenciadas por las purgas internas- que reclamaban un reformulación de la política de UN, abandonando el proyecto de alianza con los monárquicos y los tránsfugas del franquismo (por innecesaria) y la aproximación de nuevo a los viejos socios republicanos y socialistas. Pero la sombra de Yalta planeaba ya sobre el futuro inmediato de Europa, y ni a Stalin ni a Churchill les interesaba una salida que implicara la imbricación del caso español en la resolución de la guerra contra el Eje"."
La tendencia "titista" en los años 50
En febrero de 1948 Santiago Carrillo y Enrique Líster viajaron a Belgrado en representación del Buró Político (BP) del PCE para solicitar de Tito el lanzamiento en paracaídas de hombres y armas sobre el Levante español en apoyo de la lucha guerrillera. Ambos percibieron una actitud recelosa en sus interlocutores yugoslavos. Tito pretextó que sus aviones no tenían suficiente autonomía para ejecutar la operación y retornar con seguridad a Yugoslavia. Su ayuda se limitó a la entrega de 30.000 dólares. Años después el propio Tito confió a Carrillo que su actitud de entonces se explicaba por la sospecha de que la petición del PCE fuese una celada tendida por los soviéticos para colocar a Yugoslavia en una situación internacional comprometida, dado que estaba a punto de consumarse el cisma en el bloque socialista surgido de la Segunda Guerra Mundial .
Seis meses después la Cominform, reunida en Bucarest, condenó al PC de Yugoslavia y sus dirigentes fueron acusados de “traidores, agentes del imperialismo angloamericano y camarilla fascista”. El PCY fue excluido del movimiento comunista internacional por oponerse a las directrices de Stalin. La imputación de titismo fue enarbolada para proceder a una brutal redistribución del poder en el interior de los PPCC, con la purga de los dirigentes que habían encabezado la resistencia antifascista y su sustitución por funcionarios de acreditada fidelidad estalinista. En el ámbito exterior, los delegados yugoslavos, recibidos hasta entonces con entusiasmo por su destacado papel en la derrota del hitlerismo, fueron expulsados de las organizaciones internacionales dirigidas por los prosoviéticos. Desde el campo socialista cesó el suministro de petróleo albanés y rumano, la exportación de maquinaria checoslovaca y de algodón ruso. Los expertos y consejeros soviéticos fueron retirados y menudearon los incidentes fronterizos.
Buscando romper el cerco que sobre él se cernía, el régimen yugoslavo recabó el apoyo de los disidentes del comunismo ortodoxo, muchos de ellos ex-militantes que se definían a sí mismos como “comunistas sin partido”. Yugoslavia estaba dispuesta a ayudarles a constituir uno propio, alternativo al modelo soviético. Este fue el caso de Jesús Hernández y la explicación de su aproximación a la experiencia yugoslava en los años 50.
Jesús Hernández Tomás (1907-1971) había pasado de brillante candidato a la secretaria general a “renegado” y “enemigo del pueblo” en el breve plazo de un par de años. Es muy probable que su compromiso de favorecer la salida de la URSS de todos los refugiados españoles que lo pretendiesen, así como su enfrentamiento con los dirigentes instalados en México, no le favoreciese en la carrera sucesoria para sustituir a José Díaz . En 1944 Hernández fue expulsado del partido por “actividad fraccional” y “propaganda antisoviética”. En 1946 publicó una revista, “Horizontes”, de la que aparecieron solo un par de números. Tras décadas de entrega exclusiva a la militancia política, intentó integrarse en la vida civil: tuvo un negocio de venta de coches usados en Nuevo León y abrió una tienda de café en México D.F. Su vida pública parecía pertenecer definitivamente al pasado cuando el cisma titista le dio de nuevo la oportunidad de dedicarse a lo que era su auténtica pasión: la política .
Yugoslavia había instado a sus agentes diplomáticos a captar a posibles simpatizantes de su causa entre los excluidos de los partidos comunistas ortodoxos . En México, el secretario de la embajada reunió a un grupo de exiliados españoles que tenían en común su antigua militancia en el PCE y haber sido separados de él: el propio Hernández, Enrique Castro Delgado, Antonio Hierro, Ramón Pontones y Vicente Pueyo . La reactivación política de antiguos destacados militantes alertó a la dirección del PCE, que se movilizó para neutralizar cualquier intentona escisionista. Santiago Álvarez fue comisionado por el BP en 1954 para seguir de cerca los pasos de Hernández e impedir que pudiesen repercutir en el partido. Pero la labor más destacada fue desarrollada en 1951 por un infiltrado que proporcionó al PCE informes detalladísimos de las actividades llevadas a cabo por el grupo de Hernández -“Horizontes”- el de José del Barrio- “Acción Socialista”- y el Círculo Jaime Vera (de los socialistas de izquierda) .
La prolijidad con que están redactados los documentos muestra la escrupulosa profesionalidad del “topo”. A falta de medios electrónicos de escucha, se trata de una reproducción fiel –a veces taquigráfica- de lo que ocurría en su presencia. El espionaje de los grupos titistas formaba parte sin duda de la actitud de “vigilancia revolucionaria” que Santiago Carrillo encomendaba a los militantes en 1951: "La vista de los procesos contra los espías y agentes policíacos descubiertos en las democracias populares, así como el desenmascaramiento del verdugo del pueblo yugoslavo, el repugnante Tito, como viejo provocador al servicio de la burguesía imperialista, ponen sobre el tapete, ante la clase obrera, y especialmente ante los comunistas, el problema siempre actual y candente de la vigilancia política de la lucha contra la provocación" .
Las actividades de Hernández fueron atribuidas por la propaganda prosoviética a su traición al servicio de las potencias imperialistas. Del exhaustivo seguimiento realizado por el espía del PCE no cabe deducir que “trabajar para el enemigo” resultara muy lucrativo. La mayoría de los miembros de “Horizontes” tenía modestos medios de vida. Hernández gestionaba un despacho de café con su mujer, y su vocación por la política no le llevó a olvidar que no debía prolongar sus viajes al extranjero si eso suponía descuidar su negocio familiar, a pesar de las acusaciones que se le hacían en los medios prosoviéticos .
La excepción a esta austeridad era Enrique Castro Delgado. Su fulgurante progresión económica corrió paralela a su distanciamiento del grupo hernandista. Castro obtuvo elevados ingresos en concepto de derechos de autor por su libro La vida secreta de la Komintern: Cómo perdí la fe en Moscú (1950), traducido al inglés y al francés, y rápidamente publicado en la España franquista. El libro cayó mal no solo entre los comunistas ortodoxos, sino incluso entre aquellos que habían sido expulsados del partido . Indiferente a ello, Castro empleó los réditos en la adquisición de maquinaria para montar una imprenta, y en la compra de un coche y de una casa nueva. Llevaba un tren de vida ostentoso que contrastaba con la precariedad en que se desenvolvían sus antiguos camaradas. Su negocio funcionaba a pleno rendimiento y los encargos le llovían desde el aparato institucional del PRI y la poderosa Central de Trabajadores de México (CTM) . El propio Castro confesó sin pudor a Hernández que Julián Gorkín, primero, y la embajada americana, después, le cortejaban continuamente. Gorkín le hizo una oferta para que se fuera con él a Francia –donde ya había publicado el testimonio de Valentín González, “El Campesino”- . La embajada norteamericana le compró en menos de un mes 2.500 ejemplares de su libro para distribuirlos por toda América Latina, además de encargarle la redacción de artículos sobre las relaciones hispano-norteamericanas para una nueva revista sufragada probablemente con fondos del Departamento de Estado . Pero a pesar de su distanciamiento político, ya fuera por su antiguo vínculo con Hernández, ya por acceder a una información interesante que poder rentabilizar en un momento determinado, Castro contribuiría posteriormente, desde un punto de vista estrictamente material, a la publicación de un periódico para el nuevo partido de Hernández .
El rechazo que suscitaba la figura de Castro entre otros exiliados era un reflejo del clima de hostilidad –e incluso de violencia- que regía en el campo de las divergencias políticas. El precedente del asesinato de Trotski lastraba el libre desenvolvimiento de las actividades políticas de los disidentes. Una de las razones que retraían a Hernández de viajar a Europa era tener que atravesar necesariamente Francia, donde el PCF podía atentar contra él . En México se sentía algo más seguro: tras el escándalo internacional por el crimen de Mercader, las autoridades no iban a tolerar la repetición de un ajuste de cuentas entre emigrados políticos: “El Partido, sabe que en esta situación no pueden hacer ninguna represalia porque sería lo mismo que condenarse a desaparecer y que sería la mejor oportunidad para los americanos que tantas ganas les tienen; lo menos que ocurriría sería que los militantes serían metidos en las Islas Marías. Aparte de que los que quedásemos de nosotros nos cargaríamos a toda la dirección de aquí y en primer lugar a Arconada, Roces y Castellote” .
La incorporación de una personalidad de peso que permaneciera aún dentro del PCE fue considerada como una forma de potenciar el atractivo del nuevo partido en ciernes. Los yugoslavos creyeron, erróneamente, que esa figura podía ser la de Enrique Líster. La creencia en que Líster sostenía una postura de oposición en el seno del PCE se remontaba a la época de la sucesión de José Díaz, cuando él y Modesto profirieron virulentas críticas contra Francisco Antón y Dolores Ibárruri. Pero cuando Hernández fue separado del partido, ambos rectificaron totalmente sus posiciones e incluso solicitaron a los militantes de base que confesaran lo que supieran sobre un supuesto complot fraccional . Aun así, en 1947 Carrillo volvería a insistir sobre la existencia de un pretendido “complot de Moscú” montado por Hernández, Modesto y Líster. Los imputados solo reconocieron sus profundas discrepancias con “los métodos intolerables de dirección [empleados por Antón] y con su conducta inmoral”. Pero coincidir con las acusaciones de Hernández, decía Líster, no significaba necesariamente estar conspirando a su lado .
La posibilidad de sondear a Líster le fue sugerida a Hernández por el secretario de la embajada . Unos días más tarde, Hernández le remitió una carta que el “topo” tuvo buen cuidado en memorizar. En ella se presentaba como un “comunista fuera del partido” que se dirigía a él consciente de su honradez y su independencia de criterio; independencia que le invitaba a ejercer abandonando los privilegios de la burocracia para poder apreciar sin mediaciones la degeneración de la democracia socialista en la URSS y en el Partido. Concluía invitando a Líster a continuar la lucha por el socialismo pero desde otro campo, el del socialismo democrático que se inspiraba en el ejemplo yugoslavo .
No hubo respuesta. Durante un tiempo se mantuvo la falsa idea de que Líster estuviera desterrado en Praga o intentando llegar a Belgrado. Su prolongado silencio dio la medida de su capacidad para disentir del estalinismo. Mientras la diplomacia yugoslava perseveraba en una labor inútil, los grupos interesados en crear un nuevo partido seguían trabajando. El secretario de la embajada yugoslava, en aplicación de las directrices de Djilas, proporcionaba todo el apoyo a su alcance. A costa de la sede consular se publicaba un Boletín con una tirada de unos 6.500 ejemplares, de los que 3.000 se difundían en México y el resto se enviaba a los otros países latinoamericanos. En él se daba cabida a los artículos favorables a las tesis yugoslavas que Hernández y Hierro, fundamentalmente, elaboraban por encargo de la propia embajada. En otras ocasiones, los artículos eran insertados, mediante pago, en periódicos de la capital, como “Novedades” y “Excelsior” . La retribución de estos artículos era una de las escasas fuentes de ingresos con que contaban algunos de los exiliados españoles en México.
La embajada también prestó sus instalaciones para cenas y celebración de reuniones políticas. El objetivo último era la organización del viaje de una delegación española al Congreso por la Paz de Zagreb en octubre de 1951, alternativo al Consejo Mundial por la Paz controlado por el movimiento prosoviético. De esta visita se esperaba el acuerdo entre los grupos y personalidades protitistas dispersas entre Latinoamérica y Francia, y la constitución de un partido filoyugoslavo que difundiera los logros del socialismo nacional y autogestionario balcánico. Como la situación de algunos exiliados era muy precaria, la embajada llegó a hacerse cargo de los gastos de vestido y desplazamiento. En el caso de Hernández, los cuidados que le prodigaba el secretario de la embajada revelan la importancia que el ex–dirigente del PCE tenía para los yugoslavos: no solo le invitaba al fútbol, los espectáculos de lucha y los toros (“paga el yugoslavo y van a entradas caras”), sino que le cuidaba cuando estaba enfermo . Su participación en el proceso era considerada crucial, tanto por su capacidad organizativa como por ser conocido de la plana mayor de la dirigencia yugoslava, comenzado por el propio Tito .
En los intentos de constitución del nuevo partido iban a intervenir tres grupos: el de Hernández – -“Horizontes”-; Acción Socialista, movimiento impulsado por los ex miembros del PSUC y del PCE José del Barrio y Félix Montiel ; y el Círculo “Jaime Vera”, que agrupaba en México a los socialistas de izquierda de la tendencia encabezada por Negrín y Álvarez del Vayo. Los primeros contactos tuvieron lugar en el marco de una doble convocatoria: la de una convención de las fuerzas republicanas en el exilio para definir una nueva estrategia de la lucha antifranquista, y la del ya citado Congreso por la Paz en Yugoslavia
El proyecto de convocatoria de una convención de fuerzas antifranquistas surgía de la necesidad de replantear el proyecto de la lucha contra la dictadura una vez liquidado el sueño de una intervención aliada para derrocar al aliado más antiguo del Eje. Las fuerzas políticas del exilio se debatían entre la parálisis desorientada de un socialismo dividido, la carencia de base militante de las personalidades republicanas y el aislamiento de los comunitas. Lo único que se consiguió fue la firma de un comunicado conjunto a favor de la convención, firmado en París el 10 de febrero de 1951, sin resultado posterior. A efectos de la izquierda no prosoviética, la frustrada convocatoria sirvió para la toma de contacto entre los grupos partidarios de crear una fuerza política de nuevo tipo.
La primera reunión tuvo lugar el 15 de mayo de 1951 en la embajada de Yugoslavia. Acudieron a este primer encuentro Angulo, Arana, Carretero y Garcés –socialistas del “Jaime Vera” y de la revista “Las Españas”- y Hernández, Pueyo y Hierro –del grupo comunista disidente “Horizontes”-. Con ellos participaron en la reunión, aunque sin intervenir, el Secretario de la embajada y el Agregado Comercial . Los socialistas pretendían que el grupo “Horizontes” ingresara en el Círculo Jaime Vera y que desde él saliera el manifiesto para la constitución del nuevo partido, a lo que Hernández, en principio, no estaba dispuesto . Tras este primer encuentro, quedaron en volver a reunirse diez días más tarde, el 25, en el local de “Las Españas” para continuar la discusión y proceder, si había acuerdo, a la constitución del nuevo partido.
