Estudios sobre la historia del movimiento comunista en España

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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Fundación y primeros años (1920-1931).

20/05/2005

Fragmentos de las memorias de Vicente Uribe: el PCE y las Juventudes Comunistas en Vizcaya en los años 20 (IV)

paro.jpg(En aquella época la oposición a la guerra de Marruecos era general, pero salvo el PCE el resto de partidos apenas llevaba a acabo alguna acción práctica contra ella). Una característica de aquel periodo entre la juventud era la tendencia a no ir al servicio militar, la guerra y la negra perspectiva de 3 años de servicio en filas inducían a muchos a marcharse fuera de España para rehuir el servicio. Los casos de prófugos eran más densos después del sorteo entre los que por el mismo habían sido designados para las guarniciones de África. Entre ellos había también muchos jóvenes comunistas y simpatizantes. [A Uribe le destinaron al regimiento Garellano donde] un rasgo característico era el elevado porcentaje de soldados cuotas, (…) unos por cinco meses y otros por diez meses, escalonados en los tres años de servicio. Unos y otros tenían este servicio reducido y estaban excluidos en el régimen general de ir a África mediante una aportación monetaria. Pero la guerra les perjudicaba enormemente, pues no obstante pagar una seria cantidad de dinero, tenían que ir también a África, aunque su estancia en Marruecos era más corta que la de otros soldados. [Sigue el relato de varias acciones de protesta interna de los soldados contra la guerra].
(…) Durante la Dictadura de Berenguer [se publicó] un artículo de Hernández, miembro de hecho de la dirección del Partido, en relación con el movimiento contra la Monarquía y a favor de la República, que ya había empezado a tomar cuerpo en España. Si mal no recuerdo, el contenido de dicho artículo hablaba más o menos de que la República, como iba a ser burguesa, era asunto de la burguesía y por lo tanto que la clase obrera no tenía nada que ver con su advenimiento, según se razonaba en el citado artículo publicado en el órgano oficial del Partido entonces.
[Praga, 20 de octubre de 1959].
[Con la proclamación de la República, el PCE volvió a la legalidad, aunque sus fuerzas eran escasas]. En Baracaldo, por ejemplo, (…) teníamos 15 afiliados al Partido; en la Juventud teníamos 70 u 80 auténticos jóvenes. En Sestao sucedía lo propio, aunque el número de afiliados era mayor. El grueso de los electores que habían depositado su confianza en el Partido en ocasión de un acto político tan importante como las elecciones constituyentes lo componían en su mayor parte obreros que habían pasado por el Partido o por la Juventud y que a través de todas las vicisitudes, se mantenían en una actitud de fidelidad revolucionaria para el Partido. (…)
Como elemento de juicio sobre la mentalidad y preocupaciones de algunos viejos militantes del Partido en esta época, puedo ofrecer el siguiente hecho muy expresivo a mi juicio, para el enfoque de los problemas que teníamos entonces en cuanto a la formación de los comunistas. En mi primer contacto con el Comité de Radio de la zona minera, muy importante por el número de afiliados y porque estaba enclavado e pueblos de influencia comunista, sucedió de la siguiente manera. Abierta la reunión, el secretario que lo era Martín, apodado “Petaca”, empezó preguntando a los asistentes cómo está la cuestión de las pistolas, cuántas balas tenían en depósito, si ya se habían preparado las bombas de que habían hablado. Es decir, el Comité de radio se ocupaba en primer lugar y exclusivamente en aquel caso, por lo que me pude enterar después, de hacer la revisión de los pertrechos de guerra. Este era realmente el trabajo principal del Comité de Radio, además de cobrar las cotizaciones. “Petaca” tenía gran autoridad porque había estado algunos años preso en el penal de Burgos a causa de un hecho donde habían hablado las pistolas. Yo hice las observaciones pertinentes en cuanto al enfoque por parte de Petaca de las actividades del Comité de Radio, que yo como Secretario del Comité Regional no había ido para eso, que eran los problemas del Partido y su labor lo que interesaba examinar, etc.
