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Estudios sobre la historia del movimiento comunista en España

Relaciones PCE-CNT

Entre la CNT y el PCE existía una historia de relaciones tormentosas e intentos de utilización que venían de lejos. Hay que recordar que la CNT acordó temporalmente enviar su adhesión a la Profintern (la Internacional Sindical Roja, brazo sindical de la Internacional Comunista) tras el denominado Congreso de La Comedia de 1919, y facultar a Ángel Pestaña para viajar a Moscú y negociar el ingreso. Sin embargo, la Conferencia de Zaragoza de 1922 aprobó la retirada anarcosindicalista de la Tercera Internacional, acuerdo que incumplieron algunas secciones como las que, reunidas en Lérida bajo la convocatoria de Andrés Nin y Joaquín Maurín (exsecretario del Comité Nacional de la CNT), siguieron apostando por la integración en el movimiento comunista. Los comunistas fueron expulsados tanto de la UGT -en 1922- como de la CNT -en 1923-, y respondieron con la creación de los Comités Sindicalistas Revolucionarios. Durante la Dictadura de Primo de Rivera, con el práctico desmantelamiento de la CNT por la policía, el PCE se planteó la posibilidad de reconstruir la central bajo su hegemonía. De su política de atracción de militantes del sindicalismo se derivó el ingreso en el partido de antiguos dirigentes cenetistas andaluces como José Díaz o Antonio Mije en 1927.
La expulsión del grupo de Maurín y Nin, y la adopción por la Comintern y sus secciones nacionales de la línea de "clase contra clase" y "frente único por la base" aisló políticamente a los comunistas del resto de las fuerzas obreras. El PCE, abandonada toda opción de restar influencia en la CNT a la dirección "anarco-fascista" (según la terminología sectaria de la época), fundó su propia correa sindical, la Confederación General del Trabajo Unitaria (CGTU). Serían los nuevos aires traídos por la triple catastrófica experiencia del triunfo del nazismo en Alemania en 1933, el aplastamiento del movimiento obrero austriaco y el fracaso del octubre asturiano en 1934, los que llevarían al giro imprimido por el VII Congreso de la IC en 1935, que impulsó la formación de Frentes Populares Antifascistas. Los comunistas ingresaron en las Alianzas Obreras, con socialistas y anarquistas, la CGTU se disolvió para ingresar en la UGT y la nueva línea adoptada tenía como objetivo final la formación de un Partido Único del Proletariado. A pesar de ello, en provincias donde la competencia por la base obrera era muy fuerte, como Andalucía y, concretamente, Málaga, las diferencias perduraron e incluso se saldaron a tiros, con muertos por ambas partes.
El derribo de Largo Caballero en 1937 obligó al PCE a cambiar, si no de orientación en su objetivo de marchar hacia la creación del Partido Único del Proletariado, sí de aliados en la búsqueda de tal fin. En el verano del 37 la CNT estaba momentáneamente arrinconada, aislada del resto de las fuerzas republicanas por su participación en los enfrentamientos de Barcelona, y dividida entre su sector "gubernamental" y los anarquistas "puros" de la FAI y "Los Amigos de Durruti".
En esos momentos, el principal problema para el PCE no lo constituían los anarco-sindicalistas, sino los caballeristas que se oponían tanto a la caída de su líder como a la creciente hegemonía comunista en el sindicato. Por todo ello, en septiembre del 37 el PCE tendió una mano a la CNT con el fin de quebrar su unidad de acción con el sector socialista de la UGT, que estaba a punto de originar una escisión. A tal fin, a mediados de mes, en la prensa comunista y en resoluciones de los Comités Provinciales se publicaron artículos y resoluciones apoyando el fortalecimiento de los comités de enlace UGT-CNT, la mejora de las relaciones entre las organziaciones comunista y anarcosindicalista, y el ofrecimiento del Buró Político del PCE para entrevistarse con el Comité Nacional dela CNT.
Los resultados fueron parcos y, además, desde ese otoño se agravaron las diferencias entre comunistas y socialistas, y la prevención del conjunto de las fuerzas republicanas contra el PCE. Al contrario de otras opiniones, pienso que el final de la primavera y el comienzo del verano del 37 fueron los momentos en que el PCE estuvo más cerca del poder -según el testimonio de Claudín, Miaja llegó a ofrecerle al partido tomar las riendas del gobierno-, pero lo frenaron, entre otras razones, las directrices provenientes de la URSS, que consideraban tal opción contraproducente para sus intereses de acercamiento diplomático a Gran Bretaña. Y eso que no debían ser pocas las voces dentro del partido que lo demandaban: Togliatti, por ejemplo, llegó a decir de "los militares" como José del Barrio, que habían perdido la cabeza en sus reclamaciones de "más poder" para los comunistas.
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