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Estudios sobre la historia del movimiento comunista en España

Cómo y por qué salimos los guerrilleros de España.

Siguiendo instrucciones de nuestro Partido y por convenir así para la coordinación entre ambos servicios, estaban instalados en el local de Benimamet las Jefaturas de Guerrilleros y el S/I/E/P. En estas circunstancias y funcionando en el mismo local nos sorprendió el golpe de Estado de la Junta.

De acuerdo con el Partido y recibiendo órdenes del mismo fueron concentradas todas las fuerzas de que disponíamos en el Ejército de Levante los dos servicios en el local que hasta el presente venía sirviendo de Escuela de Guerrilleros y en la propia Jefatura común se organizó un Estado Mayor compuesto por los camaradas Ungría, González, Buitrago, el Jefe de Estado Mayor del Campesino y al cual más tarde se agregó este último tan pronto como regresó a Valencia pues el movimiento le había sorprendido en Alicante. Esto se producía el día 5 por la noche. A este Estado Mayor según declaración de Ungría debía agregarse el camarada Jesús Hernández de quien recibíamos órdenes.

Por conducto del camarada Hernández se incorporó también una representación de Tanques que había de servir de enlace entre los carros que comandaba Sendín y nosotros para operar en común.Durante la noche tuvimos varios enlaces con el camarada Hernández a través de los cuales se iba perfilando cual debía ser nuestra actuación y durante este tiempo se hizo un plan de ataque combinado con tanques, infantería y un tren blindado que disponía de cañones de 8,8 y que situado en un punto estratégico le habríamos de utilizar como artillería.

La operación preveía un orden de aproximación simultáneo y dos direcciones de ataque fundamentales que tenían como objetivo tomar el grupo de Ejércitos y apoderarse de Valencia. Al frente de las fuerzas que atacarían al Grupo de Ejércitos irían el Campesino y González y con las segundas Buitrago y V/ García.

En la madrugada del día 6 Hernández dio por teléfono la señal convenida para hacer el orden de aproximación, la orden fue transmitida a Tanques dándole el punto de concentración y la infantería fue alertada y terminada de armar con fusiles ametralladores, el tren recibía orden de salir de Levante y situarse en el puno convenido.Una media hora más tarde aproximadamente se recibió orden de Jesús por conducto de Montoliú de suspender la maniobra, así pues hubo que transmitirla a Tanques y el tren que ya tenían el material en camino y que hubieron de volverse a sus bases de partida.

A primera hora de la mañana del día 6 tocan llamada en la Escuela Popular de Guerra situada detrás de nuestro Cuartel General, enviamos hacia allí un agente del SIEP que nos informa que están los alumnos dispuestos para marchar y que en el mismo momento una escuadra baja a situarse junto a la guardia que nosotros como medida de precaución hemos instalado en el cruce de carreteras.Una hora después se presenta en nuestra Jefatura el Comisario de la Escuela Popular de Guerra que es camarada del Partido y que nos informa que los alumnos se han movilizado para sofocar a los guerrilleros que dicen están sublevados, pero al explicarle con la confianza de que era camarada del partido todo lo que ocurría éste con sus fuerzas se pone a nuestra disposición.

Aproximadamente una hora después mandamos a Padilla a enlazar con Jesús del que no tenemos noticias desde la entrevista de Montoliú y con el que a pesar de intentarlo repetidas veces no hemos podido hablar por teléfono. El camarada Padilla regresa sin conseguir su objetivo por no encontrarse ya Jesús en su residencia. Minutos más tarde algunos muchachos que habíamos enviado a hacer una descubierta nos informan que estamos cercados por una Brigada de Carabineros y guardias de Asalto con carros blindados. Aproximadamente a las 10 de la mañana se presentan en la Jefatura dos oficiales de Asalto que con un papel firmado por el jefe de las fuerzas que nos cercan piden en nombre de España y la República que salga el Jefe del XIV Cuerpo a parlamentar con él, en lugar de salir Ungría sale mi comisario y no vuelve a regresar.

A mediodía telefonea Garijo, jefe de la Sección de Información del Grupo de Ejércitos diciendo que urgentemente se presente Ungría en su Puesto de Mando. Este pretexta estar peor de la pierna (la ha tenido rota) y no poder desplazarse por esta causa mandando en su lugar a Ramón, su capitán ayudante, que lo hace acompañado de Padilla. En la entrevista que estos sostienen con Garijo les manifiesta que está en antecedentes de todo lo que se tramaba pues durante la noche anterior ha oído todas las conversaciones que ha tenido Jesús por teléfono tanto con nosotros como con otros, pero que al fin estaba satisfecho pues siempre había confiado en nuestro buen juicio. Remarca que, no obstante, debe comunicar a Ungría que antes de las seis de la tarde debe entregar todo el armamento en el Parque de Artillería y poner el personal a su disposición para ser destinado; pues el XIV Cuerpo de Ejército ha sido disuelto como igualmente lo van a ser todas las unidades comunistas. Repite que antes de esa hora el camarada Ungría debe presentarse en el Grupo de Ejércitos con la relación de hombres, armamento y material para hacer su entrega. Dice que tanto Ungría como Ramón pueden pedir dónde quieren ser destinados o en su defecto está dispuesto a darles pasaporte su quieren marchar al extranjero, pues los aprecia mucho.

Hasta las tres de la tarde del día 6 no tenemos contacto con el Partido. A esta hora en nombre de Jesús nos visita Pérez, del Provincial de Valencia, al cual le informamos de la orden de disolución y le proporcionamos un coche para que antes de las cuatro de la tarde el Partido nos diga qué actitud debemos tomar frente a esta orden. Pérez, por su parte al preguntarle si entablamos combate caso de pretender desarmarnos nos contesta que sin orden del Partido no hagamos nada.

A las seis de la tarde llega el camarada Larrañaga que al preguntarle qué posición adoptamos nos dice que él no sabe pues no tiene contacto con Jesús. En estas circunstancias esperamos hasta las seis y diez, hora en que después de haber hecho documentación del SIEP a todos los camaradas comprometidos, haber quemado todos los ficheros y documentos del SIEP y Guerrilleros, haber cargado con camiones de armamento cubiertos con naranjas que salieron con destino a Andalucía y sin haber logrado hasta este momento el contacto con el Partido salen Ungría y González con dirección a Andalucía.

A las seis y media se presentan agentes del SIM a hacerse cargo de la Jefatura. El Campesino y Padilla así como otros más tienen que salir por la ventana y escapar por la parte trasera. El Campesino y Padilla siguen manteniendo contacto por enlaces con la Jefatura hasta las nueve de la noche sin que hasta esta hora se haya recibido ninguna orden de Partido en dicha Jefatura.

Después de la salida de Valencia por diferentes caminos y sorteando las guardias nos reunimos nuevamente e las cercanías de Alcalá. Al día siguiente por la mañana, partiendo ya de allí también por diferente camino a Andalucía, el Campesino debe ir a una base del SIEP que hay en las cercanías de Purullena, Gonzalez y Ungría a la Escuela del SIEP que está a unos veinte kilómetros de Baza desde donde ambos han de ponerse en contacto con el Partido.

Aunque con algunos incidentes se logra llegar a los puntos señalados y la misma noche del día 7 González y Ungría tienen una entrevista con el camarada Simón, instructor de C.C. en el Ejército de Andalucía, al cual le informan de la situación y por conducto del cual se ponen a las órdenes del Partido para lo que haga falta, por otro lado el Campesino envía desde Purullena al oficial de la Base para que actúe en el mismo sentido por si Ungría y González no han podido llegar.

El camarada Simón se resiste a creer lo que se le dice, pues según él en Baza no se ha tomado ninguna medida contra el Partido, todo es normal, el Frente Popular se reúne con el jefe del Ejército diariamente y el Partido por conducto del Jefe de Ejército conoce todas las órdenes que emanan tanto del Grupo como de la Junta, además manifiesta que para no tener nada que temer a la Junta el Comité Provincial de Granada ha resuelto adherirse a ella. Si bien es cierto que los Guerrilleros de Andalucía han sido desarmados por un Batallón de Ametralladoras sin ofrecer resistencia porque así se lo ha ordenado el Partido, esto no lo considera importante. Se le dice que es preciso salgan en busca de los dos camiones de “naranjas” y que camuflen el armamento en algún sitio por allí para tenerlo a mano por si hay que utilizarlo, se le remarca de nuevo que los militantes y el Partido deben tomar medidas para trabajar en la clandestinidad y no ser detenidos aunque para continuar dando sensación de que no hay recelos por nuestra parte el camarada que representa al Partido en el Frente Popular debe continuar reuniéndose con este. El camarada Simón dice que toma buena nota y que Gonzalez y Ungría deben esperar órdenes del Partido en el lugar en que se encuentran y que él mismo traerá éstas en la madrugada del día 8 o en este día. En términos parecidos se da orden al Campesino y Padilla.

Pasan dos días sin tener ninguna noticia ni recibir orden alguna del Partido. En la tarde del segundo día González, vestido de soldado por ser muy conocido en Baza se desplaza a entrevistarse con el partido.

Una vez en Baza en la Jefatura del SIEP es informado de que el Comité Provincial a excepción de Vilches y Rodríguez que no saben dónde se encuentran, han sido todos detenidos junto con el camarada Simón en la propia casa del Comité Provincial, entre los militares hay también detenidos algún jefe de División y Brigada, el Jefe del SIEP del Ejército de Andalucía ha recibido orden de incorporarse urgentemente al grupo de Ejércitos, de Baza no puede salir ningún coche sin la autorización del Jefe de Estado Mayor del Ejército. El SIM ha estado en la Jefatura del SIEP buscando al chofer de González. De hecho González ha sido destituido y se ha dado orden de detención contra él pues ya en Torrente fueron por él y no lograron cogerlo por estar avisado de antemano, en la casa donde se encuentra escondido el Campesino ha estado en este día dos veces el SIM.

¿Qué hacer ante esta situación? Sin mando de fuerzas, sin contacto con el Partido y la policía buscando una buena pista. González por conducto del Servicio logra sacar al Jefe de estado Mayor de Andalucía una hoja de ruta, con esta hoja sale el coche de Baza con González vestido de chofer conduciendo y llevando en el coche al instructor del Partido en campo enemigo, es así como se puede recoger a Ungría que continua sin poder moverse a causa de la perna y más tarde al Campesino, Padilla y V. García, trasladándolos a la Base marítima del SIEP en Adra.

Al día siguiente contando con las autoridades del puerto, el jefe de la Base del SIEP organiza un servicio de vigilancia de la costa para lo cual solicita dos embarcaciones que le son concedidas, aquella misma noche, o sea el día 10, al estar ya embarcados se presentó el Jefe de la 23 división, camarada Belda acompañado del instructor en la misma, camarada Espejo, los cuales se vinieron con nosotros así como el personal del la Base del personal del SIEP que compone las dotaciones.

A pesar de estar todo bien preparado en el momento de partir parece que las autoridades del puerto se dieron cuenta de que les habíamos engañado y la última embarcación hubo de salir a tiros.

NOTA: Con objeto de hacerlo más claro sería preferible hacerlo de palabra.

[Firmado y rubricado]:

D. Ungría

Valentín González

V. González

Pedro Padilla

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Memoria de un niño republicano en los campos de internamiento franceses

Una nueva colaboración de Mikel Rodríguez

Publicado en Historia 16, nº 348 (abril de 2005)

José Vicente Arizaga nació en Madrid en el seno de una familia progresista. Cuando estalló la guerra, la tragedia se cebó en los suyos. En 1939 se exilió, como tantos compatriotas, en Francia. Y su adolescencia transcurrió en los campos de concentración galos. La ocupación alemana impulsó su paulatina incorporación a las actividades clandestinas. Según cumplía años, su implicación en la lucha antifascista iba siendo mayor, ingresando en el maquis en 1944. Más de sesenta años después, rememora sus andanzas.

“Yo nací el 6 de abril de 1924, en Madrid. No quisiera que mi relato se entendiera como búsqueda de protagonismo, porque yo era la última rueda del carro y la mayoría de mis compañeros tendrían muchísimos más méritos y más experiencias que contar. Pero cada vez quedamos menos y creo que es un deber dar testimonio. Porque lo que a mí me sucedió, más o menos, aconteció a toda una generación de españoles.

Mi padre, José Vicente Sánchez, era conserje del Tribunal Supremo, de Salamanca. Mi madre, Jerónima Arizaga Zuazo, guipuzcoana, eibarresa. Mi abuelo materno había sido fabricante de escopetas y tuvo cierta situación económica hasta que le surgieron problemas, así que mi madre estudió. Mis padres eran republicanos y progresistas. Mi madre tuvo por ello algunos rifirrafes. Mi padre era más pacífico. En mi casa se hacían papeletas para las elecciones. Entonces se hacían a máquina por parte de las diferentes organizaciones. Cuando las elecciones del 36, nosotros vivíamos en un ático y llamaron al piso unas monjas. Venían con papeletas. Y me dijo mi madre: Tú no digas nada. Coge las papeletas, que esas no van a servir, porque las romperemos. Cuando en 1936, tras la victoria del Frente Popular, quitaron 5 pesetas del sueldo de los funcionarios para la Guardia Civil - era voluntario, pero en la práctica se obligaba a todo el mundo – ambos protestaron y se las tuvieron que devolver por el escándalo que montaron.

Yo estudiaba en el Instituto Cervantes de Madrid. En enero de 1936 entré en la Federación Universitaria Escolar (FUE) y en el radio octavo de pioneros de la JSU. Entonces los niños estábamos muy radicalizados y vivíamos mucho la política. A lo mejor demasiado. Mi padre no tenía carnet de partido, aunque un hermano suyo era socialista y estaba bastante influenciado por él. Cuando la guerra se hizo de la UGT. Hasta ese momento no estaba sindicado porque los funcionarios no podían afiliarse a sindicatos de clase. El presidente del Tribunal Supremo, Mariano Gómez, tenía algo de confianza con mi padre porque éste tenía algunos estudios, mi abuelo había sido maestro de escuela rural. Y las cosas las llevaba muy ordenadas y con mucha discreción. Cuando se produjo la sublevación, los chavales de la JSU y de la FUE de más de 16 años se fueron al frente y cuando volvían se traían el fusil y nos enseñaban a utilizarlo. Se daba clase de fusil en el Instituto. También se impartían clases de defensa pasiva: lucha contra incendios, cómo actuar en caso de alarma aérea... También nos dieron un curso a los de la FUE como cobradores de tranvía, para que pudiésemos cubrir los puestos de los trabajadores que estaban en el frente, pero las autoridades no lo permitieron.

Mi madre se puso enferma y de niño mimado tuve que pasar a chaval mayor: hacer las colas para comprar y llevar la casa. Murió de enfermedad el 22 de noviembre de 1936. Cogió una pulmonía que evolucionó a pleuresía. En tiempo normal hubiera podido salvarse, pero claro, en esa situación no había ni médicos ni medicamentos. Una prima mía de Eibar, que vivía en Madrid, fue la que estuvo con ella y me dijo que en un hospital, desbordado de gente, en un pasillo, murió. A mi padre le trasladaron primero a Valencia y luego a Barcelona. Cuando mi madre se puso mala, me mandaron con un tío que era teniente coronel de ingenieros y mandaba la plaza de Aranjuez. Para cuando mi padre me recuperó en Valencia, habían pasado dos meses ya.

En los campos de internamiento franceses

El 22 de enero de 1939 tuvimos que salir de Barcelona a la estampida. Mi padre, mi tío Vicente Vicente, que era director de la prisión de Estado de Barcelona, y yo. Llegamos a Agullana, cerca de la frontera, donde estaban Negrín y miembros del ministerio de Justicia. Pasamos a Francia la noche del 6 al 7 de febrero por Le Perthus. Tuvimos suerte y el día siguiente fue soleado. En la frontera dejaron pasar a un grupo de diez, que cabía en una ambulancia, pero para eso teníamos que disgregar nuestro grupo. Como chapurreaba algunas palabras de francés – mi madre lo hablaba muy bien – les dije a los guardias móviles que íbamos a pasar los tres juntos. Así que, en lugar de en ambulancia, fuimos andando hasta Argéles. En la frontera ocurrió una anécdota que a veces me ha hecho llorar. Había un hombre al lado mío, un guardia de asalto, que después de mirarme mucho, se levantó y sacó de su mochila una lata de leche, una lata de carne y un jersey. Me las dio y dijo: ¡Dónde estará mi hija! En ese momento, yo era un chaval y no supe corresponder lo suficiente. Ahora lo entiendo. Quien no ha pasado por esa situación no puede comprender el valor y el significado de aquel gesto.

Llegamos a Le Boulou, en un prado descansamos algunas horas. A la salida del pueblo nos dieron una bola de pan, la única comida que nos proporcionó en diez días la administración francesa. Con el pan y la comida del guardia de asalto pasamos aquel tiempo, el hambre nos las hizo pasar canutas.

Argéles era una playa grande, de varios kilómetros, con un poco de vegetación. Nominalmente existían ocho campos, pero no se había construido nada aún. Y cuando llegamos, lo único que había eran unos postes con altavoces desde donde daban órdenes. Se dormía sobre la arena. No había barracas, no había letrinas, ni sitios donde lavarse... El agua estaba en malas condiciones y provocó unas disenterías enormes: a veces no había tiempo de alejarse para hacer las necesidades fisiológicas. Había que tener cuidado de no perderse del grupo. Para poder volver, se ponía un trapo en un palo y te decían: Si vas a la playa - lo que no era más que una forma fina de decir “si te vas a hacer tus necesidades” - esta es la referencia. Un capitán del Ejército Popular que mantenía su compañía me dijo: Chaval, ¿has comido? Pasa. Y durante una semana estuve comiendo con ellos al mediodía, pero no me dejaron sacar comida para mi padre. Había quien había podido pasar un camión con alimentos y, como mantenía su estructura militar, la compañía se la repartía. Pero la mayoría se las apañaba como podía. Yo he visto prender fuego a una rueda de camión, con el vehículo encima, para hacer allí la comida.

Las autoridades estaban desbordadas. Entramos quizás medio millón, no se sabe muy bien, y los franceses sólo esperaban a miles. Pero en libros como Más allá de la muerte de Louis Stein también se muestra la otra cara de la moneda, las personas que hicieron el gran negocio con la madera de los campos. Al principio sólo había tres campos de concentración: Barcarés, Saint Cyprien y Argéles, y algunos centros pequeños, como la Tour de Carol, donde se pasaba muchísimo frío. En todos los campos existía un lugar para los castigos, lo llamábamos el hipódromo. En unos campos se hacía correr al prisionero en círculo con un peso, en otros se le encerraba solo en un cuchitril.

Los militares estaban en el Campo 1 de Argéles, a los funcionarios nos congregaban en el 7 bis y el 8 era el de las familias. Las mujeres tenían que hacer sus necesidades al aire libre, con unas mantas les hacían un corrillo, con el que sostenía la manta mirando al exterior. Había muchos rumores y se decía que el Ejército francés iba a pasar la frontera para hacer una especie de marca donde nos llevaría hasta que se arreglasen las cosas. Había gran cantidad de bulos: un arreglo, una amnistía, el establecimiento de una monarquía constitucional, que todo se arreglaría pronto... En lugar de exiliados, como en la letra de una canción que alguien compuso con música de tango, nos definíamos como turistas refugiados.

El 2 de marzo de 1939 pasamos al campo de Bran. Allí ya había barracas y una organización de guardias móviles, todo al mando de un capitán de la Gendarmería, el comandante Casagne. Un tío altote y facha. Porque una cosa es ser militar y tener una disciplina, y otra diferente tratar mal a la gente. Nos dio un discurso diciendo que en Francia mandan los franceses y hay que obedecer. Y concluyó explicando que en Francia existe el teléfono. Si alguien se escapa, llamamos y lo cogen. En cada entrada a las secciones, en Bran se llamaban quartier, en otros campos era el islote, había un montón de latas vacías que servían de plato a quien no lo tenía. Cogías un bote, lo lavabas con tierra y era tu plato. Otro mal detalle eran los registros. Cuando entré, como llevaba una manta alrededor del cuerpo, en bandolera, pensaban que escondía un arma. Y me decían Pistolet, pistolet! Y me la hacían extender en el suelo para revisarla. La operación se repitió muchas veces, porque cada guardia pensaba que no me habían registrado hasta ese momento al ser un chaval. Y había que callarse ante tanto trato injurioso.

Nos hicieron un interrogatorio policial, en el peor estilo. La policía secreta, que luego apoyó a los nazis. Preguntas que la gente no puede creerse. Entré solo, con quince años, porque no dejaron a mi padre acompañarme. Pregunta: ¿Qué clases de armas sabes manejar? ¿Sabes pilotar un avión? ¿Sabes pilotar un carro de combate? ¿Qué clase de explosivos sabes manejar? ¿Qué enfermedades venéreas has padecido? ¿Quieres entrar en la Legión? Un interrogatorio idiota, tanto que el intérprete se cabreó, que hubiera podido costarle caro, y dijo: ¡Ya está bien! Los franceses se estaban riendo de mí. En este campo los internados daban charlas, quien destacaba en determinado campo impartía una conferencia al respecto. El 14 de abril se pasó la consigna de que, a determinado toque de corneta, todos los presos diesen un ¡Viva la República! Sonó como un cañonazo.

En Bran se comía mal, pero se comía. Estaba asegurado a la mañana una especie de café, el cassecroute, una especie de almuerzo que era interesante porque consistía en una barra de chocolate o algo de paté que, aunque era del malo, esas proteínas no las había en el resto de la comida. La medida de la ración era una lata de leche vacía y se nos servía en grupos de veinte. Si sobraba algo, repetías, era el reenganche. Y lo mismo por la noche. Como no había luz, cuando anochecía, aunque fuesen las cinco de la tarde, te ibas a dormir entre la paja y los piojos. Tantos piojos como paja. Eran barracas de madera, con tela alquitranada. Pero, por lo menos, se comía y había una enfermería. El invierno de 1939-40 fue muy frío y en el campo de Bran llegaron a hacer temperaturas de 22º bajo cero. Instalaron en cada quartier un barracón con una estufa, pero allí no cabían todos. De la Cruz Roja no supimos nada en ningún campo de los que estuve. La ayuda procedía de Solidaridad Internacional Antifascista, que era anarquista, los suecos y los noruegos.

Había unos 30 ó 40 chavales. El único trato de favor que tuvimos fue que nos pusieron inyecciones contra la difteria y otras enfermedades. Hacíamos los mismos servicios, salvo cortar leña, pelar patatas, trabajar en la panadería de la Región Militar y el servicio de la mierda, que era lo peor. Había que subir lo que llamábamos el tranvía, un artilugio de madera como los tranvías antiguos, con dos bancos paralelos, con los cubos debajo. Cuando los cubos se llenaban, había que cargarlos en camiones y eso se vendía, ahí había negocio. Pero, claro, la gente se ponía perdida. Me dedicaba a escribir las cartas a los que no sabían, ir a buscar el almuerzo, ir a buscar el correo, cositas de esas que mandaba el jefe del barracón.