Ante mis palabras –la reunión se celebraba en un monte- Petaca se levantó y se marchó. Los demás no dijeron nada sobre esta actitud. Pude enterarme de que las ocupaciones más importantes del Comité de Radio eran esas que yo había interrumpido con mi intervención.
Merece la pena prestar alguna atención a las andanzas de Hernández en lo que tiene relación con Vizcaya en este periodo. En el mes de julio de 1931 se presentó allí procedente de Madrid. No nos comunicó nada en cuanto a su misión, si traía misión, ni nos hizo saber ningún encargo de la dirección del Partido, de la cual formaba parte, ni con qué fines u objetivos venía. Para mí esto fue siempre un enigma que no pude aclarar. Si puedo decir que no tenía dinero, pues Gallo, tesorero del Comité Regional se me quejó alguna vez de que Hernández le pedía dinero para sus gastos personales.
Hernández empezó su actuación en Vizcaya en este periodo, convocando a los parados, haciendo discursos incendiarios en reuniones con estos. Lo curioso, por lo menos, es que en esas reuniones se presentaba con anillos muy brillantes en los dedos, con un alfiler de brillantes en la corbata y fundas de botines, lo que producía, como es comprensible, un efecto desastroso. Se dio cuanta y prescindió de presentarse en las reuniones de parados como un marqués cualquiera. Su situación no era clara pues no sabíamos si aún era dirigente nacional del Partido o qué pasaba con él, si pasaba algo, pues de Madrid nunca dijeron nada sobre el particular.
Bajo su influencia e inspiración nos abocamos al hecho siguiente. Para el primero de agosto de 1931, aniversario del desencadenamiento de la primera guerra imperialista, y siguiendo las instrucciones de la dirección del Partido, habíamos organizado una manifestación en Bilbao. Los llamamientos los había hecho Hernández y cuyo tono parecía anunciar la Revolución Mundial para el día de la manifestación. El caso es que nos reunimos cerca del Arenal, lugar designado para hacer la manifestación unos centenares de militantes. Antes de la hora que habíamos marcado para la celebración de la manifestación, la Plaza del Arenal estaba ocupada militarmente por la Guardia Civil.
En contactos con los camaradas, especialmente con los procedentes de la zona minera me enteré de que estos habían venido cargados de bombas y granadas fabricadas por ellos, aparte de las correspondientes pistolas. Al conocer esto y ver la situación que había y la que se crearía si la manifestación se efectuaba, como estaba previsto, reuní al Comité Regional y a Hernández y les dije en tonos enérgicos que debíamos suspender la manifestación, pues de otra manera aquello sería una hecatombe. Nadie dijo nada en contra y al comunicar a los camaradas que la manifestación se suspendía a la vista de la situación, los camaradas de la zona minera protestaron que “si haber (sic) si para eso se les había llamado, que no vendrían más a Bilbao, etc”. Hernández dio un mitin relámpago delante de algunas docenas de personas, en sitio bastante alejado de aquel donde se había previsto la manifestación, sin mayores consecuencias (…)
Lo que había sucedido era muy simple: Hernández, al margen de la dirección regional del Partido, se había puesto de acuerdo con los camaradas, de la zona minera sobre todo, para dar a la manifestación ese carácter, de que de producirse se hubiera transformado, sin ninguna duda, n una verdadera carnicería de comunistas. Las bombas y las granadas estaban destinadas a la fuerza pública, en este caso a la Guardia Civil (...) No puedo pronunciarme de forma categórica sobre los verdaderos motivos de esta y otras acciones de Hernández. Este tenía una formación pistoleril, no se si en Madrid. Bullejos, por ejemplo, le había hecho indicaciones en este sentido, de provocar algo que hiciese mucho ruido, aunque fuese a costa de la vida de muchos comunistas; puede ser que se tratase de valorizarse o de revalorizarse a los ojos de la dirección del Partido con actos de esa naturaleza. Puede ser que se tratase de la obra de un provocador. Son incógnitas que para mí aún quedan en el aire. Si se pude afirmar que en esta línea de conducta Hernández fue consecuente, como lo demuestran los hechos que se sucedieron poco después, acaecidos en la calle Somera de Bilbao.