Para entonces, Hernández y Hierro habían diseñado lo que debería ser el programa del nuevo partido. El documento se titulaba “Problema de la clase obrera española. La tarea actual”. Fracasados, por estériles, los intentos de “regenerar el PCE desde dentro y desde fuera”, en adelante se fijaba el objetivo de “aglutinar a la clase obrera española en un partido potente, nuevo y renovador, auténticamente nacional, popular y democrático, marxista en su teoría, proletario en su composición e ideología y español en su política”. El nuevo partido se planteaba un objetivo muy ambicioso: la refundación global de la izquierda, reuniendo en su seno las tradiciones de las tres principales corrientes del movimiento obrero español: “el profundo sentimiento democrático y el elevado concepto de la personalidad humana del socialismo español. La combatividad y el arraigado españolismo del anarquismo; las normas de organización, la disciplina consciente, la audacia revolucionaria, del ejercicio de la crítica y la autocrítica del primitivo movimiento comunista”. El nuevo partido estaría eximido de cualquier tipo de obediencia internacional, respondiendo exclusivamente ante las “realidades nacionales en lo político, en lo social, en lo económico, en lo cultural, en lo psicológico (…) Somos ante todo revolucionarios españoles hijos de la clase obrera española y debemos colocar por encima de cualquier otra consideración nuestra felicidad y nuestros deberes hacia nuestro pueblo”. Eso no significaba renunciar al internacionalismo, pero siempre que ello no menoscabara “la libertad e independencia de nuestra Patria, que no presuponga supeditación u obediencia a ningún otro Partido o país o grupo de partidos o países”. Respecto a la organización interna, el partido propugnaba una “verdadera democracia interna (…) en el que todos los dirigentes sean elegidos y puedan ser depuestos por sus electores”, pero al mismo tiempo “cohesionado, unido por una disciplina rigurosa”. La combinación de ambos rasgos sería la conjunción entre la pluralidad y la libertad de ideas características del los movimientos socialista y libertario, y la disciplina en la aplicación de las decisiones propia del centralismo democrático comunista. La ideología del nuevo partido sería inequívocamente marxista, sin más añadidos, instrumento de análisis dinámico y no repertorio codificado de jaculatorias. El manifiesto terminaba con la voluntad ir más allá de la mera constitución de “un grupo más en las divididas y dispersas fuerzas de la emigración. Queremos, por el contrario INTEGRARNOS o DILUIRNOS en un movimiento de unidad que de vida a un solo y gran partido del proletariado español” . Este documento fue enviado a Del Barrio, adjuntándole los nombres de socialistas de Negrín para que lo discutieran. Según el “topo” del PCE, el escrito había sido redactado por Hierro con las indicaciones de Hernández.
En la segunda reunión con el colectivo “Jaime Vera” los socialistas, más que un programa para debatir, traían era un diseño táctico para hacerse con el control de su organización y dotar de una plataforma al nuevo partido. Coexistían dentro de este Círculo dos fracciones, una conservadora, encabezada por Lamoneda en México y Negrín en Francia, y la otra revolucionaria, encabezada por los jóvenes. El plan consistía en conseguir una mayoría suficiente en la organización mediante una infiltración paulatina del grupo “Horizontes” para de esta forma desplazar de la Ejecutiva a Lamoneda y sus partidarios, instar la incorporación de Hierro y Hernández y, como culminación del proceso, lanzar el llamamiento a la constitución del nuevo partido . La cuestión era urgente pues Lamoneda era partidario de la formación de un nuevo partido llamado Unión Nacional Socialista, que contaba con el apoyo de Negrín y del Vayo. Hernández se mostró receloso y preguntó en qué condiciones se haría el ingreso, si por la base o por la dirección. Pueyo se negó a considerar el ingreso en el “Jaime Vera” solo como parte de una maniobra para desbancar a una fracción y aupar a otra. Hernández cerró la reunión diciendo que su grupo debería considerar la propuesta del “Jaime Vera” antes de dar una respuesta, y se convocó una nueva reunión para unos días después. El único acuerdo alcanzado fue que Hernández, al dar cuenta a Del Barrio, le solicitara que su grupo dejara de denominarse de momento Acción Socialista, porque eso podía dar la sensación de que los demás iban a limitarse a ser absorbidos. Hernández salió defraudado de este encuentro, y así se lo manifestó a su grupo: “nos quieren emplear como instrumentos y luego se quedarían con los cargos de dirección” .
En la tercera y última reunión, el 1 de junio, Hernández comunicó a los socialistas la negativa de su grupo a ingresar en el “Jaime Vera”. Los jóvenes socialsitas debían intentar tomar el control de la Ejecutiva por sus propios medios, y luego se haría el llamamiento a las otras organizaciones “sin que puedan ver maniobras”. Angulo se avino a la posición de Hernández, y se manifestó dispuesto a presionar a la actual Ejecutiva para aprobar el llamamiento lo antes posible. Pero a continuación expuso paladinamente que esto “no podría ser antes de unos tres meses ya que antes de salir a la luz ha de ir a Francia a la aprobación de sus compañeros de dirección”. Uno de los asistentes manifestó en voz alta lo que ya todos debían estar pensando: “Como siempre tres meses de consultas, un año para el programa y tres años para reunir el Congreso; total nada, ya lo sabía yo”.
La única posibilidad de salvar la negociación era recabar el apoyo de los negrinistas de Francia. Para ello, Hernández, que partiría en septiembre al Congreso de la Paz en Zagreb, llevaría el encargo de Angulo de entregar a sus correligionarios el llamamiento a engrosar las filas de una nueva organización, la Unión Socialista Española , desde la que se entablarían las negociaciones unificadoras definitivas con los grupos de Del Barrio y Hernández. Hernández se mostró conforme con la declaración.
La crisis definitiva con los negrinistas tuvo lugar en Francia. Hierro y Hernández, en tránsito hacia Zagreb, se entrevistaron con algunos individuos pertenecientes al grupo de Lamoneda, que en principio afirmaron que iban a acudir al Congreso. Pero en el momento de disponerse a salir para Yugoslavia, absolutamente todos se negaron a emprender el viaje. Una intervención personal de Álvarez del Vayo había bastado para impedir que fuesen. Del Barrio ya se lo había advertido: “los amigos de Angulo son unos cualquier cosa porque figurar y dar opiniones muy bien pero que en cuanto se trata de firmar algo concreto o hacer algo práctico no hay manera de moverlos y que con esa gente no se puede hacer nada” . Hernández, indignado, planteó que, de reunirse alguna vez con socialistas, solo lo haría con Lamoneda, porque Angulo “ni tiene personalidad política ni representa nada ni a nadie”. Los socialistas del “Jaime Vera” habían quedado amortizados como socios del proyecto de partido. Como era habitual, ambas partes acabarían echándose mutuamente la culpa y abundando en las diferencias personales .
Los contactos con “Acción Socialista”, que publicaba en París una revista quincenal con el mismo nombre desde agosto de 1950, se habían iniciado en el contexto de la fallida convocatoria de la convención de fuerzas antifranquistas. Del Barrio escribió a Hernández solicitándole el envío de artículos y, si le era posible, de ayuda económica para mantener la publicación .
La concordancia en el proyecto de partido era mucho mayor entre Hernández y Del Barrio que entre aquél y los socialistas. Si estos habían planteado casi exclusivamente una maniobra táctica, Del Barrio se acercaba a la concepción estratégica de partido que Hernández y Hierro habían concebido. “Estamos de acuerdo –escribía Del Barrio- [que hemos] de ir a la constitución de algo de tipo nuevo, mucho mas amplio y ambicioso que la reconstitución de nada de lo viejo. No se trata, ni se puede tratar, de salvar al partido comunista de España, ni de constituir, sobre la base de los comunistas disidentes, un partido comunista nuevo (…) Lo que hay que hacer es acentuar todavía mas nuestra visión de reunificación de las corrientes socialistas sobre bases nuevas. Hay que orientarse hacia un partido obrero independiente, o un partido de los trabajadores independientes” .
Pero si bien había coincidencia en lo organizativo, las divergencias ideológicas no tardaron en aparecer. Hernández escribió un artículo en el que valoraba el alcance de la huelga general de Barcelona, discutiendo la atribución del éxito al PCE en lugar de al PSUC de Comorera . Del Barrio le respondió que no iba a publicar jamás ningún tipo de llamamientos a Comorera , que había sido el responsable de su expulsión del PSUC en 1943. Las discrepancias siguieron con las valoraciones que “Acción Socialista” hacía de la política del PCE durante el último periodo de la guerra de civil. Del Barrio había publicado en “Borba” (“La lucha”, órgano del PC yugoslavo) una serie de artículos que Hernández calificaba como falsedades, “como “que el PC es el culpable de la pérdida de la guerra”; “que el traslado del Gobierno del Centro a Cataluña fue un desastre”; “que él, del Barrio, recomendó al Gobierno algunas cuestiones y no le hicieron caso”; “la condena del pacto germano-soviético”. Hernández se manifestaba indignado y sorprendido, pues “le parece mentira que los camaradas de Belgrado que estuvieron en España y conocen las verdad permitan que se publiquen tales cosas (…) y se enfada cuando habla de ello, llamando [a Del Barrio] pedante y tonto pues nada pudo recomendar al Gobierno porque ni estuvo junto a él y si lo dice es por darse importancia y hacer ver que fue algo” . Hernández solicitó la entrega por la embajada de Yugoslavia de todo el material publicado por “Borba” y escrito por del Barrio, a fin de elaborar una serie de artículos en los que realizó un análisis desde 1933 hasta el fin de la guerra, artículos que envió a Belgrado para que los publicara el propio “Borba” con el título “Apuntes para la Historia”.
Desde entonces, Hernández no ocultaba su creciente descontento a sus inmediatos interlocutores. Dejó de leer e incluso de distribuir los ejemplares de “Acción Socialista” que le remitía Del Barrio. En otras ocasiones decía a sus contertulios :"Ya da órdenes como si fuera el jefe y formó, por su cuenta, sin consultar a nadie, el Comité Ejecutivo del Partido" . Pocos días antes de partir hacia Yugoslavia, comentó a su grupo que Del Barrio "es un estúpido (…) Me ha enviado una carta con ocho cuartillas exponiéndome el programa de gobierno para el gobierno republicano que debe formarse (…) No se conforma con erigirse en Ejecutiva, por su cuenta, de los grupos de Acción Socialista sino que ya quiere dar normas hasta para formar gobierno". "Lo que vamos a decirle –concluyó- es que se quede con sus grupos de Francia y a nosotros nos deje tranquilos que ya sabremos qué hacer". Castro solo dijo: "con ese tipo no iba yo ni a la puerta de la calle" .
La estrategia de Del Barrio, sin embargo, era paciente. Invitó a Hernández a reunirse con motivo del Congreso de Zagreb – que se celebraría la última semana de octubre de 1951-, expresando su seguridad de que llegarían a un acuerdo. El viaje de la delegación española residente en México corrió a costa de la embajada yugoslava.
Hernández, que había partido al Congreso con reservas , volvió entusiasmado. En el viaje de vuelta Hernández y Del Barrio se reunieron en París para limar sus discrepancias. Hernández insistió en sus críticas a Del Barrio sobre la culpabilidad del PC en la pérdida de la guerra, y sobre el excesivo cariz titista que quería imprimir al nuevo partido, lo que “perjudicaba mucho para sus planes políticos de cara a la emigración y España”. Del Barrio obvió el debate ideológico y planteó directamente el peso de cada organización con vistas a la fusión. Dijo disponer de cuatrocientos militantes –Hierro rebajaba el número a la mitad- “que valen más que todos los partidos juntos de la emigración; todos ellos tienen medallas y han sido jefes en la Resistencia; han estado en España en el valle de Arán, y en todas partes” . Hernández no podía competir: a pesar de decir que podía aportar unos setenta –el número de suscriptores que atribuía a “Horizontes” mientras se publicó- lo cierto es que contaba a lo sumo con ocho o diez simpatizantes .
Hernández y Hierro hubieron de aparcar sus reticencias y rendirse a la superioridad numérica y material de Acción Socialista: “No tuvimos otro remedio que ponernos de acuerdo con Del Barrio no por sus argumentos sino por la calidad de la gente que le sigue. Además, el único periódico serio y decente que se publica en Francia y que se encuentra en todas partes es el suyo”. Acordaron no formar una dirección central sino trabajar como grupos independientes, cada cual con arreglo a su ambiente, aunque con los mismos objetivos: conseguir el mayor número de adeptos entre socialistas, anarquistas y comunistas expulsados o no del PCE, y cuando consiguieran una fuerza respetable presentarse como un partido. Acordaron también trasladar la dirección del periódico a Toulouse. Allí existía un núcleo fuerte de la emigración y, de cara a una posible incidencia en el interior, estaban más cerca de España, lo que adquiría gran importancia si, como apuntaba Hernández, Tito reconocía al gobierno de Franco, lo que “sería muy bueno (…) porque así nos permitiría trabajar en el interior del país a través de las delegaciones yugoslavas” .
Los informes del “topo” infiltrado por el PCE, que resultó ser Cuello, terminan aquí. Sabemos que el partido de Hernández y Del Barrio fracasó al no poder abrirse un espacio propio entre la dividida familia socialista y el comunismo hegemónico del PCE. A mediados de los años cincuenta Del Barrio intentó impulsar una Comisión Central Pro-Congreso de todos los comunistas españoles, con base en Toulouse y el periódico “La Verdad” como portavoz, cuyo objetivo era convocar un congreso extraordinario que revisara la actuación del partido desde el final de la guerra civil . De Hernández, por su parte, tenemos referencias dispersas de que impartió conferencias en Yugoslavia y que en 1953 fundó en Belgrado un Partido Comunista Español (independiente) . Grupo de vida efímera, pues la muerte de Stalin y la visita de Jruschev a Belgrado el 27 de mayo de 1955 pusieron fin a cinco años de cisma y sentaron las bases de la reconciliación entre Yugoslavia y el bloque soviético. Cuando Álvarez del Vayo pensó unir, en 1956, el grupo socialista expulsado de su partido con el grupo de Hernández, llegó demasiado tarde . En el mundo de la coexistencia pacífica no habría cabida, por el momento, para experimentos alternativos.