Yo era un chaval y apenas me daba cuenta, pero había tensiones políticas, sobre todo cuando el Pacto Germano-soviético. Pero esas cosas no me llegaban. En un chaval todo es nuevo y no pensaba mucho en la vuelta a España. Mi preocupación era la comida. En el campo de Bran cumplí los 15 años. Ya en el 40 quedaba poca gente, porque los habían mandado a las compañías de trabajo o habían retornado a España. Había un islote, el D, que era el de los que regresaban. Pero mi padre no podía volver porque temía represalias. Y además ¿qué garantía de juicio había? Le dijeron desde España que la situación aquí no estaba bien. Casi nunca se recibían cartas, pero las pocas que llegaban daban a entender que la cosa no estaba clara.

Como mi padre tenía cierta edad no le metieron en ninguna compañía de trabajo, ni a mí tampoco por ser menor. En febrero de 1940 llegaron algunos patronos y el jefe del campo nos hizo un discurso que ni Millán Astray: ¡Sois la basura de la sociedad! No queréis trabajar, sois unos vagos. Y en el campo casi sólo quedaban cuatro viejos. Un patrón pedía mecánicos de aviación, que ya no quedaba ninguno, otro me quería llevar a una mina de carbón... En mi barracón había uno que había sido jugador internacional de fútbol, Manuel Rodríguez, que me pidió le dijese al de la empresa Dewoitine que sabía jugar al fútbol. Me adelanté un paso, se lo dije, me preguntó si tenía documentos y se lo llevó. Al final nos cogió un hombre bastante razonable. El 22 de febrero nos sacó para trabajar en trabajos nuevos, es decir, pico y pala, en una siderurgia de Saint Juery, en el Tarn. Allí se hacían carcasas de carros de combate y obuses, aunque casi ninguno salió para el frente.

La derrota de los franceses nos cogió por sorpresa a todos. Recuerdo que una de las pocas veces que estábamos en la capital del Tarn, en Albi, estábamos tomando un refresco y, de repente, comenzaron a llegar coches con colchones, algo que recordaba a la guerra de España. Estuvimos cuatro meses y la población se comportó de forma exquisita. Cuando los alemanes vencieron a Francia, aunque no ocuparon la Zona Libre, vino una delegación a interrumpir la fabricación de armamento. Las autoridades de Vichy nos encerraron en vagones de mercancías, que ponían 8 caballos-40 hombres. Cerraron las puertas y la población exigió que, mientras no saliera el tren, se mantuviesen abiertos los vagones. Y nos trajeron comida, se hizo un baile. Aquella población mostró espíritu de solidaridad y yo lo tengo metido aquí, en el corazón.

Había miedo de que, en lugar de mandarnos de nuevo al campo, nos enviaran a España y algunos, para cuando quisieron darse cuenta, aterrizaron en Irún. En Narbona había un montón de senegaleses montando guardia y cerraron la estación. Se acercó un ferroviario simulando engrasar. Le comentamos nuestra inquietud. Dijo: Esperad, voy a enterarme. Cuando volvió nos comunicó que nos llevaban a Argéles y nos saludó puño en alto.

Entramos de nuevo en Argéles el 10 de julio de 1940. Fuimos al Campo I, a la barraca 386. Comíamos tan poco que había que levantarse muy lento, porque si no te desmayabas. Allí estaba algún alemán de las Brigadas Internacionales conocido de Bran. Los internacionales tenían su propio campo, lo llevaban con mucha disciplina y se habían organizado muy bien. Todos hacían algo, incluso los mutilados, principalmente juguetes... Fundían cantimploras de aluminio para hacer maquetas de aviones y las partes transparentes las conseguían del plástico de los cepillos de dientes que enviaron los suecos. Eso lo vendían y repartían el dinero, con lo que tenían más comida. Un día llegó la infantería, los spahis marroquíes, los guardias móviles, una auténtica invasión. Incluso había una corbeta de la Marina francesa en la playa y sacaron a los internacionales a porrazos, a rastras, los cargaban en camiones tirándolos como sacos. Y en el campo de mujeres se sublevaron, pensando que luego les iba a pasar lo mismo a ellas. En noviembre de 1940 hubo unas inundaciones, lo que ahora se llama gota fría, y el campo de mujeres se cubrió con dos metros de agua. Hasta el último momento no las querían sacar y las mujeres volvieron a sublevarse, les dieron una paliza a los guardianes de las puertas y entraron en nuestro campo, que tenía menos agua. La pasamos amarga, porque la riada que bajaba por el Tec traía cerdos y vacas muertos flotando. En 1941 se hicieron un campo para gitanos y otro para judíos.

En marzo de 1941 la dirección militar del campo me hizo jefe del barracón a los 17 años, porque la docena que quedaba se escaqueó diciendo que no sabían leer ni escribir. Por esa época nos pasaron una notificación de la dirección, ofreciéndonos una gratificación por rabo de rata muerta, porque nos comían vivos. Cavamos en el suelo y encontramos los túneles de las madrigueras. Matamos varias docenas de ratones y una rata enorme, como un conejo. Uno dijo que se la guardásemos, que él la cocinaría y la despellejó. Era una rata bien hermosa. Y mi padre, como un loco para que no me la comiese. Al final los franceses no nos pagaron las ratas muertas. También había una cantidad de pulgas increíble, tantas que hacían vibrar la arena.

En Argéles había una gran incertidumbre, gran desinformación. Apenas entraban diarios y estos venían censurados. Sabíamos que estaban bombardeando Inglaterra, que habían invadido Grecia... Parecía que se hundía el mundo. Había de vez en cuando requisas y la gente se cambió de nombre para que no les llevaran a España. Si las autoridades de Vichy descubrían un alto cargo republicano, trataban de enviarlo a España, a veces sin procedimiento judicial de por medio. En nuestro barracón había un coronel del Ejército que ocultó su identidad y recuerdo a otro compañero, que se hacía llamar Gironés, que había cambiado tres veces de nombre.

Un chaval de esa edad se busca referentes. En Bran me llamaba la atención José María García Bellido, gran persona, un intelectual, siempre tomando notas de todo. En Argéles, una de las personas que más me marcaron era un violinista del Liceo de Barcelona, José María Pedrol y Pedrol. Trabajaba como nosotros de pico y pala en la siderurgia, pero cuando volvía al barracón, en cuanto podía, preguntaba: ¿Habéis pasado todos al baño? Entonces entraba y se ponía a tocar, para no perder la práctica. Era aquella cosa de no perder la dignidad.

En el 401 Grupo de Trabajadores

El 31 de mayo de 1941 nos sacaron a trabajar en el 401 Grupo de Trabajadores Extranjeros. A la construcción de un embalse en el Cantal, el barrage de Larroquebron, cuyo verdadero nombre era Saint Etiénne Cantales. Algunos trabajadores de la cantera procedían del XIV Cuerpo de Guerrilleros, entre ellos Silvestre Gómez. Le llamábamos el civilón, porque tenía aspecto de guardia civil, sólo le faltaba el tricornio. Eso de que la Resistencia se creó desde el primer momento es falso. Pétain declaraba que habían sido derrotados porque se había perdido el espíritu de la nación, que había que recobrar las raíces y volver a la agricultura... Unos discursos muy patéticos, con una raíz patriótica para ganarse a la gente. Se crearon primero los compagnons de Francia, una policía paralela, que estuvieron guardándonos en Argéles. Eran civiles a los que se había dado una pistola. Luego se creó la Milicia, que era la Falange, de lo peorcito, peores que los alemanes. A las tres semanas de estar en la cantera se produjo la invasión de la Unión Soviética. Alguien tenía un aparato de radio en una choza apartada de los barracones donde dormíamos. El que estaba allí para tomar notas e informar de lo que pasaba era una catástrofe, confundía un frente con otro y me mandaron a mí. Tenía 17 años. Cogía las noticias del servicio de la BBC en francés y luego iba a todos los barracones a dar el parte. Era Pepito, todos los chavales éramos Juanito, Antoñito, etc. y nos hemos quedado con eso. Teníamos una moral bastante ilusa, creíamos que el hundimiento del frente soviético era una artimaña para que entrasen los alemanes y luego coparlos. Yo no estaba afiliado, pero trabajaba con la JSU y el Partido, aunque todavía no lo sabía.

Nos trataban muy mal, hubo un hecho asqueroso. Cuando llegaron las Navidades, la empresa entregó juguetes a los niños franceses y no a los españoles, porque dijeron que no habían trabajado todo el año entero. Y sólo eran 7 niños. Y el Partido, las Juventudes y otras gentes prepararon algo. Pidieron a la cantinera permiso para hacer una fiesta, juntaron los tickets de chocolate de un par de meses, algo de dinero y los que trabajaban en la carpintería fabricaron a escondidas algunos juguetes toscos aposta, para dar a entender la queja. Se hizo una chocolatada a la que se invitó a los compañeros franceses de clase de los niños españoles y a la dirección de la empresa. Una niña española pronunció el discurso: A los niños españoles Papa Noel no nos quiere, pero tenemos ayuda de nuestros amigos. Y a continuación se entregaron los juguetes. Otro aspecto de la recuperación de la moral en aquellas Navidades del 41 fue que nadie tenía una perra y nos metimos en la cama. Y uno saltó: ¡Hay que levantarse, hay que cantar, alegría! Repartimos la poca comida que teníamos e hicimos una fiesta. Y quedamos en organizar otra fiesta lo antes posible.

La única forma de obtener un permiso de 24 horas era, si tenías más de 18 años, decir que el domingo ibas a una casa de putas de Aurillac, a 27 kilómetros. Sólo te daban 1 ó 2 al año. Era muy complicado: tenían que firmar el jefe de equipo, el jefe de obra, el ingeniero y el capitán del Grupo de Trabajadores Extranjeros. Luego el gendarme de tu pueblo ponía el sello de salida y el del Aurillac el sello de entrada y el de salida cuando regresabas. Era la única razón por la que los oficiales te dejaban salir, quizá porque tenían comisión. Ibas allí, te tomabas una gaseosa y, haciendo como si no te gustaba ninguna, te dirigías hacia la otra casa de citas. Cuando te perdían de vista, te escapabas al cine o a dar un paseo. Los que estaban en la clandestinidad aprovechaban estos permisos para realizar sus labores, porque la chica de la oficina proporcionaba impresos en blanco para esos desplazamientos. A la vuelta, los militares se cachondeaban, preguntándote qué tal, diciendo que te veían más delgado o dándote palmaditas.

El 1º de mayo del 42 ingresé oficialmente en la JSU e inmediatamente me nombraron secretario de Organización del comité local. También reproducía a mano los periódicos Juventud – de la JSU - y Alianza. Hacía de 30 a 40 ejemplares. Éramos unos 50 sobre 400 españoles. Y otra cantidad parecida en el embalse del Aigle, donde la mayoría eran libertarios. En la Roquebron había comunistas, libertarios y socialistas totalmente pasivos, pero predominábamos los primeros. Los libertarios seguían lo que se decidía en el Aigle. Ls relaciones eran buenas. Hubo una redada en Toulouse y la policía obtuvo datos de la organización de la JSU en Larroquebron. Interrogaron a un compañero libertario, Ginés. Éste, que había sido policía, me dijo a la vuelta: Cuidado. Ahora van a ir por vosotros. Nosotros ya hemos cumplido. Resultó que sabía que estábamos realizando actividades clandestinas para el Partido y no había dicho nada. Ese día él y su compañero Orozco realizaron mi trabajo en la cantera para que yo pudiese avisar a los demás del peligro.

En 42 vino el célebre Otto, un alemán que se dice había hecho la guerra con la República. Soltaba un discurso para enrolar trabajadores para Alemania en todos los lugares donde había españoles. Habló con el director de la empresa y nos obligaron a estar todos presentes. Hizo su discurso en francés y español: Los franceses se han comportado muy mal con vosotros, los alemanes hemos luchado con vosotros, pero reconocemos que sois hombres. Vosotros sois verdaderos hombres y en Alemania os trataremos y os pagaremos bien. Yo no fui y un amigo, Antonio Martos Montoya, tampoco por lo que nos llevamos una bronca de órdago del Partido. Del grupo se presentaron cinco o seis voluntarios, gente que había perdido el norte. Como yo era de los gallitos y hablaba demasiado, un camarada me dijo: Esta noche, tú vas al cine y además vas a hacer el imbécil, para que se te note. Yo no quería y a la hora llegaron dos compañeros que me escoltaron hasta allí. Esa noche les quemaron las maletas a los voluntarios. Hoy me da pena, pero entonces era lo más lógico. Como estaba significado, me quisieron dar una coartada. Meses después trajeron cientos de cartulinas para que los compañeros escribiesen dos consignas: Vive le 1º mai! y Ne partez pas travailler en Alemagne! Como la mayoría tenían faltas de ortografía o estaban escritas en castellano, hubo que rehacerlas para que no se viese que habíamos sido nosotros.

El 16 de febrero de 1943 hicimos una fiesta española para conmemorar el aniversario de la victoria del Frente Popular y celebrar la victoria de Stalingrado. Los campesinos nos dijeron que tenían un ternero y que, antes de dárselo a los alemanes, preferían vendérnoslo. Miguelito, uno de 1.80 y yo lo trajimos y se asó. Aquel día nos hartamos a carne, había quien no la había comido desde hacía años. Ese año la empresa mandó a parte del personal a la construcción de un embalse en Argentat y el prefecto los entregó a los alemanes como trabajadores forzados junto a otros compatriotas del embalse de la Maronne. Se trataba de la rèléve: por cada dos trabajadores, los alemanes liberaban a un prisionero de guerra. La propaganda de Vichy mostraba como salían trenes llenos de trabajadores eufóricos y una segunda imagen con trenes en que regresaban los soldados los prisioneros de 1940. Para no enviar franceses, el prefecto envió a los españoles. Afortunadamente, la mayoría de estos deportados se salvó. Las primeras grandes concentraciones de maquis en 1943 tuvieron que ver con esta huida del servicio de trabajo obligatorio.

La guerrilla se inició de forma muy discreta. El encargado, Silvestre Gómez, apodado el civilón y el verrugas, era discretísimo. Había un grupo de jóvenes, de veintitantos, que habían hecho la guerra y les teníamos mucha tirria porque eran los que cortaban el bacalao: Ojeda, Sánchez, Brillantina... Ya eran guerrilleros. Yo descubrí que existían porque Blas Hernández me solía pedir mi maletín de cartón, donde tenía unas mudas por si tenía que salir al escape. Una vez que me lo devolvió, fui a poner mi ropa y olía que apestaba a dinamita. Se lo dije, se echó a reír, cogió el maletín y, cuando me lo devolvió, no olía a nada. En la década de los sesenta, nacionalizado francés, visitó su pueblo, creo que era de Orihuela. Y allí lo asesinaron unos criminales comunes en un altercado preparado por los falangistas. Su mujer se volvió loca.

Las acciones se hacían el fin de semana, porque no había guerrilleros en el bosque, todos estaban legales, trabajando con un horario. Todavía no estaban los ánimos para echarse al monte. La segunda vez que descubrí que había guerrilleros fue cuando hubo que buscar documentación para un compañero que tenía que huir porque había pegado un bofetón al jefe de equipo. Me mandaron a ver al andorrano. Aparentaba ser un campesinote tosco, que no sabía leer ni escribir, con un lenguaje muy limitado, viviendo en una habitación alquilada de un caserío. ¡Y resultó que era uno de los falsificadores del Partido, el que escribía la documentación! También había otra persona que simulaba ser muy simple, vestía un pantalón hecho con sacos de cemento, que luego resultó ser un antiguo gobernador civil.

En la guerrilla

A principios del 44 me dijeron que si quería ingresar en la guerrilla y les dije que sí, que no tenía inconveniente. Pero tuve que escaparme antes porque nos hicieron una falsa denuncia a Antonio Martos Montoya y a mí como saboteadores. Me escapé el 31de marzo y antes di los datos del polvorín de los trabajadores polacos, para que lo robasen unos días después de nuestra partida. A mi amigo Antonio lo mataron los alemanes en la 3ª Brigada del Ariège. La amistad de aquella época, de chavales, era de hermandad. Antonio era bien parecido, le caía bien a las mujeres, tenía un éxito formidable. La muerte de aquel pobre chaval siempre fue una herida. Él tenía 19 años, yo 20. Los que se quedaron, cuando el desembarco de Normandía, fueron llevados por uno de los jefes de la empresa al maquis. Italianos y franceses. Y casi todos murieron a Mont Mouchet, entre ellos dos mujeres. Con un antiguo capitán de Líster vine a dar a una aldea junto a Tries sur Baines, en el Puy Darrieny. Nos instalamos en un molino abandonado, hicimos un pequeño campamento, como que cortábamos leña. La vendíamos para tener un poco de dinero, pero no engañábamos a nadie. Al mes y medio vino la Milicia y estableció un control para detenernos, pero felizmente no nos cogieron porque del pueblo nos informaron.

Cuando pasábamos de Tarbes a Pau, en mitad de camino, en Lourdes, subió la Gestapo al tren. Como en las películas, con sombrero y vestidos de cuero de arriba abajo. Detrás de ellos venían los que llamábamos los perros, la policía militar, con cadena al cuello y la metralleta en la mano. La Gestapo, muy educada, con guantes, pidiendo la documentación. Nosotros teníamos tres papeles falsos con nuestro nombre real: uno, de que pertenecíamos a determinado grupo de trabajadores, la “orden de misión” de trasladarnos a tal lugar y la cartilla de racionamiento. Y documentos legales también, porque habíamos podido consularnos en el viceconsulado de Rodez, porque el vicecónsul era contrario a Franco. Nos miraron las manos para ver si teníamos callos. El alemán se convenció y se despidió con un ¡Buen viaje! en castellano. Por esa época, los tebeos de las Juventudes de Acción Católica, no sé si la edición era para los Bajos Pirineos o para toda Francia, todavía nos atacaban. Recuerdo una historia, La denuncia se titulaba, en que unos niños vigilaban a unos leñadores españoles malcarados, negros y con boina, que realizaban actos ilegales y al final los delataban a la Gendarmería. Ya comprenderás con que mal cuerpo leíamos estas cosas.

Al llegar a Pau nos esperaba un camarada, pero pasamos un gran apuro porque en aquellos días habían matado al jefe de la Milicia y había toque de queda. Dormimos en un pequeño hotel y pasamos bastante miedo, éramos siete y estuvimos viendo como salir de allí en caso de ataque. Nuestro jefe era Raimundo Peña, el coci. Un antiguo teniente, muy competente. Al final de la Guerra Civil, aunque procedía de las Juventudes Socialistas, lo capturaron los de Casado y lo entregaron a los franquistas. Estaba encerrado en la plaza de toros de Valencia, seguro de que iba a morir porque era muy conocido por su actividad en Carabanchel. Pero se dio cuenta de que la única diferencia entre su uniforme y el de los que lo custodiaban era el bajo del pantalón y la borla de la gorra. Se vendó los bajos del pantalón, consiguió una borla y salió tan campante por la puerta, logrando luego escapar a Francia.

Ya cuando se hizo de día y acabó el toque de queda, pudimos salir. Contactamos con alguno de la 10 Brigada que nos mandó a una zona de colinas en las afueras de Pau, el clos Henry IV, al otro lado del pueblo, Jurancon, que entonces era un municipio independiente y ahora es un barrio de Pau. Esto ocurría en la época del desembarco de Normandía. Allí nos instalamos en la hondonada boscosa de una colina, en un barracón donde se habían hecho bailes clandestinos. Éramos en principio siete, pero comenzaron a llegar jóvenes franceses. El mando aliado había convocado la sublevación general, eso se hizo por clave radiofónica, y empezó a venir gente sin ninguna idea. Un jovencito cogió tal borrachera que se lo tuvieron que llevar, dos se pelearon a puñetazos por una pistola... Armaban un jaleo terrible y eso con los alemanes cerca. Además, no había armas para todos. Así que a la mayoría se les devolvió a casa a los dos días. Aquí no pasó nada, pero esa imprudencia de Londres costó muy cara en otros lugares, porque estos grupos grandes y sin experiencia, mal armados, fueron machacados por los alemanes. A nuestro jefe francés, o le caíamos mal o era un militar de carrera, porque nunca habló directamente con nosotros, sino a través de su ayudante. Estuvimos unas tres semanas, pero el escándalo era tanto que nos ordenaron que nos fuésemos de allí.

De refilón paramos en la 10 Brigada, en la primera compañía del primer batallón. No había armas para todos. La primera noche había que hacer guardia y, aunque era el único novato, me dieron un mosquetón. No tenía ni idea de cómo funcionaba, pero rechazar un arma en aquellas circunstancias era quedarse sin nada. No todos los compañeros tenían un arma, yo la tuve desde el primer día y eso era un orgullo. Estuvimos en la frontera con Jaca, en Forges de Abel, el último pueblo, en la boca del túnel del Canfranc. Allí estuvimos quince días, con un frío terrible. Al ingresar en la compañía, me nombraron jefe de la 6ª sección, un seudónimo de comisario, pese a que había personas con mucha más experiencia, porque pensaron que iban a venir muchos jóvenes que se entenderían mejor conmigo. Nuestro capitán era gallego, un buenazo al que llamábamos tres peritas. Era un tío agarrado, no para él, sino porque no gastaba nada de la cantidad de dinero que le habían dado. Me hizo una vez hacer la suma de nuevo de todos los gastos porque faltaban 25 céntimos. Luego en Cambo nos encontramos con dos curas vascos de los que estaban con el obispo Múgica. Queríamos hablar con ellos, pero estaban distantes, era como si viesen al demonio. Comíamos en el casino de Salies, que los alemanes habían dejado hecho un asco. Lo limpiamos nosotros, con gran entusiasmo, porque hacía mucho que no trabajábamos, con baldes de agua. Mandamos a los prisioneros alemanes a Pau, pero resultó que los franceses detuvieron a uno de nuestros hombres, Mariano García, porque, como era alto y rubio y no sabía francés, creyeron que era otro alemán más.

En Helette hacíamos funciones de autoridad militar en la frontera. Una patrulla detuvo a tres del pueblo que llevaban contrabando. El capitán, que tenía bastante cabeza, se dio cuenta que aquello era un problema, porque no queríamos indisponernos con la población. Estuvo pensando como solucionarlo y al final me dijo: Vamos a ver al cura. E hicimos teatro el cura y nosotros: Mire usted, padre, tenemos un problema. A ver si usted tiene una idea para darle solución. Mi orden es entregar a los contrabandistas para que pasen a juicio militar, pero todavía no he comunicado su detención a las autoridades militares. El cura nos dio la solución que queríamos: Tráigalos aquí, que yo les echaré una bronca ante ustedes, pero no es conveniente que esto pase a jurisdicción militar. Y allí les echó un sermón. Parábamos el tren que venía de España y, acompañados de los gendarmes, pedíamos la documentación como autoridad militar. Que esto a los gendarmes no les debía de hacer mucha gracia.

En septiembre de 1944 nos llegó una circular, era la primera noticia que tuvimos del partido socialista durante años. En ella se decía que los militantes que no abandonasen la guerrilla de la UNE quedaban expulsados del PSOE. Lo estuvimos discutiendo en la JSU. Los socialistas de mi compañía se fueron a casa. Cuando recibieron la orden, porque entonces tener un carnet era cosa sagrada, se fueron, algunos incluso llorando.