25/04/2005

Fragmentos de las memorias de Vicente Uribe: el PCE y las Juventudes Comunistas en Vizcaya en los años 20 (III)

Vistas algunas cuestiones desde el ángulo histórico en el proceso de formación del Partido en Vizcaya, aparece en el mismo un fenómeno de extremismo en política y de medios y métodos tomados del arsenal anarcosindicalista, de violencia individual para resolver las luchas. En algunos casos esto dejó huellas duraderas en el carácter y comportamiento de los comunistas que se prolongó durante años y dejó muchas huellas de tipo sectario-dogmático en la formación de los militantes y en la comprensión del papel dirigente del Partido.
Aunque el anarcosindicalismo no tenía raigambre en Vizcaya, la aureola con que se rodeaba a los sindicalistas en Barcelona produjo ciertos efectos en algunos grupos de jóvenes comunistas; tras la aureola vino cierta copia de métodos anarcosindicalistas, que aparecía de hecho ante los ojos de algunos como lo más revolucionario; había que ser más revolucionarios que los anarquistas y por cierto que en algunos casos se fue tan lejos como los anarquistas en el empleo de esos métodos. Y también la degeneración de esos grupos, tanto dentro del P. como en su relación exterior. Algunos de parte de lo que se apropiaban y otros empezaron a “trabajar” por su cuenta y alardeaban de sus “hazañas” en los barrios altos de Bilbao que tienen la misma significación que los barrios bajos de Madrid. La mayor parte de ellos no trabajaban o trabajaban muy poco y estaban desligados del grueso de la clase obrera a la que esta clase de hazañas le producían muy mal efecto y no las aprobaban.
(…) El extremismo en política llegaba a estos extremos presenciados por mí: En la Agrupación comunista de Sestao se pasaron varios días discutiendo si aceptaban las condiciones de vida legal del Partido, es decir, las posibilidades de trabajo legal y abierto que se podía realizar durante el régimen monárquico constitucional, porque muchos lo consideraban atentatorio a la dignidad de revolucionario aceptar y aprovecharse de las pocas libertades que concedía la monarquía. No queremos nada concedido por la burguesía, decían, se lo arrancaremos, como si lo poco logrado hasta entonces no fuese también arrancado y logrado después de decenas de años de lucha de la clase obrera y de las fuerzas democráticas españolas (…)
Después de este periodo que señalo hubo una gran huelga de mineros contra la rebaja de los salarios dirigida por los comunistas que no se realizó bajo el signo del frente único [los socialistas emplearon] la violencia de las pistolas contra los delegados del Sindicato minero designada por nosotros. Fue cuando Bullejos resultó herido por las pistolas de los socialistas.
Mis recuerdos es que la fuerza numérica del Partido empezó a disminuir: muchos que se hallaban en él en los primeros momentos lo fueron abandonado [además del aumento de la represión].
A mi regreso del servicio militar, mediados del 26, habían desaparecido las Juventudes Comunistas de Sestao y Baracaldo y más militantes del Partido habían abandonado sus filas. Se procedió a reorganizarlas con gentes nuevas y se logró en breve plazo constituir dos núcleos en cada sitio (…) Una causa o pretexto de la desaparición de las Juventudes fue que para muchos miembros de la Juventud había llegado la hora de casarse y hacerlo, bien porque no pudieran vencer los prejuicios de las interesadas o por otra razón, el caso es que al casarse por la iglesia, cosa que aparecía como una traición, no solo a los ojos de los comunistas, sino también a los ojos de los obreros, que exigían que los comunistas fuesen enteramente fieles a lo que decían defender. El caso es que muchos se desfondaron, paralelamente al hecho matrimonial, incluyendo algunos dirigentes en la escala local que en múltiples ocasiones habían dado grandes muestras de abnegación, entusiasmo y combatividad. Está claro que en las circunstancias de entonces casarse por la Iglesia para un revolucionario aparecía como el acto de un renegado y todo el mundo lo aceptaba así, empezando por el interesado, y perdía toda autoridad personal política.