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17/04/2005
Óscar Pérez Solís (Bello, Asturias, 1882-Valladolid, 1951)
Óscar Pérez Solís (Bello, Asturias, 1882-Valladolid, 1951) fue en su juventud militar de carrera, alcanzando el grado de capitán de artillería. Su conversión al obrerismo fue consecuencia de la relación sentimental con un recluta de su regimiento, un joven anarquista andaluz. A su muerte, Pérez Solís comenzó a interesarse por el marxismo, y se afilió al PSOE en Valladolid, entrando a dirigir el semanario “Adelante” en los ratos que le dejaban libres sus deberes militares. Fue expulsado del ejército en 1913, por organizar mítines socialistas. En sus inicios políticos se situó en el ala derecha del partido, donde actuaba por libre al margen de otros significados representantes de este sector, como Indalecio Prieto. Fue el más franco y a menudo el único portavoz de las posiciones reformistas. Se había relacionado con Ortega y Gasset y con Francesc Cambó, con quienes compartía el proyecto de un partido socialista “nacional”, más vinculado a las clases medias y compatible con la regeneración del país desde el gobierno. Defendió la postura proaliada durante la Primera Guerra Mundial. Al principio fue partidario de la alianza con los republicanos, pero poco a poco el ambiente de su distrito, Valladolid, ciudad provinciana y agraria, fue dominando su discurso y acabó criticando el antimonarquismo del partido. Sostenía que el PSOE debía ocuparse ante todo de medidas prácticas, tratar de comprender y capitalizar los sentimientos nacionalistas y no meterse en cuestiones de régimen. Él se definía a sí mismo como un tipo romántico, solterón, que habiendo perdido la fe en Dios, buscaba a este en el pueblo. A pesar de su reformismo accidentalista, acabó enfrentándose al caciquismo local, personificado en la provincia por el duque de Alba. Este lo hizo desterrar de la ciudad, y Prieto le llevó a Bilbao. En principio, la revolución rusa no le atrajo, y fue uno de los que defendieron la adhesión del PSOE a la Internacional Socialista. En el Congreso de 1919 afirmó que los bolcheviques eran más nacionalistas que socialistas, y que las posibilidades del triunfo del socialismo en Rusia estaban en un futuro lejano. La revolución de octubre había sido una "aberración", resultado del descontento y el hambre, un "gesto de rabia contra la tiranía zarista". Preguntó si los obreros rusos eran capaces de controlar la producción, y al grito afirmativo de los asistentes contestó con un estentóreo "no". Después de leer unos fragmentos de Engels en que este decía que la revolución política no puede llevar a la revolución económica, afirmó que en España no habría condiciones para una revolución hasta que los obreros estuvieran capacitados para sustituir a los capitalistas. "Pertenezco a la Segunda Internacional- terminó- y quiero que mi partido continue en ella". Fue autor, junto a Fabra Ribas, de una resolución transaccional en la que se afirmaba que solo debía haber una Internacional, y que por eso el congreso resolvía que el PSOE siguiera adherido a la IS y enviara una delegación a su próximo congreso de Ginebra, con misión de pedir que se adoptaran medidas para llegar a la fusión de la II y la III Internacionales. A ella se añadió una enmienda de Isidoro Acevedo proponiendo que si no se alcazaba la unificación, el PSOE pediría su ingreso en la IC. La resolución fue aprobada por 14.010 votos contra 12.497. En el congreso de 1920 afirmó que los bolcheviques no eran en Rusia más que los jacobinos en la Revolución francesa. La adhesión a la IC "no entrañaría automáticamente la revolución en España". Los "terceristas" eran revolucionarios verbales, pero no de acción. Se opuso abiertamente a la decisión adoptada por las Juventudes Socialistas de convertirse en Partido Comunista Español. En el tercer congreso extraordinario (1921) se mostró, de forma sorpresiva, partidario de los terceristas. Siempre había afirmado que los españoles eran abúlicos, que la clase obrera no estaba preparada para la revolución y que por esto era reformista. Pero en un artículo, poco antes del congreso extraordinario, se mostró abiertamente voluntarista. Quería, escribía, que el PSOE fuera más blanquista; y los blanquistas de aquel momento eran los bolcheviques. Sin duda su permanencia en el País Vasco lo había radicalizado. Puede suponerse también que empezaba a perder la paciencia ante la "inconsciencia del pueblo español" y que encontraba en los bolcheviques un modelo para salir del pozo de esta indiferencia colectiva. Bien adaptado al ambiente obrerista bilbaíno, en el que encontró la audiencia favorable que nunca tuvo en su región, abandonó la influencia templada de Prieto y se puso al lado de Facundo Perezagua, un histórico socialista tercerista, en la lucha contra el prietismo, para finalmente adquirir más importancia que el propio Perezagua. La transformación radical de Pérez Solís concordaba, en el fondo, con sus concepciones y su temperamento elitistas. La élite bolchevique le ofrecía mayores posibilidades para desplegar su gusto por la acción y su afán de liderazgo que la reformista.Fue el encargado de dar lectura al manifiesto de escisión del grupo tercerista fundador del PCOE en el congreso socialista extraordinario de 1921 que debía decidir la adopción de las “21 condiciones” exigidas por la IC. Esto, y ser uno de los protagonistas de la escisión, le valió el rechazo de la Federación Vicaína socialista, a la que representaba en el congreso, y desde entonces el grupo comunista de Bilbao mantuvo relaciones sumamente hostiles con los socialistas. La unificación del PCOE con el PC, impuesta por la Internacional, supuso su separación de la dirección del periódico comunista vizcaíno Bandera Roja, pero no fue expulsado, como solicitaban los radicalizados jóvenes del PC. Por el contrario, el abandono por parte de los dirigentes procedentes del socialismo (como Núñez Arenas o César González) y las continuas caídas policiales de otros (como Maurín) le elevaron al puesto de Secretario general del Partido Comunista de España en julio de 1923, siendo cooptado como miembro del ejecutivo de la Internacional Comunista en julio de 1924. Su estrategia para compensar la debilidad relativa de los comunistas frente a los socialistas consistió en la creación de un núcleo de “hombres de acción” (al estilo anarquista), entre los que pronto destacó un jovencísimo Jesús Hernández. Ambos se vieron implicados en violentos altercados durante la convocatoria comunista en solitario de huelgas generales en Vizcaya en protesta contra el embarque de tropas para Marruecos, o como el intento de atentado contra la sede del periódico bilbaíno “El Liberal” y contra su principal inspirador, Indalecio Prieto, en 1923. Detenido tras resultar herido en el tiroteo subsiguiente a esta última acción, durante su estancia en prisión se convirtió al catolicismo por mediación de sus charlas con el padre Gafo. En 1928 abjuró de su pasado de militancia izquierdista, viéndose recompensado por la Dictadura de Primo de Rivera con un empleo en la CAMPSA de Valladolid –probablemente gracias al conocimiento del ramo que algunos antiguos dirigentes comunistas tenían, debido a los contactos secretos mantenidos entre la Dictadura y la Unión Soviética para el aprovisionamiento español de petróleo del Mar Negro; negociaciones en las que la contrapartida rusa consistiría en convencer al PCE de comparecer a la farsa de elecciones convocadas para la formación de la Asamblea corporativa primorriverista, tentativa fracasada por la negativa indignada de Bullejos y Trilla-. Durante la República se afilió a la Falange Española, uniéndose a la sublevación facciosa de julio del 36 y participando en la defensa de Oviedo bajo el mando de Aranda. Tras la caída del Norte parece que contribuyó a facilitar la huida de algunos antiguos correligionarios. Durante el franquismo fue designado Gobernador Civil de Valladolid. Escribió Memorias de mi amigo Óscar Perea (1931) y Sitio y defensa de Oviedo (1937).
Manifiesto de la UCE (Unión Civica Española) de José del Barrio (1959)

U.C.E. UNIÓN CÍVICA ESPANOLA
47, Rue de la Victoire P A R I S (9°)
A LOS DEMOCRATAS IBÉRICOS
Obreros, campesinos, estudiantes, clases medias, profesiones liberales
¡REPUBLICANOS DE TODAS LAS TENDENCIAS!
En su mensaje del mes de Abril el General Bayo ha dicho
Veinte años de exilio con un balance negativo es el resultado trágico de la emigración española enquistada en mantener errores y falsas posiciones de lucha contra la más odiosa de la tiranias que ha conocido la humanidad.
En esas líneas está condensado el más hondo sentir de la base unánime del destierro a uno y otro lado del Atlántico, sentimiento que también tienen los hombres republicanos del interior de España.
NECESIDAD DE LA LUCHA
En la actualidad, cuantos reflexionan serenamente sobre lo ocurrido respecto de España desde la derrota militar del nazifascismo, llegan a comprender que el desenlace de nuestro drama no puede esperarse del juego político de las cancillerías; que la solución de nuestro problema no puede venir del extranjero. Y' al mismo tiempo comprenden que las supuestas soluciones « transitorias », «intermedias », o « provisionales », pero ninguna de ellas republicana, que se han venido pregonando, no han servido ni sirven para acabar con la dictadura fascista de España ; que han servido únicamente para que los pueblos de España se vieran una y otra vez defraudados.
Descartadas por los repetidos fracasos esas « soluciones », no queda más que un camino : el de la lucha, tal como la aconseja y para lo que la aconseja el General Bayo ; una lucha abarcando todas las formas y empleando todas las armas.
España, en la persona del General Bayo, se ha encontrado a sí misma, dueña de sus destinos y consciente de que ella y solo ella es capaz, con su esfuerzo y su sacrificio, de poner fin a la tragedia. Es el valor de sus ciudadanos lo que cuenta. Es la confianza en nosotros mismos como entidad étnica y política que siempre realizó y está llamada a realizar los más altos valores históricos.
Nadie te dará nada si tú no luchas para conquistarlo, dice el General Bayo en su mensaje. Y este es nuestro lema. Porque la victoria no es regalo para pedigüeños ni prebenda para cobardes. La victoria es el premio al valor y la moneda con que se pague el espíritu de sacrificio.
Todo esto lo saben los pueblos de España. Legiones de hombres y mujeres decididos a luchar y a sacrificarse hasta ver derrocada la dictadura fascista de España, han oído la voz del General Bayo expresando sus propios pensamientos. Y han reconocido en ella una voz autorizada en la que pueden poner la necesaria confianza. Pues saben que el que les habla es un General guerrillero, patriota y republicano intransigente ; íntegramente demócrata ; soldado intrépido, siempre en activo al servicio de la libertad de los pueblos esclavizados, cuyas últimas pruebas las dió en las épicas batallas del pueblo cubano hasta derrocar la dictadura de Batista.
PARA QUE SE LUCHA
Ha llegado la hora de la lucha sagrada por la liberación de nuestra patria, lucha que establezca la M República sobre bases de auténtica estructuración democrática y revolucionaria que cree nuevas formas de vida en lo político, en lo económico y en lo social... dice también el General Bayo en su mensaje.
Para que la lucha se organice, se desarrolle y triunfe, los que van a combatir tienen que saber qué es lo que van a conquistar ; tienen que saber la clase y contenido del régimen con que se va a sustituir, sin solución de continuidad, la dictadura fascista derrumbada.
Ese régimen no puede ser otro que la III República. Nosotros afirmamos que todos los sectores de la opinión democráticorrepublicana que combaten la dictadura fascista española coinciden en un ideario cuyo común denominador puede resumirse así
- La III República estará basada en una verdadera democracia política, económica y social, garantizando los derechos individuales y colectivos contenidos en la « Declaración Universal de los Derechos del Hombre.
En lo político
- La III República será federativa y estará integrada por decisión propia de las distintas nacionalidades de antecedente histórico y las otras circunscripciones regionales que recaben su derecho a la autonomía. Abogará por una firme entente ibérica con la futura República democrática de Portugal,
- asegurará la separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial,
- garantizará los derechos de opinión, publicación, reunión, asociación y huelga,
- aseguró la libertad de Cátedra y la escuela será única, laica y gratuita ; establecerá un régimen moderno de enseñanza en todos los grados con libre y fácil acceso por selección cualitativa,
- establecerá la libertad de cultos y no admitirá privilegio ni menosprecio para ningún credo religioso siendo el Estado rigurosamente laico,
- mantendrá un Ejército y unas Fuerzas de Seguridad, cívicamente aptas para que estén exclusivamente al servicio y protección de las libertades ciudadanas, de la integridad territorial y de la independencia y soberanía del País ; no intervendrán bajo ningún concepto en la gestión de los asuntos políticos del País, menos en su dirección ; sus efectivos se mantendrán a un nivel razonable según sean las necesidades y sin que en ningún momento constituyan una carga improductiva para el Estado,
- su política exterior será de absoluta independencia, de total rechazo de toda inmisción extranjera en los asuntos interiores del país ; de imposición de total respeto a la soberanía y a la integridad del Estado ; de exigencia de reconocimiento de la igualdad de derechos ; de no adhesión a ningún bloque internacional de índole política o militar ; de oposición a toda división artificial del mundo en bloques o zonas de influencia ; de solidaridad activa con los pueblos oprimidos o perseguidos.
En lo económico
-impondrá una reforma agraria adecuada a las características de ceda nacionalidad, región autónoma o circunscripción regional,
-establecerá los correspondientes sectores económicos: nacionalizado, socializado, y privado,
-orientará principalmente sus relaciones económicas (y por tanto políticas, culturales, etc.) hacia los horizontes marcados por su geopolítica : Hispanoamérica y África, y se independizará de todas las servidumbres e hipotecas contraídas por el régimen fascista. De las deudas contraídas por la dictadura española responderán Franco y sus cómplices, cuyos bienes serán puestos bajo secuestro nacional, se hallen estos en territorio nacional o extranjero.
En lo social
-asegurará un régimen de Consejos Obreros con atribuciones definidas en cada uno de los sectores
económicos establecidos,
- garantizará el salario mínimo familiar, la no discriminación de la mano de obra masculina y femenina y la participación en los beneficios de las empresas en todos los sectores,
-asegurará el porvenir de la juventud por la adaptación cualitativa y el pleno empleo,
- dará efectividad a un perfecto régimen de seguros sociales bajo la intervención administrativa de los interesados.
MEDIDAS DE REPARACION
Resulta obvio decir que la III República indemnizará a todas las víctimas que sufrió el campo republicano durante la guerra civil que le fue impuesta y a cuantas ha hecho la dictadura fascista durante estas décadas de opresión ; que repondrá, según el escalafón correspondiente, a los funcionarios administrativos, civiles y militares, represaliados por la dictadura; que someterá a rigurosa .revisión las fortunas individuales o colectivas acumuladas desde 1934 ; y que depurará, mediante tribunales regulares debidamente constituidos, la responsabilidades políticas y criminales en que hayan incurrido quienes provocaron la guerra civil en 1936 y quienes han ejercido el poder dictatorial en todos los grados, gozando los procesados de todos los derechos a la defensa.
ORGANIZAR LA LUCHA
En ésta lucha que ya ha comenzado, no estamos solos: gozamos, en primer lugar, del apoyo moral y material de los pueblos hermanos de Hispanoamérica que se han liberado de los regímenes dictatoriales, una de cuyas expresiones es la Convención de Caracas, la que con tanto entusiasmo y tan eficazmente alienta nuestra lucha, a la par que hace lo posible para ayudar a la realización de nuestra plena unidad de acción y por arbitrar nuestras disensiones.
Tenemos y tendremos la simpatía y el apoyo de todas las fuerzas verdaderamente democráticas de cada país del mundo; y de nuestra unidad, de la efectividad de nuestra acción, depende el que aumente el volumen y la eficacia de la solidaridad internacional.
Demócratas hispanos: Vuestro entusiasmo, vuestra adhesión, vuestra respuesta afirmativa a los llamamientos del General Bayo tienen que concretarse y manifestarse colectivamente ; tienen que traducirse en organización y acción común.
Estamos seguros de interpretar a todos tomando la iniciativa de dar forma y cuerpo al movimiento de adhesión a los llamamientos del General Bayo. Por eso, como nuestros compatriotas de otros países, hemos constituido la U.C.E. en Francia.
Os llamamos a todos a incorporaros de urgencia.