Creíamos que la cosa en España estaba a punto de caer, no conocíamos la actitud de Churchill. Se pasaba mucha gente para Francia. Uno de estos, un dibujante, nos decía: Lo ponéis muy fácil todo. Oye, yo vengo de allí y vosotros estáis totalmente equivocados. En cuanto vayáis de paisano, en cualquier pueblo, rápido os identifican, en la manera de hablar, en la manera de andar. Estáis perdidos. De Helette nos mandaron a Cambo. Un día hubo una especie de mitin, una arenga. Y los que habían hecho la guerra de España dijeron ¡Tate, vamos al frente! Total, que aquella misma noche pasamos un grupo de 52.

Tras estar un par de días en España, vagando de un lado a otro, sufrimos una emboscada. Murió el comisario, José Silva, y otros compañeros. Decidimos volver a Francia y, tras cruzar la frontera, entramos a descansar y a comer en dos bordas de pastores cerca de Sara. Habíamos matado un cordero y lo estábamos comiendo. He leído en un libro que eran las 4.30 de la tarde, podría ser. Empezó el tiroteo. Iba a salir y uno, con más experiencia, me paró con un gesto. Me dijo que cuidado, que podían estar fuera. Miramos y vimos que estaban atacando la otra borda, a unos cien metros. Salimos e hicimos frente y empezamos a tirar. Pero las cosas iban mal, porque los fusiles ametralladores fallaron y los que tenían más experiencia se dieron cuenta que tampoco sonaban en la otra borda. Ninguno de los cinco fusiles ametralladores ingleses funcionaba, sólo uno alemán. Como anécdota chusca puedo decir que un chico guipuzcoano, tendría unos 18 años, preguntó al capitán: - La situación, ¿es grave? - No, tranquilo, esto no es nada – le respondió el capitán, pensando que así calmaría sus nervios. - Pues entonces, me vuelvo a comer. Entró y siguió comiendo tan tranquilo.

En la otra borda, nuestro comandante, Cabero, que era un hombre de mucha sangre fría, salió a abastecer el fusil ametrallador y lo mataron. Con el jaleo llegaron en camiones los franceses del Cuerpo Franco Pommiés, que no eran comunistas, pero nos tenían mucho aprecio porque habían luchado contra los alemanes. Y formaron frente a los franquistas, que se largaron. Nos trajeron unas barras de pan blanco y nos lo fueron dando en pedazos pequeños. En total tuvimos 8 muertos de 52. Enterramos a nuestro comandante en una ceremonia pública, aunque sólo dejaron desfilar a los que tenían el uniforme completo y sabían marcar el paso.

Nos convertimos en el 8º Batallón de Seguridad y nos llevaron a 80 kilómetros de la frontera, para no irritar a Franco. Había mucha presión de los norteamericanos para no molestar a Franco, pero los historiadores hablan muy poco de estas cosas. Finalmente llegó una orden de que, o nos incorporábamos al Ejército francés, o nos desmovilizaban. En marzo de 1945 nos desmovilizaron y a finales de año ingresé en el PCE. Trabajé en la construcción y lo simultaneaba con labores para el Partido en diferentes comités departamentales hasta mi regreso a España tras la muerte del Dictador”.

"Por rojos" -un artículo de Mikel Rodríguez-.

Publicado en Historia 16 nº 296 (diciembre de 2000), p. 56-66.

“Los diversos partidos comunistas, las brigadas internacionales, los intelectuales de izquierdas... todos agentes – cuando no verdugos - del estalinismo”. Las corrientes historiográficas en boga y los escritores creadores de opinión nos bombardean con esta idea. Hace unos años se equiparaba comunismo y fascismo. Actualmente muchas “primeras plumas” ya no se contienen y colocan al comunismo en el escalón más bajo de la degradación humana: “Hitler y Franco eran malos, ¡pero anda que los comunistas!”. El “final de la historia” anunciado por Fukuyama, con su tan conveniente mensaje “el capitalismo y las leyes del libre mercado son la realidad última e inamovible” niega la aparición de cualquier otro modelo en el devenir humano. Desde luego, la idea de que vivimos en el mejor - o en el único - de los mundos posibles no es nueva. Ya Hegel consideró que la “idea absoluta” había tomado forma en el estado prusiano y no vamos a desdecir a los poderosos propagadores de esta “buena nueva”. Pero la defensa de quienes fueron asesinados o se pasaron veinte años en la cárcel por sus ideales, en una época en que enfrentarse al poder era jugarse la vida merece unos renglones. La defensa de unos hombres y mujeres que no luchaban por la Dictadura del Proletariado, sino por las libertades y la democracia. Unos hombres y mujeres que malvivían en las cárceles o en la clandestinidad, comidos por las chinches, no en el “Hotel Lux” de Moscú (1). Unos seres humanos que, si tuvieron la suerte de sobrevivir, ahora una pléyade de “opositores póstumos del General” pretende que se avergüencen de su lucha y de su militancia. Quizá para que tanto demócrata “ex novo” pueda rehacer la historia a su conveniencia.

Pero como la autodefensa entra de lleno en la tradición revolucionaria, dejemos que dos de estos “malvados agentes del estalinismo” nos recuerden su trayectoria.

Marcelo Usabiaga Jaúregui (Ordicia, 1916). Miembro de las Juventudes Comunistas, durante la Guerra Civil combate en los frentes del Norte, Centro y Levante. En 1944 se encuentra en un destacamento penal en Arrona (Guipúzcoa).
En el destacamento penal trabajábamos para una empresa constructora llamada “ABC”, que hacía carreteras y “regiones devastadas”. La habían montado los franquistas para sacarse unas perras. Yo estaba cumpliendo una condena de 30 años y comenzamos a realizar actos de sabotaje contra la fábrica de cemento, porque estaban mandando material al “Muro Atlántico” de los alemanes. En el destacamento funcionaba el Partido desde 1943. Construíamos una línea aérea para transportar la piedra colgando en vagonetas. Estropeamos las mezclas del cemento, así que las pilastras se cayeron. También averiamos dos veces el motor eléctrico del molino de piedra, con lo que la producción paró. El motor se quemó las dos veces. Eso fue lo que les puso en guardia. Yo trabajaba en la oficina y un día me dicen: “Marcelo, he oído tu nombre”. Entonces nos reunimos los camaradas e iniciamos las gestiones para escapar. El Partido no estaba organizado en la provincia y no podía ayudarnos. Así que decidimos pasar a Francia por nuestra cuenta. Pasamos cuatro: Orozco, Iglesias, un malagueño del que no recuerdo el nombre y yo. Era septiembre de 1944.

Yo conocía bien la frontera porque soy de Irún y la cosa fue sencilla. Los franceses nos metieron en un campo de concentración, pero hubo un momento de peligro, porque una columna alemana contraatacó, y vinieron los franceses para pedirnos ayuda a los presos españoles. Yo les dije que bien, que nos diesen fusiles y que iríamos a luchar. Pero el caso es que los alemanes se retiraron hacia el Norte. Si te digo la verdad, mi idea era ir a Francia a descansar y, luego, luchar contra los alemanes allí.

Fuimos a Pau, donde me encontré con la División de Guerrilleros Españoles. El comisario político era “Esparza”, nombre de guerra de Gómez, íntimo amigo mío. Cuando le hablé de que en España no había nada que hacer, me dijo: “Mira, no hables en voz alta, porque si dices por ahí lo que me estás contando, te ganas un disgusto”. A los días llegó un tal Lecumberri. Yo estaba en el “Hotel Bristol”, el puesto de mando de la División. Me llaman y me dicen: “Oye, Marcelo, que ahí abajo hay un camarada, paisano tuyo, que dice cosas que es la hostia, que hay que ir enseguida a España, que Eibar está cogido ya..” Y yo, que había estado preso a 20 Km. de Eibar: “¡No me jodas!”. Veo a un tío, ancho de espaldas, que planteó que había que pasar un grupo ya, porque se hacían dueños de Eibar en diez minutos.

Pasé unas semanas fatales. Me decían que no tenía moral por haber estado en la cárcel, que ellos habían aprendido a luchar en Francia, etc. Estuve alrededor de un mes enseñando a los guías a cruzar la frontera esquivando a los carabineros. Pero me habían escogido para volver a España con un grupo de guerrilleros (2). Y le decía a “Julio” (3): “¡Me cagüen diez! ¿Pero tú sabes lo qué es ir a San Sebastián, once tíos, con una pistola en el bolsillo? ¡Yo me he escapado de allí hace un mes! Eso es un crimen”. Y él me comprendía, pero me decía que el mando de la División había ordenado que allí no podía quedar ni un español, que hasta el último tiene que pasar. Todo parecía increíble, pero ¿cómo me iba a negar? ¿Cómo me podía plantear yo, que venía escapado de la prisión, no volver si me lo pedían? Pasé una época muy mala, en el sentido síquico. Estaba jodido. En las reuniones no decía lo que pensaba. Al final, me dije: Soy un luchador y voy a luchar. Y sé acabó. No voy a entrar en disquisiciones de nada. Mira, mala suerte y se acabó.
Había una visión política absurda de España, un absoluto desconocimiento. Todavía estoy viendo como hablaban Nuñez Escurza, Vallador, con un triunfalismo... Hablaban de su victoria sobre el Ejército alemán, pero no conocían España. Allí sólo se utilizó un argumento de peso específico. Lo hizo Vallador: “Si termina la guerra y en España no hay una provincia, una fortaleza, un núcleo, lo que sea, donde una fuerza luche contra el franquismo, las democracias, lo mismo que en la guerra han hecho la “No Intervención”, lo mismo harán ahora y luego se aliarán con Franco”. Lo que fallaba de su cálculo es que no había la posibilidad de crear esa situación de guerra real.

En el reparto de funciones de nuestro grupo, Barroso quedó de comandante, Lapeira de jefe de organización y yo, como jefe de agitación/propaganda. No traíamos objetivos concretos. De lo único que se habló era de que habría que atracar bancos para conseguir fondos, porque no traíamos un céntimo. Nos pasó un contrabandista, Benac, a cambio de 1000 pesetas por cabeza. Al último español que vi en Francia antes de embarcar fue al comandante de la “Brigada Vasca”, Ordoqui. Cuando montaba en la lancha, me dijo: ”Marcelo, me parece que esta es una aventura que va a salir mal”.

El primer grupo lo formábamos Pedro Barroso, Regino González, Javier Lapeira, Alfredo Gandía y yo. Al día siguiente pasaron otros cinco hombres y una mujer, Victorina Gastán. Barroso llevaba un listado de direcciones de personas con las que contactar. Cada uno llevaba un “naranjero” con cargador, una pistola y en la mochila, dos cargadores más y dos bombas de piña. Al desembarcar a uno se le cayó un cargador, lo que luego tuvo su importancia. Pasamos la noche en un caserío y cometí una torpeza, confiado absolutamente en la fortaleza física y moral de mi amigo Pepe Aguilar, combatiente de toda la vida y de absoluta confianza. Mandamos a la chica del caserío a buscarle. Y al día siguiente vino y se comprometió a buscarnos un piso en San Sebastián. Pero cuando llegamos a la dirección, los dueños dijeron que no podíamos quedarnos. Nos despedimos de Benac que, como buen contrabandista, me dijo que se olía algo. ¡Y a las once de la noche, cinco tíos con una pistola en el bolsillo, a buscar donde dormir! Fuimos a un segundo y a un tercer piso. Al final, en la cuarta casa, de unos parientes de Regino, nos dejaron quedar. Lo peor es que en cada piso habíamos dicho a dónde nos dirigíamos, para que el segundo grupo y Benac, que tenía las armas, pudieran encontrarnos.

Mientras la policía ha localizado el caserío, ha localizado a la chica y a Pepe Aguilar. Y Pepe, de la paliza o por lo que sea, les pone sobre la pista del primer piso. Y de allí, reconstruyendo nuestro trayecto, nos localizan y caemos Regino, su familia y yo. La político-social de Irún, mandada por Melitón Manzanas, entró a las ocho y media ¡Y a las nueve venía Lapeira de contactar con Bilbao! Tuvimos la mala suerte de que nos iban a llevar, pero entre los tíos de Regino, la prima, nosotros dos y cuatro policías no cabíamos en el coche. Y Manzanas le dijo al chófer: “¡Vete a la Avenida y coge dos taxis!”. Y en ese crítico momento llegó Lapeira, no vio nada raro, subió al piso y le engancharon. Si tarda un cuarto de hora, no nos encuentra y se salva. Y si viene cinco minutos antes, ve el coche de la policía aparcado y se larga.

El resto del grupo cayó en Bilbao y Eibar. Lecumberri, en lugar de tomar Eibar en diez minutos, le detuvieron en diez minutos. Somos muy amigos y por desgracia hemos tenido muchos años para bromear con esto en prisión. Fue un desastre. Detuvieron a montones de personas, que no eran colaboradores activos, ni enlaces, sólo amigos y conocidos que habían hablado con nosotros. Sólo escapó Gandía (4). Manzanas nos frió a preguntas a Regino, a Lapeira y a mí. Me llevaron atado por todo Irún a las tres de la mañana. Estaba seguro de que me iban a fusilar. En la comandancia militar estuve repasando mentalmente porqué habíamos caído. Me hicieron descalzar, me pisaron los pies y me dieron una paliza. Yo no dije ningún nombre, pero no me apretaron mucho, esa es la verdad, porque pensaron que los enlaces los tendría el que había ido a Bilbao. Pero la paliza a Lapeira fue de abrigo. Y tampoco dijo ningún nombre.

Estando allí llegó la visita del coronel Ibáñez, que era el segundo jefe de fronteras, conocido de mi familia. Entró en la habitación fuera de sí: “¡Estás loco! ¡Estáis locos! ¿Qué cojones venís a hacer aquí? ¡Te va a costar caro esto! Me ha dicho tu tía que venga a verte, pero no te voy a dar ningún optimismo, ¿eh? ¡Estáis perdidos! ¡Van a hacer un consejo sumarísimo en 48 horas y os fusilan! Ya sabéis que yo no soy fascista, no soy de falange, soy monárquico de toda la vida, pero...”. Y yo acojonado allí. Me llevaron a la cárcel de Ondarreta. Me llamó el director, Ramón Otalora, a quien conocía de cuando estuve condenado en Valencia. Me llevaba conducido el jefe de servicio, Echarte, buena persona, que me iba diciendo: “En buena te has metido. ¿Cómo se te ocurre volver aquí?”. Y el Director le ordenó: “¡A éste llévele usted al último rincón de la cárcel, al último agujero, donde no vuelva a ver el sol, para que se pudra allí!”. Me llevaron a una habitación llena de ataúdes. ¡Joder, que volví a pensar que me pegaban un tiro!.

Durante el proceso judicial mi problema era si podría morir valientemente. En mi celda, ensayaba la pose que iba a poner ante el pelotón. Todo el día en la celda, convencido de que no había solución, porque habían fusilado por mucho menos. Pero cuando el juicio resultó que uno de los venidos de Francia, y te aseguro que yo no, llevaba, ¡asómbrate! la nómina con los nombres de los once, firmada por cada uno, con lo que cobrábamos en francos. ¡Parece increíble! Y nos salvamos porque ponía: “Barroso, comandante; Gandía, capitán; Regino, teniente; Usabiaga, Lapeira... soldados”. Y claro, la salvación: “Yo, desde luego, soldado, yo hacía lo que me decían los jefes”. Si en el expediente o en las declaraciones se llega a descubrir que yo venía como jefe de agitación y Lapeira como secretario, otro gallo nos cantara. Esa fue la atenuante. Veinte años y un día. También había acabado la guerra y quizá Franco no podía seguir fusilando a mansalva. Pero eso parece ahora, porque entonces los pelotones funcionaban a pleno rendimiento.

Estando ya condenado me llaman a Jueces. Y allí un hombre, me agarra de las solapas y me dice: “¿No me conoces? ¡Hijo puta! ¡Cabrón!” . De momento no le conocí, porque estaba desfigurado, más delgado y sin bigote. “¡Soy yo, que he tomado cervezas contigo!.” Se trataba de un tal Zulueta, un oficial franquista que se había infiltrado en la UNE y que, cuando lo descubrieron, salvó la vida por los pelos. “¡Ya sé que tú nos has sido, ya sé que nos has sido tú, pero voy a recorrerme todas las cárceles de España para coger a quien ha sido! ¡Y a esos me los cepillo! ¡Mírame las manos, como me las habéis dejado! ¡Me habéis martirizado! ¡Pero esto me lo vais a pagar!”.

Como a todos los fugistas, me llevaban a la prisión de Chinchilla, una prisión fatídica, para cumplir condena. Y estando en tránsito, esperando que viniese la Guardia Civil, los presos de Chinchilla, desesperados de sus condiciones, dieron fuego a la prisión con ellos dentro. ¡Ya ves cual tenía que ser su desesperación! Luego me llevaron al Puerto de Santa María y de allí, a Burgos, donde Franco concentró a los presos comunistas

Nuestra postura en un primer momento fue muy rígida, de absoluta falta de colaboración. ¿Había que desfilar uniformados delante del Director los domingos? Aparecíamos mil tíos con los uniformes rotos y los botones arrancados. ¿Qué las monjas se comportaban malísimamente? Nosotros peor. Ni se jugaba a fútbol ni se iba a la escuela. Nos sentábamos en el patio y cada uno daba lo que sabía. Yo, clases de contabilidad. Absolutamente nada de colaboración. ¿Qué no hay visitas? Pues nada, sin visitas.

Pero ya el 49, se acabó la política de guerrillas y comenzó a hablarse de la lucha pacífica y de infiltrarse en los sindicatos verticales. Franco fue reconocido internacionalmente y esto nos desmoralizó. No se decía públicamente, pero era así. Había un fatalismo y esperábamos que cayese algún indulto: “¡Haber si viene de visita el Papa!”. Y se empezó a ir a clase, aunque algunas las dábamos nosotros. En El Dueso se han llegado a dar clases de física nuclear. Empezamos a trabajar en el taller de artesanía, se montó un campeonato con los equipos de fútbol de las brigadas... Se empezó a colaborar y se entró en una etapa totalmente distinta.

Francisco Zayas y yo montamos el taller de artesanía. Empezamos en un plan muy limitado, media docena de personas en un cuartito. Allí un “manitas”, Aquilino Gómez, me enseño el oficio. Y vimos que era una solución al problema de la pasta, que teníamos que mirarlo mucho. Allí se vivía en comunas: “Tú, ¿cuánto recibes? - Veinte duros”. Se ponía el dinero en común y la media, de 150-160 pesetas, se repartía. La Dirección del Partido nos dio carta blanca. Hacíamos marcos, lámparas, mapas sileteados... Posteriormente pensamos que esa era la mejor forma de sacar la información de la cárcel. Yo, cuando estaba incomunicado por fugista, obtuve un permiso para hacer resúmenes de libros. Y para poder sacar más resúmenes en un sólo cuaderno, empecé a hacer la letra muy pequeña. Me di cuenta que con una lupa podía hacerla todavía menor. Y me convertí en un copista. Escribir al exterior era una necesidad. Sacábamos información cifrada con los acontecimientos de la cárcel: información de denuncia - un preso que estaba enfermo, otro al que le habían pegado... –, política carcelaria, corrientes de opinión internas del Partido, etc. Yo me limitaba a copiarlo en el menor tamaño posible, en tiras de papel que metíamos en las columnas de los marcos. El método era tan eficaz, que las autoridades creían que retransmitíamos las noticias por radio.

Al principio el “Mundo Obrero” lo hacíamos a mano, nueve ejemplares, uno para cada Brigada. Pero recordé que en la Escuela de Comercio, en la clase de Química Práctica, nos había dicho que mezclando glicerina y cola de pescado se hace una plancha y que si encima, con tinta ortográfica, se hacen dibujos, esos se reproducen. ¿Porqué no probamos? Escribí a mi madre: ”Toma todo tipo de precauciones, compra estos productos y me los mandas en diferentes paquetes”. ¡Funcionó y ya sacamos en planchas “Mundo Obrero”!

En julio de 1960, más tarde de lo que me correspondía, salí de la cárcel. En total, me había pasado encerrado más de 20 años. Pero no me quejo. Luego las cosas me han ido muy bien y aquí estoy para contarlo. Respecto a nuestro país y al mundo en general, como dice un amigo, Alberto Quesada, que fue comisario en la guerra con diecisiete años y luego convivimos largos años en la cárcel de Burgos: “Hasta que los poetas mandemos en el mundo, estamos perdidos, no hay nada que hacer”. Pero hay que ser rebelde con la realidad.

Eduardo Aparicio Zamarreño (Salinas de Leniz, 1916). Miembro de la Juventudes Socialistas, al inicio de Guerra Civil ingresa en el PCE. Tras la derrota, pasa a Francia. Desde 1941 organiza el PCE en la Legión Extranjera. En 1943 se encuentra en el África Francesa.
En 1943 se estaban preparando grupos para desembarcar en la Sierra de Ronda. El primero lo mandaba Ramón Vía, el segundo, Robles y en el tercero debía pasar yo. También teníamos contactos con oficiales españoles del ejército americano (5). Pero al final me mandaron a realizar un trabajo político, trabajando para el Partido en Argelia. En diciembre de 1945 fui al pleno de Toulouse como delegado del norte de África, llevando naranjas y limones para “Pasionaria”. Carrillo, como había nacido en el País Vasco, decidió mandarme a Guipúzcoa para reorganizar el Partido. Si acepté volver fue porque quería participar “in situ” en la lucha por la democracia y pensaba que, tal como estaban las cosas, podía llegar tarde para asistir a la caída del franquismo..

Me instalaron en una villa que había en la carretera de España. Allí nos daban charlas los miembros del Buró Político, Claudín, Carrillo, Gallego, Líster, Claudín, Azcárate y otros. Porque en esta época, de lo bueno y de lo malo que haya pasado, tan responsable es Claudín como Carrillo, pese a lo que luego se haya escrito. Nos hacían leer mucha prensa española, para que conociésemos todo lo referente al momento – el fútbol, el cine, la política... - y que no pareciese que llevábamos años fuera del país. En nuestro tiempo libre jugábamos a balonvolea con Carrillo, Núñez, Soroa... todos menos Líster, que siempre estaba muy serio. En mayo del 46 salimos de Olorón un grupo de cinco: Francisco García Rabadán que iba a Bilbao, un operador de radio catalán, dos guías armados y yo. Al tercer día llegamos a Pamplona. Esa noche, serían los nervios, al ver el crucifijo sobre la cama, empecé a jurar por primera vez en mi vida.

Fui a Bilbao para entrevistarme con la Dirección Nacional de Euskadi. Iba con desconfianza de que los documentos que había elaborado el equipo de Domingo Malagón parecieran auténticos. Me pidieron la documentación en el tren. Antes de enseñar el salvoconducto, entregué el carnet de Falange, a nombre de Antonio Mendizábal. El policía lo mostró a todos y dijo: “¡Con este carnet, camarada, no necesitas pase!”. Con eso cogí bastante confianza y en lo sucesivo iba a un local de Falange en Bilbao para que me pusiesen el sello de que estaba al corriente de las cuotas. Los otros miembros de la Dirección Nacional también venían del exterior: García Rabadán, Clemente Ruiz, “El aldeano” y Valentín Gual. Éste era un “duro”, siempre con la misma frase en la boca: “Esto, ¡con mil pares de cojones!”. Cuando nos encontramos a los años, se emocionó y me dijo: “Al final, vosotros os habéis comportado mejor que nosotros”. “El aldeano” me advirtió que no dejase el cuello de la camisa por fuera de la chaqueta, porque en eso se veía que venía de Francia.

