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Estudios sobre la historia del movimiento comunista en España

Fragmentos de las memorias de Vicente Uribe: el PCE y las Juventudes Comunistas en Vizcaya en los años 20 (III)

Vistas algunas cuestiones desde el ángulo histórico en el proceso de formación del Partido en Vizcaya, aparece en el mismo un fenómeno de extremismo en política y de medios y métodos tomados del arsenal anarcosindicalista, de violencia individual para resolver las luchas. En algunos casos esto dejó huellas duraderas en el carácter y comportamiento de los comunistas que se prolongó durante años y dejó muchas huellas de tipo sectario-dogmático en la formación de los militantes y en la comprensión del papel dirigente del Partido.
Aunque el anarcosindicalismo no tenía raigambre en Vizcaya, la aureola con que se rodeaba a los sindicalistas en Barcelona produjo ciertos efectos en algunos grupos de jóvenes comunistas; tras la aureola vino cierta copia de métodos anarcosindicalistas, que aparecía de hecho ante los ojos de algunos como lo más revolucionario; había que ser más revolucionarios que los anarquistas y por cierto que en algunos casos se fue tan lejos como los anarquistas en el empleo de esos métodos. Y también la degeneración de esos grupos, tanto dentro del P. como en su relación exterior. Algunos de parte de lo que se apropiaban y otros empezaron a “trabajar” por su cuenta y alardeaban de sus “hazañas” en los barrios altos de Bilbao que tienen la misma significación que los barrios bajos de Madrid. La mayor parte de ellos no trabajaban o trabajaban muy poco y estaban desligados del grueso de la clase obrera a la que esta clase de hazañas le producían muy mal efecto y no las aprobaban.
(…) El extremismo en política llegaba a estos extremos presenciados por mí: En la Agrupación comunista de Sestao se pasaron varios días discutiendo si aceptaban las condiciones de vida legal del Partido, es decir, las posibilidades de trabajo legal y abierto que se podía realizar durante el régimen monárquico constitucional, porque muchos lo consideraban atentatorio a la dignidad de revolucionario aceptar y aprovecharse de las pocas libertades que concedía la monarquía. No queremos nada concedido por la burguesía, decían, se lo arrancaremos, como si lo poco logrado hasta entonces no fuese también arrancado y logrado después de decenas de años de lucha de la clase obrera y de las fuerzas democráticas españolas (…)
Después de este periodo que señalo hubo una gran huelga de mineros contra la rebaja de los salarios dirigida por los comunistas que no se realizó bajo el signo del frente único [los socialistas emplearon] la violencia de las pistolas contra los delegados del Sindicato minero designada por nosotros. Fue cuando Bullejos resultó herido por las pistolas de los socialistas.
Mis recuerdos es que la fuerza numérica del Partido empezó a disminuir: muchos que se hallaban en él en los primeros momentos lo fueron abandonado [además del aumento de la represión].
A mi regreso del servicio militar, mediados del 26, habían desaparecido las Juventudes Comunistas de Sestao y Baracaldo y más militantes del Partido habían abandonado sus filas. Se procedió a reorganizarlas con gentes nuevas y se logró en breve plazo constituir dos núcleos en cada sitio (…) Una causa o pretexto de la desaparición de las Juventudes fue que para muchos miembros de la Juventud había llegado la hora de casarse y hacerlo, bien porque no pudieran vencer los prejuicios de las interesadas o por otra razón, el caso es que al casarse por la iglesia, cosa que aparecía como una traición, no solo a los ojos de los comunistas, sino también a los ojos de los obreros, que exigían que los comunistas fuesen enteramente fieles a lo que decían defender. El caso es que muchos se desfondaron, paralelamente al hecho matrimonial, incluyendo algunos dirigentes en la escala local que en múltiples ocasiones habían dado grandes muestras de abnegación, entusiasmo y combatividad. Está claro que en las circunstancias de entonces casarse por la Iglesia para un revolucionario aparecía como el acto de un renegado y todo el mundo lo aceptaba así, empezando por el interesado, y perdía toda autoridad personal política.
(…) La fuerza de la Juventud Comunista en España en aquel momento era muy escasa y después de la detención de la dirección de la misma junto con Bullejos, apenas se mantenía relación orgánica con los núcleos que existían.. Aparate Vizcaya y Asturias que no querían saber nada con la dirección, había algunos grupos diseminados. Del Barrio fue el secretario hasta que apareció Etelvino Vega, nombrado secretario por equivocación en el nombre, pues quien preveían los de arriba era Carlos Vega, su hermano, para el citado cargo. El caso es que lo más importante de la labor de Del Barrio como Secretario fue desarrollar la idea de la liquidación de la Juventud Comunista, decía que para hacer la Revolución no hace falta organización independiente de la Juventud; los bolcheviques habían hecho la revolución sin tener organización juvenil. Así, para Del Barrio, las dificultades de entonces (…) se resolvían simplemente liquidando la organización. Ignoro si Trilla participaba de esa opinión, sí puedo afirmar que Del Barrio comunicó a la IJL sus “geniales ideas”, donde tuvo la acogida merecida. Trilla debió haber acudido al V Congreso de la IC en 1928, pero se escabulló y mandó a Del Barrio.