LA U.C.E. Y LA HOSPITALIDAD FRANCESA
Nosotros, la U.C.E. en Francia, no quebrantaremos las leyes de la hospitalidad francesa a las que siempre, ayer como derrotados, hoy como luchadores y mañana como vencedores, rendiremos nuestro más fervoroso reconocimiento. Porque esperamos y confiamos que el pueblo francés y sus Instituciones no olvidan por su parte que los hombres liberales de los pueblos de España también rindieron tributo de sangre y de dolor a la libertad del pueblo francés, a la liberación de Francia, libertad que los pueblos de España quieren forjar para sí.
Por decenas de miles se cuentan los muertos, heridos y mutilados caídos en los diferentes frentes de batalla de Francia, en las filas de las gloriosas divisiones de las F.F.L., en las de la heróica Resistencia interior, y en los campos nazis de exterminio.
Son estos argumentos irrebatibles, de los que la democracia hispana se siente orgullosa, que nos permiten poner nuestra confianza en la comprensión del republicanismo francés hacia nuestra causa. Y eso frente a los mismos que crearon y custodiaron campos de concentración como el de Miranda de Ebro, tan tristemente conocido entre los patriotas franceses que acudían a los llamamientos de los Jefes de la Francia Libre con el mismo entusiasmo y la misma nobleza con que nosotros acudimos hoy a los llamamientos de la Convención de Caracas y del General Bayo.
¡DEMOCRATAS IBÉRICOS !
La U.C.E. necesita vuestra adhesión y vuestro esfuerzo porque lucha y luchará para adelantar la hora de la Independencia y de la Libertad, la hora de la III República, que pronto ha de sonar en todos los ámbitos de la Península Ibérica.
París, 18 de Junio de 1959.
José del BARRIO José BURELL
Constantino ALVAREZ Enrique ARINO
Rosendo COSTA José NAVALES
Jesús Hernández a los comunistas de España [Acción Socialista, número 22-23, París, 15/12/1951]

"Durante su estancia en Yugoslavia nuestro compañero Jesús Hernández se dirigió por el micrófono de Radio Yugoeslavia a los comunistas del interior. Damos a continuación el texto integro de su importante discurso.
CAMARADAS,
Mi filiación política os es sobradamente conocida y no os cabrá ninguna duda de que al dirigirme a vosotros os está hablando un comunista. Pero esto sí, un comunista español, un comunista que no concibe la lucha por la liberación de España del régimen franquista y por una vida democrática y progresiva, sin un amor profundo, entrañable, por su país.
Hay un tipo de “comunismo” que en toda su actuación antepone los intereses de una potencia extraña a los de su propia Patria. Es el “comunismo” kominformista, ese “comunismo” desnacionalizado, mercenario, que no siente el sonrojo al proclamar su dependencia servil al Comisariado de Negocios extranjeros de la Unión Soviética. Es ese “comunismo” que pretende convertir a España en una colonia rusa y al mundo en un feudo de los nuevos señores del Kremlin.
Contra ese “comunismo” nos hemos revelado los comunistas que, ante todo y sobre todo, amamos a nuestra tierra, los comunistas que no concebimos, la democracia y el bienestar de nuestros pueblos sin el disfrute de la plena libertad y soberanía nacionales.
Hay pues dos tendencias en el mundo que, hablando de comunismo, expresan dos cosas irreconciliables: La Libertad o la esclavitud, la Democracia o la tiranía, la Independencia o la servidumbre, el respeto a la personalidad humana o la anulación del hombre como ser social.
Nosotros formamos parte de los que creen que el Socialismo por ser una cumbre cimera en el desarrollo y evolución de la humanidad hacia metas superiores de civilización y de progreso no puede bajo ningún concepto y por ninguna razón, convertirse en el obstáculo para que los hombres puedan pensar y opinar libremente.
No queremos sustituir una tiranía por otra tiranía, queremos una vida de auténticos hombres libres en una sociedad sin privilegios de clase, casta o poder. El Socialismo sin libertad no es Socialismo.
El Socialismo implica igualmente el más amplio concepto del internacionalismo proletario y de la fraternidad humana y, para que sea así, ha de tener por base el respeto a la libertad y soberanía nacionales de cada pueblo y reconocer la igualdad entre los países grandes o pequeños.
Si una gran potencia socialista, por la sola razón de la fuerza, se cree con derecho a erigirse en “Nación directora” y a imponer su voluntad a las naciones más débiles, el internacionalismo proletario y la solidaridad socialistas habrán muerto, y en su lugar, nacido un tipo de imperialismo aún más repulsivo que el clásico del capitalismo, pues este se presenta bajo banderas bordadas con hoces y martillos.
Tal es el “socialismo” y el internacionalismo que practica hoy la Rusia de Stalin; tal es el Socialismo de que hablan los kominformistas. Con ese “socialismo” no tenemos ni .queremos tener nada de común los comunistas porque ese “socialismo” tiene más de Ivan el Terrible y de Pedro el Grande, que de Marx, Engels y Lenin. No, son otras las razones de esa lucha monstruosa de los actuales dirigentes soviéticos contra la Yugoslavia Socialista y contra todos los comunistas que, por no haber dejado de serlo, estamos a su lado. Ninguno de los que me oís, ninguno de los militantes del Partido
podéis creer que miles y miles de vuestros viejos compañeros de lucha nos hemos convertido en fascistas, en renegados y en agentes del imperialismo. Podéis tener, sin duda, una idea equivocada por falta de información o por una información tendenciosa. Pero pensad un momento: Un hombre puede corromperse, un hombre puede traicionar, uno y una docena, pero es inconcebible que traicionen miles y decenas de miles de los más probados cuadros del Partido, de hombres a quienes habéis conocido hasta ayer en todos los puestos de mayor riesgo y responsabilidad y que al igual que ayer siguen siendo obreros, trabajadores, que con su esfuerzo físico se ganan el pan. ¿Qué interés podría haberles llevado a traicionar sus ideales? Ninguno. i Qué hay pues en nuestra posición política actual ?: Hay lo mismo que ha habido siempre : cariño y fidelidad a nuestras banderas de lucha contra el franquismo y por la libertad e Independencia de España ; cariño y fidelidad a los principios del marxismo-leninismo. No somos nosotros los que nos hemos alejado de Rusia; son los dirigentes soviéticos los que se han alejado del Socialismo. Es una penosa y amarga verdad contra la que nos hemos resistido durante muchos años. Pero al fin, la verdad se ha impuesto y nosotros estamos a su lado. Y por estar con la verdad, estamos en las mismas posiciones de la Yugoslavia Socialista. Pensad, camaradas; ¿Cuál sería vuestra posición si mañana, liberada España de la tiranía franquista y establecido un régimen Socialista, conquistado con la sangre de millares de españoles y con el apoyo entusiasta de todo el pueblo, se pretendiera por cualquiera dictar desde el extranjero lo que deberían hacer o dejar de hacer los españoles ? Con toda razón y con toda dignidad les diríais que en España los españoles saben escuchar, pero que son los españoles los que deciden sobre sus asuntos internos por su voluntad libre y soberana.
Si ese mismo intromisor extranjero, aun llamándose socialista, pretendiera imponeros sus maneras, hábitos y costumbres, ajenas además a la idiosincrasia y manera de ser de los españoles, y al mismo tiempo os expoliaba, ¿qué haríais? Es lógico que procederíais con todos los respetos a decirle que el Pueblo español es un pueblo de adultos, que no acepta imposiciones de nadie, ni de ninguna especie.
Si ese mismo país que se dice socialista por ser más fuerte y poderoso, tratara de imponerse por la fuerza y doblegar vuestro sentimiento de independencia ¿qué otra posición podíais tomar dignamente que la de alzaros en masa y demostrarle que preferís mil veces la muerte antes que aceptar vivir bajo una nueva servidumbre?
Después de todo ello ¿qué concepto os habríais formado de la honradez revolucionarla y de la sinceridad comunista de quienes, por haber defendido vuestros derechos, os llamaran fascistas y vendidos al imperialismo? Llegaríais a la triste, pero única verdad, de que los hombres que representan ese País, podrán tener de todo, pero que les falta lo esencial: Ser comunistas y conducirse como comunistas. Pues bien, camaradas, ese ha sido el proceso de la Yugoslavia Socialista y así ha sido y sigue siendo la incalificable conducta de los dirigentes soviéticos.
Podréis preguntar: ¿ pero, cómo, es que la Unión Soviética, no es un País socialista ? La U.R.S.S. hizo una revolución socialista, la Unión Soviética tiene la base de una sociedad socialista, pero la política de Stalin, el stalinismo, es una política que está frenando y desfigurando el socialismo, tanto en la vida interna de la U.R.S.S., como en su política internacional. El stalinismo está en contradicción con los verdaderos intereses del Pueblo soviético y con la práctica de los auténticos principios del marxismo-leninismo en el orden internacional.
Como podéis ver no se trata de que nosotros queramos oponer Belgrado a Moscú, o que cambiemos Yugoslavia por Rusia. No es un problema de Geografía como pretenden haceros creer los Uribe, Antón o Pasionaria. Es un problema de fidelidad en la interpretación y aplicación de la doctrina marxista-leninista.
El Socialismo no es sólo un problema de máquinas y de cifras de producción. El Socialismo es ante todo, un problema esencialmente humano. El Socialismo necesita las máquinas para fortalecer el nuevo orden social en todos sus aspectos, pero don de hay que estructurarlo primero es en la conciencia del Pueblo. Darle a un pueblo, que ha destruido el régimen capitalista, máquinas y mantenerlo, en la miseria; darle altos hornos y quitarle la Libertad; darle centrales eléctricas y ponerle un policía a cada ciudadano: concederle en la Constitución todas las garantías individuales y ahogar su critica mediante el terror; suprimir la explotación de la burguesía y sustituirla por la explotación de una casta burocrática, y habréis convertido el Socialismo en una cosa odiosa y odiada por el pueblo. Tal es hoy la Rusia de Stalin. En Yugoslavia, también se edifica el Socialismo, se hacen grandes construcciones industriales, ferrocarriles, plantas eléctricas etc. pero eI pueblo siente que esa potencialidad industrial se transforma en un constante mejoramiento de su nivel de vida. En Yugoslavia los hombres pueden pensar y decir lo que piensan sobre la política de sus dirigentes. El Socialismo yugoslavo ha comprendido que lo que se debe atacar no es la crítica, sino las causas que motivan la crítica. Yugoslavia nos demuestra que el Socialismo no está en contradicción con el más profundo y amplio ejercicio de la libertad individual y colectiva de la sociedad.
Por eso, los auténticos comunistas estamos alineados en las mismas trincheras de la Yugoslavia Socialista, desde las que se defienden hoy los principios y los objetivos del verdadero SOCIALISMO.
[Acción Socialista, número 22-23, París, 15/12/1951, p.5 y 6]"
Repatriación de los restos de José Díaz
Agencia EFE-Tiflis(Georgia). Por Misha Vignanski - 25 abril 2004
La televisión georgiana emitió esta noche un documental sobre José Díaz, el secretario general del Partido Comunista de España (PCE) que se suicidó en Tiflis en 1942 y cuyos restos aún esperan ser repatriados a su Sevilla natal.
"El sevillano olvidado" es el título de la cinta, rodada por el cineasta georgiano Alexandr Eliasashvili, quien indagó durante dos años en los recién desclasificados archivos georgianos y rusos del Politburó de la URSS, la Internacional Comunista y el KGB.
El documentalista, de 26 años, explica en una entrevista con EFE que se interesó por la figura de José Díaz en 2002, cuando tropezó por casualidad en el cementerio Veri de Tiflis con una perdida tumba cubierta de hojarasca con una inscripción en español en la lápida.
"Aquí yace José Díaz, dirigente del Partido Comunista de España y del Movimiento Obrero Internacional", rezaba la inscripción, que lo movió a estudiar todo lo que pudo hallar sobre este personaje en los manuales soviéticos y, después, a continuar la búsqueda en los archivos comunistas de Krasnogorsk, ciudad satélite de Moscú.
"Todas esas carpetas sólo fueron desclasificadas en la década de 1990", dice el cineasta y subraya que los documentos desmienten el mito de que Díaz haya sido eliminado por supuestas discrepancias con Stalin en el curso de las purgas y represiones en la URSS.
Según Elisashvili, Díaz padecía una grave enfermedad y, en un ataque de dolor, se suicidó el 19 de marzo de 1942, a los 47 años, arrojándose por la ventana de la quinta planta del céntrico hotel "Tiflis", donde residió durante siete meses con su esposa y la hija.
"Una semana justo antes de su muerte, Díaz escribió a Stalin y a su compañera de la dirección del PCE, Dolores Ibárruri, que sus días estaban contados porque padecía un cáncer gástrico terminal; las cartas aún se guardan en los archivos", señala el cineasta.
Añade que, todavía durante la Guerra Civil española de 1936-39, Stalin había enviado en secreto a Madrid a su médico personal, quien revisó a Díaz y dictaminó que debía ser operado.
Poco tiempo antes de la caída de Madrid el 28 de marzo de 1939, el secretario general del PCE fue trasladado a Leningrado y sometido a una intervención quirúrgica que prolongó por tres años su vida.
El 22 de junio de 1941 el Ejército nazi invadió la URSS y, a medida que se adentraba en territorio soviético, Díaz se trasladaba de Moscú a la ciudad de Ufá, en el Volga, después a Sochi, balneario en el mar Negro, y finalmente a Tiflis, la capital de la república transcaucásica de Georgia, adonde llegó en otoño del mismo año.
Muy debilitado por la enfermedad, durante los últimos meses de su vida pasa en Tiflis intensos tratamientos, siendo atendido por los mejores médicos georgianos que amablemente pone a su servicio el entonces líder comunista de la república, Kandid Charkviani, pero nadie puede contra el cáncer.
"En los archivos del KGB georgiano se conserva una filmación de doce minutos de aquel funeral, donde interviene Dolores Ibárruri y promete que llegará el día cuando el agradecido pueblo de España repatriará los restos de José Díaz. Pero aún no fue posible", señala el documentalista.
La Pasionaria vuelve a Tiflis en 1960 "para inaugurar un monumento al emblemático comunista español", pero pasarán otros 30 años -que incluirán la transición española y la "perestroika" soviética- hasta que la repatriación de los restos de José Díaz parecerá empezar a hacerse realidad.
El 21 de marzo de 1991, la agencia oficial soviética TASS anunció que el monumento de bronce de José Díaz acababa de ser desmontado para ser reinstalado en Sevilla, adonde debían ser repatriados sus restos a petición del Partido Comunista andaluz y los familiares.
Pero el proyecto se vio paralizado por el caos que acompañó la desintegración de la URSS y el auge nacionalista en Georgia, que desembocó en varias guerras civiles.
"Todo quedó relegado a mejores tiempos. Tal vez la aparición de mi película hará recordar a este legendario personaje en España y en su patria chica, Sevilla", concluye el cineasta georgiano.
La tumba de José Díaz se encuentra en un "sector privilegiado" (si cabe) del cementerio Veri de Tiflis, cerca de la iglesia local.