Me instalé en Pasajes. Me habían aleccionado contra el Comité Provincial existente, porque “eran agentes de la policía y había que empezar desde cero”. Pero los camaradas que habían sido dejados al margen resultó que eran buenos. Establecí contacto con ellos y reorganizamos el Provincial. Uno de los expulsados, “Andrés”, me pasó la multicopista y se reincorporó al Partido, entrando en la guerrilla. Unos meses después me dijeron que había volado la estatua de Mola. Empezamos a reorganizar el PCE por toda Guipúzcoa: en San Sebastián, Echenique organizó el comité local, con células en casi todos los barrios; en Eibar, Ortiz de Zárate organizó el Partido; Cabezón, el comité de Pasajes; Arruabarrena, el de Vergara y Arriarán, el de Mondragón. En Irún, Rojo se encargaba de los pasos a Francia. Incluso constituimos un grupo en Zarauz, donde nunca habíamos tenido afiliados. En Rentería era donde peor lo teníamos porque, aunque casi todos los hinchas del Touring eran de la JSU, los camaradas más veteranos siempre estaban en la tasca. Ahora puede parecer increíble, pero entre PCE, la JSU y la UGT de la Directiva Nacional (comunista), acabamos teniendo más de 1000 cotizantes. Creo que nunca, ni antes ni después, hemos tenido tantos. En 1947 incluso comenzamos a organizarnos en Vitoria. Además existía una pequeña organización paralela, de eso me he enterado treinta años después, con casas y enlaces que dependían directamente de Toulouse.

En el Comité Provincial estaban los camaradas que me parecieron más decididos: Merino, Echenique y “Juan”, antiguo alcalde de Izquierda Republicana que ingresó entonces en el Partido. Nos reuníamos en sidrerías y allá nos pasábamos horas discutiendo y organizando. Políticamente dependíamos del Comité Central de Toulouse, que nos daba la línea oficial a seguir, que nosotros aplicábamos según las circunstancias. Pero intentábamos no separarnos de esta línea y, si teníamos dudas, leíamos “Principios del Leninismo” y otros materiales que llevábamos camuflados en las “Obras escogidas de Cervantes” para saber que decisión tomar. El Partido se organizaba en células de tres personas, para que una detención no provocase grandes caídas. Incluso teníamos una célula con un millonario. Era un camarada magnífico, procedente de Acción Vasca, llamado Lumi y tenía una finca donde ocultaba a los camaradas en peligro. Nos solía dar mil pesetas para “Euskadi Roja”. En su célula estaba “Carlos”, director de una agencia de transportes y un brigada de la Guardia Civil, que nos pasaba la situación de los controles. Dinero no nos faltaba en Guipúzcoa, tanto que financiábamos en gran parte a Vizcaya

En Bilbao se imprimía “Euskadi Roja” y nosotros hacíamos dos periódicos: “Aurrera” de la UGT y “Gastien” de la JSU. El periódico de la JSU resulto una novedad, porque “Euskadi Roja” utilizaba una jerga política muy anticuada, mientras que “Gastien” tenía un lenguaje joven y directo, con versos irónicos: “Dichosos los tiempos liberales/ una docena de huevos valía doce reales/ preciso fue que llegara este “Orden Nuevo”/ para que doce reales valga un huevo”. Uno de nuestros mejores lectores era un cura de los de sotana, que nos solía dar cinco duros. Hacíamos pasquines, que se pegaban en las paredes o se tiraban en las calles y en los vestuarios de las talleres. Yo lo tenía prohibido, pero alguna vez me daba la satisfacción de pegar alguno en un túnel. Algunos materiales venían en motora de Francia. Recuerdo unos miles de informes de “Pasionaria” que, aunque estaban en papel cebolla, desriñonaban a cualquiera.

Nuestra política era crear conflictos sociales allí donde fuese posible. Para ello hacia falta captar militantes en los lugares de trabajo. Los intentos de organizar huelgas en la zona de Eibar chocaban con los pasquines de un “comité fantasma” del PSOE y la UGT, que sólo aparecía para desautorizarnos. El obstáculo mayor era que no podíamos combinar el trabajo legal con el ilegal. En muchas empresas nuestros camaradas eran elegidos delegados por sus compañeros, pero no podían actuar desde la legalidad del Sindicato Vertical porque era contrario a la línea del Partido. Organizamos un comité de enlace UGT-Solidarios Vascos (6) en la zona de Vergara y Mondragón que fue el primer organismo unitario que hubo en el País Vasco .

Avanzado el 46 iniciamos una huelga en el puerto de Pasajes. Fue la primera huelga total en la España de Franco, que mereció un número especial del periódico “Nuestra Bandera”. Pedíamos una mejora salarial bastante fuerte y el puerto quedó totalmente paralizado. Las autoridades reaccionaron trayendo trabajadores extremeños y los instalaron en una escuelas. Arrojamos unas octavillas y la reacción fue fulminante: los extremeños se plantearon que los habían engañado, porque nadie les dijo que había una huelga y dejaron de trabajar. Ganamos y aumentaron los sueldos. Con la huelga del 1 de mayo del 47 hubo un gran fallo, porque nadie nos avisó y no la iniciamos hasta el día 4 en Mondragón, Eibar, Vergara y algún taller del mismo San Sebastián.
También conmemorábamos fechas. Los chicos de la JSU colocaban banderas republicanas e ikurriñas en los cables de alta tensión y en chimeneas, serrando luego los escalones para que no se pudiesen quitar. En esta época, sólo nos movíamos nosotros y por eso había tantos afiliados: quien quería hacer algo contra la Dictadura, tenía que estar con nosotros. Aún así, estábamos por la unidad de acción y el CC nos mandó que enviáramos un camarada a la reunión en Madrid de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas, una asociación que acogimos muy bien. Pero fue detenido, mientras que de los demás no cayó nadie.

Mi detención se produjo a raíz del referéndum de 1947. Como garantía de unidad, el Gobierno Vasco nos pidió que no repartiésemos propaganda partidista, sólo la suya. Pero la propaganda no llegaba y únicamente faltaban dos días cuando nos avisaron que venía. Fuimos a recogerla Blas la Cueva, Carmen Eixach y yo. Cuando me acerqué al hombre que tenía la contraseña - la “Gaceta del Norte” y un cigarrillo apagado en la boca - media docena de policías se vinieron por mi pistola en mano. Yo llevaba en el bolsillo, en papeles de cigarrillo, el lugar y la hora de las citas para distribuir esta propaganda. Pero pude tirarlos a tiempo.

Nos llevaron a Blas y a mí al Gobierno Civil. Allí nos pusieron corrientes eléctricas y me preguntaron por la mujer que había logrado escapar. Por aquella electricidad he estado marcado muchos años. No podía tocar una bombilla ni pasar por el raíl de un tranvía. Por la noche nos llevaron en coche celular a Bilbao. Allí nos tomaron dos policías armadas y nos dijeron: “Vais a ir a la comisaría de Achuri. Allí no se andan con paños calientes. Os van a pegar. Pero vosotros no digáis nada, porque si habláis, no os vais salvar. Van a pensar que sabéis más y os van a seguir dando”. Pensé que aquello era un truco psicológico, pero luego vi que eran dos antiguos guardias de asalto y que el consejo era bueno.

En efecto, la policía sólo entendía el “garrotazo y tentetieso” pero, inteligencia, poca. Vino a interrogarnos un comisario de Madrid – al que creo que sabotearon un tanto los policías de Bilbao – que me ofreció un cigarrillo y me dijo: “Mira, vas a tener que hablar. Porque si no, de aquí no sales. Por mis manos ha pasado Cristino García, Zapirain, Santiago Álvarez y muchos otros”. Yo le dije: “Pues tendrá que empezar y que sea lo que sea, porque yo no conozco nada, así que nunca podré decir nada y como no me vais a creer...”. Él me respondió: “No, si ya sabemos como trabajáis los comunistas. Sabemos que no os conocéis unos a otros”. Y con eso él mismo me dio una puerta de salida si lograba aguantar los golpes.
Estuve más de un mes en la comisaría. Me metieron en una celda de cuatro pies y medio, como un armario. Me pegaron y fuerte. El comisario De Diego no me tocó y un policía homosexual tampoco, pero había uno maño, siempre borracho, que sólo sabía pegar. Ellos buscaban a un tal “Carlos”, un personaje ficticio, al que yo describí con todo detalle. También di el nombre de Cabezón, porque ellos ya le conocían y estaba a salvo en Francia. No dije más. De una y media a tres de la madrugada me sacaban, me esposaban a una silla y me daban puñetazos y patadas. Empecé a sangrar por las orejas. Un día me asusté, porque oí la voz de Carmen. La habían detenido.

Carmen Eixach había entrado en el Partido en 1942, a raíz de la muerte de su marido en la cárcel de Ondarreta. Ella y su prima Marichu Guridi cosían las banderas y llevaban los materiales, porque tenían mucha serenidad. Carmen me gustaba, pero no le había dicho nada. La colocaron en la celda contigua a la mía, con una ventana que daba al retrete. Era asqueroso. En aquel retrete habían torturado a Carmen del Vado, metiéndole la cabeza dentro. Y no había dicho nada. Por la noche oía la respiración de Carmen. Y no es que hubiese una declaración formal, pero a través de la pared comencé a hablarle de mis sentimientos. Y una noche, el policía maño, animal, me dice: “¿Tú te has acostado con Carmen? – Ni me he acostado con ella, ni se me ha pasado por la imaginación, ni seguro que por la de ella tampoco. – ¡Pues estás muy equivocado! Ella te quiere a ti, pero vas a ir al penal de Burgos y...”. Dijo una grosería. Pero en aquella comisaría nos hicimos novios.

Después de un mes, como no sacaron a relucir nada, consideraron que Blas y yo éramos unos elementos secundarios y nos llevaron a la prisión de Larrínaga. El proceso lo llevaba el Juzgado nº1 y nuestro abogado, Belandia, no veía forma de sacar menos de veinte años de cárcel. Pero en la celda de los políticos nos hicimos amigos de un dirigente del PNV, Larredonda, un industrial. Y nos puso en contacto con su abogado, Zubizarreta, que nos dijo: “Tenéis suerte. El juez es de nuestro partido y dice poder lograr la libertad provisional antes de que esto pase al Tribunal de Guerra y no haya solución”. Le dimos una cantidad para agilizar los trámites y en la víspera de las Navidades del 47 llegaron el secretario del juzgado, Fernández, y Zubizarreta con nuestra libertad provisional.

Cuando salí de la cárcel, me escondí en casa de Carmen. El Partido decidió que el camarada Peña me sustituyese, lo que para mí fue un error. Su concepto de la clandestinidad era el de las películas de espías y comenzó a comprarse ropa cara y a fumar rubio. En febrero del 48 llegó un guía para llevarme a Francia. Fui con él hasta Barcelona y luego estuvimos seis días andando por la montaña, entre la nieve. Ya no podía más y le dije que siguiese él, que yo allí me quedaba. Lo que me dijo lo recordaré siempre: “Mira, mi misión es llevarte a Francia. O llegamos los dos o nos quedamos aquí los dos”. No sé de donde saqué las fuerzas, pero seguí andando hasta Perpiñán. Ya en París les di el informe a Julián Grimau y Pepe Barcenas. Meses después me encontré con Carrillo y casi no le reconocí porque llevaba tal bigotón que parecía que tenía una alpargata pegada en la cara. Aclaramos algunas cosas que habían pasado en Euskadi. Semanas después apareció Clemente Ruiz. Toda la organización en Euskadi había caído. O Peña o Gual habían hablado, porque todo había caído de arriba a abajo. No había quedado casi nada y Clemente me pidió que volviese para intentar recomponerlo. Yo no me negué, pero Carmen, que también había escapado, me aseguró que si volvía, había terminado con ella. Así que le dije que no y me quedé en Francia.
Notas:
(1) Sede moscovita de la Internacional Comunista desde 1932.
(2) Algunos dirigentes del PC de Euzkadi presionaron a los mandos para que lo incluyesen en el grupo, pese a su falta de experiencia guerrillera, en funciones de agitación-propaganda.
(3) Julio Oria, seudónimo de Victorio Vicuña Ferrero (Lasarte 1913-2001) fue uno de los fundadores de la guerrilla española en Francia y a él se debe la voladura del primer tren alemán en territorio galo y múltiples acciones guerrilleras. Murió este verano sin que los medios de comunicación o las instituciones se hiciesen el menor eco de su vida de antifascista ejemplar. ¿Falta de memoria histórica o es que resulta necesario militar en el PNV o en el PSOE para figurar en una necrológica digna?
(4) En el Archivo Histórico del PCE se encuentra el informe de Gandía, en el que lanza graves acusaciones contra a varios de sus compañeros como coartada para justificar su voluntario retorno a Francia.
(5) El biógrafo de Franco, Brian Crozier, relata como oficiales del OSS americano entrenaron y pagaron a guerrilleros comunistas que desembarcaron posteriormente en Andalucía. Respecto a estos contactos, el señor Aparicio nos ha declarado que el apoyo del OSS procedía exclusivamente de oficiales españoles, francmasones y republicanos, que actuaban a título personal debido a sus convicciones antifranquistas.
(6) Sindicato del PNV.

Traducción de los diarios de Dimitrov, concernientes al PCE durante la guerra civil ( I )

Traducción de los diarios de Dimitrov, concernientes al PCE durante la guerra civil ( I )

Fuente: The Diary of Georgi Dimitrov (1933-1949) /introduced and edite Ivo BANAC, Yale University, 2003.

31/8/36: (...) Enviar emigrados españoles desde América y otros países a España (pilotos, asistencia material para España).

2/9/36: En el Kremlin, ante el Buró Político (BP), Molotov, Kaganovich, Voroshilov, Ordzhonikidze.
- Cuestión del gobierno español. Se acuerda una directiva a la que Stalin da el visto bueno por teléfono. “Buscar la transformación del gobierno Giral en un gobierno de defensa nacional, encabezado por Giral con una mayoría de republicanos, participación de socialistas y dos comunistas, y con representación de catalanes y vascos”.
- La cuestión de la ayuda será incluida y discutida en el BP.

3/9/36: (...) En la Comintern.
-Situación en España es crítica.
- Enviar un “hombre [agente] especial” a París para ayudar a los franceses en la compra y transporte de armas y aeroplanos.

4/9/36: En la Comintern por la tarde (¡España!)

12/9/36: Llega la delegación de Málaga (encabezada por el diputado Bolívar –solo tres personas-) en el vapor de Batum (buscando petróleo y principalmente solicitando armas). El vapor tiene una tripulación de 41 hombres (comunistas y anarquistas). Ercoli [Togliatti] habla con ellos. Le piden entre 8 y 20 mil fusiles, 500 ametralladoras y munición.
-Llega Pollit. Hablo con él, quedándome una turbadora impresión (ansiedad, confusión, etc, acerca de nuevas dificultades para el Frente Unido en España)

13/9/36: Llega Thorez.
-Discusión: el PCE no ha cumplido su misión. Trabajo desorganizado y descoordinado. Marty toma decisiones de acuerdo a su sola voluntad personal. Conclusión: Juntar los trabajos de Thorez y Marty no es aconsejable.
(Los socialistas quieren la ruptura del Frente Popular y echan la culpa de ello a los comunistas). Bases: La campaña española.

14/9/36: En el Kremlin. (Molotov, Kaganovich, Andreev, Yagoda, Slutsky, Moskvin, Uritsky).

- Organización de la ayuda a España (...)

15/9/36: Reunión del Secretariado (Otros participantes: Thorez, Pollit, Koplenig, Hathaway, Clément, Vassart). Discusión de los nuevos aspectos de la situación internacional en relación a España, etc. Apoyar la continuidad de la política de FP.

16/9/36: Información de España y del FP en Francia (...)
Cuestión de las armas de Francia a España. Cualquier medio se considera adecuado para alcanzar el objetivo.

17/9/36: Reunión del Presidium (...) Codovilla informa sobre España. Ercoli informa del proceso y la campaña. Moción: Creación de dos comisiones (en el centro de dirección y en cada país).

18/9/36: Reunión del Secretariado.
-Discusión de la política y actividades del partido español. Campaña internacional. Ayuda material (...) Especial discusión sobre la situación técnica con Pollit, Fried y Codovilla.
-Marty convocado desde Madrid.

19/9/36: Reunión del Secretariado (Gotwald entre otros participantes). Rosenberg se dirige a mí:
1. Debe organizarse la dirección de las Brigadas Internacionales.
2. Fortalecer el núcleo de su oficialidad.
3. Enviar nuevos y mejores trabajadores.
4. Enviar a Mandalian para el trabajo político y organizativo
5. Contemplar a los anarquistas como una organización de masas de los trabajadores.
6. Fortalecer los aspectos sociales en la plataforma de lucha contra los rebeldes. Reacción de las capas pequeño-burguesas y del campesinado, control obrero, etc.

20/12/36: Reunión del Secretariado sobre la cuestión polaca (...)
Thorez y Cachin envían el siguiente telegrama:
“En vista de la extrema intensificación de la intervención en los asuntos españoles por los estados fascistas y el incremento de la amenaza para el proletariado y la República Española, consideramos imperativo un encuentro entre los delegados de la Comintern y Brouckere (de la Internacional Obrera Socialista) aconsejando la formación de un comité de coordinación entre la segunda y la tercera internacional para abordar los problemas de la ayuda al pueblo español, como:
1. Tomar medidas contra el transporte y establecimiento de tropas alemanas e italianas en España.
2. Ayuda con alimentos básicos, medicinas, organización de hospitales de campaña, evacuación de población civil, provisión de medios de transporte (camiones), asistencia técnica mediante fuerzas cualificadas que puedan contribuir a la defensa de las tropas republicanas, etc.
3. Cualquier forma de ayuda al movimiento de voluntarios en beneficio de la República española.
4. Reclutamiento de Brigadas Internacionales.
5. Convocar campañas políticas en apoyo del pueblo español. A este fin, recomendar la formación de comités de coordinación en los respectivos países. Estamos dispuestos a discutir cualquier otra propuesta que pueda ser tomada para coordinar acciones por parte de las dos internacionales en beneficio del pueblo español.

22/12/36: (...) Rozumova y Gero, sobre asuntos españoles. Brigadas Internacionales: Se han enviado más de 9.500 hombres.

7/2/37: Discusión con Cachin y Vaillant-Couturier sobre asuntos franceses y españoles. Luego parten [para España].

7/3/37: Informe de Marty sobre España.

8/3/37: Escritores españoles: Alberti y María de León (sic).

12/3/37: Tarde en casa: Foster, Marty y Ercoli.

14/3/37: Tarde en el Kremlin (BP). Stalin, Voroshilov, Molotov (después Kaganovich). Con Marty y Ercoli. Discusión sobre asuntos españoles.
- Unir los partidos comunista y socialista en un Partido Socialista de los Trabajadores común (si los socialistas insisten, el partido unido no estará incluido en la IC, pero entonces tampoco debería estarlo en la segunda internacional).
- El eslogan “No pasarán” es la consigna de la resistencia (¡Se necesita una ofensiva en este sentido!)
- No es precisa la caída de Caballero. (No hay otra figura más conveniente para encabezar el gobierno).
- Conseguir de Caballero la renuncia al puesto de ministro de la guerra (y apoyar a cualquier otro comandante en jefe).
- Durante la posible remodelación, los comunistas pueden solicitar la ampliación de la participación del partido en el gobierno.
- Si hubiera una decisión de las potencias para evacuar España, las Brigadas Internacionales pueden ser desmovilizadas y retiradas a retaguardia, como trabajadores de la producción, etc.
- Continuar el reclutamiento (especialmente de una brigada internacional para Cataluña).
(Mociones presentadas a Stalin en su dacha, el 16 de marzo de 1937).

16/3/37: En la dacha de Stalin.
Stalin, Molotov, Kaganovich, Voroshilov, Mikoyan, Marty, Ercoli y yo.
-Hacia las 2:30 de la mañana.
-Cordial recibimiento, especialmente a Marty. Stalin bromea: “Al fin y al cabo, Ercoli tiene su destino, Marty está en la organización de las brigadas internacionales, pero no encuentras a ningún búlgaro; no hay búlgaros allí; ¡la Academia de Ciencias debería investigar este fenómeno y llegar hasta el fondo del asunto!”.
-En varias ocasiones ha hecho bromas sobre esto (no por casualidad, seguramente...)

19/3/37: Marty sale [para España].

20/3/37: Stalin recibe a los escritores españoles Rafael Alberti y María Teresa León. Gopnev traduce. [Hablan sobre]:
a. La naturaleza de la revolución en España. El pueblo y el mundo entero se han dado cuenta de la verdad- El pueblo español no está en este momento en condiciones de marchar hacia la revolución proletaria-. La situación interna y en especial la internacional no lo favorecen. (Esto era diferente en Rusia en 1917, la extensión geográfica, la situación de guerra entre países capitalistas, entre la burguesía, etc). En España, la proclamación de los soviets uniría a todos los estados capitalistas y al fascismo.
b. A escala global, España es ahora la vanguardia. La vanguardia está siempre tentada a marchar por delante de los acontecimientos –y esto entraña un gran peligro-. La victoria en España puede aflojar la opresión del fascismo en Italia y Alemania.
c. Los partidos comunistas y socialistas deben juntar sus fuerzas – ahora tienen el mismo objetivo básico- (la república democrática). Tal unión debe fortalecer el FP y ejercer un gran efecto sobre los anarquistas.
d. Caballero ha demostrado su carácter resuelto y su voluntad de luchar contra el fascismo. Caballero debe ser preservado como cabeza del gobierno, pero debería dejar el mando de la guerra a otro.
e. El alto mando no es de fiar. Siempre ha traicionado en vísperas de cada ofensiva de las unidades republicanas. ¡El ejército republicano ha ganado grandes ofensivas en las que el estado mayor no ha participado! ¡La batalla de Guadalajara es el ejemplo perfecto!
f. Madrid no debe rendirse bajo ninguna circunstancia. La caída de Madrid iría seguida del reconocimiento de Franco por Inglaterra, lo que causaría la completa desmoralización de los republicanos y conduciría a la derrota final (...)
g. [Stalin] cree en la victoria de la República española. Tras la abierta intervención de los italianos y los alemanes, la República española lucha duramente y se defiende contra los invasores extranjeros.

15/11/37: (...) Discusión con González Peña (secretario de la UGT y camarada del PSOE –un minero de Asturias). Apoya la unión de los partidos comunista y socialista de inmediato, porque existe el peligro de una reducción de la asistencia a la República española desde la segunda internacional y la Internacional de Amsterdam y los círculos democráticos.

17/2/38: [Manuilski, Dimitrov, Stalin y Molotov].
Stalin:
1. Los comunistas españoles deben abandonar el gobierno. Ellos tienen dos puestos secundarios. Si los comunistas dejan el gobierno, la desintegración del bando de Franco se intensificará, y la posición internacional de la República española se volverá más tranquila. Su salida no será resultado de un malestar con el gobierno, sino en interés de facilitar las tareas del gobierno. El pretexto será que como los sindicalistas no participan, los comunistas encuentran inútil seguir en el gobierno.
2. Apoyar al gobierno pero no participar en él, este será su papel en el nuevo escenario.