En este periodo el reformismo del Partido Socialista tomó el camino más abierto y descarado de colaboración de clases y colaboración política con la dictadura de Primo de Rivera. En el plano local, en las asambleas del sindicato UGT, los jefecillos locales declaraban abiertamente con todo cinismo “la lucha de clases ha terminado”, “ha empezado la era de la colaboración de clases para la realización del socialismo”. En el aspecto práctico inmediato, los dirigentes locales se convertían en auxiliares directos de la policía contra los comunistas. Los comunistas más destacados y conocidos y, por lo tanto, de mayor autoridad personal entre los obreros, habían sido expulsados de la UGT con el pretexto de que luchaban contra la dirección del Sindicato. Pero no se limitaba a esto la acción de los dirigentillos socialistas. Yo he estado presente en asambleas del sindicato metalúrgico en Baracaldo y Sestao, donde esos individuos denunciaban a los comunistas, pronunciando sus nombres y apellidos, que repartían materia clandestino del Partido en las fábricas (…) Resultado de esas “hazañas” fue que algunos comunistas, miembros del sindicato, fueron a parar a la cárcel, la policía estaba presente en las asambleas y tomaba buena nota de los nombres de los comunistas denominados, aparte de que no se pueda excluir que por otros conductos menos abiertos ya se lo hicieran saber.
(…) En este periodo encontrábamos bastante apoyo en los obreros influidos por las ideas del nacionalismo vasco, especialmente en el aspecto solidario (…) Nuestra defensa de los derechos nacionales vascos creaba un clima de cierta confianza política entre ellos y nosotros.
(…) Formado el grupo juvenil en Baracaldo, buscábamos miembros y cuando ya estaban “maduros” les proponíamos matar al jefe de la guardia municipal que era el tipo más odiado del pueblo. Si aceptaban entraban en la Juventud, si no dábamos largas al asunto y estudiábamos sus características de supuesta valentía. En este aspecto el sectarismo tomaba sus modalidades más extensas y creábamos una idea falsa del partido, de la Juventud y de los comunistas. No hace falta extenderse sobre su repercusión en cuanto al reclutamiento que era muy escaso. Por otra parte éramos adversarios de lo métodos de violencia individual, no teníamos ninguna simpatía por las formas de actuación e inquietudes de la mayor parte de los jóvenes de Bilbao, por ejemplo. La dirección de estos, ya capitaneados por Hernández, nos trataba de oportunistas porque no nos dejábamos llevar por sus métodos. Al proceder a poner las condiciones antedichas queríamos poner a prueba a través de propuestas extravagantes y falsas, si ya estaban duros y dispuestos a todo por la Juventud Comunista. Todo favorecía tales prácticas perniciosas y deformadoras del carácter del P. y de la juventud.
(…) Después del 23 abundó el trabajo. Las fábricas estaban en plena actividad y expansión (…) La industria mecánica, las grandes fábricas de construcciones navales y las dedicadas al material ferroviario trabajaban con gran intensidad y absorbían nueva mano de obra (…) Los salarios rebajados en 1922 recuperaron una parte en 1923, con la huelga ya señalada y de hecho para núcleos considerables de obreros, sobre todo los de mayor calificación, los salarios eran mayores que en 1922 antes de la rebaja. (…) Se trabajaba bastante a destajo, los patronos lograban grandes beneficios con la intensificación de la producción y algunas categorías de obreros sacaban salarios suplementarios que en ciertos casos llegaban hasta el 100% (…) Nuestros débiles intentos contra los destajos, exponiendo cómo esto representaba una superexplotación y que la clase obrera lo pagaría más adelante, no encontraban eco. Ante la ventaja inmediata los obreros, aunque reconocían que quizás teníamos razón, cedían por encima de cualquier otra consideración.
Solo una pequeña minoría de obreros se ocupaba de política y estaban atentos a las vicisitudes de la vida del país (…) Algunos nos llamaban pelmas porque, según ellos, no había llegado aún la hora de ocuparse de política, esto era sobre todo en la juventud. Aunque estos mismos en las fábricas en las cuestiones de trabajo, solidaridad y conflictos mantenían una buena actitud de clase.
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