Permanecía totalmente olvidada -ni siquiera la podían encontrar inmigrantes españoles que la visitaban en años anteriores-, pero el interés de Elisashvili al menos hizo a los empleados del camposanto limpiar la tumba y cercarla con una discreta valla.
Comentario: Hay algunas inexactitudes en el texto de EFE. José Díaz no fue trasladado a Leningrado para ser operado "poco tiempo antes de la caída de Madrid el 28 de marzo de 1939": el secretario general del PCE salió de España en 1938 para ser tratado de su enfermedad en la URSS. Por ello no fue testigo personal de los acontecimientos del periodo que va de la batalla del Ebro y la caída de Cataluña hasta el golpe de Casado. Y por ello mismo se obstinó, una vez acabada la guerra, en recabar de los demás integrantes de la dirección -y de un sinfín de cuadros medios y militantes- su versión acerca de la actitud del partido durante el último año de la guerra y, en particular, sus semanas finales. Y, como ya apuntaban, entre otros, Tagüeña, Hernández, Castro... su opinión sobre el comportamiento de la mayoría del Buró Político fue enormemente crítica: hay una copia del informe presentado por la dirección bajo el título "Nuestra guerra y la actuación del Partido", acotado en los márgenes de puño y letra por el propio Díaz, donde no se ahorran acerbos comentarios hacia la mayoría del BP.
La desolación por la pérdida de la guerra, por la actitud confusa e ineficaz del partido durante la derrota, unido a la devastadora experiencia del exilio en la URSS para la colonia española, debieron ser factores que, coaligados a su irreversible enfermedad, contribuyeron a su suicidio en 1942. Pero ya hacía tiempo que apenas se contaba con él como dirigente político. Su nombramiento como responsable de la Komintern para los asuntos de Latinoamérica y la India apenas era algo simbólico; por el contrario, bajo el pretexto de su enfermedad se le mantuvo alejado de los principales centros de decisión, tanto de Moscú, en principio, como posteriormente de Ufa -adonde se trasladó el aparato de la Komintern tras la invasión nazi- o de Kuibishev -donde se instalaron el gobierno soviético y el PCUS-.
Sería interesante saber si entre esos papeles desclasificados que cita el cineasta se encuentra el tan traido y llevado testamento político de Díaz, que según pensaban muchos, no era excesivamente complaciente con Dolores Ibárruri.
Relaciones PCE-CNT
Entre la CNT y el PCE existía una historia de relaciones tormentosas e intentos de utilización que venían de lejos. Hay que recordar que la CNT acordó temporalmente enviar su adhesión a la Profintern (la Internacional Sindical Roja, brazo sindical de la Internacional Comunista) tras el denominado Congreso de La Comedia de 1919, y facultar a Ángel Pestaña para viajar a Moscú y negociar el ingreso. Sin embargo, la Conferencia de Zaragoza de 1922 aprobó la retirada anarcosindicalista de la Tercera Internacional, acuerdo que incumplieron algunas secciones como las que, reunidas en Lérida bajo la convocatoria de Andrés Nin y Joaquín Maurín (exsecretario del Comité Nacional de la CNT), siguieron apostando por la integración en el movimiento comunista. Los comunistas fueron expulsados tanto de la UGT -en 1922- como de la CNT -en 1923-, y respondieron con la creación de los Comités Sindicalistas Revolucionarios. Durante la Dictadura de Primo de Rivera, con el práctico desmantelamiento de la CNT por la policía, el PCE se planteó la posibilidad de reconstruir la central bajo su hegemonía. De su política de atracción de militantes del sindicalismo se derivó el ingreso en el partido de antiguos dirigentes cenetistas andaluces como José Díaz o Antonio Mije en 1927.
La expulsión del grupo de Maurín y Nin, y la adopción por la Comintern y sus secciones nacionales de la línea de "clase contra clase" y "frente único por la base" aisló políticamente a los comunistas del resto de las fuerzas obreras. El PCE, abandonada toda opción de restar influencia en la CNT a la dirección "anarco-fascista" (según la terminología sectaria de la época), fundó su propia correa sindical, la Confederación General del Trabajo Unitaria (CGTU). Serían los nuevos aires traídos por la triple catastrófica experiencia del triunfo del nazismo en Alemania en 1933, el aplastamiento del movimiento obrero austriaco y el fracaso del octubre asturiano en 1934, los que llevarían al giro imprimido por el VII Congreso de la IC en 1935, que impulsó la formación de Frentes Populares Antifascistas. Los comunistas ingresaron en las Alianzas Obreras, con socialistas y anarquistas, la CGTU se disolvió para ingresar en la UGT y la nueva línea adoptada tenía como objetivo final la formación de un Partido Único del Proletariado. A pesar de ello, en provincias donde la competencia por la base obrera era muy fuerte, como Andalucía y, concretamente, Málaga, las diferencias perduraron e incluso se saldaron a tiros, con muertos por ambas partes.
El derribo de Largo Caballero en 1937 obligó al PCE a cambiar, si no de orientación en su objetivo de marchar hacia la creación del Partido Único del Proletariado, sí de aliados en la búsqueda de tal fin. En el verano del 37 la CNT estaba momentáneamente arrinconada, aislada del resto de las fuerzas republicanas por su participación en los enfrentamientos de Barcelona, y dividida entre su sector "gubernamental" y los anarquistas "puros" de la FAI y "Los Amigos de Durruti".
En esos momentos, el principal problema para el PCE no lo constituían los anarco-sindicalistas, sino los caballeristas que se oponían tanto a la caída de su líder como a la creciente hegemonía comunista en el sindicato. Por todo ello, en septiembre del 37 el PCE tendió una mano a la CNT con el fin de quebrar su unidad de acción con el sector socialista de la UGT, que estaba a punto de originar una escisión. A tal fin, a mediados de mes, en la prensa comunista y en resoluciones de los Comités Provinciales se publicaron artículos y resoluciones apoyando el fortalecimiento de los comités de enlace UGT-CNT, la mejora de las relaciones entre las organziaciones comunista y anarcosindicalista, y el ofrecimiento del Buró Político del PCE para entrevistarse con el Comité Nacional dela CNT.
Los resultados fueron parcos y, además, desde ese otoño se agravaron las diferencias entre comunistas y socialistas, y la prevención del conjunto de las fuerzas republicanas contra el PCE. Al contrario de otras opiniones, pienso que el final de la primavera y el comienzo del verano del 37 fueron los momentos en que el PCE estuvo más cerca del poder -según el testimonio de Claudín, Miaja llegó a ofrecerle al partido tomar las riendas del gobierno-, pero lo frenaron, entre otras razones, las directrices provenientes de la URSS, que consideraban tal opción contraproducente para sus intereses de acercamiento diplomático a Gran Bretaña. Y eso que no debían ser pocas las voces dentro del partido que lo demandaban: Togliatti, por ejemplo, llegó a decir de "los militares" como José del Barrio, que habían perdido la cabeza en sus reclamaciones de "más poder" para los comunistas.
Indalecio Prieto y los comunistas
Releyendo el ciclo de "El laberinto mágico", de Max Aub, me encuentro de nuevo con esta valoración de Indalecio Prieto que siempre me ha llamado la atención:
"Dicen ‘la historia le juzgará’, como si nosotros no fuésemos historia o el futuro valiese más que el pasado o el presente. Alguien me ha contado alguna vez aquella madrugada bilbaína en que dijo: ‘De no despertarme mañana Presidente del Consejo, no me interesa nada’. En aquella época, era una fantasía de la imaginación. Algunos años después pudo serlo y se negó. ¿Por comodidad, rehuir de responsabilidades, inseguridad en sí mismo?
Como tantos, creció, se hizo y acostumbró en la oposición. Orador, prefirió atacar el poder a defenderlo; hombre de partido, pocas veces gozó de la mayoría de los votos de sus correligionarios y, si los tuvo, buscó triquiñuelas para no coincidir con sus compañeros de directiva; jamás se entendió con Largo Caballero ni con Besteiro, amigo de soluciones personales buenas para él con tal de que no fueran compartidas por otros que podían ofrecerlas distintas.
Opositor por nacimiento, periodista por gusto de llevar la contraria, moviéndose como anguila en barro entre chismes, dimes y diretes, llevando sus simpatías y diferencias a categoría superior, dándoles una importancia que no tenían, hinchaba perros, él, tan obeso. Con visión clara de la realidad nunca procuró enfrentarse decididamente a ella más que palabreando. Gracioso, ocurrente, de inteligencia aguda, perspicaz, honrado hasta donde puede serlo un político profesional, amigo de los entresijos del poder, que le sorbía el seso, de gran memoria como lo son indefectiblemente los que andan en eso y aficionados de verdad a la cosa pública; mangoneó durante más tiempo que nadie la política española republicana:
- ¿Qué diría Prieto?
-¿Qué hará Prieto?
No se hacía nada sin Prieto y Prieto no hacía ni dejaba hacer. ¿Con tal de molestar? No, sencillamente porque no se hacía o dejaba de hacer lo que él quería - o quería de otra manera- llevar a cabo. Siempre dijo que no, príncipe de distingos.
Para toda una vida dedicada a la política, los nuevos Ministerios de Madrid, el proyecto de unión de las estaciones de ferrocarril, más parecen obra de alcalde que de ministro.
Su influencia fue personal -extraordinariamente simpático, ocurrente-; su fuerza, la palabra -oral y escrita-; en ella quedó, buena para el escritor que no fue, mala para un político. Sus inquinas de campanario, sus previsiones justas -todas resonantes- le impidieron tener un norte al que se sacrificara; sus odios personales, enardecidos por su agudeza, le llevaron a extremos lamentables para el pueblo que siempre esperó de él tanto o más que de nadie.
Defraudó a todos, menos con la lengua. No usurpó: frustró, inutilizó, dejando sin resultado monumentos y renombres que había contribuido a construir. Teniendo tantas cosas en la mano las dejaba caer al final por desidia, cansancio o, tal vez, por haberse dado cuenta de que sirvió para poco pudiendo haber sido tanto, refugiado en sus recuerdos de juventud.
Sabiéndose superior - lo fue durante años-, gozne sobre el que giró durante unos lustros la política española, se desperdició y a los demás: Vivirá los años suficientes para quedarse solo, mirar hacia atrás, y no remorderle la conciencia.
Gran degustador de zarzuelas y de toda clase de alimentos, gordo, ojos de buey, oportuno en réplica, cazurro, dañó con su clarividencia, aplicado más a su gusto personal que al servicio público, no a su medro. Le perdió, como a tantos otros, el desprecio. Profundamente burgués, hijo de su siglo y no, como quería, de su etiqueta socialista. En esta diferencia entre su marbete y su verdadero pensamiento radicó parte de su impotencia, empeñándole en lo contrario. Díjose disciplinado para centrar las discordias de los demás capitostes de su partido. Así vino a reñir con todos los sobresalientes, más si crecidos a su sombra.
Quien tonto o envidioso hace daño, puede, naturalmente, ganar el olvido. Prieto, que oye gemir el viento en las Antípodas, quedará durante algún tiempo en el de las memorias como uno de los políticos españoles más funestos de nuestro tiempo."
Cuando describe a Prieto, Max Aub lo hace en 1968 desde la perspectiva del desengaño. El retrato lo pone en boca de un joven periodista que escribe un artículo para el diario Adelante del 5 al 6 de marzo de 1939, es decir, bajo el impacto del golpe de Casado. Lo hace desde la óptica de un negrinista que va a asistir al drama del puerto de Alicante y del campo de Albatera y que sabe que ese final ha contado con la aquiescencia de los principales dirigentes de su partido. Ni Negrín ni Prieto se perdonaron, como demuestra su epistolario, ni este transigió con los negrinistas de su partido (Lamoneda, Peña...), a los que expulsaría en México y en Francia entre 1945 y 1947.
A Prieto le incumben grandes errores. Valga en su descargo que no eran solo suyos, sino propios de la trayectoria histórica de su partido, al que la sociedad española otorgó fuerza suficiente para capitanear los profundos cambios que ansiaba pero al que sus dirigentes, presos de un esquematismo teórico huero, de un radicalismo postizo y de una práctica cotidiana medrosa, convirtieron en un acabado modelo de los indeseables efectos de las cosas a medio hacer.
Prieto rechazó asumir la presidencia del gobierno tres veces: Las tres veces contaba con el apoyo de Azaña, de los republicanos y de una fracción parlamentaria de su partido no desdeñable. En todas ellas quiso someterse al nihil obstat de los órganos partidarios aún conociendo la animadversión de los puristas, entre ellos su principal adversario, Largo Caballero. Y si la primera vez, en el 33, se sometió al dictamen de la ejecutiva y de la minoría parlamentaria -controladas por Caballero y Besteiro-, que le vetaron la asunción del cargo, en la primavera del 36 podía perfectamente no haberlo hecho, desplazados como estaban del liderazgo de ambas instancias los citados contrincantes. ¿Que ello suponía dar la batalla a Caballero y arriesgar la escisión del partido? De hecho, el plan y el riesgo ya estaban descontados para Prieto, que contaba con ello en el congreso del PSOE que precisamente no llegó a celebrarse por la sublevación facciosa de julio.
¿Era el "don Inda de los repentes", cómo le denominaba Azaña, el mejor ministro de Defensa posible? No se duda de lo valioso de su esfuerzo para reorganizar el Ejército Popular e incluso para mantener su estructura de mando al margen del proselitismo partidario; ni de sus quince horas de trabajo al día durante meses, teniendo que asumir la pérdida del Norte y las continuas derrotas que anunciaban la ruptura del territorio republicano en dos. Es comprensible su desazón y su pérdida de confianza en la victoria. Pero, ¿qué otra opción quedaba al margen de la política de Negrín de resisitir? ¿Cómo se pasa de querer declarar la guerra a Alemania tras las represalias de la flota nazi por el bombardeo del Deutschland al ofrecimiento a Leon Blum para que buscara una mediación internacional para una "paz honorable"? ¿Y de verdad podía creer en la "paz honorable" con Franco? Y si lo creía, ¿qué hacía dirigiendo el esfuerzo de guerra como ministro?
Por último, hay que convenir en que fracasó en buscar los aliados más recomendables para la restauración democrática en España. Deslumbrado por ese laborismo inglés, tan fabiano y tan desideologizado en la práctica como el propio socialismo español, confió en que Gran Bretaña liderara tras la guerra mundial una especie de reedición del pacto del Pardo que, a cambio de restablecer la monarquía parlamentaria, permitiera al PSOE, aligerado de su ala maximalista, convertirse en la izquierda de Su Majestad. Hay quien le alaba por ello como un precursor de quienes se atrevieron a desprenderse del fetiche de la restitución de la legalidad republicana para lograr la reconciliación de los españoles en un nuevo régimen. Su buena voluntad, en cualquier caso, resultó burlada por los seguidores de Juan de Borbón que, restauración por restauración, acudieron a garante más seguro que, al fin y al cabo, era aquel que se había sublevado bajo la bicolor y a los sones de la Marcha Real contra esa España republicana a la que Prieto consagró lo mejor de sus energías, con resultados decepcionantes.