27/8/38: Conferencia con los españoles. Manuilski, Ercoli, Kuusinen, Moskvin, Uribe, Antón, Dimitrov.
La cuestión del cese de las operaciones militares y las negociaciones de paz en España pueden abordarse solo tras la salida de las tropas invasoras alemanas e italianas de España. Hasta ese momento, lucha sin piedad contra los rebeldes y los invasores.
- Combate contra los capituladores en el campo republicano.
- La desintegración dentro del campo franquista es una de las condiciones esenciales para la victoria del pueblo español.
Dos factores de la victoria sobre los invasores fascistas:
a. [Alcanzar] su misma fuerza política y militar.
b. La desintegración dentro del campo franquista y entre la población de ese territorio.
- El principio de “fraternización” con los españoles enrolados en el ejército de Franco no debe ser aceptado.
- Las Brigadas Internacionales son oficialmente retiradas.
(Marty y el Comité Central [CC] del PCE son encargados de la evacuación organizada y de la toma de decisiones sobre los voluntarios).

10/10/38: Telegrama de Manuilski:
“En vista del hecho de que Browder pueda permanecer solo un par de días, no hemos perdido la oportunidad de contactar con él antes de tomar el avión. Y he aprovechado tu consejo, y lo he hecho por telégrafo. He planeado mantener las siguientes cuestiones con él:
1. Desarrollar la campaña de sanciones contra Japón en relación con la resolución de la Liga de Naciones.
2. Luchar contra Munich y por la defensa de España.
3. Ayuda material y de alimentos para España.
4. Situación de la clase obrera en EEUU.

Telegrama del Secretariado:
Hay un tremendo lío en la internacional juvenil socialista; la mayoría está contra Munich. Me inclino a pensar como Raymond Guyot y Santiago Carrillo, hay que presentar una propuesta de asamblea para negociar el frente unido. Avisa, por favor.

Telegrama a Manuilski, Kuusinen, Moskvin: (...) Respecto a la ayuda a la República española en material y alimentos, debe movilizarse a la opinión pública y específicamente a los círculos gobernantes influyentes contra las exportaciones fraudulentas, y en torno a que la destrucción de la República española ha sido planeada por Mussolini, Hitler y Chamberlain. Respecto a la campaña contra los invasores, deben emplearse todos los medios (prensa, radio, gente, etc) para organizar la asistencia ideológica y política al movimiento de los trabajadores (…)
15/10/38: Para Manuilski, Moskvin, Friedrich: En relación con el proceso del POUM, he encargado tomar las medidas apropiadas en orden a lo siguiente:
1. El proceso público es eficaz y publicita los crímenes contrarrevolucionarios y el papel de los agentes fascistas, trotskistas y extranjeros;
2. Denunciar la protección de la segunda internacional, en particular de los Independientes ingleses, y de los Pivertistas franceses, cómplices en estos crímenes;
3. Utilizar este proceso, difundiéndolo por la prensa y por otros medios a escala internacional, para la expulsión de los trostkistas de las filas del movimiento obrero. Ercoli, Luis [Antón] y Julius tomarán la responsabilidad directa de la conducción de esta campaña.

17/10/38: Telegrama recibido de Moskvin:
El camarada Ercoli informa respecto a la conferencia de Paris, donde el problema básico ha sido, principalmente, cierta confusión sobre lo que desaparece en la recepción de nuestras consignas, y la subsiguiente intervención de Thorez. Esto último ha provocado una cierta reacción de malestar y de crítica por parte de José Díaz, Dolores Ibárruri y Ercoli, concerniente a la deficiencia de nuestra actuación en general y en particular en Francia. El camarada Ercoli considera que es necesario por nuestra parte “alzar la voz” en los problemas de la lucha por la unidad y la paz tras Munich.

17/10/38:

(...) A continuación, Ercoli trasmite lo siguiente:

(...) 3. Hay una tendencia de algunos camaradas a evitar la autocrítica y a evitar declaraciones por temor a “perjudicar la unidad” o a “obstaculizar las actividades del gobierno”.

4. Esto es no comprender claramente la necesidad de desarrollar la independencia de la clase obrera en orden a influir y dirigir las fuerzas democráticas, previniendo la traición, expulsando a los traidores, etc.

5. Es esencial, de paso, dirigir la crítica contra los capituladores y traidores para restablecer la relación política con los elementos democráticos, pacifistas, intelectuales, y otros, que experimentan ahora una confusión y un sentimiento de impotencia que puede tornarse en hostilidad hacia nuestra política de Frente Popular.

En conclusión, Ercoli señala que de dos meses a esta parte se ha notado un descenso de la ayuda a España, en vista de lo cual, deben tomarse medidas para intensificar la ayuda, y que todo lo que se haga será bueno.

10/12/38: Telegrama de España (El plan de Negrín es inaceptable, es un farsante con tendencia a la dictadura personal. En este escenario, conseguir la unidad entre los sindicatos es esencial para la victoria. Esto es lo que Negrín tendría quehacer para superar las dificultades inmediatas entre las camarillas del viejo partido.

26/1/39: Conferencia sobre los acontecimientos españoles (Manuilski, Florin, Kuusinen, Gotwald y Dimitrov).
-Instrucciones para enviar a Thorez, Browder y otros:
- A Thorez: Convocar una reunión entre representantes del FP y las direcciones [de los partidos] para tratar de la ayuda a España. Hablar con Herriot, Kerillis y otras prominentes figuras con influencia sobre el gobierno y las direcciones partidarias.
- A Thorez: Cachin y tú haréis un llamamiento inmediato en nombre de la IC a la IS con la propuesta de unir esfuerzos para enviar todo tipo de ayuda a España a través de los gobiernos de Francia, Inglaterra, EEUU y los países escandinavos, para levantar el bloqueo y organizar la acogida de refugiados. Presionar al gobierno proponiendo organizar reuniones conjuntas y manifestaciones populares. Todo con el fin de movilizar a Francia, con otras organizaciones de trabajadores, y hasta con los radicales. Mientras, todos los PPCC de los demás países, primero y fundamentalmente en Inglaterra, secundarán esta línea. Enviar una delegación del PCF a Cataluña, consistente en tres personas, encabezada por un miembro del BP, con el propósito de permanecer con los camaradas españoles durante estos duros días, oponiéndose alerta a la capitulación de parte de cierta burguesía y de los elementos socialistas del FP. Aconsejar a los camaradas españoles mantenerse a todo trance en Cataluña. Acelerar el envío de voluntarios.

- A Browder: Aconsejar a todas las organizaciones democráticas y de trabajadores emprender acciones conjuntas proponiendo cualquier forma de ayuda a España a través del gobierno de EEUU y otros países, una campaña para levantar el bloqueo y acoger a los refugiados. Presionar al gobierno, organizar actos conjuntos y manifestaciones con otras organizaciones. Por medio de las organizaciones democráticas, apoyar la declaración de Rooselvet en defensa de España. Pasar estas instrucciones a Canadá y a los países sudamericanos.

- ¡Barcelona ha caído!

27/1/39: Telegramas a Paris (con nuevas instrucciones obre España).
- Carta al camarada Stalin (incluyendo el llamamiento del PC).
- Consideramos correcta la línea política del llamamiento. Los camaradas españoles han sido advertidos –a pesar de todo- de continuar la lucha.
- Diversas medidas para intensificar la ayuda a la República española, incluyendo el envío discreto de voluntarios.
- (Solicitamos instrucciones en relación con esta extremadamente crítica situación).

7/2/39: Telegrama a París.:
1. Trasmitir lo siguiente al CC español: La resistencia debe ser mantenida, a pesar de la pérdida de Cataluña, a este propósito el frente de Levante debe ser activado; la capitulación del gobierno español debe ser prevenida mediante la sustitución en el gobierno de los simpatizantes de la capitulación por simpatizantes de la resistencia.
2. La línea de la resistencia total en España debe ser mantenida. Presionar a vuestro gobierno para ayudarlo mediante la movilización de masas. Tomar todas las medidas para asegurar el traslado del ejército de Cataluña a la zona central; evitar el hundimiento como resultado de una posible provocación; organizar inmediatamente el suministro de todas las armas y alimentos necesarios para Valencia. Movilizar todos los recursos del partido y del FP para acomodar a los refugiados y no conceder ocasión de que se desmoralicen. Proporcionar informes regulares de la situación.

15/2/39: Resolución del BP soviético del 2 de febrero (…)
1. Autorizar el retorno y la entrada en la URSS de 300 personas enviadas anteriormente como voluntarios del Comité Ejecutivo de la IC y localizados ahora en Francia.
2. Designar a los camaradas Beria y Litinov para arreglar todos los asuntos relacionados con el retorno de las personas señaladas en el punto 1.

7/4/39: En el Kremlin (José Díaz, Manuilski, Dimitrov, traduce Kuylova).
- Stalin, Molotov, Beria. Transferir los objetos de valor del partido español a través de los camaradas franceses (transferir directamente al CC español de acuerdo al inventario, actas, etc).
- Stalin: Los españoles son valientes, pero descuidados. Madrid estaba por completo en manos de los comunistas, y súbitamente otras fuerzas se adueñaron del poder y comenzaron a matar comunistas. No está claro por qué sucedió así. Parece que los comunistas, de algún modo, se durmieron, dejando a las masas abandonadas, sin liderazgo. El objetivo no era luchar bajo cualquier circunstancia, hasta que las fuerzas se agotaran. Si la situación era insoportable, el partido podía considerar si era posible reemplazar el gobierno por otro, más aceptable para el momento presente, y que procediera a poner fin a la guerra. ¡Pero el partido estaba obligado a decírselo claramente a las masas!
Hay momentos en que tienes fuerzas insuficientes para continuar la lucha.
Hay tiempos en que sufres derrotas.
“Hemos sido aplastados”, dijo Lenin en 1905.
No estamos obligados a mantener una ofensiva a cualquier precio, pero el partido necesita contarle claramente a las masas por qué debe hacerlo, antes que retirarse y dejar a las masas abandonadas, desorientadas.
El partido debería haber explicado por qué el gobierno se retiraba sin lucha. Adoptar una posición clara respecto a la Junta de Madrid. El gran fracaso es que Miaja y los otros han encubierto a los capituladores y han actuado como tales. Ellos han conspirado en Madrid desde la caída de Cataluña.
¡Madrid debía ser diferente!
¡Los comunistas fracasaron en su propósito!
Como la lucha del enemigo para someter a los comunistas se ha mostrado eficaz, ello proporciona enormes experiencias. Con la entrega del poder y con la retirada, [los comunistas españoles] fueron incapaces de manifestarse.
Conviene [realizar] una conferencia de los comunistas españoles para aclarar todas estas cuestiones, es bueno extraer lecciones para otros partidos. También se puede aprender de las experiencias negativas.
Mirando las opiniones en la carta de Ercoli, [acerca de] que la Junta no podía ser derribada debido a que era imposible romper el frente, Stalin relata un incidente en 1918 en Stalingrado (Tsaritsyn), cuando nuestras fuerzas fueron rodeadas por todos sus flancos y los contrarrevolucionarios alzaron una rebelión en la ciudad. Stalin y Voroshilov sacaron 70 hombres de cada uno de los regimientos y aplastaron la rebelión.

Traducción de los diarios de Dimitrov, concernientes al PCE durante la guerra civil ( y II )

Traducción de los diarios de Dimitrov, concernientes al PCE durante la guerra civil ( y II )

14/4/39: (...) Discusión con Lister (recién llegado de París). Lister informe:
1. El golpe de Casado ocurrió el 5 de marzo de 1939 (Lister cree que Miaja no es un traidor, sino que fue engañado y envuelto en la conspiración).
2. Negrín, Álvarez del Vayo y otros ministros se hallaban en Elda (un pueblo cercano a Alicante), cerca del aeródromo de la Campa. Allí estaban Dolores, Moreno, Alfredo, Hernández, Checa, Uribe, Modesto, Lister, Castro, Melchor, Claudín, Tagüeña y numerosos comisarios y comandantes del ejército, llegados allí tras la caída de Cataluña para incorporarse a nuevos destinos en el ejército de la zona central.
3. En la tarde del 6 de marzo, Negrín, Del Vayo y otros ministros (menos Uribe) partieron en avión, tras declarar que era imposible prolongar la situación, por que Elda estaba rodeada por los seguidores de Casado y corrían elpeligro de ser detenidos. (Lister afirma que todo esto parece correcto. Allí no se podía hacer de otro modo.
4. En el mismo día (6 de marzo) a las 10:00 p.m. hubo una reunión de losmiembros del CC: Checa hizo un informe sobre la situación. Alfredo hizo un discurso. Materias tratadas:
a. Actitud hacia Casado.
b. Conveniencia de que parte de los líderes del partido se quedasen.
c. Si era posible que todos permanecieran.
- Se concluye:
a. Definir a Casado como un traidor.
b. La necesidad de partir.
c. Dejar a una delegación consistente en algunos camaradas, para organizar el partido y el traslado al exterior de los cuadros que no pudieran permanecer en el país.
Más tarde se celebró una reunión del BP, la noche del 6 al 7 de marzo (a las 3 a.m.) Toboso [Irene Falcón] lee las listas de los que deben embarcar en los aeroplanos ¡Suben 36 personas! Alfredo, Checa y Claudín (de las Juventudes) se quedaron.
5. El 6 de marzo a las 9 a.m. (después de que Negrín y dos ministros partieran), Dolores, Moreno, Monsen [Monzón] y otros vuelan a Orán (evidentemente por decisión del BP).
6. Lister cree que en las condiciones del 6 de marzo, era necesaria esta partida del gobierno y de los líderes del partido, pues de otra forma podrían haber sido arrestados por los casadistas. Pero también afirma que si Negrín (como cabeza del gobierno) hubiera ido a Madrid junto a Modesto y Lister el 5 de marzo (inmediatamente antes del golpe), hubiera sido posible derribar a Casado y restaurar la posición de la República.
[Al margen]: ¡Pero Negrín no tenía ninguna intención de actuar contra Casado!
19/5/39: Discusión con Díaz sobre los asuntos españoles. Traduce Blagoeva. Respecto a los líderes del partido, dice Díaz:
Debe formarse un BP homogéneo (¡los actuales miembros no están suficientemente cualificados!)
- Uribe (que se considera a sí mismo superior a los otros miembros, excepto Dolores y Díaz; posee una autoridad insuficiente).
- Delicado es incapaz de organizar el trabajo.
- Giorla muestra irresponsabilidad y una incurable ambición.
Actuales miembros del secretariado: Dolores, Delicado, Uribe.
- Checa está inmovilizado en Orán.
- Dolores y su secretario [Monzón]; es abogado, en España ha sido gobernador.
- No conviene para secretario de Dolores.

23/5/39: Discusión con Díaz, Dolores y Checa (Checa informa sobre las últimas semanas de la República española).
En la noche del 6 de marzo, Checa y Ercoli abandonaron el aeródromo campo a través. Fueron arrestados por la policía militar de Casado. Liberados el 9 de marzo en Albasade [Albacete]. En Valencia la noche del 10 de marzo. El 11: conferencia con Hernández, Uribe [José Antonio Uribes], Palau, Claudín. El 17 de marzo: Hernández envía a Kirt. Checa hasta el 20 de marzo en Valencia; 21 de marzo: Mufsid; 24 de marzo: ¡en vuelo!

24/5/39: Stepanov. Informa sobre los acontecimientos de España (Ha escrito un detallado informe).
-Informa que los archivos del PCE han caído en manos del “Segundo Bureau” [Inteligencia] francés.
- Marty ha hecho un buen trabajo, en España y ahora en Francia.
-Legros [Maurice Tréand] afirma que esto le ha hecho sospechoso a ojos de [los] agentes del “Segundo Bureau”.
- Legros informa:
1. El gobierno republicano ha entregado al aparato de Legros [la Compañía France-Navigation] objetos de valor en propiedad por valor de 400 millones de francos, por venta y almacenamiento. La transferencia se ha llevado a cabo en tales circunstancias y de tal forma que el gobierno no sabe lo que ha transferido.
2. Nadie, excepto Legros, conoce dónde se han almacenado estas propiedades y de qué forma se procederá a su venta.
3. Sin las apropiadas instrucciones del secretariado del PCE, Legros no puede tocar un solo céntimo.
4. Aún en el caso de que la transferencia se ha realizado sin verificación ni conocimiento del contenido de las cajas, es posible calcular sin miedo a equivocarse que el valor oscila entre 150 y 200 millones.
5. Si fuera posible, ¿a que reservas deben dirigirse los fondos y cómo puede disponerse de ellos?
- Los impuestos requeridos por las autoridades aduaneras ascienden a unos 15 millones de francos ¿Qué se debe hacer con este dinero?

8/6/39: Ercoli y Serggev [Kolev].
Discusión de los trabajos de la conferencia española con Ercoli y Díaz. Comorera presenta los siguientes puntos:
1. La “República catalana”.
2. Admisión del PSUC en la Comintern como sección independiente.
- Las discusiones entre los camaradas españoles son muy encendidas. Los documentos aún no están listos.

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Victorio Vicuña: "Así fue la liberación del Sur de Francia"

Victorio Vicuña: "Así fue la liberación del Sur de Francia"

(Artículo enviado por Mikel Rodríguez, y publicado en Historia 16, nº 321, enero de 2003, p. 76-85).

De la importancia de las acciones de la Resistencia durante la II Guerra Mundial dio buena cuenta el general Eisenhower en mayo de 1945: En mi opinión, los daños causados a las líneas de comunicaciones ferroviarias y terrestres para dificultar los movimientos del enemigo, y las continuas y crecientes dificultades impuestas a la economía de guerra y a los servicios de seguridad internos de Alemania por las fuerzas organizadas de la Resistencia en toda la Europa ocupada, desempeñaron un papel de gran importancia en la victoria final aliada. En los Basses-Pyrénées, los guerrilleros españoles liberaron por sí solos todo el oeste departamental: Gavas, Eaux-Bonnes, Bedos, Sarrance, Escot, Castet, Iceste... Veintiséis guerrilleros y guerrilleras españoles obtuvieron la Croix de Guerre. A lo largo de su campaña, desarrollada principalmente entre enero y agosto de 1944, la 10ª Brigada de Guerrilleros Españoles hizo más de quinientas bajas al enemigo, cifra muy superior a la de sus efectivos, que nunca superaron los trescientos hombres. Estos son los hechos narrados sucintamente. Veamos como recuerda aquella campaña uno de sus protagonistas, Victorio Vicuña, jefe de la 10ª Brigada (1):

En el invierno de 1942-43 yo mandaba la 3ª Brigada del Ariége. Zamud, un ferroviario de Pasajes, miembro de la dirección del Partido en Francia, era quien dirigía el aparato de pasos de frontera. Era un viejo militante, sectario como muchos en aquel período. No sé de qué manera había entablado relación con las fuerzas aliadas, pero se encargaba de los agentes ingleses que de noche se tiraban en paracaídas, de los enlaces franceses que iban a Argelia y de los pilotos derribados. Me mandó que pasase a un grupo de ocho pilotos canadienses y americanos y alguna personalidad inglesa y que los entregase en la legación inglesa en Andorra. Cuando hicimos este primer viaje todavía estábamos muy mal equipados. Llevábamos alpargatas que se rompían enseguida, zuecos de goma o periódicos y telas de saco atados con cuerdas. También estábamos muy mal comidos. Vamos, que no eran condiciones para estar cruzando los Pirineos.

Como en la legación inglesa nos dieron una cantidad por cada piloto, que era bastante grande, aprovechamos para comprar a cada uno del grupo unas botas, unos pantalones y un “naranjero” (2). Pero cuando regresamos a Francia y le dimos cuenta a Zamud, nos cogió y nos echó un rapapolvo: “¿Quiénes son ustedes para disponer así del dinero?”. Y esto y lo otro. Le dije a Zamud que había pensado que “tenemos este dinero, hay que seguir pasando gente, vamos a usarlo para realizar este servicio en condiciones”. ¡Si hubiese sido malgastarlo! Le dije que, si no quería que gastásemos el dinero del Partido, que él tenía relación con la ciudad y que nos consiguiese el equipo necesario. “¡Si hay que pasar la frontera con alpargatas, se pasa!” - seguía insistiendo el tío. Había uno del grupo, no me acuerdo de su nombre, que tenía muy mala uva. Se levantó y le dijo “¡Usted no es capaz de pasar el Pirineo con alpargatas!”. Se armó el cisco y, si no nos vamos, ese día lo hubiera pasado mal Zamud. Porque, lógicamente, a unos hombres a los que les mandas jugarse la vida, hay que darles unas buenas botas, pantalones y armamento. Para que se comprenda mejor diré que hasta ese momento estábamos armados con unas pistolitas que no atravesaban la piel de una vaca. Y eso es lo que me llevó a comprarlos.

Total, que unos meses después pagué las consecuencias. A mí me mandaron a los Bajos Pirineos y al otro que se quejó, a otro sitio. Y deshicieron el grupo. No lo dijeron así, porque estas cosas siempre se cubren como que se trata de una necesidad general: “Tú, que tienes experiencia en organizar, tienes que ir allí a poner la guerrilla en marcha”. Pero a mí no me engañaron. Después de mi enfrentamiento con Zamud no querían que me ocupase de los pasos. En aquella época, la Dirección actuaba como que hubiese que construirles una estatua, existía el culto a la personalidad, a las figuras que tenían altos cargos y había dirigentes que abusaban de la voluntad y de la firmeza de los militantes del Partido.

En marzo de 1943 Francisco Vallador, Zamud, “Pichón” y Juan Cámara (3) decidieron que viniese a organizar la 10ª Brigada en los Bajos Pirineos y relanzar la lucha armada contra los nazis. La unidad existía sobre el papel y con bastantes hombres, pero no había realizado ninguna acción. Dejé la 3ª Brigada con pena, porque me había encariñado con los hombres y ellos conmigo. Para mí, era la mejor unidad guerrillera de toda Francia. Y a algunos historiadores les he leído esa misma opinión. También, porque no decirlo, estaba a disgusto porque iba hacia una incógnita, desconociendo el material humano con el que tendría que trabajar. También en esa fecha y en esa reunión ingresé como militante en el P.C. de España.