(…) La fuerza de la Juventud Comunista en España en aquel momento era muy escasa y después de la detención de la dirección de la misma junto con Bullejos, apenas se mantenía relación orgánica con los núcleos que existían.. Aparate Vizcaya y Asturias que no querían saber nada con la dirección, había algunos grupos diseminados. Del Barrio fue el secretario hasta que apareció Etelvino Vega, nombrado secretario por equivocación en el nombre, pues quien preveían los de arriba era Carlos Vega, su hermano, para el citado cargo. El caso es que lo más importante de la labor de Del Barrio como Secretario fue desarrollar la idea de la liquidación de la Juventud Comunista, decía que para hacer la Revolución no hace falta organización independiente de la Juventud; los bolcheviques habían hecho la revolución sin tener organización juvenil. Así, para Del Barrio, las dificultades de entonces (…) se resolvían simplemente liquidando la organización. Ignoro si Trilla participaba de esa opinión, sí puedo afirmar que Del Barrio comunicó a la IJL sus “geniales ideas”, donde tuvo la acogida merecida. Trilla debió haber acudido al V Congreso de la IC en 1928, pero se escabulló y mandó a Del Barrio.
En este periodo el reformismo del Partido Socialista tomó el camino más abierto y descarado de colaboración de clases y colaboración política con la dictadura de Primo de Rivera. En el plano local, en las asambleas del sindicato UGT, los jefecillos locales declaraban abiertamente con todo cinismo “la lucha de clases ha terminado”, “ha empezado la era de la colaboración de clases para la realización del socialismo”. En el aspecto práctico inmediato, los dirigentes locales se convertían en auxiliares directos de la policía contra los comunistas. Los comunistas más destacados y conocidos y, por lo tanto, de mayor autoridad personal entre los obreros, habían sido expulsados de la UGT con el pretexto de que luchaban contra la dirección del Sindicato. Pero no se limitaba a esto la acción de los dirigentillos socialistas. Yo he estado presente en asambleas del sindicato metalúrgico en Baracaldo y Sestao, donde esos individuos denunciaban a los comunistas, pronunciando sus nombres y apellidos, que repartían materia clandestino del Partido en las fábricas (…) Resultado de esas “hazañas” fue que algunos comunistas, miembros del sindicato, fueron a parar a la cárcel, la policía estaba presente en las asambleas y tomaba buena nota de los nombres de los comunistas denominados, aparte de que no se pueda excluir que por otros conductos menos abiertos ya se lo hicieran saber.
(…) En este periodo encontrábamos bastante apoyo en los obreros influidos por las ideas del nacionalismo vasco, especialmente en el aspecto solidario (…) Nuestra defensa de los derechos nacionales vascos creaba un clima de cierta confianza política entre ellos y nosotros.
(…) Formado el grupo juvenil en Baracaldo, buscábamos miembros y cuando ya estaban “maduros” les proponíamos matar al jefe de la guardia municipal que era el tipo más odiado del pueblo. Si aceptaban entraban en la Juventud, si no dábamos largas al asunto y estudiábamos sus características de supuesta valentía. En este aspecto el sectarismo tomaba sus modalidades más extensas y creábamos una idea falsa del partido, de la Juventud y de los comunistas. No hace falta extenderse sobre su repercusión en cuanto al reclutamiento que era muy escaso. Por otra parte éramos adversarios de lo métodos de violencia individual, no teníamos ninguna simpatía por las formas de actuación e inquietudes de la mayor parte de los jóvenes de Bilbao, por ejemplo. La dirección de estos, ya capitaneados por Hernández, nos trataba de oportunistas porque no nos dejábamos llevar por sus métodos. Al proceder a poner las condiciones antedichas queríamos poner a prueba a través de propuestas extravagantes y falsas, si ya estaban duros y dispuestos a todo por la Juventud Comunista. Todo favorecía tales prácticas perniciosas y deformadoras del carácter del P. y de la juventud.