Respecto a la creencia en la posibilidad de una mediación para la finalización de la guerra, sostenida por Azaña y Prieto - y muy diferente, en cuanto a concepción y fines, de la apuesta por le reedición del "abrazo de Vergara" que hicieron Casado y sus cómplices-, es el resultado de una errónea apreciación de la naturaleza de la guerra civil, vista como uno más de los brutales episodios de violencia que habían asolado el proceso de la revolución liberal en España desde la reacción fernandina contra las cortes de Cádiz hasta la dictadura de Primo de Rivera, pasando por las recurrentes carlistadas y los cuartelazos de los espadones. Ambos minusvaloraban el carácter de "guerra total", de lucha agónica, de confrontación entre proyectos excluyentes hasta la total aniquilación del contrario, que habian alcanzado las guerras del siglo XX. La guerra no fue planteada por los rebeldes como un turno para las fuerzas tradicionales y conservadoras mediante un sacudimiento violento del tablero de juego, al estilo de los clásico pronunciamientos del XIX: era una cruzada que solo podía concluir con la extirpación quirúrgica de la anti-España, la resolución definitiva del contencioso entre orden y revolución mediante la devolución del país al punto de partida previo a 1812, pero con las técnicas avanzadas de represión, exterminio, y encuadramiento de masas de los años 30 del siglo XX. El mismo error cometieron en cuanto al análisis del contexto: anhelaban encontrar en los años 30 la potencia mediadora dispuesta, como los EEUU en la Gran Guerra, a implicarse en poner las bases de un acuerdo internacional para la consecución de un armisticio. Buscaban un Wilson dispuesto a sentar de las orejas al kaiser en una mesa de paz y solo encontraron a un Chamberlain dispuesto a claudicar ante Hitler frente a un mapa roto de Europa.
Cierto que Prieto tenía las ideas mucho más claras -infinitamente más claras- que Besteiro y que Caballero acerca de la imperiosa necesidad de que los socialistas contribuyeran desde el gobierno a impulsar la modernización del país que se proponía la República. El problema es que no está claro si no pudo o no supo resolver la insalvable contradicción que envolvía en un marasmo paralizante a un PSOE que quería ser, al mismo tiempo, gobierno y oposición; tocar poder pero no capitanearlo ni desgastarse con él; reservarse incólume para una revolución a plazo indeterminado e impedir que otros la llevaran a cabo sin su liderazgo.
Santiago Carrillo y el movimiento guerrillero en los años 40
A propósito del papel jugado por Santiago Carrillo en la operación "Reconquista de España" de octubre de 1944, se ha dicho que Carrillo vino al valle de Arán con la misión de imponer los acuerdos de Yalta a los resistentes españoles en Francia. El episodio, prólogo de la purga de Jesús Monzón y del asesinato de Gabriel León Trilla, ha sido glosado en otras ocasiones. Hay otro caso menos conocido, pero inserto en la misma línea:
Mediado el verano de 1944 llegaba a Casablanca, procedente de Montevideo y con escala en Lisboa, un misterioso personaje llamado Hipólito Gómez de Asís, hijo de un acaudalado industrial conservero uruguayo, marchado a Europa para estudiar las empresas del ramo a fin de establecer una factoría de ese tipo en el Río de la Plata. Durante su estancia en tierras lusas, había sido agasajado por el embajador de la República Oriental y por el Ministro de Marina portugués, que le acompañaron en su periplo por las principales instalaciones conserveras de Lisboa y Setúbal. Se prodigaron en su honor los banquetes y los bindis a la salud de los lazos de amistad luso-uruguaya. En su trato mundano, el caballero López de Asís, soltero, rico, y poseedor de un pasaporte americano, se convirtió en el partido ideal para varias señoritas de familias centroeuropeas en declive, arrumbadas a Portugal por efecto de la guerra en el continente.
Mas don Hipólito no había cruzado el océano Atlántico para aventuras galantes, ni siquiera para la continuación de ese estudio de mercado que constituía el pretexto de su tránsito hacia el norte de África. Hipólito Gómez de Asís había desaparecido siendo niño, y su identidad fue usurpada y reelaborada a medida para ocultar a Santiago Carrillo, a la sazón responsable de organización del PCE y teórico número tres del partido tras Pasionaria y Vicente Uribe. Carrillo llegaba de América para someter al partido a la férula de la dirección repartida entre México y la URSS; a un partido que, habiendo formado parte de la vanguardia combatiente contra el nazismo, corría el riesgo de caer en veleidades autónomas respecto al destino que para la Europa occidental tenía pactado Stalin con los anglonorteamericanos.
En noviembre de 1942, Jesús Hernández ya le había comentado a Dolores Ibárruri la necesidad de emplear a los militantes comunistas españoles residentes en el norte de África en la resistencia antinazi. Se trataba de ofrecerse a los aliados para llevar a cabo tareas de propaganda y trabajar en la industria de guerra para contribuir al esfuerzo por la victoria. En caso de entrada de Franco en la guerra al lado del Eje, Hernández -igual que otro comunista disidente, José del Barrio- apostaban por la formación de unidades militares específicamente españolas mandadas por oficiales españoles para luchar junto a las tropas aliadas. A este fin, Hernández recomendó a Ibárruri el envío a Argelia de un grupo de cuadros y militares del grupo que se encontraba inactivo en la URSS. Debió hacerse a regañadientes -porque Pasionaria era de la opinión que ofrecerse voluntario para abandonar la URSS era sospechoso de antisovietismo-, pero lo cierto es que en 1944 se encontraban en Orán Mariano Lucio y Nemesio Pozuelo, que habían recibido instrucción en unidades guerrilleras soviéticas.
Carrillo narra que a su llegada se encontró con que la dirección establecida en aquel puerto argelino permitía que “una treintena de cuadros del partido [estuviesen] pasando un curso de técnicas ilegales –de espionaje prácticamente- en una escuela de los servicios norteamericanos y nuestros responsables allí mantenían una fluida relación con los jefes de dichos servicios. Éstos, por otra parte, suministraban intendencia a los nuestros. Me enteré en la primera reunión que un grupo de camaradas que recibiera ya ese entrenamiento había sido desembarcado en España y caído en manos de las fuerzas franquistas”.
Con el pretexto de que Dimitrov había ordenado no suministrar datos sensibles sobre militantes comunistas a los servicios de inteligencia occidentales, Carrillo procedió a destituir a Lucio y Pozuelo, a los que, en el argot estalinista "envió a trabajar a la base". El procedimiento, en palabras del propio Carrillo, fue impecable: "Como el centralismo democrático era entonces un principio incontrovertible y yo era allí el dirigente más elevado, destituí a Lucio y a Pozuelo y formé un nuevo grupo dirigente (…) Limpio el terreno, rota toda relación con dichos servicios, nos pusimos a trabajar”.
El "delito" de Pozuelo y Lucio fue negarse a aplicar la directriz de cortar con los americanos amparándose en que el Buró Pólítico del partido desconocía la situación en África del Norte, “que ellos, por estar sobre el terreno, dominaban". El viejo y recurrente conflicto entre el interior y el exilio, entre los cuadros de primera línea y la dirección distante pero poseedora de los resortes de coacción y legitimación de la línea política, iba a ser una constante en la carrera de don Santiago. Dominada la organización en la orilla sur del Mediterráneo, Carrillo volaría a Toulouse para someter a la del otro lado de los Pirineos. Don Santiago podía sentirse orgulloso: había aplicado las directrices a la perfección. La tenaza sobre la Península Ibérica quedaba en suspenso; Stalin y Churchill podían descansar tranquilos; Franco, sin saberlo, también.
"Alfredo", "Ercoli", Togliatti

La figura de Palmiro Togliatti ha gozado tradicionalmente de buena prensa entre un amplio sector de la izquierda historiográfica. Togliatti es dibujado con tintas que lo caracterizan como un eurocomunista avant la lettre, capaz de influir, junto a Dimitrov, en el viraje frentepopulista del VII Congreso de la Komintern; de dirigir con acierto la línea del PCE durante la guerra de España, evitándole las tentaciones maximalistas de asumir el poder contra sus aliados; y de extraer de la derrota republicana las enseñanzas que le conducirán, desde sus "Escritos sobre la guerra de España" hasta el "memorial de Yalta" -su testamento político-, a la formulación del policentrismo, el abandono del dirigismo soviético y la crítica de la ausencia de democracia en el sistema del "socialismo real".
Togliatti -"Alfredo", para los dirigentes comunistas españoles- se fabricó él mismo, y con la inestimable colaboración de otros, su propia leyenda: arrostró el riesgo de permanecer en España para montar, junto con Pedro Checa, la necesaria infraestructura clandestina del partido cuando el golpe de Casado precipitó el final de la guerra, mientras que el grueso de la dirección comunista abandonaba precipitadamente el país desde el aeródromo de Monóvar, el 7 de marzo de 1939; capturado por los casadistas, junto con Pedro Checa y Fernando Claudín, logró evadir la prisión y poner en marcha las directrices para la evacuación de cuadros y militantes; ante la confusión reinante, con los comunistas combatiendo al mismo tiempo en las calles de Madrid contra los casadistas y las avanzadillas franquistas, elaboró un documento en el que se fijaba la línea del partido, tendente a evitar la reproducción de una guerra civil dentro de la guerra civil; y, en el último momento, con las tropas de Franco pisándole los talones, abandonó España desde la escuela de vuelo de Totana, dejando en funcionamiento una nueva dirección clandestina, encabezada por el vasco Jesús Larrañaga.
En el archivo del PCE se conservan, sin embargo, multitud de informes, realizados por dirigentes y cuadros de todo nivel a consecuencia del impulso de "reflexión" puesto en marcha cuando Stalin preguntó retóricamente a Codovilla, Dimitrov y otros por las causas del "luctuoso final" de la guerra española, que no se compadecen exactamente con la versión de Togliatti.
El “Alfredo” de Monóvar aparece como un individuo preocupado por tener que tomar decisiones propias sin contar con la posibilidad de restablecer la comunicación con la Komintern, cortada por la caída de la emisora de Albacete en manos casadistas. Su captura a las afueras del aeródromo no hace sino aumentar su tribulación: el documento que elaborará a medio camino entre Alicante y la ciudad manchega (y que verá la luz el día 12 de marzo ) contiene formulaciones claramente derrotistas –como la publicación de la deserción de la flota, refugiada en el puerto tunecino de Bizerta, lo que provocará el pánico y la huida precipitada de algunos cuadros esenciales para asegurar la línea de costa Cartagena-Alicante de cara a una evacuación organizada-, y adolece de debilidades tácticas injustificables, como dejar al Consejo de Defensa la iniciativa de negociar o no el cese de los enfrentamientos y la vuelta a la legalidad del PCE sin formular ninguna medida de presión.
Desde el día 9 circulaba otro manifiesto bien distinto, en el que una dirección paralela, encabezada por Jesús Hernández desde su puesto de mando cerca de Utiel, llama a los comisarios y militares comunistas a no relegar el mando ni entregar las armas bajo ningún concepto sin haber conseguido la restitución de la legalidad frentepopulista y sin que hubieran cesado las persecuciones, so pena de emplear contra la Junta casadista las tropas y tanques de la 47 división del XXII Cuerpo de Ejército, al tiempo que se justifica la resistencia de las unidades comunistas que combaten en Madrid. Sin embargo, Togliatti escribirá más tarde que su documento estaba redactado en términos “mucho más enérgicos” que el de Hernández, y que en cualquier caso eran complementarios. Lo cierto es que, según referiría Stepanov en su informe personal, el manifiesto de Togliatti sentó como un tiro entre la dirección ya exiliada en Paris, que acordará en reunión de su Buró Político recomendar a L´Humanité que no procediera a su publicación.
"Alfredo" afirma también que restableció el contacto con Hernández el 12 de marzo, pero no hay testimonio directo de que llegaran a verse, dado que Togliatti parecerá más preocupado en procurar la evacuación de los asesores soviéticos –para lo que necesitaba entrar en contacto con el aparato de la Komintern, que debería enviarle los barcos de la “France Navigation” a tal efecto- que en diseñar la nueva infraestructura del partido adaptada a la clandestinidad que se avecina. De hecho, Togliatti se refugia en una casa proporcionada por su compatriota Ettore Vanni, director del periódico comunista valenciano “Verdad”, desde donde logrará recuperar el contacto con Moscú gracias a la llegada de su mujer, Rita Montagnana, aunque solo podrá obtener el envío de un barco, el Lezardieux.
Mientras Checa, Hernández, Larrañaga y otros se encargan apresuradamente de repartir responsabilidades y funciones entre quienes pasarán a ser la dirección comunista clandestina en el interior, Togliatti redacta un nuevo manifiesto, supuestamente en nombre del Comité Central, con fecha 18 de marzo, en el que vuelca todas las responsabilidades de la derrota en la actitud del Consejo de Defensa. En abierta contradicción con lo que había sostenido seis días antes, la intención que le atribuirán posteriormente disidentes como Hernández o Félix Montiel será la de endosar la derrota en exclusiva a la junta de Casado, dejando incólumes las que pudieran incumbir al propio PCE. Sea como sea, el tercer documento viene a añadir confusión sobre confusión. Tres días más tarde, según él, o el 24 según otras fuentes, “Alfredo” y los últimos dirigentes comunistas en España alzan vuelo rumbo a Orán. Mientras la mayor parte de ellos permanecerán varias semanas internados en condiciones deplorables, Togliatti hará valer su condición de ciudadano soviético para abandonar inmediatamente la colonia francesa.
La figura de Palmiro Togliatti aparece, pues, como la de un kominteriano al uso, probablemente con más capacidad política que otros de pensamiento más esquemático –como Stepanov- o más simple –como Codovilla-, pero no menos dócil a las directrices estalinianas ni menos celoso de la supervisión del partido a él encomendado. Sus posiciones de marzo de 1939 no son las del dirigente reflexivo que ha llegado a la conclusión de la inutilidad de la resistencia mediante el análisis del contexto y extrae enseñanzas útiles para el futuro, sino las del funcionario eficiente que ha de dar carpetazo a un conflicto amortizado por la dirección de la internacional desde finales de 1938 y que algunos de sus protagonistas se empeñan enojosamente en proseguir a despecho de las nuevas necesidades de la geoestrategia soviética.
Togliatto, "Alfredo" o "Ercoli" tardará mucho en llegar a sus célebres conclusiones heterodoxas: no se conoce que alzara una voz discrepante cuando buena parte de la dirección del PCI refugiada en la URSS sea liquidada, como la de otros partidos –el polaco, el alemán…- durante las oleadas de purgas posteriores a 1937. Ni que denuncie las mentiras con que se entablarán procesos como los que, en 1948, costaron la vida a antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales, como el ministro del Interior húngaro, Laszlo Rajk, al que se hará confesar que había sido liberado de su cautiverio en el campo francés de Vernet a instancias de la GESTAPO; o como el que laminará a la dirección del partido comunista checo -de la que formaba parte el ex brigadista Arthur London, viceministro de asuntos exteriores- cuyos integrantes serán acusados de “agentes del capitalismo” y “espías al servicio del imperialismo norteamericano”. Su "oscurecimiento transitorio" parece tener más dósis de lo primero que de lo segundo.