Llegue a Pau y allí me entrevisté con Ricardo Olcoz, el responsable político del Partido. Era un emigrante de antes de la guerra, aragonés. Nos reunimos en su piso él, Rocha, que era un mando de la brigada limítrofe, la de Altos Pirineos, y yo. Me dieron una visión de la situación y un listado de hombres susceptibles de entrar en la Agrupación. Los hombres eran miembros o simpatizantes del PCE de dos compañías de trabajo que había en Boucieres. Seleccionamos entre los tres a una decena y a partir de ahí empezamos. Me instalé con los hombres en plena montaña, en una casa abandonada del Pé-de-Hourat. Los compañeros resultaron ser muy buenos. Como todavía no había habido acciones, estábamos bastante tranquilos. Traíamos algunas armas, pero no eran suficientes, así que empezamos a desarmar a guardabosques y a vigilantes de fábricas. Por esa época, autobuses con guardias móviles iban caserío por caserío buscando trabajadores españoles para llevarlos a la industria de Alemania o a las obras del Muro Atlántico. En una operación llegamos por sorpresa y cogimos prisioneros a quince guardias con dos autobuses llenos de trabajadores españoles. Liberamos a nuestros compatriotas y les dejamos elegir entre venirse con nosotros o volverse a sus caseríos. La mayoría se volvieron, porque todavía no estaban maduros. La Resistencia nos dijo que hiciéramos el favor de liberar a los guardias móviles. Nosotros lo hicimos con dos condiciones: la de quedarnos con las armas largas y que se comprometiesen a no deportar a más españoles. Pactamos que podían quedarse con las armas cortas para conservar su honor. Firmamos un documento con las condiciones y los dejamos ir. No se llevaron a más españoles. Las Compañías de Trabajo de Vichy también eran una cantera para sacar trabajadores. Se presentaban por la noche, los alemanes y Vichy, y los cargaban en camiones. Pedimos a la Resistencia que nos comunicase cuando se iba a proceder a su captura. Nosotros solíamos presentarnos uno o dos días antes, ofreciéndoles venirse con nosotros. Algunos subían al monte, pero la mayoría se quedaba y esos hombres han encontrado su muerte construyendo los blocaos del Atlántico, bajo las bombas inglesas o de hambre en los campos de trabajo alemanes.

Decidimos empezar fuerte, aprovechando que los alemanes se consideraban seguros en la región. Estuvimos pensando que era lo que podía hacer más daño a los fascistas. Y de las cosas posibles, la mejor era eliminar a algunos pilotos, que eran los combatientes más difíciles de reponer. En el curso del mes de enero de 1944 los servicios de información nos presentaron un estudio muy detallado sobre la existencia de una escuela de pilotos alemanes en el campo de aviación de Pont Long. Por las noches se desplazaban en un autobús de la Luftwaffe a una cervecería de Pau. Tomamos la decisión de atacarlos. La acción la llevamos a cabo ocho hombres, armados con dos fusiles ametralladores y metralletas. Nos desplazamos por caminos forestales poco frecuentados y me reuní con nuestro enlace en Pau, Carmen Blasco, para decidir el lugar que mejor convenía para la escaramuza: un prado pendiente con muchos enebros para ocultarse y con un bosque a nuestra espalda para facilitar la retirada. Tomamos posiciones hasta que apareció un sidecar precediendo al autobús de los pilotos. Dos ráfagas de fusil ametrallador y el sidecar dio dos vueltas de campana antes de estrellarse en el prado. El autobús se detuvo en seco, los pilotos saltaron a la carretera y se tumbaron en la cuneta. Explosiones, humo, gritos, en momentos así las cosas pasan con mucha rapidez. Nos retiramos, todos sanos y salvos, y en dos grupos de cuatro volvimos a nuestra base del Pé-de-Hourat. Esa misma mañana Radio Londres dio la noticia de que los alemanes tuvieron 8 muertos y numerosos heridos.

Esta acción tuvo muchas consecuencias. Por una parte, me dio seguridad con los hombres y cierto prestigio para nuestro grupo. Pero los alemanes retuvieron a muchos civiles y la propia Resistencia nos dijo que nos iba a desarmar, porque no podían permitir esta represión atroz. No querían actividades de éstas, porque decían que los civiles eran los perjudicados y había que esperar. Pero nuestra conciencia de lucha era total, no íbamos a esperar hasta el desembarco aliado. Los franceses incluso rompieron su relación con nosotros y nos amenazaron. Pero luego tuvieron que restablecer la relación, porque nosotros tampoco cejamos en nuestra política.

Poco a poco, según íbamos aumentando nuestro número y actividad, fueron llegando los miembros del Estado Mayor. Tras el primer instructor, un comunista madrileño, fueron llegando los cuadros de mando: Blanco, el nuevo instructor político; López, un navarro, militar profesional, que ha muerto hace poco en Biarriz; Francisco Quitián; un jefe de Batallón cenetista... Estudiamos la situación geográfica y fuimos situando los destacamentos en sitios estratégicos: en el Col del Aubisque, en Pé-de-Hourat, en Marie-Blanche, en Seurat... Y los españoles, al ver nuestras acciones, se venían con nosotros. Acabamos cubriendo toda la zona del Pirineo. Los destacamentos se componían de pequeños grupos de hombres, a veces a 20 kilómetros unos de otros, pero pomposamente los llamábamos “batallones”. Cada unidad tenía absoluta libertad para tomar decisiones militares. En los destacamentos había comunistas, anarquistas y socialistas enrolados a título personal, también algún republicano. Pero no recuerdo haber tenido nacionalistas. Había sí, ciudadanos de Vizcaya y Guipúzcoa, la mayoría de apellidos castellanos. En ese período no hacíamos distinciones. Nuestra única estrategia era enfrentarnos a los alemanes. Pero el PCE era preponderante. Los demás guerrilleros estaban a título personal, sin encuadrarse en unidades de igual color político.

Utilizábamos para los enlaces personas que estaban legales. La propaganda y algunos documentos iban en claro. Pero lo de las direcciones ya era un poema. Con un libro, del que había varios ejemplares, se establecía un código de tres números: página, línea y letra. Con ello se iban transcribiendo las palabras. Pero esto sólo se hacía para las direcciones o informaciones muy confidenciales. El problema era que si los alemanes te encontraban con una lista de números, ya sabían de qué se trataba y la única salvación del grupo era que aguantases sin hablar. El problema de las direcciones era tremendo. Porque podías caer tú, los de las direcciones y los que éstos conocían. En cualquier caso, el asunto de los documentos lo teníamos restringido a muy pocas personas. Los enlaces exteriores de la brigada se hacían con enlaces de la Agrupación Guerrillera. Se me convocaba a Pau, al piso de Rocha. A esas reuniones tenía que ir sólo. Bajaba de noche, con todas las precauciones. Allá te solían informar de los objetivos militares a cubrir: escaramuzas contra los destacamentos aislados, sabotaje de las instalaciones de suministro energético, destrucción de vías de comunicación... .

Si te cogían, había que ser consciente de que era preferible morir que delatar a los compañeros. Porque tú, como español y resistente, ya estabas perdido. Si eres un hombre o mujer de ideas, es ahí donde tienes que demostrar tu temple. Y el arraigo de las ideas. Esa es la prueba más dura que se puede pasar, donde das la talla. Había que cuidarse mucho de la policía. En primer lugar, utilizaba mucho el dinero y en época de necesidad era fácil corromper a la gente. Había muchos confidentes. Y luego estaba el asunto de la tortura. Yo siempre he tenido suerte. Me han encarcelado, me han dado palizas, pero nunca he tenido que sufrir verdadera tortura. La Gestapo a veces utilizaba aparatos eléctricos, “la bañera” o simplemente te arrancaban la piel a tiras. Eran refinados en su crueldad.

Una cosa que se vigilaba mucho era evitar que nadie dejase el destacamento para ver a su novia, porque eso había causado más de una caída. El problema de las mujeres, cuando uno está metido en un follón de estos, hay que congelarlo. Son imprudencias que en este período te podían hacer perder la vida. Las necesidades fisiológicas están siempre ahí, pero había que aguantarse. Claro, que quien tenía posibilidades, estaba tentado de decir: “Me voy, no me pasará nada...” Pero si te saltabas a la torera las normas, se derivaban grandes perjuicios para los demás.

El comandante Francisco Quitián se encargaba de las relaciones con el comité francés de la Resistencia. Éstos, que durante el año 42 y 43 habían estado bastante inactivos, al vislumbrarse la liberación habían salido de su pasividad. Y por la vía de Quitián y del comité francés, empezamos a relacionarlos con Londres, pero sólo logramos, en la época de Normandía, que los ingleses lanzaran un envío en la zona del Pé-de-Hourat. Cuando el desembarco fue la única vez que se nos abasteció directamente. Pero cuál sería nuestra sorpresa cuando vimos que, había armas, sí, pero muy poca munición. Y la munición entonces nos era más necesaria que las armas. Daba la sensación de que querían que luchásemos un mes, pero no más. Que nos desangrásemos contra los alemanes y que estuviésemos sin balas cuando llegasen los angloamericanos. O sea, que ya existía una total reticencia hacia nosotros. También aprovechábamos los paracaídas, que eran de color caqui, para hacer camisas. De un paracaídas pueden hacerse una cantidad impresionante de camisas. Teníamos grupos de mujeres que se encargaban de eso. Mi indumentaria, en los Pirineos, era una camisa de esas y unos pantalones y unas botas de caña alemanes. Tras un combate, al ver a un oficial muerto, pensé: “Estas botas de caña van a ser de mi número”. Y me iban como la puñeta. Luego, los ingleses nos lanzaron unas chaquetas y unos pantalones grises por paracaídas.

La estructura de mando seguía la división orgánica de la Agrupación Guerrillera. La dirección de la Agrupación hacía de Estado Mayor, poniéndose en contacto con los jefes de División. Éstos, a su vez, nos comunicaban las directrices y las órdenes a los jefes de las brigadas. Nuestro jefe de División era Vallador. Disponía de una red de casas seguras, desde donde por medio de una mujer nos avisaba para que estableciésemos contacto. Pero en la práctica, si había combates en la región, al jefe no lo veíamos ni por asomo. Porque todos los jefes de División habían sido impuestos de la misma forma por la Dirección y preferían quedarse a salvo. Cuando más falta nos hacían era cuando combatíamos contra el enemigo, para darnos instrucciones o apoyo moral. Pero las instrucciones las daban sólo cuando había tranquilidad. Con decir que a Vallador lo vi una sola vez, para presentarnos. En los dos meses largos de combates que tuvimos cuando la Liberación, no apareció. Y reapareció cuando expulsamos a los alemanes, con las órdenes.

La propaganda nos venía del Partido y, al final, de los boletines que lanzaba la Agrupación de Guerrilleros. Teníamos incluso nuestro himno de la 10ª Brigada: “Los guerrilleros de España / luchando van por llanuras y montañas / gritando todos por la libertad / Libertad de España / por una España libre / libertad nacional/ mueran Franco y la Falange / y viva la libertad”.

En febrero destruimos varias centrales eléctricas que abastecían a la industria y muchos postes de las conducciones. Cuando el desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944, hicimos los primeros prisioneros alemanes, la guarnición de Ferriéres. El pelotón del ejército y los capataces y guardianes de la mina se hicieron fuertes en un edificio. Tras un combate de dos horas, cuatro voluntarios lograron arrastrarse bajo sus ventanas y los obligaron a rendirse arrojando bombas de mano. Bajamos del monte e instalamos nuestro cuartel general en un hotel. Entre el 9 y el 15 de junio liberamos una importante zona del Departamento. El comandante Cavero capturó tres toneladas de víveres y numerosos prisioneros en la zona de Oloron. El destacamento de Serrat y del Marie-Blanche hizo lo mismo. Pero, a partir del 17, los alemanes reaccionaron y nos atacó una unidad de cazadores alpinos de Baviera. Eran muchísimos y la aviación lanzó hojas diciendo que estábamos perdidos y pidiendo nuestra rendición en tres días. La hoja servía de salvoconducto. Nos vimos obligados a retirarnos y fusilamos a los prisioneros alemanes. ¡La guerra es horrorosa! Pero no podíamos llevarlos al monte. Era una guerra sin cuartel. Los alemanes sí tenían posibilidad de encerrarnos, pero español que cogían, español que colgaban. Los cazadores llegaron hasta el hotel, lo quemaron y encontraron donde enterramos a los prisioneros fusilados. Desde ese momento hasta la Liberación los combates fueron casi continuos. Fui convocado a Pau y se nos informó que nuestra labor era destruir las vías de comunicación, volar puentes y vías férreas, evitando que los alemanes pudiesen reforzar el frente de Normandía.

El 27 de julio fue el peor día para la Brigada. Dos milicianos de Arudy condujeron por caminos de herradura a una columna alemana hasta el pueblo de Buziet, donde habíamos instalado a nuestros guerrilleros heridos o enfermos. Como no tenían armamento, apenas pudieron ofrecer resistenca. Los alemanes los sacaron fuera de las casas y en presencia de los vecinos les cortaron las orejas y los dedos a machetazos y luego les pegaron un tiro en la nuca. Allí murieron entre 14 y 17 guerrilleros. También perdimos algunas enlaces, como Emiliana Quitián, a la que se concedió la cruz de guerra. El jefe del destacamento de Marie-Blanche, “Federico”, hizo una zarracina contra un convoy de alemanes que se preparaba para atacar el destacamento del Pé-de-Hourat. Inmovilizó la columna de camiones en las estrechas carreteras que salían de Oloron y la destrozó.

También bajamos al valle para hacer nuestras operaciones. Volamos una fábrica que hacía trenes de aterrizaje para los alemanes. La dirección de la empresa era alemana, pero estábamos informados por los trabajadores franceses. Salimos de la zona del Col del Aubisque con cargas de “plastic” preparadas. La misma mecha era también explosiva, no como en el anterior material que era con mechas industriales. Era como la masilla de cristalero. Colocabas las cargas en forma de bolas debajo de las máquinas, les metías la mecha y la explosión era al unísono. ¡No quedaban sino las cuatro paredes y alguna vez ni eso!

Nuestra acción fue eficaz y bloqueamos a los alemanes, que se quedaron sin poder circular. Y cuando quisieron hacerlo, sólo les quedaba ya abierto el camino de España. Ya cerca de la Liberación, recuerdo que escogimos un lugar para copar a un convoy alemán en una carretera de montaña. Colocamos dos fusiles ametralladores y algunos fusileros en un desfiladero por el que pasaba la carretera. Bloqueamos el convoy y los guerrilleros lanzaron las granadas. Nos retiramos cubiertos por las ametralladoras. Les hicimos una auténtica escabechina.

En la última campaña, desde Canfranc hasta el mar, capturamos a las fuerzas alemanas que querían retirarse a través de España. La antigua guarnición de Pau se iba concentrando en Aguas Buenas, Gavas, una ciudad balneario, un pueblo lleno de hoteles cerca de Oloron. De allí tenían España, Canfranc, a sólo cinco o seis kilómetros. No podíamos vencerlos atacando por la parte francesa, porque tenían muchos más efectivos y capacidad de fuego que nosotros. Por ello fue necesario entrar varios kilómetros en territorio español, para tomar enclaves estratégicos y cerrar los pasos. Montamos nuestras líneas. Ya teníamos ametralladoras y morteros cogidos al enemigo y nos establecimos dominando la carretera y los pasos. Los alemanes intentaron pasar de frente por la carretera y los bloqueamos. Luego intentaron pasar por senderos, en fila india, pero tampoco lo lograron. Levantaron bandera blanca y pidieron rendirse a los franceses.

Monté una estratagema. Con unos pocos uniformes franceses que teníamos, mandamos un destacamento disfrazado. Ordenaron a los alemanes que formasen en línea de a tres y que fuesen dejando las armas. Cuando acabó la operación, aparecimos y al ver que éramos españoles, había quien se ponía de rodillas, clamando a Dios. Los tratamos bien, porque ahora las circunstancias lo permitían. Hicimos muchísimos prisioneros. Yo, con cuatro tíos que llevaban unos “naranjeros” de impresión, fuimos con el comandante alemán para que nos enseñase lo que había. Tenían radios, máquinas de escribir, camiones, máquinas fotográficas... Y un cofre fuerte con varios millones de francos. Le dejé a uno vigilando y llamamos a los franceses para que lo recogieran. En ese momento prefería las armas al dinero de los cofres. Aquí tomamos toneladas de material, explosivos, armamentos, que utilizamos en la invasión del Pirineo contra Franco.

Nos instalamos en Cambo. La Brigada tenía unos 300 hombres. Fuimos a los campos de concentración de Hendaya con el Prefecto y el Gobernador Civil, liberamos a los prisioneros y los mandamos a diversos batallones. La guerra había terminado. Los guerrilleros disponíamos de unos 15.000 hombres encuadrados bajo los pomposos nombres de divisiones, brigadas... términos que nunca me gustaron. Para mí eran agrupaciones guerrilleras. En Montrejeau se colocó la sede de ellas. Con la euforia de la Liberación se formaron algunas unidades españolas fuera de la Agrupación, como el Batallón Libertad, en Burdeos. Eran cenetistas. Ellos, a diferencia de la Brigada de la UNE de Burdeos, que algo había luchado, aunque durante poco tiempo, no hicieron ninguna resistencia, sólo “mercado negro”.
Tras la Liberación vimos por primera vez a la Dirección del PC del exterior y a Carrillo, porque durante la guerra no supimos nada de ellos. Luego fue viniendo el resto del Comité Central desde Moscú: Ignacio Gallego, Antonio Beltrán, que llegó en 1945, Antón... Se acababa de instalar en la Avenida Wagran, en París, cerca de la Plaza de la Estrella, a 400 m. del Arco del Triunfo, donde convergen media docena de avenidas (5).

Nosotros instalamos un hospital en Salilles de Bearn. Allí, por primera vez, la Brigada dispuso de un médico. Un doctor donostiarra bastante conocido, exiliado en Pau, que vino a ofrecerse para cuidar a nuestros enfermos. Se instaló con su mujer, que era muy guapa por cierto. Y empezó su labor. Y al tiempo nos vino una inspección médica francesa y nos regañaron porque los envíos de morfina que pedíamos eran excesivos. López y yo prometimos investigar. Descubrimos que el médico se levantaba por la noche, cogía una manta y se iba al water, donde se pasaba horas. Allí lo sorprendimos y tenía el brazo llagado de pincharse. Era morfinómano. Lo tuvimos que expulsar y nos quedamos de nuevo sin médico.

En Cambo fuimos en visita de cortesía a ver a monseñor Múgica, el obispo exiliado. Estaba medio ciego (6) y recuerdo que nos obsequió con una buena botella de vino. Vivía rodeado de personas de las principales familias del nacionalismo vasco. Estoy viendo la escena: ellos bien comidos, limpios, trajeados y nosotros con nuestras barbas y la mugre del monte. Querían sondearnos, sobre todo a mí, como vasco, cuáles eran nuestras intenciones. Finalmente nos instalamos en la residencia del cónsul español en Pau, en villa Castilla, donde el jefe de la Agrupación Guerrillera, Luis Fernández, estableció el cuartel general. La UNE siempre había tenido su principal bastión en la zona pirenaica, del Mediterráneo hasta el Atlántico. Mientras duró la lucha con los alemanes, surgieron grupos en otras zonas, pero ahora los íbamos a trasladar hacia el sur con el pensamiento de pasar a España.

Notas

(1) Con este artículo finaliza la trilogía dedicada a Victorio Vicuña, fallecido en junio de 2001, guerrillero en Francia y en España de 1942 a 1947, publicada en los números 274 y 284 de esta revista.

(2) Subfusil tipo Schneider.

(2) Los dos últimos morirían el año siguiente, uno fusilado por Franco y el otro en un combate contra la Guardia Civil en la provincia de Gerona.

(3) Hasta mayo de 1944 el SOE británico entregó mediante 1.665 vuelos las siguientes armas al maquis francés: 80.000 subfusiles, 17.000 fusiles, 3.500 fusiles ametralladores, 30.000 pistolas, 900 anticarros de carga hueca y 160 morteros. Estos datos reflejan la marginación en que se mantuvo a los guerrilleros españoles.

(4) La dureza de la ocupación en el departamento de Basses-Pyrenées queda reflejada en estas frías estadísticas: 197 resistentes fueron muertos en combate o fusilados y 163 civiles perecieron en los combates; de los más de 1.700 deportados, 650 hombres, mujeres y niños murieron y 1.187 de los internados en el campo de concentración de Gurs dejaron allí su vida.

(5) Suprema ironía, en esa avenida los alemanes instalaron durante la ocupación la exposición internacional “El bolchevismo contra Europa” para adoctrinar a los franceses contra los males del marxismo.

(6) Otro testigo presencial de esta visita, que solía tratar habitualmente al obispo, nos ha negado que su vista estuviese tan deteriorada. Al parecer, monseñor Múgica simuló un tanto su enfermedad, temeroso de que los “rojos” se vengasen de su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera o al mismo Franco los primeros días del alzamiento.

La “Reconquista de España” comienza en Navarra

La “Reconquista de España” comienza en Navarra

(Artículo enviado por Mikel Rodríguez, y publicado en Historia 16, nº301, mayo 2001, p. 72-81.).

En el otoño de 1944 la Unión Nacional Española (UNE) – la organización de los exilados antifranquistas de predominio comunista - proclamó que había llegado la hora de reconquistar España. La invasión guerrillera que debía derribar a Franco se produjo por Navarra, Huesca y Lérida. La primera embestida se dio en Navarra. Los maquis fueron tomando posiciones cerca de la frontera. Desde la zona de Pau se trasladaron a las poblaciones de Sainte Engrace y Esterençuby. En total, más de ochocientos guerrilleros se concentraron en el área Olorón-Mauleon-Ustaritz.

Los guerrilleros eran de variada procedencia: Isidoro Granado, de Madrid; Domingo Abanades, Guadalajara; Roberto Gayarre, Navarra; Mariano Hidalgo, asturiano; Salvador Sangut, barcelonés; Félix García, Madrid; Miguel Sierra, de Cáceres; Juan Ferrer, Hospitalet; el leridano Manuel Rocha; Ramón Mayo, Biescas; el eibartarra Angel Loidi... Muchos maquis quedaron muertos e insepultos en los bosques y nunca sabremos sus nombres. Todavía ocho meses después de los combates se encontraron cadáveres.

La invasión se inició la noche del 3 al 4 de octubre, cuando pasaron los primeros guerrilleros, unos doscientos cincuenta hombres de la 54 Brigada. Partieron de Esterençubi y cruzaron la frontera por Roncesvalles. El primer combate se produjo el día 4 contra un destacamento de la Policía Armada en Izalzu. Murieron dos policías y el guardia civil que les servía de guía. Los maquis además capturaron a un sargento y a un número. Tras esta escaramuza y debido a la presencia de numerosas fuerzas enemigas, el grupo se dividió en dos partidas. Una, tras llegar hasta Abaurrea Alta, tuvo que retroceder y repasó la frontera el día 8, liberando al sargento en Francia. La otra entabló un combate el mismo día 4 en Vidangoz, en la zona del monte San Fernando, contra una compañía del batallón América reforzada por dos secciones de la Policía Armada. Murieron seis maquis y doce fueron capturados. Por parte gubernamental cayeron el teniente Ramón Benito Alonso, dos cabos y dos soldados. La lucha fue muy dura, llegándose al cuerpo a cuerpo. Este grupo posteriormente tuvo otro encuentro en la borda Zalba contra tropas de infantería. Murieron dos soldados y cinco guerrilleros, mientras un oficial resultaba herido de gravedad. Se hicieron 30 prisioneros. En Navascués se produjo la única verdadera batalla de la campaña, con uso de morteros y ametralladoras pesadas, pero los guerrilleros lograron romper el contacto. El destacamento, muy debilitado y sin municiones, se fraccionó y retornó a Francia sin más bajas, salvo algún guerrillero que se entregó en el puesto de la Guardia Civil de Burguete.