(…) Después del 23 abundó el trabajo. Las fábricas estaban en plena actividad y expansión (…) La industria mecánica, las grandes fábricas de construcciones navales y las dedicadas al material ferroviario trabajaban con gran intensidad y absorbían nueva mano de obra (…) Los salarios rebajados en 1922 recuperaron una parte en 1923, con la huelga ya señalada y de hecho para núcleos considerables de obreros, sobre todo los de mayor calificación, los salarios eran mayores que en 1922 antes de la rebaja. (…) Se trabajaba bastante a destajo, los patronos lograban grandes beneficios con la intensificación de la producción y algunas categorías de obreros sacaban salarios suplementarios que en ciertos casos llegaban hasta el 100% (…) Nuestros débiles intentos contra los destajos, exponiendo cómo esto representaba una superexplotación y que la clase obrera lo pagaría más adelante, no encontraban eco. Ante la ventaja inmediata los obreros, aunque reconocían que quizás teníamos razón, cedían por encima de cualquier otra consideración.
Solo una pequeña minoría de obreros se ocupaba de política y estaban atentos a las vicisitudes de la vida del país (…) Algunos nos llamaban pelmas porque, según ellos, no había llegado aún la hora de ocuparse de política, esto era sobre todo en la juventud. Aunque estos mismos en las fábricas en las cuestiones de trabajo, solidaridad y conflictos mantenían una buena actitud de clase.

24/04/2005

Fragmentos de las memorias de Vicente Uribe: el PCE y las Juventudes Comunistas en Vizcaya en los años 20 (II)

El auge del movimiento obrero y democrático en Vizcaya, paralelo al del resto del país pasó por distintas etapas. Hasta el 22 y principios del 23 existía la firme convicción de la caída de la monarquía y sus sustitución por un régimen republicano (...) Las corrientes políticas fundamentales eran comunistas, socialistas, republicanos y nacionalistas vascos que en aquellos tiempos no se proclamaban republicanos; eran antimonárquicos, antirrepublicanos, antisocialistas, antidemócratas, no se titulaban anticomunistas, aunque nos incluían en lo que ellos llamaban “esas rojas muchedumbres extranjeras”. Era una fuerza mezcla de carlismo-separatismo-vasquismo que se apoyaba fundamentalmente en la zona rural de la margen derecha del Nervión, el antiguo bastión del carlismo y alguna influencia en capas de la clase obrera.
La huelga del 22 de los metalúrgicos, que duró casi tres meses, fue en ocasión en que la clase obrera metalúrgica debió hacer frente a una lucha defensiva de su nivel de vida contrariamente a lo sucedido anteriormente a partir del 16-17 (...) Como es sabido, hasta entonces la clase obrera arrancaba mejoras casi sin lucha, me refiero a la lucha huelguística. Bastaba con las peticiones unánimes de los obreros y su actitud resuelta para obtener mejoras para que los patronos cedieran ante las demandas obreras. No podían resistir el empuje de los obreros, su organización y su espíritu combativo; podían ceder ante las reivindicaciones obreras porque durante el periodo de la primera guerra imperialista e inmediatamente después, obtuvieron ganancias fabulosas. En el 22, los patronos presentaron su “reivindicación” de disminuir los salarios de los metalúrgicos en el 12 por ciento (...) El Partido ya defendía la táctica del Frente Único, la unidad de acción de los obreros sin distinción de tendencias para la lucha por la defensa de las reivindicaciones económicas y políticas de la clase obrera.