21/04/2005
Documentos del Movimiento por la IIIª República (1959-1964)

MENSAJE DEL GENERAL ALBERTO BAYO A TODOS LOS ESPAÑOLES
A todos los compatriotas y amigos, partidos políticos, agrupaciones sindicales y
organizaciones de lucha antifranquista envío un saludo fraternal acompañado de un
mensaje lleno de fe y de esperanza por intermedio de la Convención de Caracas.
Veinte años de exilio con un balance negativo es el resultado trágico de la emigración política española enquistada en mantener errores y falsas posiciones de lucha contra la más odiosa de las tiranías que ha conocido la humanidad: la franquista, con toda su secuela de ladrones y asesinos.
Ha llegado la hora de la lucha sagrada por la liberación de nuestra patria, lucha que establezca la III República sobre bases de auténtica estructuración democrática y
revolucionaria que cree nuevas formas de vida en lo político, en lo económico y en lo social.
España es una realidad política de amplios horizontes donde cada español de la clase que sea tiene un papel histórico a jugar. La solución del problema español no es patrimonio de un determinado partido político, es obra de todos los españoles para un fin determinado, claro y definido. A cada español, encuadrado donde sea, con tal que se sienta antifranquista, se le presenta el dilema de ser o no ser. Cada español tiene una responsabilidad y un deber que cumplir sentirse español y pensar en español.
Amigos de distintos países donde la libertad es realidad nos estimulan con su lucha libertadora y nos exigen que nos unamos. No defraudemos este aliento y pensemos en nuestro martirizado pueblo abandonado a la buena de Dios por politicastros sin conciencia. Aceptemos el ejemplo magnifico de Venezuela y Cuba donde la UNIÓN del pueblo permitió crear el arma de lucha capaz de enfrentarse y vencer a dos regímenes despóticos.
Os repito que ha llegado la hora suprema de mirar hada España y aceptar deberes
sagrados. El que busque su puesto en la lucha lo encontrará: otros ya están luchando y
todos van a hacer falta. Cada uno en el sitio que la lucha lo sitúe, según sus condiciones.
Franco y su sistema se tambalean por descomposición interna. Las sombras de sus
crímenes no los dejan vivir en paz, les persiguen y les atormentan, Unámonos a esas
sombras actuando como tales y asestando golpe tras golpe hasta que los aniquilemos. Esta obra gloriosa de liberación está emprendida. Únete a ella sin vacilar, ocupa tu puesto y cumple con tu deber. El esfuerzo unido de los españoles cambiará muy pronto la situación de España y de Europa implantando un mejor vivir de los pueblos donde la Libertad, la Paz y la Justicia sea la Ley para todo ser humano.
NADIE TE PARA NADA SI TU NO LUCHAS PARA CONQUISTARLO ¡ADELANTE!
En La Habana. Cuba, abril de 1959.
Cuartel General de la Libertad
Firmado: General Alberto Bayo
Suplemento del no 45 de "Acción Socialista", París, 1959.
....................................................................................
CONSEJO DE GOBIERNO DE LA IIIª REPÚBLICA ESPAÑOLA
EJÉRCITO REPUBLICANO
FUERZAS ARMADAS ESTADO MAYOR
P R O C L A M ACIÓN
JUAN PEREA CAPULINO, Presidente del Consejo de Gobierno de la 3e República Española
HACE SABER A TODOS LOS ESPAÑOLES
1°) Que el ejercito bajo su mando cumple la etapa "indispensable" de" reorganización y de preparation al interior y al exterior de España; restructurando conformemente a la necesidades actuales de la lucha contra la tiranía que subyuga nuestra patria, con la incorporación y el encuadramiento de hombres de nuevas generaciones que afluyen hacia nuestras filas, impulsados por el ardor y el entusiasmo, el espíritu combativo y la fe en la justicia de nuestra causa y en la victoria; ella empezará en el tiempo mas breve posible el periodo de la guerra activa implacable y permanente por la liberacion de los pueblos de España, esta no tendrá fin hasta el momento que venzamos y aniquilemos los traidores rebeldes; ella volverá a España la plaza de las naciones las más prosperas y las más civilizadas del mundo, como pais libre independiente y soberano.
2°) El ejercito republicano que tan heroicamente ha combatido durante los primeros tres anos de guerra civil, provocada por los militares desleales asociados a los plutócratas insaciables, el clero ultramundano y los aliados fascistas de todas las tendencias no a jamas capitulado ni pactado con el enemigo, elle sigue en estado de guerra y continua a estar bajo mi mando una organización militar surgida de la más puras entrañas del pueblo; reforzada en permanencia y hoy más que nunca por las nuevas promociones de comandantes jóvenes; una organización militar donde todos los generales, jefes, officiales, soldados sin ninguana excepción tienen como meta única y exclusiva el incrementar el bienestar y la prosperidad de España organizada politicamente como una República Federal Democrática y Socialista, sin admitir paliativos ni medias medidas de ninguna indole garantizando a si las libertades publicas, los derechos de las mayorias y minorías la paz el trabajo y el respeto a todos los habitantes.
3°) En consecuencia yo recuerdo a los españoles que en espera de que otras disposiciones legales sean promulgadas el Estado de Guerra es latente especialmente por los efectos siguientes:
a) Todos los españoles que la edad varie entre los 18 y 55 anos no importa el sexo, estado, profession y domicilio deben considerarse mobilizados en puestos y actividades que ellos ocupan normalmente en este momento pero siempre atentivos y prestos a obedecer a lo que decidirán el Consejo de Gobierno de la 3e. República Española y el Estado Mayor del ejercito bajo mis ordenes.
b) Todos los españoles de no importa, la edad sexo profesión estado y domicilio siguen bajo el código de las leyes penales republicanas en vigor en enero de 1939 y específicamente sobre “represión y espionaje” halta traiccion, desmoralización y siempre y en todo caso dentro del codigo de la juticia militar. 4°) - Que los consejeros de Justicia y del Interior y el Genera! jefe de mi estado Mayor son encargados de .estudiar y de preparar las disposiciones legales necesarias y adecuadas para que una vez la primera partida del territorio nacional reconquistado ellos establez can immediatamente con toda la fuerza en vigor el orden jurídico abolido por la infame rebelión del 36.
5°) Que el servicio de investigación y sequridad militar y los diversos organismos policiacos que funcionan ya dependiendo del Consejo de Gobierno y del Estado Mayor General presten toda la actividad por asegurar e! mejor cumplimiento de lo que es previsto en los pagrafos a)-b) del articulo 3 de esta proclamación, a fin que ellos puedan con las mas grande diligencia y eficacia descuvrir y exterminar los espias los saboteadores demoralizadores y traidores que emboscados en las filas del pueblo en armas, pretendan impedir nuestra gran misión histórica. A si los servicios mencionados han decidido de establecer con diligencia y rapidez las fichas de aquellos que al servicio de la dictadura fascista operan contra el pueblo como igualmente las policías secretas, que en uniforme guardias civiles, armada, fuerzas especiales contra guerrileros; en los tribunales militares y civiles las casas de arresto, prisiones, etc. etc...delitos por los cuales serán indubitablemente juzgados cuando llegue la hora.
Esta proclamación será imprimida publicada y difudidas con toda la amplitud a fin de qué ninguno ignore el contenido.
ALGER 5 ENERO 1964
GENERAL JUAN .PEREA
Presidente del Consejo de Gobierno de la 3e República Española
Commandante general del ejercito Republicano Español.
(NOTA: Transcripción literal, incluyendo erratas)."
Fragmentos de las memorias de Vicente Uribe: el PCE y las Juventudes Comunistas en Vizcaya en los años 20 (I)
En este periodo ocupaba la dirección del Partido el núcleo a cuyo frente se encontraba Bullejos, con residencia en Bilbao, con Trilla, Adame, Arrarás, Arroyo en Madrid, creo que también Silva y alguno más (…) En torno a la Asamblea consultiva convocada por Primo de Rivera para septiembre de 1927, el Partido hizo en Vizcaya cierta propaganda y agitación contra ella, e invitando a las masas a la huelga general política contra la misma [Aunque con simpatía, la mayor parte de las masas obreras se abstuvieron de participar]. El influjo reformista (...) se hacía sentir pues una parte considerable del Partido Socialista era partidaria de participar en la Asamblea Consultiva (...) Saborit dio una tourné de propaganda por Vizcaya a cuyos actos acudía un gran contingente de obreros (...)
La dirección Bullejos presentó la orden de huelga para el día de convocatoria de la Asamblea Consultiva, como coronada por el éxito [Sin embargo] en las grandes fábricas no hubo paro, hicimos huelgas algunos pocos, no todos los comunistas y algunos simpatizantes, más por seguir las indicaciones del Partido que por otra cosa, pues como digo no había ambiente para huelga. El estado de ánimo de los obreros, que en general se mantenía en las fábricas en espíritu de unidad en cuanto tocaba a los intereses inmediatos, en reclamaciones por la defensa de derechos, paros, etc. No alcanzaba el nivel político que requería el desencadenamiento de una huelga general política. En Bilbao hubo algún paro o perturbación en el transporte (tranvías) debido principalmente a la actuación de algunos grupos de jóvenes, viejos seguidores de la escuela bullejista, es decir, empleando la violencia como recurso principal para el logro de aquellos proyectos (...)
En lo que podríamos llamar trabajo preparativo para la huelga contra la Asamblea Consultiva, los problemas de organización de la misma (...) no estaban previstos y en todo caso no se realizó ninguna labor en este sentido. Algunos comunistas en las grandes fábricas eran contrarios a la huelga, no por el sentido que la inspiraba, sino porque según ellos podría acarrear trastornos a la organización del Partido que ya en aquel periodo se había logrado implantar en las grandes fábricas. Entre estos comunistas tener algunas organizaciones en las fábricas y funcionar normalmente en el aspecto interno, realizar alguna labor de solidaridad, estar presente en las acciones reivindicativas económicas y por cuestiones de trabajo, era el máximo de lo que se podía aspirar en la acción del Partido. La lucha política abierta en las condiciones de clandestinidad contra Primo de Rivera la consideraban peligrosa, y lo era, para el Partido y, por lo tanto, según su criterio no debía emprenderse en aquellas circunstancias. La escasa labor realizada para seguir las indicaciones del Partido y los resultados prácticamente nulos en cuanto a acción, tiene también algo que ver con esa actitud de algunos comunistas.
Claro que no se puede perder de vista la Juventud del Partido, aunque los que sostenían esas tesis eran gentes de edad y viejos militantes obreros (...) la comprensión del papel del Partido en la acción política como guía, orientador y organizador de las masas, estaba aún muy lejos de ser comprendido por los militantes del Partido.
El número de afiliados al Partido en 1927-28 en Vizcaya era de unos 150, el de la Juventud de menos de 100. En las fábricas Altos Hornos, Bunko, Naval, La Vizcaína teníamos células de alrededor de 15 militantes en cada una de ellas. La casi totalidad de estos militantes del Partido estaban en él desde el momento de su fundación, que se organizaron en las fábricas, cuando se empezó a implantar el sistema de organización por lugares de trabajo, establecido poco antes del periodo a que nos referimos en este escrito (…)
Poco tiempo después llegó Trilla. Al parecer llegaba directamente de París, quien con Arrarás formaba el núcleo de dirección residente en Bilbao. Para este tiempo estaba suspendida “La Antorcha” y no aparecía ninguna publicación del Partido. Antes de este periodo salieron algunos números legales del “Joven Obrero”, editado en Bilbao, que fue suspendido por la policía.
Algunas características de Trilla pueden ser esclarecidas por el siguiente hecho. Antes de llegar éste me designaron miembro de la dirección de la Juventud, en compañía del Buró que residía en Barcelona. Yo no tenía ni la preparación, ni el conocimiento, ni experiencia para poder tratar de cuestiones importantes con organizaciones del Partido (...) Pero al hombre no se le ocurrió otra cosa a fines de 1927 que enviarme a Asturias para que me informaran de la situación y procurara estar en el más íntimo contacto con la dirección del Partido. Llegué a Oviedo, me presenté en los lugares apropiados y establecí el contacto con el Comité Regional, tres de los cuales se entrevistaron conmigo. Entonces este comité residía en Turón. Trilla no me dio ninguna credencial ni signo de reconocimiento, decía que al llegar por el canal indicado bastaba para el reconocimiento. Yo no me fié y me hice una credencial como miembro de la dirección de la Juventud y como entonces estaba yo solo, me firmé la credencial hecha por mí mismo y acreditando mi persona.
Establecido el contacto con los camaradas miembros del Comité Regional de Asturias, estos me llevaron en plena noche al monte Naranco. Allí me acribillaron a preguntas, empezando por pedirme la credencial que acreditaba mi personalidad y el carácter de enviado de la dirección del Partido. Les entregué la hecha por mí, me dijeron quién es Mario el firmante de la misma, les dije, un camarada de la dirección de la Juventud. Después de unas horas me dicen, te hemos traído aquí al monte Naranco en plena noche porque teníamos sospechas y si se hubieran confirmado te hubiéramos liquidado aquí mismo, el término que emplearon sin tapujos fue “te matamos”. Vuélvete a Vizcaya, no te decimos nada del Partido y dile a Trilla que venga él, que tenemos muchas cosas que arreglar. De todo esto deduje, y luego después se confirmó, que entre Trilla y los camaradas de Asturias había serias divergencias y de hecho es muy probable que no reconocieran plenamente a la dirección del Partido de entonces (...) Mi recuerdo es que en Asturias había más de 200 afiliados al P. (...) Poco después de esto apareció Adame por Bilbao, creo que residía en Barcelona donde su conducta personal fue origen de escándalos y serios conflictos. Al poco tiempo fue detenido (...) No transcurrieron muchas semanas cuando Trilla fue a su vez detenido porque tampoco tomó las necesarias precauciones. Este destinaba la mayor parte de su conversación conmigo y otros a hablar de sus aventuras amorosas en París y de los líos de faldas en que estaba cayendo en Bilbao (...)
24/04/2005
Fragmentos de las memorias de Vicente Uribe: el PCE y las Juventudes Comunistas en Vizcaya en los años 20 (II)
El auge del movimiento obrero y democrático en Vizcaya, paralelo al del resto del país pasó por distintas etapas. Hasta el 22 y principios del 23 existía la firme convicción de la caída de la monarquía y sus sustitución por un régimen republicano (...) Las corrientes políticas fundamentales eran comunistas, socialistas, republicanos y nacionalistas vascos que en aquellos tiempos no se proclamaban republicanos; eran antimonárquicos, antirrepublicanos, antisocialistas, antidemócratas, no se titulaban anticomunistas, aunque nos incluían en lo que ellos llamaban “esas rojas muchedumbres extranjeras”. Era una fuerza mezcla de carlismo-separatismo-vasquismo que se apoyaba fundamentalmente en la zona rural de la margen derecha del Nervión, el antiguo bastión del carlismo y alguna influencia en capas de la clase obrera.