El día 6 se produjo un combate contra el Ejército en Ainzioa, en el valle del Erro, a resultas del cual el destacamento de cuarenta maquis se dispersó y retomó la frontera. Dos días después, ante el complicado cariz que tomaban los acontecimientos, se trasladó al batallón Legazpi XXIII desde San Sebastián. Las órdenes proporcionadas a su mando establecían que la unidad debía limpiar de enemigos la zona de Aoiz e Irurzun. El día 9 el batallón tuvo su bautismo de fuego junto a otras unidades en Arostegi, cerca del paso de Dos Hermanas. Sufrieron tres muertos y varios heridos, entre ellos un teniente y un capitán. Uno de los fallecidos era el alférez de complemento bilbaíno Miguel de la Mano, herido gravemente en la acción y que murió al día siguiente. Era el primer mártir de la milicia universitaria y como tal se expuso durante años un cuadro suyo en la sala de banderas del regimiento Sicilia. En el mismo enfrentamiento murieron los soldados Julián Orbegozo e Isidro Angulo.

Ese día una partida de ocho guerrilleros entró en Abaurrea Alta y obligaron al alcalde a que les acompañase al puesto de la Guardia Civil. Allí le hicieron llamar al portón. Cuando le abrieron, dispararon al interior, matando a un número e hiriendo a tres. Tras este ataque el grupo se dispersó. La Guardia Civil del pueblo capturó dos maquis de la partida el mismo día y varios más las jornadas siguientes, entre ellos algunas mujeres. El 9, dos guerrilleros fueron detenidos cuando intentaban atacar el puesto de la Guardia Civil en Olagüe, a sólo 20 kilómetros de Pamplona. Fueron los maquis apresados más al sur.

Respecto al crecido número de prisioneros, el testimonio de un oficial de infantería aclara en parte la cuestión: Íbamos patrullando a pie cuando, de repente, apareció un grupo de maquis. Nos podían haber emboscado y acabado con todos nosotros, porque nos habían sorprendido totalmente. Pero venían a entregarse. Los llevé yo personalmente hasta Pamplona. Me dijeron que habían estado escondidos varios días esperando que pasasen soldados, porque no querían entregarse a la Guardia Civil o a la Policía. Habían entrado en España convencidos de que no tendrían que luchar, que la guerra había terminado con su victoria sobre los alemanes y que les iban a recibir como a libertadores. Y al darse cuenta de la realidad, decidieron entregarse. Una cosa que les sorprendió también fue que las tiendas estuvieran abiertas y que existiesen productos para vender, pues venían con la idea de que España estaba hecha un caos y que no había ni comercio ni mercancías. La verdad es que hicieron bien en entregarse a nosotros, porque los cogíamos y nos limitábamos a llevarlos en camión hasta Pamplona y entregarlos en la cárcel. Pero la Policía y la Guardia Civil antes de encerrarlos los interrogaban. Así que, cuando menos, les daban “un buen repaso” antes de llevarlos a prisión.

La invasión dejó patente la escasa preparación del Ejército para la lucha antiguerrillera. La mayor parte de la guarnición fronteriza estaba compuesta por antiguos republicanos y por soldados de remplazo, simples quintos que intentaban inútilmente pasar la mili sin excesivas complicaciones. Un quinto guipuzcoano al que tocó hacer el servicio en estas difíciles circunstancias nos lo recuerda: Yo estaba en el valle de Baztán. Había tiroteos casi todas las noches, porque había muchos nervios. Disparábamos al ganado y a todo lo que se movía. En las unidades estábamos mezclados quintos normales, que estábamos mejor, pero también había muchos republicanos que ya estaban aburridos de la vida. Habían hecho la guerra, luego estuvieron en la cárcel varios años, luego los llevaron a los batallones disciplinarios y luego ¡a volver a hacer tres años de servicio militar! Éstos ya nos decían: “Nos da lo mismo pegar un tiro a nuestros oficiales que a los que vengan de Francia”. En esas condiciones, comprenderás que mili pasamos. Los nervios y la bisoñez de la tropa a veces producían situaciones surrealistas, como en Vertiz, donde una sección de infantería se apeó del tren al localizar una partida de maquis, combatiendo toda una noche ¡contra una piara de jabalíes!

El 18, tres maquis fueron capturados por soldados del América XIX en el puerto de Velate. Al día siguiente se produjo el principal esfuerzo guerrillero, la invasión del valle de Arán, en Huesca. Esto provocó la reactivación de las entradas por la frontera navarra. La 522ª Brigada, doscientos guerrilleros mandados por el comandante Couto atravesaron la frontera por el Roncal, en dirección al pueblo de Sádaba y con destino final en el Maeztrazgo. Los días 20 y 21, procedentes de Saint Engrace, 400 guerrilleros de la 153ª Brigada entraron por el portillo de Arrakogoiti, en el Roncal. Se dirigieron hacia Garde, desde donde esperaban pasar a Huesca y enlazar con la invasión de Arán. Perseguidos muy de cerca por las fuerzas gubernamentales, enseguida se fraccionaron, llegando partidas sueltas a Lecumberri, Lesaca y Aralar o siguiendo hacia Aragón. Un oficial de la Agrupación Cenetista de la UNE, Chispita, recuerda esta incursión: Cuando entramos en España éramos un centenar de hombres. Casi todos veteranos de la guerrilla francesa. Por eso quizá tuvimos menos reveses que otros grupos. Sostuvimos varios combates apenas pisamos territorio español. Casi siempre con la Guardia Civil. Se notaba que eran excombatientes de la guerra civil por su forma de actuar en la montaña y por su valentía (...) Los enfrentamientos más violentos nada más entrar los tuvimos en la Sierra de Uztarroz. Luego nos disgregamos en tres grupos. Yo tomé el mando de uno de ellos. Tuvimos pocas bajas porque, como ya te dije, nuestros hombres eran guerrilleros muy fogueados. Pero la resistencia encontrada hizo retroceder a Francia a más de la mitad. Cuando algunos dijimos que se tenía que penetrar hacia el interior, en busca de guerrillas locales, no faltó quien puso en duda su existencia, alegando que eso formaba parte del engaño general. Pienso que si hubiésemos tenido mejor información sobre esas partidas guerrilleras la mayor parte de los grupos que regresaron a Francia posiblemente no lo hubieran hecho (...) Bajamos hasta la Sierra de Santo Domingo, pasando por Navascués y Urriés (1). Este grupo llegó al Maeztrazgo a finales de octubre.

Victorio Sarriés, entonces sólo un niño, iba irse a la cama en Iza, en el valle de Salazar, cuando sonaron golpes en la puerta. La casa no tenía luz eléctrica y costaba atisbar algo. Eran dos hombres armados con fusiles y granadas. Le preguntaron por su padre y entonces éste apareció con unos carboneros que vivían en la casa. Los guerrilleros estaban tan asustados como ellos y sólo querían algo para comer. Les dieron lo que pudieron pero, como todavía no habían hecho la matanza, sólo había pan y nueces. Estuvieron un rato hablando, dieron las gracias y se fueron. Pero un vecino ya les había denunciado. El Ejército cercó la casa y con las primeras luces se decidieron a entrar. Los soldados estaban nerviosos y querían registrar las habitaciones. En ese momento asomó un ermitaño, Fernando, que vivía enfrente. Los soldados le dispararon y la bala rozó su cuello antes de incrustarse en la pared. Llevaron a toda la familia a declarar y luego los dejaron en libertad. A los guerrilleros los detuvieron días después en Zerrenkenos.

Enric Carreras, miembro de la 522ª Brigada, entró por el Roncal con catorce compañeros: Aunque en algún momento encontramos gente que nos ayuda, son muchos los que acuden a denunciarnos (2) Otro grupo de esta Brigada llegó hasta Aralar, donde sostuvo un duro enfrentamiento con la Guardia Civil. Al final, 17 se entregaron. En un combate en Lesaka con otro destacamento de 60 guerrilleros que intentaba regresar a Francia murió un guardia civil y el policía armada Quintín Cuesta. El día 22, doce guerrilleros fueron detenidos en el Baztán.

Por esas mismas fechas comenzó a infiltrarse en pequeños grupos la 10ª Brigada. Victorio Vicuña era su comandante: Respecto a la invasión, nosotros tuvimos una gran dosis de subjetivismo. Pensábamos que el final de la guerra mundial era el final de Franco. Creíamos que si invadíamos España y creábamos una cabeza de puente seríamos ayudados por los Aliados. Creíamos que si creábamos una situación de conflicto directo, los Aliados no tendrían más remedio que intervenir, devolviéndonos los esfuerzos que habíamos hecho por ellos. Y que la entrada de una o dos divisiones americanas provocaría que los militares abandonasen a Franco. Esa fue nuestra equivocación. Fuimos incautos políticamente. Se intentaba cubrir con voluntad las deficiencias En ese período queríamos crear una presión para que las tropas aliadas entrasen detrás de nosotros. No era una forma de pensar políticamente equivocada hasta unos meses antes, pero teníamos ya los inicios de la Guerra Fría. Un gran error político. Monzón y la Dirección se equivocaron, pero tuvieron espíritu de lucha.

Yo estaba un poco mosqueado, porque veía que esto no iba a acabar bien. Llevaba bastante tiempo en esto para conocer la importancia de la información y, como no tenía casi guías del país, todas las noches mandaba patrullas de información con prismáticos y telescopios cogidos a los alemanes, que atravesaban la frontera, se quedaban un día escondidas y volvían la noche siguiente con una información veraz. Por ejemplo, me decían qué movimientos de tropas habían visto, en qué lugares y cuántos toques de trompeta habían escuchado. Cada toque indicaba la posición de un destacamento militar. Y había un montón. Pero los boletines de la Agrupación decían todo lo contrario, que no había fuerzas en la frontera. Nuestra propaganda magnificaba todo: si tres obreros se quejaban, hablaban de huelga. Si aparecían unas pintadas, que un barrio se había levantado. Las informaciones de la Agrupación Guerrillera parecían muy completas. Constaba el nombre de todos los pueblos, con las fuerzas del orden y los destacamentos de ejército acantonados en ellas. Según esos informes, la frontera estaba casi desguarnecida.

A principios de octubre de 1944 iniciamos la campaña del Bidasoa. Se habían establecido dos sectores: uno, en el Pirineo catalán y Aragón, donde debían entrar por Jaca. Otro, desde Olorón-Santa María hasta el Atlántico. Mi brigada, la 10, estaba la más cercana al mar, en Cambó. Mis órdenes, concretamente, eran introducir toda la brigada al unísono, utilizando todos los hombres disponibles. Mis órdenes eran “presentarse en España con todas las fuerzas posibles”. Yo ya advertí a mis jefes, Luis Fernández y Modesto Vallador que iba a meter seis destacamentos de 60 guerrilleros progresivamente y que yo pasaría con el tercero cuando conociese la situación. Y que tampoco utilizaría algunos hombres, como la Brigada Vasca, que estaban faltos de preparación y porque a su jefe, Ordoki le veía muy reticente e inseguro. Los nacionalistas, algunos republicanos y los “Llopis” no estaban de acuerdo con la operación y habían minado los deseos de luchar.

Nuestro objetivo era, desde el punto de vista de la estrategia, el mismo que el de Arán. Aunque en Arán la penetración era más fácil, al ser un sector más montañoso. Teníamos que establecer una cabeza de puente, tras lo cual se levantaría el pueblo español y los ejércitos aliados, ante este hecho consumado, nos ayudarían y derribarían a Franco. Esa era la idea central, más que objetivos concretos de “¿hacia dónde vamos?” o “¡hay que tomar tal pueblo!”. Nuestra orden concreta era: “Evitando las ciudades y los pueblos, cruzar el Bidasoa y establecer bases en las zonas montañosas de Guipúzcoa y de Vizcaya. Si no hay una caída inmediata de Franco, intentar llegar a Santander”.

Empezó la operación y entramos por la zona de Sara. La primera noche pasaron dos grupos, la segunda, uno. Entraban de noche y con la orden de intentar evitar el combate porque no tenían munición más que para cinco minutos de fuego. Había metido estos tres grupos, alrededor de 180 hombres e iba a pasar yo mismo cuando el tercer día llegó la orden de suspender la operación. Los grupos, hasta cruzar el Bidasoa, no encontraron la menor resistencia, sólo alguna patrulla aislada. Las tropas del Ejército, Falange y requetés se habían concentrado al otro lado del río. Todos los que pasaron el Bidasoa no volvieron más. De los que no pasaron, pues algunos lograron salvarse.

En proporción, tuvimos más bajas que en la operación del valle de Arán. Sólo por pasar el río, que había llovido mucho y había crecido, se ahogaron catorce o quince guerrilleros. En total parece que la brigada tuvo medio centenar de desaparecidos. ¿Fueron detenidos y ejecutados de forma sumaria, desertaron o lograron llegar a bases guerrilleras en otras provincias? Lo único comprobado es que de muchos nunca más se supo.

Uno de los integrantes de aquella brigada era José Vicente Arizaga, veterano de los campos de concentración franceses y de la Resistencia: Yo había pasado a Francia desde Cataluña cuando la derrota, con 14 años. Así que aquella era mi vuelta a España. Mi experiencia en el interior fue muy corta, se trató de muy pocos días. Entré con un grupo de cincuenta y dos hombres del primer batallón de la 10ª Brigada. Antes de entrar en España le cambiaron el nombre a la unidad para despistar y pasamos a ser la 227ª Brigada. Salimos de Salies de Bearn en camiones y cruzamos la frontera por la zona del monte La Rhune. Íbamos ya con la estructura de hacer un futuro ejército: un teniente para cada cinco soldados, que luego sería el oficial de los futuros guerrilleros. Para reír. Ya durante la ocupación en Francia hubo batallones que se componían de 8 hombres. Así que cuando se lee: “Tal operación fue ejecutada por el batallón X”, a lo mejor estamos hablando de una operación en que participaron cuatro personas. Antes había pasado otro batallón por lo menos, porque me habían dado instrucciones de que no dejásemos papeles, ni colillas, ni nada. Y encontramos una lata de conservas de sardinas de los que pasaron antes y la tuvimos que enterrar. Llevábamos cinco fusiles ametralladores ingleses Bren y uno alemán. Llevábamos armas ligeras, pero bastante más que lo que teníamos enfrente. El armamento era diverso: unos fusiles canadienses de la Guerra del 14 muy pesados y poco precisos, que no gustaban a los hombres aunque tenían cargadores muy grandes, de diez balas; mausers; dos variantes de Sten, con culatas deferentes; bombas de mano de piña y yo llevaba 30 kilogramos de trilita. Pero traíamos muy poca comida, latas de sardinas que habíamos cogido de un tren que la Brigada voló cerca de Olorón, con conservas y botas de media caña españolas para los alemanes. Los cargadores de los fusiles ametralladores se habían distribuidos entre todos. Yo llevaba dos cargadores y algunas balas sueltas, que servían tanto para el mauser como para el Bren.

Llevábamos las mejores armas, porque en la 10ª Brigada teníamos también la skoda, que era el mauser hecho en Checoslovaquia; bombas de mano italianas de dos clases, que parecían cantimploras y que nadie las quería; bombas de palo alemanas que tampoco quería nadie, aunque supongo que serían útiles porque los alemanes eran unos artistas a la hora de hacer la guerra; un par de “naranjeros” españoles; pistolas hechas en Eibar y subfusiles rusos de tambor, que parecían el arma de los gansters...

Íbamos muy despacio y cuando se hizo de día aún estábamos frente a La Rhune. Con los anteojos veía el pueblo de Vera del Bidasoa. Pero desde La Rhune probablemente nos estaban vigilando, porque sabían que veníamos. Alguien nos vio y enseguida se chivó. Algún pastor. Yo únicamente vi a cinco soldados de patrulla, con el fusil de revés sobre el hombro y avisé a los demás para que se escondiesen. Ordenaron no disparar. Perdimos el enlace, el río Bidasoa estaba crecido, un par de días sin saber qué hacer. Y, cuando estábamos en un barranco, nos cogieron allí. Empezaron a dispararnos, fueron poco precisos, no sé si tenían más miedo que nosotros. La verdad es que en el combate nos hicieron menos daño del que pudieron. En aquel momento o después murió el comisario del batallón, José Silva. Tuvimos un par de muertos y nos ordenaron “¡Tomad la loma!”. Salimos escapados intentando coger altura. Ahí me vi bastante apurado, pero parecía que no nos querían tirar, porque pasé por una zona despejada y cuando llegué arriba es cuando nos empezaron a tirar. Total, que nos reagrupamos y tuvimos una reunión con los mandos sobre qué hacer. Y decidimos volver. El comisario de la otra compañía, para quedar bien, dijo que seguía “para adelante” y desapareció y no lo vimos más. Pero es que éste sabía lo que había después, una especie de tribunal juzgaba a los que se retiraban sin órdenes. Y pasamos a Francia, a Sara. Creyendo que estábamos a salvo, matamos dos corderos y nos pusimos a comer. Estábamos en dos bordas y en un momento dado atacaron la otra borda, a 100 metros y allí mataron al comandante, Cabero, cuando abastecía el fusil ametrallador y a otros compañeros más. Intentamos reaccionar, pero ninguno de los Bren funcionó - yo creo que algún agente los había estropeado - y no podíamos responder al fuego de los franquistas. Con el jaleo llegaron en camiones los franceses del Cuerpo Franco Pommiés, que no eran comunistas pero nos tenían mucho aprecio, porque habían luchado contra los alemanes. Y formaron frente a los franquistas, que se largaron. Cuando llegué a la base, en Salies, los compañeros me abrazaban porque les habían dicho que habían matado a un comisario y pensaban que era yo. En total tuvimos 8 muertos de 52. De las fuerzas franquistas se pasaron bastantes, quintos y suboficiales del ejército e incluso algunos policías.

Jacinto Ochoa, fugado del penal de San Cristóbal, recuerda aquellos días: Estuvimos en Ustaritz unos días, nos montamos en unos camiones, fuimos hasta muy cerca de la frontera y después de allí, cargados con los macutos y las cosas que teníamos, munición y armas, aquella misma noche cruzamos la muga. Llevábamos rifles americanos y buenos debían ser aquellos cachorros, tenían un cargador bastante majo, no sé cuantas balas metí en la cámara, y después metralletas de esas que se fabricaban en Estados Unidos. Se arrojaban para el maquis. Era una cosa muy rudimentaria, no tenían más que un tubo y un cargador grande de 30 tiros. Y claro, aquello para actos de sorpresa debía ser muy bueno, porque no pesaba nada y podías desplazarte. Nosotros seríamos unos 50. Nuestro objetivo era internarnos y crear guerrillas y ya después tomar la iniciativa cada uno, pero no había sitio concreto donde ir, donde nuestra marcha terminara (3).

En los combates desarrollados en Ventas de Igantzi, el día 23, murieron cinco guerrilleros. Uno de estos guerrilleros falleció al caer al canal. El agua lo arrastró hasta una presa cercana, de donde los militares extrajeron el cadáver. Otro cayó abatido al intentar cruzar el río por el puente de minas. Lo enterraron en el bosque poniéndole una anónima cruz de madera. Los otros tres maquis murieron en combate en el caserío Landanetxe.

El 25 se produjo un fuerte enfrentamiento en Vidangoz, en el que perdieron la vida seis guerrilleros. Los combates comenzaron por la tarde y prosiguieron hasta la mañana siguiente. En un principio, las fuerzas del Ejército tuvieron que replegarse al pueblo debido a la presión de los guerrilleros. Posteriormente, la llegada de dos secciones de la Policía Armada y la falta de municiones obligó a los maquis a retirarse. Un teniente y cuatro soldados murieron, mientras que diez resultaron heridos. El 27, otra escaramuza con el regimiento Victoria en el Portillo de Ollate costó la vida a dos soldados y a cinco guerrilleros. En esta acción treinta maquis fueron capturados. Ese mismo día, una sección de cincuenta soldados cruzó la frontera cerca de Sara y registró el caserío Aniatarbe en busca de guerrilleros. El 28 Santiago Carrillo dio la orden de suspender las operaciones, lo que no produjo una inmediata suspensión de las incursiones y tampoco varió la situación de los que, desde el interior, intentaban desesperadamente regresar a Francia o alcanzar zonas libres de la masiva presencia franquista.

La última incursión se produjo el día 30, cuando trescientos guerrilleros entraron por Ventartea hacia el valle de Ulzama, siendo rechazados por tropas de infantería. Varios fueron capturados posteriormente en diversos puntos del Roncal por la Guardia Civil. El general Yagüe podía ya declarar, aliviado, que en las palomeras de Echalar se puede cazar y pueden estar bien tranquilos los pueblos fronterizos. El 31 de octubre la prensa anunciaba que el último rojo español ha rebasado de nuevo la frontera con Francia Las últimas detenciones, seis guerrilleros andaluces, se produjeron en el puesto de Ururozqui a primeros de noviembre.

Hoy es difícil conseguir testimonios de los paisanos críticos con la guerrilla La situación en 1944 desde luego no era la del 37, cuando los aldeanos salían a cazar a los fugados de San Cristóbal como si de conejos se tratase. Pero tampoco eran esa población indiferente o antifranquista que algunos autores se empeñan en presentar. Los también parciales testimonios recogidos hace cuarenta años presentaban un tono muy diferente del actual. Jesús Hermida recogió esta declaración en 1960: Ellos estaban en las alturas, y la fuerza venía por abajo. Los paisanos sacamos las escopetas de caza para defender el pueblo. No pasaron cerca, pero si pasan... No les quería nadie por aquí. Ellos decían que no nos matarían, que no tenían nada contra nosotros. Pero a nada bueno vendrían cuando venían así, armados con lo último. Durante las operaciones la infantería y la policía eran guiadas por civiles de la zona, buenos conocedores del terreno. Y el recuerdo de los guerrilleros supervivientes es que, pese a que los trataban bien y en algunos casos los sobornaron con paté francés requisado, muchos campesinos corrían a delatarlos. Aún a día de hoy, un anciano vecino de Vidangoz recuerda: Si los militares llegan a hacernos caso, los cogen a todos. Porque nosotros les avisamos donde podían emboscarlos, pero ellos prefirieron hacerlo a su modo y la mayoría de los maquis se les escaparon y siguieron adelante.

La documentación escrita también apunta en esta dirección. En los archivos del Gobierno Civil de Pamplona existían pliegos de descargo de contrabandistas con certificados de haber espiado a los maquis. Una notificación de la alcaldía de Uztarroz fechada el 4 de noviembre pide al Gobierno Civil las 250 pesetas prometidas a un vecino por delatar a los maquis. Un listado con la relación de los inmuebles particulares ocupados en Aoiz por la tropa del batallón Montejurra muestra que un tercio de los afectados no deseaba cobrar por ello. El 30 de mayo de 1945 el Régimen premió a los vencedores, imponiendo condecoraciones y entregando recompensas a dieciséis civiles que se habían distinguido en la represión de los sucesos de la frontera de nuestra provincia.

Conchi Anaut, desde su perspectiva de roja refleja aquella realidad: Y no se podía hacer nada para ayudarles, porque en el 36 aún hubo gentes que pudieron ayudar. Cuando los maquis era imposible porque los que éramos rojos estábamos todos fichados y entonces se estaban cortando cabezas a mansalva. Es difícil entenderlo de no haberlo vivido, es difícil entender la situación ahora. Nuestro miedo no lo entenderéis nunca, el miedo que teníamos era pavor. Los de derechas también tenían miedo pues, cuando se enteraron que los maquis estaban pasando, muchos se fueron a dormir a otras casas del miedo que tenían porque pensaban que venían a pedirles cuentas de lo que pasaba... Estos colaboraban con la Guardia Civil, era una manera de congraciarse con ellos. Veían a un maquis, que igual se acercaba a pedir auxilio o comida y enseguida a delatarlo (4).