La clase capitalista de Vizcaya aprovechó la mejor coyuntura (...) para desencadenar su ofensiva contra los salarios obreros. La crisis mundial de sobreproducción hacía estragos y la industria sidero-metalúrgica ya no tenía los pedidos mundiales que habían sido fuente principal de sus ingresos y beneficios. Aunque la industria pesada española era raquítica en comparación con otros países capitalistas, el mercado interior en aquel periodo más raquítico todavía.
(…) La política de Frente Único, defendida y preconizada por el partido, fue acogida con gran entusiasmo por lo obreros y toda la huelga transcurrió sobre la base de este principio táctico fundamental de unidad de acción obrera (…) En el comité de huelga participaban comunistas, socialistas y sindicalistas, aunque estos tenían muy poca influencia entre los obreros de Vizcaya. En el comité de huelga tenían mayoría comunistas y sindicalistas, partidarios de la resistencia a ultranza y de no ceder en ningún caso. Los socialistas eran ya partidarios de acomodarse, de ceder, pero ese no era el estado de ánimo de la clase obrera, no podían, como hicieron después con los mineros, oponerse abiertamente a la lucha contra la ofensiva de los patronos, bajo el lema miserable y capitulador de “repartamos la miseria”.
Una característica de la huelga, además de la unidad de los obreros, fue su carácter completamente pacífico. No hubo ningún incidente que yo recuerde. Se realizaban las asambleas obreras en las plazas públicas donde el comité de huelga daba cuenta de su gestión y las asambleas se pronunciaban sobre ella y sobre la conducta a seguir.
La solidaridad de las otras capas de la población fue formidable. Pescadores y aldeanos entregaban parte de sus mercancías gratuitamente a los huelguistas. Los comerciantes daban artículos imprescindibles a crédito hasta que prácticamente para muchos de ellos se agotaron sus recursos. Visto desde lejos, la más formidable huelga que registran los anales de Vizcaya a mi entender adoleció de un defecto, es decir, quedó encerrada en un solo marco, el carecer apacible, pacífico, tranquilo, quizás demasiado tranquilo. No había esquiroles, por lo tanto no había lucha contra ellos. La huelga se eternizaba, no se le veía el fin, el hambre empezaba a hacer sentir sus garras en los hogares obreros, se acababan los recursos de todos. Se veía claro el propósito de los patronos de vencer por hambre a los obreros. Sin pretender que el recurso a la violencia fuera una forma de resolver el dilema que planteaba la situación creada por la actitud de los grandes capitalistas, sí me parece que desde el punto de vista de la táctica de la lucha, cuando ha transcurrido un cierto espacio de tiempo, debe enfocar el hacer su frente con más medios que la resistencia pacífica, como se desarrolló en estas circunstancias. Buscar más medios de presión sobre los capitalistas cuando todavía hay posibilidad me parece una necesidad. Por ejemplo, se pudo haber puesto en práctica un medio de acción como el siguiente: concentrar todos los huelguistas en Bilbao, en son de advertencia y amenaza, marchar por la capital los miles de huelguistas, cosa que en otras ocasiones se había hecho con los mineros, hubiera sido útil (…)
Vino luego el problema de cómo terminar la huelga. Llegó un momento en el que apareció claro que la huelga no podía continuar, la capacidad de resistencia tocaba su fin. Ya no había qué comer y en los hogares obreros faltaba de todo.
Los representantes del Partido y los sindicalistas, mayoría del Comité de huelga, cuando llegó la hora de negociar sobre la base de aceptar una rebaja en los salarios, única forma que apareció entonces como medio de poner fin a una huelga que se hacía insostenible, se retiraron del Comité y cedieron el puesto a los socialistas. Así finalizó la huelga con una rebaja del 8% en los salarios en vez del 12% que se proponían los patronos. De esta manera, los comunistas, buenos dirigentes en la lucha y animadores de ella, no encontraban el camino más apropiado para poner fin a un conflicto que no podía continuar porque los obreros no podían más (…) En este caso me parece que los comunistas hubieran procedido mejor continuando al frente de la huelga y saber terminarla lo mejor posible cuando ya aparece como imposible continuar por el agotamiento de los obreros.