La huelga del 22 de los metalúrgicos, que duró casi tres meses, fue en ocasión en que la clase obrera metalúrgica debió hacer frente a una lucha defensiva de su nivel de vida contrariamente a lo sucedido anteriormente a partir del 16-17 (...) Como es sabido, hasta entonces la clase obrera arrancaba mejoras casi sin lucha, me refiero a la lucha huelguística. Bastaba con las peticiones unánimes de los obreros y su actitud resuelta para obtener mejoras para que los patronos cedieran ante las demandas obreras. No podían resistir el empuje de los obreros, su organización y su espíritu combativo; podían ceder ante las reivindicaciones obreras porque durante el periodo de la primera guerra imperialista e inmediatamente después, obtuvieron ganancias fabulosas. En el 22, los patronos presentaron su “reivindicación” de disminuir los salarios de los metalúrgicos en el 12 por ciento (...) El Partido ya defendía la táctica del Frente Único, la unidad de acción de los obreros sin distinción de tendencias para la lucha por la defensa de las reivindicaciones económicas y políticas de la clase obrera.
La clase capitalista de Vizcaya aprovechó la mejor coyuntura (...) para desencadenar su ofensiva contra los salarios obreros. La crisis mundial de sobreproducción hacía estragos y la industria sidero-metalúrgica ya no tenía los pedidos mundiales que habían sido fuente principal de sus ingresos y beneficios. Aunque la industria pesada española era raquítica en comparación con otros países capitalistas, el mercado interior en aquel periodo más raquítico todavía.
(…) La política de Frente Único, defendida y preconizada por el partido, fue acogida con gran entusiasmo por lo obreros y toda la huelga transcurrió sobre la base de este principio táctico fundamental de unidad de acción obrera (…) En el comité de huelga participaban comunistas, socialistas y sindicalistas, aunque estos tenían muy poca influencia entre los obreros de Vizcaya. En el comité de huelga tenían mayoría comunistas y sindicalistas, partidarios de la resistencia a ultranza y de no ceder en ningún caso. Los socialistas eran ya partidarios de acomodarse, de ceder, pero ese no era el estado de ánimo de la clase obrera, no podían, como hicieron después con los mineros, oponerse abiertamente a la lucha contra la ofensiva de los patronos, bajo el lema miserable y capitulador de “repartamos la miseria”.
Una característica de la huelga, además de la unidad de los obreros, fue su carácter completamente pacífico. No hubo ningún incidente que yo recuerde. Se realizaban las asambleas obreras en las plazas públicas donde el comité de huelga daba cuenta de su gestión y las asambleas se pronunciaban sobre ella y sobre la conducta a seguir.
La solidaridad de las otras capas de la población fue formidable. Pescadores y aldeanos entregaban parte de sus mercancías gratuitamente a los huelguistas. Los comerciantes daban artículos imprescindibles a crédito hasta que prácticamente para muchos de ellos se agotaron sus recursos. Visto desde lejos, la más formidable huelga que registran los anales de Vizcaya a mi entender adoleció de un defecto, es decir, quedó encerrada en un solo marco, el carecer apacible, pacífico, tranquilo, quizás demasiado tranquilo. No había esquiroles, por lo tanto no había lucha contra ellos. La huelga se eternizaba, no se le veía el fin, el hambre empezaba a hacer sentir sus garras en los hogares obreros, se acababan los recursos de todos. Se veía claro el propósito de los patronos de vencer por hambre a los obreros. Sin pretender que el recurso a la violencia fuera una forma de resolver el dilema que planteaba la situación creada por la actitud de los grandes capitalistas, sí me parece que desde el punto de vista de la táctica de la lucha, cuando ha transcurrido un cierto espacio de tiempo, debe enfocar el hacer su frente con más medios que la resistencia pacífica, como se desarrolló en estas circunstancias. Buscar más medios de presión sobre los capitalistas cuando todavía hay posibilidad me parece una necesidad. Por ejemplo, se pudo haber puesto en práctica un medio de acción como el siguiente: concentrar todos los huelguistas en Bilbao, en son de advertencia y amenaza, marchar por la capital los miles de huelguistas, cosa que en otras ocasiones se había hecho con los mineros, hubiera sido útil (…)
Vino luego el problema de cómo terminar la huelga. Llegó un momento en el que apareció claro que la huelga no podía continuar, la capacidad de resistencia tocaba su fin. Ya no había qué comer y en los hogares obreros faltaba de todo.
Los representantes del Partido y los sindicalistas, mayoría del Comité de huelga, cuando llegó la hora de negociar sobre la base de aceptar una rebaja en los salarios, única forma que apareció entonces como medio de poner fin a una huelga que se hacía insostenible, se retiraron del Comité y cedieron el puesto a los socialistas. Así finalizó la huelga con una rebaja del 8% en los salarios en vez del 12% que se proponían los patronos. De esta manera, los comunistas, buenos dirigentes en la lucha y animadores de ella, no encontraban el camino más apropiado para poner fin a un conflicto que no podía continuar porque los obreros no podían más (…) En este caso me parece que los comunistas hubieran procedido mejor continuando al frente de la huelga y saber terminarla lo mejor posible cuando ya aparece como imposible continuar por el agotamiento de los obreros.
Pero no procedieron así, sino que se retiraron (…) porque se mantenían en el principio de todo o nada (…) Los comunistas no estaban preparados ni mental ni sicológicamente para negociar el fin de una lucha huelguística imponente que no terminaba con la victoria de los obreros. Es probable que ya en este caso tratasen de imponer esa línea de conducta al Comité Regional del Partido y a los dirigentes de la huelga los grupos de pistoleros formados por algunos jóvenes comunistas de Bilbao y algunos otros, capitaneados y estimulados por Bullejos que en diversas ocasiones, según he oído contar a Carro, trataron, por la violencia, de imponer su voluntad al Comité Regional del Partido. El caso es que el extremismo más extremo era el considerado como el más revolucionario (…) Negociar aparecía como una traición, hacer como los socialistas, y esto por nada del mundo se podía hacer entonces (…) La propuesta de solución de la huelga con la rebaja del 8% fue sometida a referéndum de los obreros que fue aprobada por mayoría, aunque un fuerte contingente, influido por el Partido, votó por proseguir la huelga.
25/04/2005
Fragmentos de las memorias de Vicente Uribe: el PCE y las Juventudes Comunistas en Vizcaya en los años 20 (III)
Vistas algunas cuestiones desde el ángulo histórico en el proceso de formación del Partido en Vizcaya, aparece en el mismo un fenómeno de extremismo en política y de medios y métodos tomados del arsenal anarcosindicalista, de violencia individual para resolver las luchas. En algunos casos esto dejó huellas duraderas en el carácter y comportamiento de los comunistas que se prolongó durante años y dejó muchas huellas de tipo sectario-dogmático en la formación de los militantes y en la comprensión del papel dirigente del Partido.
Aunque el anarcosindicalismo no tenía raigambre en Vizcaya, la aureola con que se rodeaba a los sindicalistas en Barcelona produjo ciertos efectos en algunos grupos de jóvenes comunistas; tras la aureola vino cierta copia de métodos anarcosindicalistas, que aparecía de hecho ante los ojos de algunos como lo más revolucionario; había que ser más revolucionarios que los anarquistas y por cierto que en algunos casos se fue tan lejos como los anarquistas en el empleo de esos métodos. Y también la degeneración de esos grupos, tanto dentro del P. como en su relación exterior. Algunos de parte de lo que se apropiaban y otros empezaron a “trabajar” por su cuenta y alardeaban de sus “hazañas” en los barrios altos de Bilbao que tienen la misma significación que los barrios bajos de Madrid. La mayor parte de ellos no trabajaban o trabajaban muy poco y estaban desligados del grueso de la clase obrera a la que esta clase de hazañas le producían muy mal efecto y no las aprobaban.
(…) El extremismo en política llegaba a estos extremos presenciados por mí: En la Agrupación comunista de Sestao se pasaron varios días discutiendo si aceptaban las condiciones de vida legal del Partido, es decir, las posibilidades de trabajo legal y abierto que se podía realizar durante el régimen monárquico constitucional, porque muchos lo consideraban atentatorio a la dignidad de revolucionario aceptar y aprovecharse de las pocas libertades que concedía la monarquía. No queremos nada concedido por la burguesía, decían, se lo arrancaremos, como si lo poco logrado hasta entonces no fuese también arrancado y logrado después de decenas de años de lucha de la clase obrera y de las fuerzas democráticas españolas (…)
Después de este periodo que señalo hubo una gran huelga de mineros contra la rebaja de los salarios dirigida por los comunistas que no se realizó bajo el signo del frente único [los socialistas emplearon] la violencia de las pistolas contra los delegados del Sindicato minero designada por nosotros. Fue cuando Bullejos resultó herido por las pistolas de los socialistas.
Mis recuerdos es que la fuerza numérica del Partido empezó a disminuir: muchos que se hallaban en él en los primeros momentos lo fueron abandonado [además del aumento de la represión].
A mi regreso del servicio militar, mediados del 26, habían desaparecido las Juventudes Comunistas de Sestao y Baracaldo y más militantes del Partido habían abandonado sus filas. Se procedió a reorganizarlas con gentes nuevas y se logró en breve plazo constituir dos núcleos en cada sitio (…) Una causa o pretexto de la desaparición de las Juventudes fue que para muchos miembros de la Juventud había llegado la hora de casarse y hacerlo, bien porque no pudieran vencer los prejuicios de las interesadas o por otra razón, el caso es que al casarse por la iglesia, cosa que aparecía como una traición, no solo a los ojos de los comunistas, sino también a los ojos de los obreros, que exigían que los comunistas fuesen enteramente fieles a lo que decían defender. El caso es que muchos se desfondaron, paralelamente al hecho matrimonial, incluyendo algunos dirigentes en la escala local que en múltiples ocasiones habían dado grandes muestras de abnegación, entusiasmo y combatividad. Está claro que en las circunstancias de entonces casarse por la Iglesia para un revolucionario aparecía como el acto de un renegado y todo el mundo lo aceptaba así, empezando por el interesado, y perdía toda autoridad personal política.
(…) La fuerza de la Juventud Comunista en España en aquel momento era muy escasa y después de la detención de la dirección de la misma junto con Bullejos, apenas se mantenía relación orgánica con los núcleos que existían.. Aparate Vizcaya y Asturias que no querían saber nada con la dirección, había algunos grupos diseminados. Del Barrio fue el secretario hasta que apareció Etelvino Vega, nombrado secretario por equivocación en el nombre, pues quien preveían los de arriba era Carlos Vega, su hermano, para el citado cargo. El caso es que lo más importante de la labor de Del Barrio como Secretario fue desarrollar la idea de la liquidación de la Juventud Comunista, decía que para hacer la Revolución no hace falta organización independiente de la Juventud; los bolcheviques habían hecho la revolución sin tener organización juvenil. Así, para Del Barrio, las dificultades de entonces (…) se resolvían simplemente liquidando la organización. Ignoro si Trilla participaba de esa opinión, sí puedo afirmar que Del Barrio comunicó a la IJL sus “geniales ideas”, donde tuvo la acogida merecida. Trilla debió haber acudido al V Congreso de la IC en 1928, pero se escabulló y mandó a Del Barrio.
En este periodo el reformismo del Partido Socialista tomó el camino más abierto y descarado de colaboración de clases y colaboración política con la dictadura de Primo de Rivera. En el plano local, en las asambleas del sindicato UGT, los jefecillos locales declaraban abiertamente con todo cinismo “la lucha de clases ha terminado”, “ha empezado la era de la colaboración de clases para la realización del socialismo”. En el aspecto práctico inmediato, los dirigentes locales se convertían en auxiliares directos de la policía contra los comunistas. Los comunistas más destacados y conocidos y, por lo tanto, de mayor autoridad personal entre los obreros, habían sido expulsados de la UGT con el pretexto de que luchaban contra la dirección del Sindicato. Pero no se limitaba a esto la acción de los dirigentillos socialistas. Yo he estado presente en asambleas del sindicato metalúrgico en Baracaldo y Sestao, donde esos individuos denunciaban a los comunistas, pronunciando sus nombres y apellidos, que repartían materia clandestino del Partido en las fábricas (…) Resultado de esas “hazañas” fue que algunos comunistas, miembros del sindicato, fueron a parar a la cárcel, la policía estaba presente en las asambleas y tomaba buena nota de los nombres de los comunistas denominados, aparte de que no se pueda excluir que por otros conductos menos abiertos ya se lo hicieran saber.
(…) En este periodo encontrábamos bastante apoyo en los obreros influidos por las ideas del nacionalismo vasco, especialmente en el aspecto solidario (…) Nuestra defensa de los derechos nacionales vascos creaba un clima de cierta confianza política entre ellos y nosotros.
(…) Formado el grupo juvenil en Baracaldo, buscábamos miembros y cuando ya estaban “maduros” les proponíamos matar al jefe de la guardia municipal que era el tipo más odiado del pueblo. Si aceptaban entraban en la Juventud, si no dábamos largas al asunto y estudiábamos sus características de supuesta valentía. En este aspecto el sectarismo tomaba sus modalidades más extensas y creábamos una idea falsa del partido, de la Juventud y de los comunistas. No hace falta extenderse sobre su repercusión en cuanto al reclutamiento que era muy escaso. Por otra parte éramos adversarios de lo métodos de violencia individual, no teníamos ninguna simpatía por las formas de actuación e inquietudes de la mayor parte de los jóvenes de Bilbao, por ejemplo. La dirección de estos, ya capitaneados por Hernández, nos trataba de oportunistas porque no nos dejábamos llevar por sus métodos. Al proceder a poner las condiciones antedichas queríamos poner a prueba a través de propuestas extravagantes y falsas, si ya estaban duros y dispuestos a todo por la Juventud Comunista. Todo favorecía tales prácticas perniciosas y deformadoras del carácter del P. y de la juventud.
(…) Después del 23 abundó el trabajo. Las fábricas estaban en plena actividad y expansión (…) La industria mecánica, las grandes fábricas de construcciones navales y las dedicadas al material ferroviario trabajaban con gran intensidad y absorbían nueva mano de obra (…) Los salarios rebajados en 1922 recuperaron una parte en 1923, con la huelga ya señalada y de hecho para núcleos considerables de obreros, sobre todo los de mayor calificación, los salarios eran mayores que en 1922 antes de la rebaja. (…) Se trabajaba bastante a destajo, los patronos lograban grandes beneficios con la intensificación de la producción y algunas categorías de obreros sacaban salarios suplementarios que en ciertos casos llegaban hasta el 100% (…) Nuestros débiles intentos contra los destajos, exponiendo cómo esto representaba una superexplotación y que la clase obrera lo pagaría más adelante, no encontraban eco. Ante la ventaja inmediata los obreros, aunque reconocían que quizás teníamos razón, cedían por encima de cualquier otra consideración.
Solo una pequeña minoría de obreros se ocupaba de política y estaban atentos a las vicisitudes de la vida del país (…) Algunos nos llamaban pelmas porque, según ellos, no había llegado aún la hora de ocuparse de política, esto era sobre todo en la juventud. Aunque estos mismos en las fábricas en las cuestiones de trabajo, solidaridad y conflictos mantenían una buena actitud de clase.