En Navarra la lucha se desarrolló en la zona norte, ningún combate se produjo por debajo de los 42º 45´. Los enfrentamientos se entablaron principalmente en dos triángulos imaginarios delimitados por los vértices de Varcarlos–Belagua-Burgui y Bera–Aralar-Roncesvalles. La lucha se desarrolló con un tiempo pésimo. Nieve, niebla, frío y lluvia limitaron los movimientos del maquis, a quienes los franquistas, bien asesorados por paisanos, esperaban en vados, pasos y puentes. El hambre – sólo llevaban víveres para tres días -, la falta de recursos y de información, la fría – si no hostil – acogida de la población y la superioridad numérica del enemigo condenaron la invasión. En un mes, el Ejército tuvo diecisiete muertos, tres la Policía Armada y tres la Guardia Civil. Los heridos fueron mucho más numerosos y los prisioneros, dos. Las deserciones de la tropa fueron abundantes, pero no hemos logrado localizar ningún dato oficial al respecto. Se desconocen las bajas exactas de los guerrilleros, pero los muertos pasaron de cincuenta y los capturados, del centenar.

Notas:
1. PONS PRADES, E.: Guerrillas españolas 1036-60, pág. 59.
2. ARASA, Daniel: Años 40: los maquis y el PCE, pág. 216.
3. CHUECA INTXUSTA, J. P.: La guerrilla en Navarra en “La Guerrilla en España”, pág. 108-10.
4. CHUECA INTXUSTA, J. P., op. cit., pág. 109.

Informe de Fernando Montoliú sobre los acontecimientos finales de la guerra civil, desde el golpe de Casado ( y II )

Informe de Fernando Montoliú sobre los acontecimientos finales de la guerra civil, desde el golpe de Casado ( y II )

No lejos de Madrid sin poder precisar dónde encontramos las primeras dificultades que fueron resueltas con relativa facilidad.
Fuimos detenidos por unas fuerzas que si mal no recuerdo mandaba Liberino (socialistas).
Yo iba vestido de civil, por el contrario Carro iba de uniforme.
Antes de que me interrogaran (…) nos llevaron ante un comandante corpulento y en aquél momento tenía muy mal genio.
Me presenté a él como un enlace del general Miaja en servicio de inspección y para encontrar una salida a aquella lucha fratricida. No me acuerdo de que me haya pedido ningún papel de identificación. Nos sentamos al borde de la carretera en lo hondo de la cuneta. Comencé por preguntarle por el estado de la moral de sus fuerzas, las posiciones de cada una de las fuerzas y de sus necesidades.
En ese mismo momento y muy cerca de nosotros estalló un obús de artillería tirado por nuestros camaradas (el combate duraba ya más de una hora).
Liberino de muy mal genio me dijo: “Dígale Ud. al general que lo que necesito son muchos cañones”. Vea Ud. mismo que el enemigo (nuestros camaradas) no nos tiran con mantequilla.
Saqué papel y pluma y escribí:
“Cañones para Liberino”.
Mi objetivo no era ver a Liberino sino llegar a Madrid, sin embargo en todo aquel maremagnum había que saber nadar y orientarse. Me explicó las posiciones de las fuerzas respectivas y el camino a seguir para no caer en manos del “enemigo”. Nos despedimos y nos deseamos respectivamente mucha suerte.
Proseguimos nuestra ruta hacia Madrid sin poder precisar la hora exacta de la llegada.
Carro se acordará mejor que yo de todas las peripecias (…) que debimos atravesar y de todos los tiros que partían de todas partes y en todas direcciones.
Una vez en Madrid el problema era de encontrar al Comité Provincial.
Todo ello me es confuso y no puedo acordarme en qué momento preciso una camarada de la juventud se incorporó a nosotros. Si mal no recuerdo es ella la que nos dijo dónde se encontraba el Comité Provincial de Madrid.
Recuerdo que en la calle Alcalá y me parece Plaza de la Independencia (donde mataron a Dato) los tanques ocupaban la plaza y el medio de la calle. Más tarde supe que eran nuestros.
Atravesamos la calle y nos dirigimos a la calle Serrano, la casa que ocupa el CC. Allí estaban las fuerzas enemigas.
(Haciendo un inciso quiero decir que me habían sido muy útiles los consejos que Togliatti me había dado en Valencia: “Tú nunca digas quien eres, antes de nada trata de saber a quién pertenecen las fuerzas”. Antes de nada “dónde está nuestro E. Mayor”. “Dónde están nuestras fuerzas”. “No olvides que la audacia en esta situación cuenta mucho”. NO olvides, “Dónde están los nuestros”.
Todo esto y lo que no me acuerdo me lo decía entre broma y serio y todo ello de apariencia anodina me resultó muy útil en todo aquel periodo).
Y así fuimos atravesando diferentes zonas, unas nuestras y otras enemigas.
Me parece que es la calle Velásquez donde nos echaron el alto de nuevo unas fuerzas que bien armadas de ametralladoras nos pusieron contra la pared y me era fácil aplicar el consejo ya que a nada quería responder. Por fin nos dijeron bajar los brazos y ante la acumulación de varios soldados y la llegada de un teniente comprendí que eran fuerzas guerrilleras. Les hablé y pregunté por el camarada Hungría. Esto les metió en confianza y al ver mi documentación de miembro del Partido todo se puso en claro.
No puedo precisar si fueron los guerrilleros o los camaradas de la juventud (…) nos condujeron hasta el Comité Provincial de Madrid.
Así atravesando diferentes zonas, unas veces valiéndonos del salvoconducto de Miaja, otras del documento de miembro del Partido conseguimos llegar hasta el puesto de mando del Partido.
No puedo acordarme si a la Ciudad Lineal o Ciudad Jardín o Fuencarral. Solo me acuerdo que allí encontré al Partido y que había llegado al objetivo fijado de avance.
Apenas puedo acordarme de los comunistas que allí había, de los que más guardo un vago recuerdo son Diéguez, Mendezona, Jiménez y me parece Ascanio.
Aquello estaba invadido de camaradas de una actividad febril, oficiales del ejército y hombres de civil entraban y salían constantemente para cualquiera que llegaba del exterior como yo no había ninguna duda que allí residía un estado mayor y se sentía una intensa actividad de estado de guerra. La moral era buena. Los camaradas estaban poco al corriente de lo que pasaba en el resto de España.
Se celebró una reunión del Comité Provincial; tengo idea de haberles informado del documento del Partido publicado en Valencia y (…) haberles llevado un ejemplar.
Se examinó la situación a la vista del informe. Supongo que los camaradas habrán informado con detalles este periodo.
Allí se acordó pedir una entrevista al coronel Casado a la que yo debía asistir.
Para ello me pusieron en contacto con el coronel Ortega que en aquellos momentos ocupaba un chalecito de los alrededores de la plaza de toros (vieja).
Al llegar a casa de Ortega este me parece que ya estaba informado de mi visita. No obstante le expuse el motivo que me llevaba ante él y sin ninguna vacilación después de haber terminado mi exposición cogió el teléfono, hizo el número y alguien respondió. Ortega dijo:
Aquí el coronel Ortega. Desearía hablar al coronel Casado. Le mandaron esperar y después de algunos minutos se entabló el diálogo siguiente. (Doy lo más aproximadamente pues no es posible acordarme de todo):
- ¿Coronel Casado? Aquí el coronel Ortega. A mi lado se encuentra un miembro de la dirección del Partido Comunista, que desearía tener una entrevista con Ud.
- Ud. sabe Ortega que en este asunto yo no estoy solo y que debo consultar con mis amigos.
- Se que tienes cosas muy importantes a decirle y proposiciones a hacerle.
- Antes veré si puedo recibirle mañana a las 11 de la mañana.
-Ortega: ¿Qué garantías me da usted, mi coronel, de que no va a detenerlo?
- Mi palabra de honor.
- ¿Es que Ud. no podría recibirle ahora mismo? No tardaría en llegar.
- Casado: El caso es, Ortega, que en estos momentos [tengo] unos amigos ingleses y no se cuándo estaré libre.
- Ortega: Bueno, mi general (sic), mañana a las 11 de la mañana.
- De acuerdo.
Con el resultado de esta conferencia telefónica volví al CP. Se celebró una nueva reunión y se llegó a la siguiente conclusión:
1º Que 24 horas era mucho esperar.
2º Que las garantías no eran suficientes.
3º Que lo más importante era volver a Valencia a informar a la dirección del Partido.
4º Volver a Madrid con instrucciones.
No se si los acontecimientos que relato siguieron en orden cronológico, es mucho el tiempo que ha pasado y muy difícil poderlos relatar unos detrás de otros.
No puedo situar en qué momento visité a Rodríguez Vega.
Sin embargo me acuerdo muy bien haber tenido una entrevista con él.
Si mal no recuerdo era por la calle Fuencarral. Allí había varias personas y no podía saber quien me indicó que allí estaba Rodríguez Vega. Subí al piso y a la persona que me recibió le pedí ver a Rodríguez Vega. Preguntó de la parte de quien y le hice saber que era un miembro de la dirección del Partido Comunista. Vega salió inmediatamente y me invitó a entrar en el despacho.
Me encuentro frente a un hombre enfermo y su aspecto no reflejaba ninguna vitalidad.
Allí esperaba ¿Qué?
Le expliqué el objeto de mi visita. Hablé de lo injusto del final de la guerra; de la traición de la junta; de la capitulación; de la necesidad de llegar a un compromiso para replegarnos unidos, de lo canalla que era entregar al franquismo los rehenes comunistas, del juzgamiento que en su día haría nuestro pueblo de la conducta de cada partido y de cada uno de nosotros.
En honor a la verdad debo decir que de su boca no salió una sola palabra en defensa de la junta y mismo ante una pregunta concreta mía, como es la cuestión presos, rotura de la unidad antifranquista, etc. Sin ser muy enérgico dio a entender que estaba de acuerdo con nuestra posición. Me dio la impresión de un hombre vencido, porque en el fondo de su alma comprendía que el Partido Comunista tenía razón.
Esta apreciación hacia mí me llevó a hacerle una proposición concreta.
Le propuse me acompañara a visitar ciertas personas de la junta a fin de llegar a un entendimiento que pusiera fin al derramamiento de sangre entre las fuerzas antifranquistas y que habían luchado juntas desde el primer día.
A fin de podernos situar unidos frente al franquismo, a fin de tratar de rehacer una pequeña unidad para salvarnos todos juntos.
Me dio la impresión de comprender muy bien el alcance que tenía la “paz honrosa”.
Ante mis dudas de esa paz y cuando le decía que Franco continuaría la represión contra el Partido para luego pegarle a los demás, asiente con la cabeza. Creo que veía claro, pero estaba vencido al avance. Le costaba mucho reaccionar.
No quiso aceptar mis proposiciones, sin embargo se notaba en él el deseo de hacer algo.
Me costó mucho arrancarle de su mutismo y si bien no quiso acompañarme no se negó a coger el teléfono para hacer ciertas gestiones, y a nuestra petición telefoneó a varias personas cuyos nombres no me vienen todos a la memoria, sin embargo me acuerdo que llamó a Besteiro y Casado entre otros.
Las conversaciones con estas personas giraron en torno a lo que con él se había discutido y puedo afirmar que planteó muy correctamente principalmente el problema de los presos. De la conversación resultaba que estas personas le prometieron interesarse en la cuestión y se hicieron algunas promesas de que no serían entregadas al franquismo.
Consultó con algunas otras personas, pero como digo más arriba no me acuerdo de los nombres.
Me prometió ocuparse del asunto y luchar todo cuanto pudiera por nuestros camaradas.
Nos quedamos, si puede decirse, como amigos y guardo un buen recuedo, a pesar de sus debilidades, de su actitud. De esta actitud di cuenta a su debido tiempo a la dirección del P. en Valencia.
En conclusión se puede decir que el Partido hizo cuanto a su alcance estuvo para ayudar a la liberación de nuestros camaradas detenidos como rehenes por la junta. Y a la posibilidad de una retirada todos juntos para salvar el ejército republicano, en honor a la verdad debo decir que Rodríguez Vega estuvo de acuerdo con estos objetivos y si bien es posible que no hiciera todo lo que podía, sin embargo sus intervenciones telefónicas fueron claras y reflejaban este sentido.
No puedo precisar se di estos informes al CP, pues como digo me es imposible reconstruir cronológicamente los acontecimientos.
En las reuniones del C. Provincial se estimó que era mucho esperar (24 horas) para dar al coronel Casado y que lo más urgente en aquellos momentos era volver a Valencia, informar a la dirección del P. y volver a Madrid con nuevas instrucciones con arreglo a la situación general.
No se si es en el primer viaje o en el segundo que las instrucciones dadas por la dirección eran ya las de evacuar los cuadros del Partido. Los camaradas se acordarán posiblemente mejor que yo.
La reunión del C. Provincial se terminó muy tarde y no puedo acordarme en qué momento preciso perdí de vista a Casto.
Serían aproximadamente las 10 de la mañana cuando me puse en viaje hacia Valencia. Salí de la zona que controlaba el Partido, no era difícil, sin embargo unos momentos más tarde había que entrar en la zona que controlaba la junta y allí de nuevo fui detenido por unos soldados en armas.
La cosa fue bastante espectacular ya que era “un individuo que venía de la zona comunista”. Aquello comenzaba a tener un carácter agrio (…) y después de forcejeos verbales me llevaron a una casa y allí sobre la mesa pusieron el salvoconducto de Miaja y mi documentación de miembro del Partido (se trataba de una carta con una fotografía y mi nombre en la que se decía que era miembro del CP de Madrid). (Esta carta la poseíamos todos los miembros del CP desde el comienzo de la guerra).
La carta fue de mano en mano y era lo único que les interesaba.
No negué ser miembro del Partido pero esto no era suficiente. Se explicó el motivo del viaje, el punto de vista diferente del de la junta, la necesidad de un repliegue de todas las fuerzas antifranquistas unidas.
Se abrieron dos puntos de vista distintos sobre que habían de hacer conmigo. Allí presente se encontraba un teniente, de una estatura media y más bien delgado, hasta ese momento no había intervenido. Las discrepancias continuaban en aumento hasta que alguien propuso como solución llevarme ante “el compañero Mera y que él decida”.
En ese momento supe que me encontraba en manos de las fuerzas de Mera.
A decir verdad, pensé que mi actividad había llegado a su fin y explicaré por qué.
Pensé enseguida en nuestro pasado y en nuestra actividad común en el seno de la FAI y pensé en la última reunión con él (…) Perteneciendo a un grupo anarquista que (…) se llamaba “Los Iconoclastas” con los camaradas [aquí unos nombres] se reunió un pleno de la FAI en el Pardo para juzgarnos como “agentes al servicio del oro de Moscú”. Dicho pleno acordó nuestra expulsión de la FAI.
Una reunión de ese género ya podéis imaginaros cómo se suele desarrollar.
(…) Todo el mundo miraba a Mera (en aquella época, la palabra de Mera era la quue sentenciaba) y en honor a la verdad Mera no abrió la boca. Votó la expulsión pero no dio prueba de ir más lejos. Seguramente no estaba muy convencido de la paparrucha del “oro de Moscú”. Sin embargo, creo que por infantilismo dimos la “prueba” nosotros mismos.
Al fin expulsados y terminada la reunión nos cayeron los epítetos más bonitos que se puedan oír y en esa atmósfera sobrecargada, Cortijo se arrancó a cantar “La ley leninista”…. Hicimos coro con él y así nos retiramos del el Pardo a los gritos de “ahí está la prueba”. Esto me vino a la memoria y pensé que sin duda Mera él también se acordaría de ello.
Todos aceptaron la idea de llevarme ante Mera, salvo el teniente, que dijo aproximadamente estas palabras:
“Compañeros, con un documento firmado por Miaja no se le puede detener. Si bien es verdad que es comunista en cambio debemos respetar la orden de Miaja. Ya sabéis que el compañero Mera ha dicho de no disgustarle si no es algo grave (según supe llevaba varias noches sin dormir).
“Hay que dejarle que continúe las gestiones por la paz”, etc.
Una sola vez nos encontramos las miradas y allí comprendí que en aquel teniente había algo más que un “compañero anarquista”. Su expresión en la mirada era el reflejo de todo un pensamiento en su cabeza pero que no podía exteriorizar abiertamente. Al fin terminó por convencerles y me pusieron en libertad para que continuase mi camino, reintegrándome (contra la voluntad de algunos) el documento de Miaja y mi documentación de miembro del P.
Continuamos mi viaje llegando a Valencia donde se informó a la dirección del P. de todo lo que aquí se dice. Lo que quedaba de la dirección del P. más los que se habían incorporado celebramos una reunión. Cada uno de los camaradas que habían estado a puntos distintos explicaron respectivamente la situación que habían encontrado en cada lugar y creo que es en esa reunión donde se tomó la decisión, ante la gravedad de la situación, de salvar los cuadros del Partido.
Y con este [objetivo] volvimos a salir varios camaradas a diferentes puntos de España. Se decidió que tenía que volver a Madrid. Si mal no recuerdo lo hicimos juntos con Larrañaga (si e realidad es así, supongo que él habrá informado). Recuerdo vagamente de otro viaje una parada en Ciudad Real (no estoy seguro) por el contrario estoy más cierto de un viaje a Sagunto a fin de sacar los cuadros del Partido.
De nuevo en Madrid se consiguió creo que caramente salvar al Partido, salvar al máximo posible de cuadros. Entre los camaradas que más me acuerdo de este periodo es la delegación del PSU en Madrid, a los que se les dio la consigna de evacuar Madrid hacia Levante.
Montiel, que se encontraba en una casa en la que había un papel en la puerta con un sello de la embajada americana, y que decía encontrarse bajo dicha protección, hizo resistencia a salir.
Miguel, a quien pude contactar y que exponiéndole el objeto de mi viaje no quería salir de Madrid. Me acuerdo vagamente de la conversación. Si este camarada vive podrá confirmar. Sostenía que él no podía salir sin el acuerdo de la IC. Me acuerdo haberle dicho que la dirección del Partido había decidido esto. Creo me respondió que él dependía de otra organización. Entonces, le hice saber que mi misión había sido bien especificada por Checa y Togliatti y que si bien este no me había hablado del caso de (Miguel) personalmente, en cambio nos había recomendado sacar el máximo de camaradas.
En este caso, dijo, acepto y salgo de Madrid. Me parece hicimos el viaje de vuelta a Valencia juntos. Me queda muy poco recuerdo de este viaje [porque hago una mezcla de los tres que hice].
Llegada a Valencia donde se celebra la última reunión a la que asistieron Togliatti y Checa.
Se acuerda la continuación del centro de dirección hasta el final de la guerra. La actividad principal que debíamos tener y permanecer al frente del P. hasta el último momento. Una vez perdida la guerra, tratar de salvarnos.
Me viene a la memoria muy vagamente un viaje en un coche y no puedo precisar ni dónde ni por qué de ese viaje. Sí me acuerdo que [iban] en el coche Checa, Togliatti, Cristóbal y el que suscribe. El detalle que más me recuerdo es que en medio de la conversación Cristóbal e alta voz empezó a cantar “Una mañana de niebla… y no hay quien pueda salir de aquí con un temporal”. Esto vino a interrumpir la conversación y recuerdo bien que Togliatti de todos sus dientes empezó a reír, Checa le siguió y la conversación tomó este otro carácter. No puedo acordarme de quien inició la conversación de “cómo habrá que ponerse para morir ante el enemigo”. Todo ello seguido de comentarios y riendo a pesar de la situación.
Por Valencia desfilaron esos días docenas de camaradas que iban y venían en todas direcciones. De todos ellos el que con más frecuencia me ha venido a la memoria en todos estos años es Claudín. Se dirigía al puerto de donde salía un barco con los camaradas (…) Al verme hablamos de mi viaje a Madrid y al separarnos me dijo “Si puedes hacer algo por Josefina, hazlo. Ya sabes en qué estado se encuentra”.
Así fueron desfilando docenas de camaradas y ya se veía el final de la guerra como inminente.
Nosotros mismos ya estábamos precavidos del fin próximo. Togliatti y Checa empezaron la preparación para salir, antes dejaron una serie de consignas a cumplir.
Por nuestra parte vimos la necesidad de la salida de estos camaradas. La última conversación con ellos después de indicarnos las cosas a hacer es aproximadamente la siguiente: “Bien, camaradas, el momento de separarnos ha llegado. Vuestra misión es manteneros al frente del Partido mientras halla hombres en pie de guerra. Después tratar de salvaros si podéis”.
Togliatti habló de la manera de llegar a pie hasta Francia y con su habitual tranquilidad y siempre del mismo carácter indicó una serie de caminos a seguir. Lo que más me acuerdo es que con frecuencia decía “por el Priorato” Es la primera vez que yo oía hablar del Priorato.
Y se puso a explicarnos toda una técnica de cómo se podían coger las gallinas de un gallinero sin despertarlas. Entre broma y serio dijo aproximadamente lo siguiente: “Las gallinas cuando duermen están subidas en unos palos. Si entras y tratas de cogerlas se despiertan y hacen mucho ruido (…) Las gallinas no pueden dormir con nada sobre sus patas, luego entonces, sin alumbrar, sin ruido y muy despacio hay que ponerles una mano encima de la pata y automáticamente y sin despertarse saca su pata para ponerla encima de la mano”. Después, y sonriendo, hacía el gesto de meter la cabeza de la gallina debajo del sobaco”.
Así, entre bromas y cosas serias, nos despedimos de esos camaradas deseándonos mucha suerte.
Los planes para nuestra salida quedaron establecidos; si mal no recuerdo el grupo estaba así compuesto:
Larra, Cristóbal, Ciutat, no se si alguien más y yo. Cristóbal se había provisto de las cartas de las regiones a atravesar y de una brújula.
Me parece que la última reunión que celebramos ya eran las últimas horas de la guerra.
Las personas allí presentes eran, entre otras, que me acuerde Larrañaga, Sosa, Navarro Ballesteros y yo, estaba la famosa Pili que formaba parte de todas las salsas. Con Larra hablamos de la necesidad de hacerla salir de allí. Larra, como más capacitado había planteado, pero solamente dijo “Aquí no vengáis a hacer carantoñas” y la cosa no fue más lejos.
Se inició la reunión exponiendo cada uno el estado en que se encontraban las fuerzas que veníamos de visitar y Larrañaga, que venía de visitar algunos jefes militares del Ejército de Levante hizo una proposición fuerte interesante.
Contrariamente al último punto de vista que se había dicho y a la decisión que se había tomado propuso la creación de la formación de una línea de resistencia de toda la parte de la costa que dominábamos hasta algunos kilómetros del interior. Esto nos permitiría poder resistir hasta llegar a un compromiso para la evacuación del Ejército.
A mí me parece que esto era acertado, sin embargo nadie siguió la proposición de Larrañaga y la debacle comenzó. Se dio la consigna de todos a Alicante. Apareció Charles Tillon para sacar la dirección del Partido y tratar de salvar algunos cuadros pero ya era tarde. La gran masa del Ejército y del Partido se concentró en el puerto de Alicante. Así caímos prisioneros.
Sin embargo el Partido continuó existiendo”.

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