Pero no procedieron así, sino que se retiraron (…) porque se mantenían en el principio de todo o nada (…) Los comunistas no estaban preparados ni mental ni sicológicamente para negociar el fin de una lucha huelguística imponente que no terminaba con la victoria de los obreros. Es probable que ya en este caso tratasen de imponer esa línea de conducta al Comité Regional del Partido y a los dirigentes de la huelga los grupos de pistoleros formados por algunos jóvenes comunistas de Bilbao y algunos otros, capitaneados y estimulados por Bullejos que en diversas ocasiones, según he oído contar a Carro, trataron, por la violencia, de imponer su voluntad al Comité Regional del Partido. El caso es que el extremismo más extremo era el considerado como el más revolucionario (…) Negociar aparecía como una traición, hacer como los socialistas, y esto por nada del mundo se podía hacer entonces (…) La propuesta de solución de la huelga con la rebaja del 8% fue sometida a referéndum de los obreros que fue aprobada por mayoría, aunque un fuerte contingente, influido por el Partido, votó por proseguir la huelga.

21/04/2005

Fragmentos de las memorias de Vicente Uribe: el PCE y las Juventudes Comunistas en Vizcaya en los años 20 (I)

En este periodo ocupaba la dirección del Partido el núcleo a cuyo frente se encontraba Bullejos, con residencia en Bilbao, con Trilla, Adame, Arrarás, Arroyo en Madrid, creo que también Silva y alguno más (…) En torno a la Asamblea consultiva convocada por Primo de Rivera para septiembre de 1927, el Partido hizo en Vizcaya cierta propaganda y agitación contra ella, e invitando a las masas a la huelga general política contra la misma [Aunque con simpatía, la mayor parte de las masas obreras se abstuvieron de participar]. El influjo reformista (...) se hacía sentir pues una parte considerable del Partido Socialista era partidaria de participar en la Asamblea Consultiva (...) Saborit dio una tourné de propaganda por Vizcaya a cuyos actos acudía un gran contingente de obreros (...)
La dirección Bullejos presentó la orden de huelga para el día de convocatoria de la Asamblea Consultiva, como coronada por el éxito [Sin embargo] en las grandes fábricas no hubo paro, hicimos huelgas algunos pocos, no todos los comunistas y algunos simpatizantes, más por seguir las indicaciones del Partido que por otra cosa, pues como digo no había ambiente para huelga. El estado de ánimo de los obreros, que en general se mantenía en las fábricas en espíritu de unidad en cuanto tocaba a los intereses inmediatos, en reclamaciones por la defensa de derechos, paros, etc. No alcanzaba el nivel político que requería el desencadenamiento de una huelga general política. En Bilbao hubo algún paro o perturbación en el transporte (tranvías) debido principalmente a la actuación de algunos grupos de jóvenes, viejos seguidores de la escuela bullejista, es decir, empleando la violencia como recurso principal para el logro de aquellos proyectos (...)
En lo que podríamos llamar trabajo preparativo para la huelga contra la Asamblea Consultiva, los problemas de organización de la misma (...) no estaban previstos y en todo caso no se realizó ninguna labor en este sentido. Algunos comunistas en las grandes fábricas eran contrarios a la huelga, no por el sentido que la inspiraba, sino porque según ellos podría acarrear trastornos a la organización del Partido que ya en aquel periodo se había logrado implantar en las grandes fábricas. Entre estos comunistas tener algunas organizaciones en las fábricas y funcionar normalmente en el aspecto interno, realizar alguna labor de solidaridad, estar presente en las acciones reivindicativas económicas y por cuestiones de trabajo, era el máximo de lo que se podía aspirar en la acción del Partido. La lucha política abierta en las condiciones de clandestinidad contra Primo de Rivera la consideraban peligrosa, y lo era, para el Partido y, por lo tanto, según su criterio no debía emprenderse en aquellas circunstancias. La escasa labor realizada para seguir las indicaciones del Partido y los resultados prácticamente nulos en cuanto a acción, tiene también algo que ver con esa actitud de algunos comunistas.
Claro que no se puede perder de vista la Juventud del Partido, aunque los que sostenían esas tesis eran gentes de edad y viejos militantes obreros (...) la comprensión del papel del Partido en la acción política como guía, orientador y organizador de las masas, estaba aún muy lejos de ser comprendido por los militantes del Partido.
El número de afiliados al Partido en 1927-28 en Vizcaya era de unos 150, el de la Juventud de menos de 100. En las fábricas Altos Hornos, Bunko, Naval, La Vizcaína teníamos células de alrededor de 15 militantes en cada una de ellas. La casi totalidad de estos militantes del Partido estaban en él desde el momento de su fundación, que se organizaron en las fábricas, cuando se empezó a implantar el sistema de organización por lugares de trabajo, establecido poco antes del periodo a que nos referimos en este escrito (…)
Poco tiempo después llegó Trilla. Al parecer llegaba directamente de París, quien con Arrarás formaba el núcleo de dirección residente en Bilbao. Para este tiempo estaba suspendida “La Antorcha” y no aparecía ninguna publicación del Partido. Antes de este periodo salieron algunos números legales del “Joven Obrero”, editado en Bilbao, que fue suspendido por la policía.
Algunas características de Trilla pueden ser esclarecidas por el siguiente hecho. Antes de llegar éste me designaron miembro de la dirección de la Juventud, en compañía del Buró que residía en Barcelona. Yo no tenía ni la preparación, ni el conocimiento, ni experiencia para poder tratar de cuestiones importantes con organizaciones del Partido (...) Pero al hombre no se le ocurrió otra cosa a fines de 1927 que enviarme a Asturias para que me informaran de la situación y procurara estar en el más íntimo contacto con la dirección del Partido. Llegué a Oviedo, me presenté en los lugares apropiados y establecí el contacto con el Comité Regional, tres de los cuales se entrevistaron conmigo. Entonces este comité residía en Turón. Trilla no me dio ninguna credencial ni signo de reconocimiento, decía que al llegar por el canal indicado bastaba para el reconocimiento. Yo no me fié y me hice una credencial como miembro de la dirección de la Juventud y como entonces estaba yo solo, me firmé la credencial hecha por mí mismo y acreditando mi persona.
Establecido el contacto con los camaradas miembros del Comité Regional de Asturias, estos me llevaron en plena noche al monte Naranco. Allí me acribillaron a preguntas, empezando por pedirme la credencial que acreditaba mi personalidad y el carácter de enviado de la dirección del Partido. Les entregué la hecha por mí, me dijeron quién es Mario el firmante de la misma, les dije, un camarada de la dirección de la Juventud. Después de unas horas me dicen, te hemos traído aquí al monte Naranco en plena noche porque teníamos sospechas y si se hubieran confirmado te hubiéramos liquidado aquí mismo, el término que emplearon sin tapujos fue “te matamos”. Vuélvete a Vizcaya, no te decimos nada del Partido y dile a Trilla que venga él, que tenemos muchas cosas que arreglar. De todo esto deduje, y luego después se confirmó, que entre Trilla y los camaradas de Asturias había serias divergencias y de hecho es muy probable que no reconocieran plenamente a la dirección del Partido de entonces (...) Mi recuerdo es que en Asturias había más de 200 afiliados al P. (...) Poco después de esto apareció Adame por Bilbao, creo que residía en Barcelona donde su conducta personal fue origen de escándalos y serios conflictos. Al poco tiempo fue detenido (...) No transcurrieron muchas semanas cuando Trilla fue a su vez detenido porque tampoco tomó las necesarias precauciones. Este destinaba la mayor parte de su conversación conmigo y otros a hablar de sus aventuras amorosas en París y de los líos de faldas en que estaba cayendo en Bilbao (...)


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